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Haro Tecglen (EL PAÍS) y Umbral (EL MUNDO) le despiden con respeto, mientras que en ABC, Campmany y Jiménez Losantos cargan contra él

Muere el General Enrique Líster, histórico comunista español ensombrecido por su papel en la Guerra Civil

HECHOS

El 8.12.1994 falleció D. Enrique Líster.

Militar que alcanzó el rango de ‘general’ en los Ejércitos de las dictaduras de la Unión Soviética, Cuba y Yugoslavia y que se opuso siempre a la política de reconciliación de D. Saniago Carrillo (por lo que fue expulsado del PCE), retornó al partido en 1985 (después de que lo hubiera abandonado el Sr. Carrillo).

Su fallecimiento causó divergencias en los medios de comunicación. En EL PAÍS y EL MUNDO se publicaron artículos de admiración al fallecido por su papel en la lucha antifascista durante la guerra civil española, aunque sin ocultar su fidelidad a la dictadura de la URSS. En ABC llegaron más lejos, D. Luis María Anson públicó una ‘Tercera’ firmada por D. Federico Jiménez Losantos ha denunciar una supuesta ‘manipulación’ de la historia que pretendía ocultar los crímenes estalinistas del fallecido. Algo había dejado caer antes en ese mismo periódico D. Jaime Campmany.

09 - Diciembre - 1994

El capitán de la pistola

Eduardo Haro Tecglen

La edad le fue aislando más y más; era ya un superviviente incómodo hasta para sí mismo.

Los versos del soneto le llamaron “noble corazón en vela, español, indomable, puño fuerte”, y eran de Antonio Machado. En este siglo de la gran tentación revolucionaria, Enrique Líster (Jesús era su verdadero nombre) fue comunista en los partidos de tres países -Cuba, España, URSS; y un cuarto partido que fundaría él contra Carrillo: el Partido Comunista Obrero Español, 1973-, general en tres -URSS, Yugoslavia y Polonia-, pero sólo coronel en el suyo, aunque llegase a mandar una brigada, una división y un cuerpo de ejército; pistolero contra las patronales, guerrillero donde pudo. Y cantero -el oficio de los Líster, gallegos de Ameneiro, Tuy-, barrenero en el metro de Moscú… “Si mi pluma valiera tu pistola /de capitán, contento moriría”, terminaba el soneto de guerra. No todos compartieron ese entusiasmo: Ramón J. Sender le hace un retrato catastrófico (con el nombre de Verín) en Los siete libros de Ariadna (en sus propias memorias, Líster consideraba a Sender desertor y traidor).De entre los jefes republicanos improvisados, Modesto y él eran los más cultos: habían hecho estudios clandestinos durante varios años, hasta 1932, en la Academia Frunze de Moscú. Por eso resultaba cómico oír en las radios rebeldes que estos soldados miraban los mapas militares “sin darse cuenta de que estaban del revés”. Crítica en la que caían, a veces, los generales “de carrera” del Ejército republicano. Asensio le hizo comandante, y Negrín le dio los galones de coronel, pero todos le debieron una creación militar de primer orden -el Quinto Regimiento- y la suma de las milicias al Ejército regular republicano. Es decir, la implantación de la disciplina implacable aprendida de los militares soviéticos y del partido.

En el momento de la sublevación militar, monárquica y falangista, los atacados se dividieron en dos tendencias: la primera era que había que hacer la revolución al mismo tiempo que la guerra, que mantenían los anarquistas, algunos trotskistas y algunos comunistas; la segunda, la de que primero había que ganar la guerra y luego hacer la revolución, para lo cual había que crear un Ejército disciplinado. Se podría hablar de una tercera tendencia, la del Gobierno republicano, que no quería revolución antes ni después, ni milicias, ni pueblo armado; lo que le quedaba del Ejército regular le parecía suficiente para hacer frente a los rebeldes, y creía que su legalidad le valdría la solidaridad de los Gobiernos europeos.

En la segunda tendencia estaba el partido comunista en su inmensa mayoría (expresión dudosa: era un partido muy escaso y de pocos afiliados; el número lo iría ganando en la guerra), y el que la puso en pie fue Líster. Tenía una intuición poco común y, una modernidad de ciencia militar importante. Luchaba contra el enemigo, contra los militares de carrera, contra la prepotencia de algún compañero (Valentín González, El Campesino, a quien podrían aplicarse justamente las acusaciones de analfabetismo y brutalidad, pero con un sentido popular de la guerrilla) y contra los anarquistas.

La disciplina a la que he aludido era la que implantaba él sobre los demás, pero en pocos casos era la suya con respecto a sus jefes. En sus memorias habla de alguna indisciplina importante: su obsesión por asaltar el Alcázar de Toledo, en el que se habían hecho fuertes los cadetes y sus jefes. Creía él que los militares de la II República. querían salvar a sus compañeros de armas, aunque ahora fueran enemigos, y desobedeció cuando inició un asalto con minas que ya no tuvo ninguna eficacia: los facciosos estaban ya al alcance de la ciudad, y entraron con las escenas de liberación que inmortalizaron después en cuadros y películas. Si Líster hubiese tenido razón y hubiera conseguido el asalto, la guerra habría cambiado de sentido. También creyó que había sido traicionado en dos victorias esenciales: el paso del Ebro y la toma de Teruel, que tuvo que abandonar (allí se casó: su novia hija de un médico, tenía 17 años; él, 30).

Tampoco creía en la obediencia a sus Jefes de partido. Carrillo y Pasionaria le consideraban peligroso por su inmensa fuerza popular y militar y por su independencia. Más tarde, cuando ya no tenía ninguna potencia, se enfrentaría con ellos: sobre todo, cuando Carrillo comenzó a criticar a la Unión Soviética, a renunciar a la revolución del 17 “y a todas las dictaduras”, diría, “incluyendo la del proletariado”. Pero, antes de esta rebelión y de la creación de su partido prosoviético, aún creyó que no había que obedecer al Gobierno del coronel Casado, que negociaba con Franco, y que había que resistir: fue él quien aplastó la rebelión final de Cartagena.

Aun así, en marzo de 1939 comprendió que estaba todo perdido. Fue en la famosa reunión de Monóvar, Alicante: el partido comunista tuvo una última reunión de guerra, escuchó la opinión del italiano Togliatti (aquel cuyo “testamento” iniciaría, muchos años más tarde, la aventura inútil del eurocomunismo) y aceptó abandonar la lucha. Tres trimotores llevarían, en una noche dramática,_a estos últimos guerreros a París. Allí esperaba a Líster su jovencísima esposa, ya con un hijo: y aun allí tuvieron que esconderse, porque ya se perseguía a los comunistas en Francia. El PCF y la Embajada soviética les embarcaron en El Havre hacia Moscú: le esperaba la inminente guerra contra los alemanes. Después de su victoria, Líster fue profesor en las academias militares. Hasta que decidió regresar a España. No tuvo aquí éxito: aislado por el PCE de Carrillo, despreciado por la oposición como por el régimen, fue escribiendo sus memorias con dureza (¡Basta!, se llamó uno de sus libros: contra Carrillo) y su partido fue una minoría sin función. La edad le fue aislando más y más; era ya un superviviente incómodo hasta para sí mismo.

Eduardo Haro Tecglen

09 - Diciembre - 1994

Un obrero de choque

Santos Juliá

Encaminó sus pasos hacia Moscú, donde comprobó que la construcción de la sociedad futura requería un duro trabajo en la sociedad presente. Sus tres años de estancia fueron para él "una formidable escuela".

Si hubo en la vida de Enrique Líster una experiencia que conformó su personalidad en una sola pieza, debió de ser su trabajo como barrenero en el Metro de Moscú. Acostumbrado desde la infancia a golpear la piedra, Líster se había construido un carácter rebelde, al más puro estilo español, y se había incorporado en 1928 al Partido Comunista de España, formado entonces, según un delegado de la Internacional, por un puñado de tipos medio anarquistas que no sabían muy bien qué hacer.Pero, como resultado de un en frentamiento con guardias civiles a principios de 1932, Líster salió de España y encaminó sus pasos hacia Moscú, donde comprobó que la construcción de la sociedad futura requería un duro trabajo en la sociedad presente. Sus tres años de estancia fueron para él “una formidable escuela”. Los rescoldos de la antigua rebeldía anarquista quedaron enterrados en las obras del metro, donde se convirtió en “obrero de choque”, con un cumplimiento de la norma del 132%, y donde adquirió una inquebrantable, como la piedra, fidelidad a la patria del socialismo.

Porque lo cierto es que de Moscú, aquel rebelde vuelve a España en 1935 convertido en revolucionario profesional, dispuesto a hacerse cargo de la agitación en los cuarteles. A la debilidad de esa acción entre los soldados se había atribuido el fracaso de la revolución de octubre de 1934, cuando las milicias comunistas y socialistas habían esperado en vano que las puertas de los cuarteles se abrieran y los soldados confraternizaran con los revolucionarios. Líster había seguido estudios mil¡tares en Moscú y volvía como experto en agitación entre los soldados para remediar esas carencias del trabajo revolucionario.

Jefe del Ejército republicano

Obrero de choque y agitador militar, la formidable escuela moscovita en la que forjó su carácter habría de determinar el curso de su vida, como uno de los principales jefes comunistas del Ejército republicano. Su nombre viene a la mente con los de Juan Modesto y Valentín González, y quedará unido al célebre Quinto Regimiento, a las batallas decisivas de la guerra y a la operación que acabó con el Consejo de Aragón y que estableció su fama como despiadado laminador de anarquistas. Si las nostalgias de Líster eran los maravillosos días de Moscú, su memoria quedó atrapada en las batallas de la guerra civil.

A partir de entonces, y a pesar de su ascenso al generalato en el Ejército Rojo, su. estrella no brillará nunca a la misma altura. Sin poetas para cantar sus hazañas, Líster no será más que un alto funcionario del partido incapaz de proponer ninguna dirección política que no fuera la de un levantamiento nacional contra la dictadura. Perdió su primer envite contra Pasionaria, a la muerte de José Díaz, y, luego de sentar cabeza, perdió de nuevo, con el conjunto de los “viejos”, frente a Santiago Carrillo, que rompió todas las jerarquías al percibir mejor que nadie los nuevos vientos que soplaban por Moscú en 1956.

No tiene nada de extraño, pues, que acabara su carrera como instrumento de los soviéticos contra Carrillo. Con su obediencia a Bréznev, Líster, expulsado del PCE en 1970, se quitaba la espina de su postergacion y, estalinista hasta el último aliento, creaba un Partido Comunista Obrero Español para sembrar de chinchetas el camino de la lucha final contra el franquismo que Carrillo soñaba recorrer entre, palmas y flores.

Santos Juliá

11 - Diciembre - 1994

Líster

Francisco Umbral

Teruel, tierra de hombres, hoy dora tus cenizas, Teruel, qué gran batalla, tu inteligencia en marcha. Eras ese talento que formula el destino, eras un cuerpo recio que aloja la metralla. López Salinas dice que nunca te olvidamos, cómo voy a olvidarte, inteligencia roja.

Enrique, capitán, Líster de fuego, hoy te hemos visitado entre unos mármoles que desdecían de tu conducta macho. Enrique, general, Líster de golpe, hoy hemos esparcido tus cenizas por el Teruel adusto que te olvida.

Defendiste Madrid como una roca, y eras la roca humana de la fe, defendiste Madrid como un compadre y no tienes un mármol que enumere tu grandeza callada de soldado y tu fe comunista en cada cosa. General de los hombres, capitán del peligro, conversamos despacio cuando volviste lento como un duro patache oliendo a hombre cansado y a vieja guerra sepia.

Enrique Líster, jefe, estaliniano loco, eras tan de una pieza que Stalin recelaba. Renuncié a convencerte, prefería tus palabras, hombre de roca hispana fijo en el cielo luso. Hombre de azul granito tan fijo como el cielo, general de los pobres en cuatro continentes.

En ti revoluciones no eran cosa científica, sino ganar la guerra y matar a los malos, tu honradez espantosa, tu honestidad da miedo, pero has muerto despacio, junto a la Eme/Cuarenta, donde el capitalismo raudo te acariciaba. Todo lo hemos perdido, cuéntaselo a Machado: «Si mi pluma valiera tu pistola…»

Machado quiso hacerte capitán de la vida, Machado era sencillo, Machado era pacífico, pero llegó un momento en que el asco de España le hizo añorar tus armas frente a su pluma estéril.

Ay qué momento, Lister, miliciano glorioso, hombre de realidades fijas como los astros, ay qué momento, Líster, general de la vida. Nadie sabe con tiento lo callado que fuiste, nadie sabe que Stalin te guardaba rencores. Tú eras pueblo de España, una roca rodante que empujaban los ángeles rojos de aquella guerra. Madrid has defendido como un hombre muy solo, eras un solo hombre rodeado de soldados. Madrid te debe mucho, tu condición de estatua y la fe que pusiste en salvar la Cibeles.

Teruel, tierra de hombres, hoy dora tus cenizas, Teruel, qué gran batalla, tu inteligencia en marcha. Eras ese talento que formula el destino, eras un cuerpo recio que aloja la metralla. López Salinas dice que nunca te olvidamos, cómo voy a olvidarte, inteligencia roja.

Enrique, tú eres pueblo, Líster de España ciega, tu herida y tu conducta, general de la vida, nos devuelve a la entraña berroqueña de España. Fíjate cuántas eñes me han salido de golpe, capitán del idioma que moviera la guerra, general de los mapas, estantigua de Rusia.

Hoy te hago el poema en prosa, Líster amanecido, porque me da la gana y porque fuiste grande, y sólo el pueblo en masa, berroqueño y llovido, puede parar la fiesta de los terratenientes. Todavía hay comunistas, que lo sepas de muerto, minuto de silencio que te hemos reservado. Me llueven cementerios a tantos de diciembre, me llueven generales porque tú estás ausente, pero creo que tu esfuerzo, general de las cosas, no se ha perdido en vano y hemos salvado un niño.

Líster, coño, tu nombre suena como un disparo, una palabra llana con acento de pólvora, fuiste el mito violento de nuestra adolescencia, luego fuiste el amigo que transcurre en pasado. Hoy te hemos visitado al costado del viento, hoy te hemos abrasado a la luz de la niebla, y tengo que decirte, capitán de mi España, que los hombres más duros han llorado de rabia. El «llanto militar» que glosara Quevedo. El llanto popular acompaña tu ruina y milicianos lentos, muertos cuando la guerra, acompañan tu urna y recitan España.

Francisco Umbral

11 - Diciembre - 1994

Líster

Jaime Campmany

La izquierda española le ha hecho a Líster, unas exequias casi líricas, Umbral y Haro Tecglen, Líster parecía más un jardinero que un capitán de mercenarios, general cuatro ejércitos. Cuando uno es general de cuatro ejércitos ya no se sabe bien lo que defiende, el ideal o es que ha optado por el menester del matarife.

Parecía un oso peludo y terrible. Era un oso que recorría Europa a zarpazos. Iba siempre a aquella parte de la selva donde luchaban águilas, elefantes, cobras o leopardos, o sea, hombres, fieras. Lo suyo era la guerra el foicio de matar y eso le hizo famoso legendario casi o sin casi. Se especializó en la lucha encarnizada y en despachar enemigos, y lo hacía con tal arte y eficiencia que hacía cantar de pánico a los poetas. No parece que fuese un romántico. Más bien era un profesional, y no creo levantar falso testimonio si digo que fue el más sanguinario y tremendo mercenario de la Europa en armas, España, Polonia, Rusia, Yugoslavia, siempre.

Uno de mis recuerdos empavorecidos de niño de la guerra en su cara en las fotografías de los periódicos y en los cartelones de la propaganda roza, con sus enormes tiznajos encima de los ojos feroces, arcos negros, carbones amenazantes; cejas para meter miedo a los niños y a las doncellas, a los hombres derechos, a los soldados, a Marte mismo; cejas para asustar a los legionarios o a las mehalas. Las suyas eran cejas de destripador, de Saturno devorando a sus hijos, y su rostro podría servir para la iconografía del Gengis Khan o de Atila, capit´na de hunos o mogoles. Era el rostro de la guerra incesante, de la guerra sin tregua, el rostro del jinete del apocalipsis, sólo que cebado y robusto, incansable. Unas cejas así no se vieron por aquí hasta que apareció en la posguerra Carrero Blanco, que representaba también unas cejas de sombra ancha, cejas de selva negra, pero sólo aproximadas en fiereza a las de Enrique Líster. Esta especie de osos guerreros sólo se dan en Iberia, como si se despeñaran en Gredos.

La izquierda española ha puesto mucho menos entusiasmo o quizá menos fervor en recordar a Pablo Iglesias en su aniversario que en enterrar a Enrique Líster en su muerte. La izquierda española le ha hecho a Líster, unas exequias casi líricas, Umbral y Haro Tecglen, y en algunos renglones que le han dedicado, Líster parecía más un jardinero que un capitán de mercenarios, general cuatro ejércitos. O general de tres ejércitos y coronel de otros, como aclaran sus biógrafos más escrupulosos. No sé, no quisiera exagerar en el improperio sobre todo sobre su tumba, pero cuando uno es general de cuatro ejércitos ya no se sabe bien lo que defiende, la patria, la libertad, la justicia, el ideal o es que ha optado por el menester del matarife.

Lo que más me asombra de Enrique Líster son los poetas. Ahí estaban El Campesino (otro González) y Durruti, y algunos más que podían haber merecido la epopeya. Pero la epopeya se detuvo en Líster, que alcanzó más fama y loor que ningún otro en la flor de la leyenda y en el laurel de la poesía. Claro está que lo que más me fastidia de Enrique Lister son los versos de Antonio Machado. Cambiar la pluma de Machado por la pistola de Líster no es que sea un crímen, es una babaridad. Se apartan esos versos, y la pluma de Machado por la pistola de Líster no es que sea un crimen, es una barbaridad. Se apartan esos versos, y la pluma de Machado sirve para traer la luz y fundar la paz en esta tierra de Alvargonzález (más González, aquí salen González a manta de Dios) por donde vaga errante la sombra de Caín, y en cambio la pistola de Líster es la quijada de burro de Caín.

¡Voy al Quinto Regimiento! Escribía Rafael Alberti para un banderín de enganche en las ropas de Líster. ¡Soy del Quinto Regimiento!, exclamaba luego, con su poesía de guerra, de morir con los zapatos puesos y de burro explosivo. Está bien. Era la guerra, y en la guerra se luchaba, se mataba, se moría, y los poetas mejores estaban en el lado de Líster. Pero hasta para dejar endecasílabos en la frente de los guerreros, de los héroes, hace falta la pluma de Machado y hay que enterrar la pistola internacional de Líster. Luchó contra el fascismo, y es verdad. Y luchó en favor de Stalin, y también es verdad. Ni una cosa es ya necesaria ni la otra es posible. Reposo al guerrero. Y que Apolo perdone al poeta.

Jaime Campmany

14 - Diciembre - 1994

Líster y la manipulación de la historia

Federico Jiménez Losantos

Nunca fue Líster un defensor de la República, si acaso un prófugo de la Justicia; ni de la democracia – volvió para trabajar en los cuarteles contra esa República ‘burguesa’ – ni, por supuesto, de la libertad, ya que fue hasta el final un defensor de Stalin, y del inmenso cementerio del gigantesco campo de concentración soviético.

He dejado pasar sin comentario la muerte de Líster por dejar que los muertos entierren a sus muertos. A estas alturas no va a pedir uno en las opiniones sobre la Guerra Civil un testimonio ecuánime. Eduardo Haro le ha hecho una elegía muy sentida, muy respetable entre camaradas de ultratumba. Umbral ha hecho más, se ha ido hasta Teruel, hasta mi pueblo, a aventar las cenizas de Jesus Liste, su verdadero nombre, y lo ha llorado en unas columnas que no saldrán en la próxima edición de ‘La Rosa y el látigo’ excelente antología de García-Posada, n en la de ‘Los Placeres y los días’, porque lo suyo es la prosa lírica y no la lírica en prosa. Jaime Campmany les ha contestado a ambos que un general de cuatro ejércitos a lo mejor no es general de ninguno, apenas un matarife vocacional.

Pero estas diferencias son lógicas y normales, entran dentro de la pluralidad necesaria y deseable de los juicios políticos y los afectos ideológicos. Yo no intervendría si de por medio no se hubiera cruzado un presunto historiador, que va por ahí dando lecciones de Historia y hasta de rigor literario y que a propósito de Líster ha perpetrado una asombrosa manipulación de su figura y su peripecia política. Desgraciadamente tengo que volver a hablar, y lo siento, de Santos Juliá. “Acostumbrado desde la infancia a golpear la piedra, Líster – dice Juliá – se había construido un carácter rebelde al más puro estilo español y se había incorporado en 1928 al PCE, formado entonces, según un delegado de la Internacional, por un puñado de tipos medio anarquistas que no sabían muy bien que hacer. Pero como resultado de un enfrentamiento con guardias civiles a principios de 1932, Líster salió de España y encaminó sus pasos hacia Moscú”. He aquí cómo un libro de estilo en cualquier periódico serió mostraría que se puede ocultar en un párrafo al lector lo esencial mostrando lo accesorio. En ABC, único periódico nacional que ha dado información completa y veraz del personaje, se recordaba ese mismo día que Líster no fue el cantero rebelde que se afilió casi inconscientemente al PCE sino un militante del PCE ya en Cuba, donde vivía con su familia, que al llegar a España en 1928 se convirtió, automáticamente en militatne del PCE; pero desempeñando la poca digna tarea de pistolero sindical, que es lo que le llevó a diversos enfrentamientos con la Guardia Civil, al parecer por ‘ajustes de cuentas’ dentro de partido que si en 1932 huyó a Moscú fue por haber sido condenado en rebeldía a treinta años de cárcel, por el asesinato de un empresario gallego. Gobernaba Azaña entonces y a lo mejor eso explica el odio que siempre le tuvo este prófugo de la justicia, odio que el semibiógrafo de Azaña extrañamente calla.

Lo esencial de su estancia en Moscú no fue picar piedra en al Metro sino su paso por la Academia Frunze para recibir formación militar y convertirse en lo que siempre fue: un fiel estalinista de pistola al cinto. Cuando Togliatti, el verdadero jefe del PCE en la guerra, hace a Líster (siempre a las órdenes del comisario político Vittorio Vidali) comandante en jefe del V Regimiento es porque, con Modesto, igualmente formado en Moscú, con Modesto, igualmente formado en Moscú, era instructor de las clandestinas Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas, organización paramilitar del PCE a partir de la cual se formó el Quinto Batallón, luego llamado V Regimiento, cuya notable capacidad no sólo dependió del origen militarizando de su núcleo originario, sino de la primacía que tuvieron sobre otras fuerzas y milicias en la recepción del armamento soviético. Por supuesto que – contra lo dicho estos días, ni Líster, ni las Brigadas internacionales pararon el avance de los rebeldes sobre Madrid, más allá de lo psicológico. El artífice de la defensa fue Vicente Rojo, brillante jefe del Estado Mayor de Miaja. Al hablar de su carrera militar el citado historiador que nates nos había presentado a Líster como simple picapederero del metro de Moscú, nos revela ahora sí su formación soviética, pero en términos ditirámbicos; “Líster había seguido estudios militares en Moscú y volvía como experto de agitación entre los soldados para remediar esas carencias del trabajo revolucionario” (Julia se refiere con tristeza el fracaso del alzamiento de 1934 contra la legalida republicana, que para este semibiógrafo de Azaña por lo visto no merecía oro respecto que el del asalto revolucionario). “Obrero de choque y agitador militar, la formidable escuela moscovita que forjó su carácter habría de determinar el curso de su vida como uno de los principales jefes comunistas del Ejército Republicano. Su nombre viene a la mente con los de Juan Modesto y Valentín González y quedará único al célebre V Regimiento, a las batallas decisivas de la guerra y a la operación que acabó con el Consejo de Aragón y que estableció su fama como despiadado laminador de anarquistas”.  Y así acaban las hazañas bélicas  de Líster.

Para empezar, el entusiasmo de Juliá es escalofriante en esa adjetivación de ‘formidable’ para la Academia Frunze – única escuela de Líster – el más siniestro de los centros de adiestramiento estalinista. Es verdad como dice nuestro historiador, que hasta su huida en avión (dejando en el puerto de Alicante – esto no lo dice – a miles de hombres sin salida, a los que hasta la víspera había ordenado resistir pero a los que no acompañó, como Besteiro hizo con los suyos) Líster libro las grandes batallas de la guerra, pero generalmente perdiéndolas – sus fracasos mayores, Teruel y el Ebro – En cambio triunfó – y esto tampoco se explica – en su otra actividad militar, la de la represión en la retaguardia los designios de Stalin, debían ser aniquiladas.

En Aragón, ya con Negrín en la presidencia del Gobierno, Líster se alió con los antiguos propietarios para expulsar a los milicianos anarquistas – muchos de ellos llegados con Durruti al frente aragonés al empezar la guerra – de las tierras colectivizadas, pero además también se cargó lo mismo que en Castilla, las colectividades voluntarias. Sólo prisioneros, la CNT denunció seiscientos en aquella comarca. Líster más tarde propuso a mantecón, su mano derecha, el fusilamiento de los prisioneros del Consejo de Aragón, pero aunque ‘compañero de viaje’ del PCE; Mantecón seguía perteneciendo al partido de Azaña y se negó como constata con satisfacción el Presidente en sus memorias. No tuvieron tanta suerte los anarquistas castellanos, con los que Líster pudo meses antes actuar a sus anchas y realizar un auténtica carnicería. Sólo en Mora de Toledo fueron fusiladas sesenta personas, según la acusación de García Pradas que Bolloten consigna en su magna obra ‘La Guerra civil española” (Alianza p. 402), así como la reivindicación del propio Líster cuarenta años después, ya de vuelta en España en TRIUNFO: “Hubo que crear un tribunal en Mora de Toledo y tomar algunas medidas muy duras, muy serias. Lueog me acusaron de que si yo había fusilado y tal, y cual, y yo he respondido que sí, que yo he fusilado y que estoy dispuesto a hacerlo todas las veces que haga falta (10-11-77).

Porque lo grave de ocultar los antecedentes de asesinato y la formación pistoleril es una información histórica sobre Líster no es que lave la memoria de un estalinista recalcitrante que se negó a acompañar a su partido en la transición democrática, fundado un grupúsculo, el PCOE, de estricta obediencia soviética, sino que continúa la larga e intolerable tradición de borrar los crímenes cometidos por los sicarios de Stalin no sólo contra los franquistas o los prisioneros considerados de derechas (como los miles de asesinatos en Paracuellos y otros lugares de Madrid) sino, algo genuinamente estalinista, contra los propios milicianos incontrolados, o sea anarquistas y trotsquistas, es decir, los militantes del POUM, el partido de NIn, secuestrado torturado y asesinado por agentes de Moscú y acusado luego, como sus compañeros de agente nazi-franquista, amén de bastantes socialistas cuya asimilación o unificación resultaba imposible.

De esos crímenes no tuvo la culpa de Franco, sino directamente Stalin y quienes los cometieron pasaron por encima de la verdad, de la nacionalidad y de las más elementales normas de honradez política. Esos hombres, como Líster, fueron simples herramientas de Stalin, nada más. Nunca fue Líster un defensor de la República, si acaso un prófugo de la Justicia; ni de la democracia – volvió para trabajar en los cuarteles contra esa República ‘burguesa’ – ni, por supuesto, de la libertad, ya que fue hasta el final un defensor de Stalin, y del inmenso cementerio del gigantesco campo de concentración soviético. Y nada más siniestro que permitir, desde la propia izquierda, que sean los comunistas, gracias a una historiografía manipuladora hasta la náusea los que aparezcan ante los jóvenes españoles de hoy como protagonistas de una gesta histórica contra el fascismo. Por fortuna el PCE, que se construye en España después de 1968 y participa decisivamente en la transición no es ya el PCE-PCUS de Líster.

Federico Jiménez Losantos.

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