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Eurocopa 2004: La derrota de la selección española provoca la dimisión forzada del seleccionador nacional Iñaki Sáez

HECHOS

El 20.06.2004 la Selección de España fue eliminada de la Eurocopa.

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21 - Junio - 2004

Hemos hecho una mala Eurocopa

Alfredo Relaño

Nos volvemos con dos goles marcados en tres partidos. Y eso en un grupo que, aparte de contener al anfitrión, no tenía nada de especial. Hemos hecho una mala Eurocopa. Quizá nos engañamos y nos creemos que tenemos más de lo que tenemos. Viendo anoche a Portugal pienso que jugadores como Figo, Cristiano Ronaldo o Deco no los hay aquí. Y tampoco en el grupo se vio, salvo al muy al final, y obligados por la necesidad, el espíritu que sí tuvo Portugal, que salió a ganar, que nos acobardó, que nos borró del partido en la primera parte. Ganó porque lo deseó con ansia y porque lo mereció. El fútbol suele premiar esas cosas.

Nos volvemos atormentados porque Sáez sacó por fin el equipo que pedía la prensa (y eso que no la lee), un equipo de ataque. Pero un equipo de ataque para salir a defender. En la primera mitad, Joaquín y Vicente gastaron casi toda su energía en tapar las bandas, y muy abajo. Y cuando nos caía el balón lo rifábamos hacia arriba, ignorando a Xabi Alonso, al que la oportunidad se le escapó cruda, lo mismo que al Niño Torres. Jugadores de estilo metidos en un partido a contraestilo. A partir del gol sí fuimos a por el empate, pero de una manera desordenada, sin pausa, al mogollón. Y con Luque en la derecha, decisión increíble.

Nos volvemos atormentados también porque Raúl ha pasado de líder del equipo a manzana de la discordia. La impresión de que su presencia ha condicionado todo y ha quitado muchos minutos a lo mejor de nuestro fútbol (Valerón, Niño Torres, ayer Morientes) queda clavada en gran parte de la afición. Raúl lleva meses en baja forma, no se ha recuperado y se va de la Eurocopa muy dañado. En torno a él se ha elevado ese gran debate que la Selección ha pretendido que no existiera y sí ha existido. Esa es la cara más polémica de un fracaso evidente, que desploma la ilusión de una afición que esta vez ha acudido por millares a los partidos.

21 - Junio - 2004

Impotencia, indignación y cabrero

J. J. Santos

Me niego a hablar de fútbol. Prefiero hacerlo de sentimientos. Sáez nos pidió confianza cuando vimos que jugaba con fuego. ¡Confianza retirada! Los jugadores dijeron que no habían ido para marcharse a las primeras de cambio. ¡Menos mal! Otros, adosados al grupo, nos estuvieron vendiendo historias de trabajos mentales en comandita y otras gaitas. ¿Dónde coño está el famoso limón? El fútbol es otra cosa, por eso hoy me niego a hablar de fútbol. Porque en el día decisivos no dimos una patada a un bote. Porque no debimos llegar a la última jornada en esta situación. Porque cuando sacamos un equipo ofensivo se nos olvidó jugar al ataque.

De Corea nos fuimos por un atraco arbitral. Allí lloré de impotencia. De Portugal nos hemos ido por la cabezonería de un seleccionador y por el agarrotamiento de unos chavales de una gran proyección, pero a los que se les pidió demasiado el último día. Ayer maldije en varios idiomas. Nos vamos también porque desde ha décadas seguimos sin saber a qué jugamos. Ni hemos definido un estilo ni hemos dado con la tecla para demostrar el nivel que los nuestros tienen. Lo peor es que el cabrero que me hace escribir así es el de millones de españoles que estaban vibrando con la selección. Y esto no se arregla con las justificaciones ridículas de los que pasan la mano por la gorrilla del seleccionador.

J. J. Santos

21 - Junio - 2004

El fracaso de la timidez

Santiago Segurola

Ya hay nueva fecha y escenario para la traumática historia de la selección española en los grandes torneos. En el estadio Alvalade fue eliminada de la Eurocopa. En la primera ronda, sin esperar a la tradicional decepción de cuartos de final, como si quisiera ahorrarse el trago de toda la vida. Se impuso Portugal sin demasiado juego, pero con la determinación que le faltó a España, que no dejó ninguna seña de identidad en la primera parte. Hubo coraje tras el tanto de Nuno Gomes. También hubo ocasiones, pero también en ese aspecto España se pareció al equipo de otros fracasos. Cuando debió enviar un mensaje de autoridad, no lo hizo. Y lo pagó.

España pagó el precio de su inesperada timidez en un encuentro que exigía dosis masivas de carácter. Sólo arrancó a jugar cuando la situación se hizo irreversible, típico defecto de un equipo que no logra manejar los grandes partidos. Va en su historia, y se evidenció nuevamente. Portugal se adelantó en el segundo tiempo con un tanto de Nuno Gomes y España salió de su atonía por obligación. Reaccionó, tuvo oportunidades, se encontró dos veces con los palos y perdió, según la película de costumbre. Su error se produjo antes, cuando permitió el protagonismo de Portugal, que no está ni bien ni mal. Pero entró al partido con decisión, como no podía ser de otra manera. Lo hizo con tanta energía que España se achicó sin apenas resistencia. Ahí quedó un mensaje que tardó en responderse.

España sacó un equipo para manejar la pelota, pero se encontró en las antípodas de lo que pretendía. Nadie penó más que Xabi Alonso, intrascendente en el primer tiempo. Por ahora, Alonso es un centrocampista parcial. Es magnífico en los partidos que le convienen y desaparece en los inconvenientes. Si es cosa de la juventud o es un defecto estructural se verá en el futuro. En Lisboa no logró dar con la tecla del juego, taponado por los centrocampistas portugueses. Sólo ofreció un trazo de su indiscutible clase en un pase excepcional a Torres en el segundo tiempo, instantes después del gol de Nuno Gomes. Torres remató contra el palo y dejó las cosas como estaban.

La incomodidad de la selección alcanzó momentos alarmantes en la primera fase del encuentro. Portugal se lanzó con mucho estilo a un ataque feroz, encabezado por Cristiano Ronaldo, del que todavía no hay veredicto como jugador. Es rápido, potente y habilidoso, con un punto de barroquismo que ataca a los nervios. En cualquier caso, le dio la tarde a Raúl Bravo, cuyas carencias se manifestaron una por una. Cristiano Ronaldo cargó la suerte por la derecha y pareció extraño que aquello no tuviera consecuencias. No le ayudó Pauleta, por ejemplo. A Pauleta le vino grande la noche, cosa que no ocurrió con Juanito, el mejor de la selección española en el primer tiempo. Poderoso en el juego aéreo y más relajado de lo que podía esperarse en un central sin apenas experiencia internacional, Juanito sostuvo la defensa en los momentos más críticos.

El partido comenzó a cobrar algún equilibrio con dos carreras de Torres, interpretadas como una amenaza por la defensa portuguesa. En esas dos acciones, el joven delantero español manifestó sus mejores cualidades, entre las que no figuran el conocimiento del juego. Torres se olvidó de una regla básica: conviene tocar de primera cuando se recibe la pelota de espaldas a la portería. Se enredó varias veces en su obsesión por dejar la firma en cada jugada. Al equipo le convenía otra cosa, que no era otra que descargar y acudir al área. Porque había caso. Torres se hacía temer con su velocidad. No pudo aprovecharla por sus propios errores.

Con los dos fogonazos de Torres, la selección sacó la cabeza del agujero. No mejoró su juego, o al menos lo que se espera de su fútbol. Nunca administró la pelota, ni resolvió sus problemas ante el sistema defensivo portugués, pero al menos igualó el encuentro. Portugal bajó el pistón y perdió de vista a Cristiano Ronaldo. Deco ofrecía sus habituales detalles, sin ningún alarde. En la izquierda, Figo desbordó con autoridad a Puyol en sus dos primeras intervenciones. Luego encontró más dificultades. Al ataque de Portugal le faltaba contundencia, defecto que resolvió Nuno Gomes cuando sustituyó al inédito Pauleta.

Con un fútbol decididamente menor, España llegó al medio tiempo con cierta sensación de control. El problema es que el equipo estaba llamado al protagonismo, y allí no se veía por ninguna parte. Los extremos, Joaquín y Vicente, no lograron imponerse a los laterales. A Vicente se le apreció la fatiga de los partidos anteriores. A Joaquín le faltó entereza. Avisó con dos incursiones, pero terminó en el anonimato. Nadie daba sensación de sacar al equipo de la mediocridad. Algún apunte en el comienzo del segundo tiempo se interpretó como un cambio de signo en el encuentro. Xabi Alonso distribuyó un poco y el equipo tuvo una pinta más interesante. Antes de que la mejoría pudiera comprobarse, Nuno Gomes dejó a España donde siempre. Se sacó un buen remate que sorprendió a Casillas. La historia de tantas decepciones comenzó a dibujarse. Esta vez en Lisboa. La reacción fue irreprochable, con más coraje que juego, pero suficiente para amenazar la victoria portuguesa. Al tiro al palo de Torres sucedió una deficiente vaselina de Luque en el mano a mano con el portero. Sáez sacó toda la caballería en el arrebato final. Xabi Alonso terminó como libre, Baraja se quedó en el medio, Luque entró como imprevisto extremo derecho y Morientes se añadió a una ofensiva que encontró dos o tres respuestas temibles de Portugal, en medio de la incontenible emoción que procura el fútbol cuando dos equipos se juegan la vida. España se la jugó demasiado tarde y con el resultado que le caracteriza.

21 - Junio - 2004

España: La vida sigue igual

Elías Israel

Como dice mi amigo Héctor Núñez, cada vez que se pone la roja, España nunca sigue adelante. El partido contra Grecia nos mató y lo pagamos. Dos goles en toda la fase. Demasiado poco.

La marea roja dio una lección con su ánimo indesmayable. Fue un espectáculo. Lo mejor en España. Jamás habíamos vivido un apoyo semejante y una respuesta popular igual a la de ésta Eurocopa. La Marea Roja nunca perdió la fe, siempre creyó en la vitoria y aún tuvieron arrestos para aplaudir al final.

Juanito cumplió con creces en un día muy comprometido. Era una reválida para el central del Betis por su posición, por la entidad del rival y por el compromiso atrás e incluso se incorporó con peligro en ataque, sembrando inquietud con un remate forzado que tocó en el larguero.

La tozudez de la RFEF para ratificar a Sáez sin reflexionar. Ángel Villar corrió a ratificar a Sáez nada más acabar el partido sin dar tiempo siquiera a un tiempo mínimo de reflexión. Hasta el propio Sáez admitió en la rueda de prensa que no era el momento para hablar de su continuidad. En la Federación fueron más rápidos.

El planteamiento de Sáez en el partido ante Grecia. Repito aquella actuación de Sáez nos ha costado la clasificación. Aunque algunos insisten en que fuimos muy duros en la portada, con una victoria estaríamos en cuarto. Y, encima, Iñaki ayer va y dice que faltó gol.

Elías Israel

21 - Junio - 2004

Portugal nos saca a gorrazos

Juan José Díaz

A la Eurocopa llegamos por la repesca, de Portugal nos sacan a gorrazos. España es una selección sobrevalorada, sobredimensionada, que nunca ha dado la sensación de ser un equipo. Sólo hemos sido capaces de ganar por la mínima a una devaluada Rusia, hemos empatado con Grecia y los anfitriones nos han hecado en un partido en el que, de haber tenido mayor definición, podían habernos goleado. Me dio pena la marea roja y toda una nación que creía en su selección y se vio abocada a lo de siempre o a algo peor porque hay circunstancias en las que la historia ni siquiera se repite. Hay veces que incluso es peor porque ni siquiera hemos llegado al aprobado, a los cuartos de final.

En este absoluto fracaso hay que medir las cuotas de responsabilidad. Iñaki Sáez ha asumido hasta ahora el principal blanco de toda las críticas pero independientemente de que el sistema no sea el idóneo que el juego y los cambios no hayan sido acertados, España ha marcado dos goles en tres partidos, ha jugado mal y nunca ha dado sensación de aspirar a nada. Ha sido una selección de perfil bajo que apenas ha dejado un recuerdo positivo a su paso por el tornero, salvo el acompañamiento de una afición ejemplar.

Juan José Díaz

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