6 octubre 1992
"Un Miguel, famoso, agoniza en la capital"
Un artículo de Beatriz Pottecher en EL MUNDO vuelve a hacerse eco del rumor de que Miguel Bosé estuvo a punto de morir de SIDA
Hechos
El 6.10.1992 se publica el artículo ‘Para Miguel’ en EL MUNDO.
06 Octubre 1992
Para Miguel
YA saben que estamos afrontando estas últimas semanas una crisis económica sin precedentes, por mucho que se haya previamente anunciado y denunciado por economistas de renombre: sres., no somos más que el 13% de la población y’ nos basamos en un consumo ficticio, un endeudamiento generalizado -el sistema de créditos es obsoleto, no hay dinero; el déficit público es irrecuperable, fabricarnos demasiadas armas y deterioramos gravemente las especies y recursos naturales. Esto tiene que pegar un pelotazo tarde o temprano y la recesión será intermitente. A los dos años de la caída del muro y a uno del hundimiento del Potemkin, su escandaloso fracaso económico que llevó al derrumbe el sistema comunista ahora salta a la vista la impureza e improvisación de lo que gustan denominar las «economías altamente evolucionadas» que se van al carajo. Andamos todos con un desasosiego y una incertidumbre tan macroeconómicos que no nos damos cuenta de las pequeñas cosas, del valor de las personas por sí solas, de la felicidad y la podredumbre cotidiana que nos asalta en la esquina de una calle, de un diario, un hospital o barrio. Dicen que en todas partes cuecen habas, pero yo veo más bien una morterada, las gachas de parias. Claro que me refiero a esos esqueletos ambulantes de Africa, los niños descoyuntados en los que apenas puedo posar la mirada. O a esos hombres tan valientes como desheredados que cruzan el Estrecho por debajo del agua. Y a las odiosas, arbitrarias matanzas de civiles en la cola del pan en la exinta Yugoslavia. Les ocurre a casi todas, pero mencionemos a las más de 4 millones de mujeres norteamericanas que son sistematicamente vejadas, violadas, maltratadas y asesinadas por sus ex o actuales compañeros; mira por dónde se descubre la víbora bajo la manta. A los niños abusados. Y a los jóvenes en paro, que enferman, como mi amigo Miguel. Y a ese otro Miguel, más conocido, que agoniza en una unidad intensiva de la capital, tan hermoso como un niño de Somalia. Una vez tuve un vecino mayor, sidoso, al que oía llorar a la noche, muy quedo, a través de las paredes de mi casa. La economía vivirá en el aire, pero es que el dolor, como la alegría, viven dentro, al lado.
29 Octubre 1992
El rumor
Somos el país del rumor, la ciudad del rumor, como Londres fue la ciudad de la niebla, el rumor es nuestro smog, esa cosa que flota en el aire y no nos deja ver la verdad, esa contaminación verbal de la mala voluntad de la gente y de los creadores y artistas del rumor, que son algo así como unos novelistas fracasados por exceso de maldad. Ahora el rumor se centra y se ceba en Miguel Bosé, como un enjambre de odio, como un panal de envidia. El rumor, el mal rumor elige siempre a los buenos, a los grandes, a los bellos, a los triunfadores, a los mejores, pues que el rumor no es sino la dialéctica de la envidia. El rumor es nuestro verdadero sida nacional, y elige siempre a los más brillantes, como el sida. Hay que hacer algo contra el rumor, pero no se puede hacer nada. Hay que hacer algo ahora por este muchacho, ayer por otro u otra, mañana por nosotros mismos. De nada sirve haber conseguido unas cuantas cosas si a la vuelta de una esquina nos sorprende el rumor, nos da en la cara, nos acompaña ya como una nube de moscas verdes y ávidas, hasta ocultarnos, hacernos invisibles, desfigurarnos. Madrid, capital europea de la cultura del rumor. Era demasiado éxito, demasiada fama, demasiada juventud. MB (teníamos que haberlo supuesto) estaba a punto de ser víctima del rumor, porque nadie se libra del rumor, antes o después. Nadie que valga la pena, se entiende. Es conocida la frase de que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad, y a eso tiende el rumor. Contra la denuncia gratuita del rumor hay que denunciar al rumor mismo y a los rumorosos y rumoreadores. Son los que están en sus tertulias de ocio y paro, en la poltrona odiada y amada, como una esposa, de su largo fracaso. Son los que dicen lo más atroz sonriendo como en los pésames. Hay que atajar el rumor, ya digo, antes de que se convierta en una verdad social, sociológica, antes también de que se vuelva contra nosotros mismos. Lo que menos nos importa del rumor es el punto que pueda tener de verdad o mentira. Lo importante y temible del rumor es, como hemos dicho antes, que crea su propia verdad, artificial y espuria, pero tan actuante como la verdad verdadera. Ahora mismo anda el rumor político contra Serra (que está prácticamente cesado), el rumor contra Alfonso Guerra, que él denuncia como una nueva Inquisición, el rumor del mal contra Miguel Bosé y, en Estados Unidos, los republicanos han liberado el rumor homosexual contra Clinton, como arma infame e inane para descabalgarle de su brillante cabalgada hacia el Poder. Los hombres de Bush han ido generando una imaginativa serie de rumores sobre la vida de Clinton (desertor de la guerra de Vietnam, lo cual le honraría), y en Europa contra la familia real inglesa y en Rusia contra Gorbachov, hasta hundirle, y otra vez en España contra Aznar, los que cantan la vuelta de Fraga. El rumor es universal como una noticia anticipada y malvada, pero los españoles somos maestros máximos del rumor, pues que la envidia tiene aquí su patria y sus grandes artistas, artífices y orífices de rumores. El rumor sobre el cantante ensucia hoy Madrid, es un sida generalizado que devora la opinión, es el revés sucio y poderoso de la ola de popularidad que disfruta Miguel Bosé. La popularidad es como un mal mar, que de pronto se vuelve contra nosotros, desordena sus olas aplacientes y nos arroja náufragos a la playa turbia del rumor. Este país no perdona y al cantante y actor le ha llegado su hora, aunque estas cosas no son incurables y lo que hay que hacer es superar el rumor, evitarlo o enfrentarse a él, tener paciencia, esperar, oponerle lo único que asusta al rumor, que es otro nuevo éxito y la unanimidad de los fieles. Todos somos Miguel Bosé, por insignificantes que seamos, y la polución del rumor hace hoy irrespirable Madrid en este otoño confuso y lóbrego, en este octubre que desprende hojas de hierro y sangre. Corcuera lanza el rumor de que todos los periodistas somos una mierda. Qué tornado de mierda por Madrid.