Producía las películas de Quentin Tarantino y

El productor de Hollywood Harvey Weinstein es destruido tras desvelarse sus acosos sexuales por THE NEW YORK TIMES

HECHOS

El 15.10.2017 la Academia de Cine de Hollywood expulsó como académico a Harvey Weinstein.

10 - Octubre - 2017

El colapso del rey de los productores

Pablo Scarpellini

Es algo muy propio de Hollywood. Y de la cultura americana. Esa política de tolerancia cero que no entiende de monarcas, estrellas o pesos pesados de tal o cual industria. Harvey Weinstein, considerado como el productor más destacado de la meca del cine, lo ha padecido en sus propias carnes tras ser despedido de su propia productora. Así lo anunció el domingo el Consejo de la Administración de la empresa tras el escándalo por acoso sexual que le ha salpicado de lleno. “En vista de las nuevas informaciones sobre la mala conducta de Harvey Weistein que han surgido en los últimos días, los directores de The Weinstein Company han decidido la terminación del empleo de Harvey Weinstein”, reza el comunicado, dejando todo en manos de su hermano Bob y del director de operaciones David Glasser.

Se refieren a un escándalo que ya llevaba años coleando y que el diario The New York Times destapó hace unos días, provocando que el propio Weinstein se hiciera a un lado de forma indefinida para no mancillar más el buen nombre de la marca. El artículo habla de acusaciones que se remontan a la década de los 90 y que implican a actrices como Ashley Judd o Rose McGowan, que denunciaron la presión de Weinstein por obtener favores sexuales a cambio de darles un empujón a sus carreras cinematográficas.

Hasta ocho mujeres llegaron a un acuerdo extrajudicial con Weinstein, según el New York Times. Estos abusos han provocado la condena unámime de actrices como Patricia Arquette, Susan Sarandon o Meryl Streep, que trabajó con él en filmes como La dama de hierro y Agosto, y que llegó a llamarle “Dios” a modo en broma por su imponente estatus como productor. Ahora entiende sus actos como “vergonzosos”, “inexcusables” y “un abuso de poder”.

Con este escándalo cae el útimo gran productor de Hollywood, el hombre que fue capaz de transformar el cine indie en material de Oscar año tras año. Junto a su hermano Bob fundó Miramax en 1979 y ayudó a poner en el mapa a nombres como Quentin Tarantino o Steven Soderbergh. Tanto Pulp Fiction como Sexo, mentiras y cintas de vídeo, las dos con Palma de Oro, dispararon sus carreras y ambas llevaban el sello de Weistein.

A buen seguro se notará el vacío, aunque sólo sea en las primeras filas del Dolby Theater donde cada año se reparten los premios de la Academia. En 1998 dio en el blanco con Shakespeare in Love al llevarse el Oscar a mejor película y recibir el galardón como productor. Y cada año sabía colocar sus caballos de forma pertinente en cada carrera para acertar de lleno en sus apuestas. En 2010, por ejemplo, acudió a la gala con opciones en The Fighter y El discurso del rey, y salió premiado con ambas, incluyendo el Oscar a mejor película para la segunda.

En total, ha estado involucrado en la producción de 20 filmes que estuvieron nominadas a mejor película. Cinco se hicieron con el premio, incluyendo Chicago y El señor de los anillos: el retorno del rey.

A Michael Moore también lo bañó de notoriedad. Produjo su Farenheit 9/11 que se llevó la Palma de Oro en el festival de Cannes de 2004. En realidad, su lista de títulos es inagotable. Suyos son, de una forma o de otra, El indomable Will Hunting, Carol, Django desencadenado, Fruitvale Station, El lado bueno de las cosas, El aviador, o El paciente inglés, por dar una somera idea de su trabajo a lo largo de décadas.

Ha sido condecorado con la Legión de Honor francesa y nombrado Comendador de la Orden del Imperio Británico por su aportación a la industria del cine, y figura en la lista de las 100 personas más influyentes del año de acuerdo a la revista Time en 2012. Pero siempre tuvo un problema colateral que trató de mantener silenciado. Lo reconoció en un comunicado enviado al Times señalando que le había hecho mucho daño a sus compañeras de trabajo en el pasado, pidiendo perdón sinceramente y solicitando “una segunda oportunidad”. “Aunque estoy tratando de mejorar, sé que tengo mucho camino por delante”, dijo en un caso que recuerda en cierta medida al del comediante Bill Cosby, acusado por un nutrido grupo de mujeres de haber abusado sexualmente de ellas a lo largo de décadas. Cosby aún no ha sido condenado por sus delitos.

A Weinstein le espera todavía un largo camino para superar todo este escándalo. Es posible que le lluevan más demandas. Para el cine, en cualquier caso, es un golpe importante.

14 - Octubre - 2017

El depredador sexual de Holywood

Pablo Scarpellini

LOS TITULARES SOBRE SU AMPLIA FIGURA se han sucedido estos días con la misma frecuencia que las palmeras adornando los bulevares de Beverly Hills. En menos de una semana ha pasado de ser uno de los grandes dioses del séptimo arte, como Meryl Streep lo pintó en alguna ocasión, al mayor apestado que ha pasado por la industria del cine. Puede decirse, sin temor a la exageración, que el suyo es el mayor escándalo de lo que llevamos de siglo en Hollywood.

Hablamos de Harvey Wistein (65), un hombre que junto a su hermano Bob fundó Miramax y después The Weinstein Company, dos sellos consagrados de la distribución y la producción de películas, con un ojo tal para elegir títulos en los que invertir que en total consiguieron más de 300 nominaciones al Oscar con sus filmes. En el portafolio hay joyas como El paciente inglés, El discurso del rey, Pulp Fiction, Sexo, mentiras y cintas de vídeo o Shakespeare in Love.

Directores como Quentin Tarantino o Steven Soderbergh le deben una parte importante de sus carreras. Pero con ellos no hubo petición de favores sexuales a cambio. Ni metidas de mano a quemarropa. Ni masturbaciones mirándoles a la cara. Así se las gastaba con las actrices que durante años lidiaron con uno de los productores más importantes de la Historia del cine, un judío nacido en el barrio de Flushing, en Queens, hace 65 años.

Durante años yacieron silenciadas por miedo. Muchos en Hollywood conocían de los abusos de Weinstein, incluso dentro de su oficina, pero callaban para no perder sus puestos de trabajo o arriesgar sus carreras. “Si Harvey llega a descubrir mi identidad, me preocupa que pueda arruinar mi vida”, le dijo una empleada del productor a Ronan Farrow, el periodista –hijo de Mia Farrow y Woody Allen– que publicó un amplio reportaje en The New Yorker sobre el escándalo. De hecho, al propio Farrow el canal NBC le rechazó la historia por considerar que no tenía suficientes pruebas para acusar a Weinstein.

La primera historia en publicarse, que hizo saltar todas las alarmas en el imperio Weinstein, daba cuenta de los numerosos ataques del productor a distintas actrices, incluyendo el relato de Ashley Judd. Ésta declaró que Weinstein la recibió en bata para pedirle que le hiciera un masaje y le contemplara mientras se duchaba. La misma experiencia la vivió Emily Nestor, una ex empleada suya. Después repitió con una colega de Nestor, Lauren O’Connor, una asistente de Weinstein, que acabó denunciando el clima hostil que reinaba en esa compañía para las mujeres.

Pese a la gravedad de lo narrado, el artículo resultó ser tan sólo la punta del iceberg de un escándalo mayúsculo. Al calor de la acusación, dieron la cara dos nombres de peso como Angelina Jolie y Gwyneth Paltrow, actriz a la que el productor aupó al estrellato con Shakespeare in Love, la cinta ganadora de la noche de los Oscar en 1999.

Ambas tuvieron una experiencia muy similar con el magnate. Las invitó a una habitación de hotel y trató de convertir la reunión en una sesión mucho más placentera para él. Weinstein no tuvo suerte porque ambas salieron huyendo de allí, lo mismo que Rosanna Arquette, miembro del reparto de Pulp Fiction. “Tuve una mala experiencia con Harvey Weinstein durante mi juventud y, como resultado, elegí no volver a trabajar con él nunca más y le advertí a otros cuando lo hicieron”, dijo Jolie en un correo electrónico. “Este comportamiento hacia las mujeres es inaceptable”.

Paltrow, que entonces tenía 22 años, pensó que el productor la dejaría sin el papel protagonista en Emma, la cinta con la que se dio a conocer. “Era una niña, ya había firmado (un contrato), estaba petrificada”, relató la actriz de 45 años. La cosa terminó en una amenaza por parte de Weinstein hacia Paltrow si no guardaba silencio sobre el incidente. Dos años después, sería la protagonista de Shakespeare in Love, ganadora de un Oscar como mejor actriz y producida por Weinstein. Por cierto que no se olvidó de darle las gracias en su discurso de aceptación.

DENUNCIA COLECTIVA Farrow, en su investigación para The New Yorker, va más allá al hablar de violación a tres actrices, entre ellas Asia Argento, italiana, y a una aspirante a intérprete, Lucia Evans. Argento, como muchas de sus colegas, no había hablado hasta ahora por miedo a que Weinstein la “aplastara”. La tercera ha salido a la luz por sí misma: Rose McGowan, que además de denunciar una violación de Harvey, ha acusado a Ben Affleck de encubrirle. Meryl Streep, Patricia Arquette o Susan Sarandon –entre otras muchas– se han manifestado a través de Twitter y han tildado a todas estas mujeres de “valientes”. Penélope Cruz, que ganó el Oscar por Vicky, Cristina Barcelona –película de Woody Allen producida por The Weinstein Company– ha confesado “no conocer esa parte de él” y condenado “el abuso de poder”.

La cascada de acusaciones no ha cesado en un caso que recuerda al de Bill Cosby. El miércoles fue el turno de la modelo y actriz británica Cara Delivingne, que confirmó que Weinstein le propuso un trío con otra mujer. Por unas grabaciones, obtenidas por la Policía de Nueva York durante una operación encubierta, se sabe que Weinstein era un tipo persistente cuando lidiaba con actrices y modelos. Lo fue con la italiana Ambra Battilana. Trató de conseguir que la maniquí entrara en su habitación durante cinco minutos después de haberle metido mano el día anterior. Ésta no quiso ceder pese a la insistencia del neoyorquino. Y así la lista es extensa: Kate Beckinsale –que tenía 17 años– Zoë Brock, Judith Godrèche, Tomi-Ann Roberts o Rose McGowan. Emma Thompson lo ha llamado “depredador sexual”.

Con semejante escándalo a la espalda, su mujer, Georgina Chapman, también lo ha dejado. Después de 10 años de matrimonio y dos hijos en común ha pedido el divorcio, pues su “corazón se rompe por todas las mujeres que han sufrido un dolor tremendo”. La ruptura podría costarle a Harvey 200 millones de euros.

Champan es fundadora de Marchesa, una marca que han vestido en las alfombras rojas numerosas actrices que hoy critican a su todavía esposo. La firma, en apuros tras publicarse el escándalo sexual de Weinstein, creció gracias al magnate cinematográfico. Nadie pone en duda que el productor tiró de los contactos de su valiosa agenda para que estrellas de la talla de Anne Hathaway o Sandra Bullock escogieran los diseños de su mujer para los Oscar. De hecho, la vinculación de Weinstein con la marca es tal que estilistas han confesado a The Hollywood Reporter que “ninguna estrella va a querer llevar Marchesa de nuevo”.

También ha abandonado a Weinstein la Academia de Cine Británica (Bafta). Esta institución anunció la suspensión inmediata como miembro del productor “debido a su comportamiento totalmente inaceptable e incompatible con los valores de la Bafta”. La Academia de Cine de Hollywood todavía no se ha pronunciado.

20 - Octubre - 2017

Todos rieron el chiste

Elvira Lindo

En Hollywood sabían de los abusos de Harvey Weinstein, pero lo estaban pasando de puta madre bajo el paraguas protector del capo

Cuando leí el reportaje de la revista The New Yorker sobre la historia de abusos perpetrados por Harvey Weinstein, no reparé en quién era el autor de la pieza. Pero a fuerza de entrar en la página, que se va renovando según se van acumulando los testimonios, caí en la cuenta de que se trataba de Ronan Farrow, hijo de Mia y de Woody, aunque asombrosamente parecido a Frank (Sinatra). La firma no altera la objetividad del contenido, desde luego, pero indica que a este joven brillante le afecta hondamente el asunto de los abusos sexuales y no va a dejar escapar historia alguna que se le presente. Los abusos, en concreto, en el mundo del show business y aledaños. No oculta el ya popular comunicador el trauma que supuso para él, aún niño, la investigación criminal que se abrió contra su padre, Woody Allen, por los supuestos abusos a su hermana Dylan. A Allen se le consideró no culpable, puesto que los hechos no se probaron, pero sobre el cineasta planea desde entonces la sombra de una duda que su hijo trata de reavivar siempre que puede, puesto que considera, así lo suele expresar, que la industria y la prensa han tendido a comprender y arropar los comportamientos ilícitos de los genios o de los hombres poderosos.

Es significativo que sea él, dolido siempre por el poco crédito que se le dio al testimonio de su hermana y del papel de desequilibrada que se le atribuyó a su madre, quien se pasara casi un año ganándose la confianza de esas actrices que en los primeros pasos de sus carreras se vieron bajo las zarpas del abusador Weinstein. Para colmo, parece inaudito que a Woody Allen, tan asesorado por sus abogados en aquellos días de la ruptura más sonada del cine, nadie le insinuara que sus palabras del otro día sobre este asunto sonaban extrañamente comprensivas hacia el abusador. Dijo Allen que lo sentía por las mujeres afectadas y también por la trayectoria arruinada del productor, dando la impresión de no entender que unas son las víctimas y el otro el perpetrador de su desdicha.

De cualquier manera, algún día, cuando este rosario de reacciones en cadena cese, uno de esos grandes periodistas de la prensa americana hará recuento no solo de los delitos del productor, de la sordidez de unos métodos de caza con los que paralizaba a la presas y las privaba de su voluntad, sino de la tolerancia con que el mundo del cine observaba esos actos y los archivaba cínicamente como inevitables daños colaterales. Así lo ha acabado reconociendo Tarantino, así lo ha dicho brutal y valiente el guionista Scott Rosenberg: “Joder, pues claro que lo sabíamos” (We fucking knew). Lo sabían, dice, pero lo estaban pasando de puta madre bajo el paraguas protector del capo, que les aseguraba buenas promociones, algunos oscars, fiestas memorables y un sitio en una industria en la que casi todo el mundo está condenado al fracaso.

Esta es una vieja historia. Por hilar más fino: esta es la historia más vieja del show business. En los viejos musicales de Broadway aún sigue vivo el personaje del productor, un tipo burdo que fuma puros de gran tamaño y al que se le supone derecho de pernada sobre las coristas a las que promete convertir en vedetes. Este argumento, que podría ser ilustrado con las canciones de La calle 42 y que creíamos tópico o superado una vez que tuvimos noticia de cómo habían sido las vidas de todas las Marilyn Monroe que la industria despedazó, ha vuelto a desempolvarse. Pero las escenas ya no tienen el encanto burbujeante de las chicas de revista que tan afinadamente describió Dorothy Parker, son mucho más sórdidas: un tipo de físico amenazante y empalmado recibe a las actrices en albornoz y les exige que no sean ingenuas: ¡eso lo hacen todas!

Eso, vamos a reconocerlo, es lo que está en la concepción inconsciente que se tiene de esas mujeres guapas que habrán de mostrar de una manera u otra su intimidad en pantalla: que están ahí para ser usadas, que su belleza las convierte en consentidoras. No ha faltado quien insinúe que si ocultaran sus encantos, si fueran menos provocativas, si no subieran a la habitación del jefazo, no se habrían encontrado en tan enojosa situación. La mayoría de ellas rondaba los veinte años. Piénsenlo bien, veinte años.

Allen cerró sus declaraciones alertando sobre una posible caza de brujas a hombres inocentes. ¿Por qué no le dio por pensar que tal vez la mejor consecuencia de esta historia fatal sea que deje de tolerarse el abuso de poder? Los actores son ganado, decía Hitchcock. Seguramente se estaba refiriendo a las actrices, pero no se atrevió a ser tan explícito. Estos días se ha recordado el chiste de Seth MacFarlane en la lectura de las candidaturas a los Oscar cuando al presentar a las cinco actrices nominadas dijo: “Enhorabuena a estas cinco damas que ya no tienen que seguir fingiendo que les gusta Harvey Weinstein”. Lo que podía parecer una broma pesada, ahora suena como un chiste imperdonable que rieron todos. Y no tenía ni puta gracia.

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