Muere Pedro Toledo, abriendo una guerra interna en el banco BBV entre los consejeros provenientes del Bilbao y los del Vizcaya

HECHOS

  • 12.12.1989 – Muere Pedro Toledo, co-presidente del BBV¡
  • 19.12.1989 – Ex consejeros del BBV incriben en el registro a Alfredo Sáenz como nuevo co-presidente del BBV, ese nombramiento no es aceptado por otros consejeros.

El 12 de diciembre de 1989 murió uno de los dos Co-presidentes del Banco Bilbao Vizcaya (BBV), D. Pedro Toledo, desatando una guerra entre los consejeros del BBV, por un lado los provenientes del antiguo Banco de Vizcaya y por otros los que venían del antiguo Banco Bilbao.

Ybarra_SanchezAsiain Los consejeros que provenían del Banco Bilbao, liderados por D. José Ángel Sánchez Asiaín y D. Emilio Ybarra aspiraban a que se estableciera una presidencia unificada que ocupara alguien del Bilbao.

Alfredo_Saenz Los consejeros del Banco de Vizcaya pretendían que D. Alfredo Sáez relevara al difunto D. Pedro Toledo y se mantuviera la estructura con dos Co-Presidentes (los Sres. Sánchez Asiaín y Sáez).

13 - Diciembre - 1989

El rigor de un banquero

Pedro Toledo

LA SÚBITA muerte de Pedro Toledo, copresidente del Banco Bilbao Vizcaya (BBV), deja un enorme vacío en la banca española: supone la desaparición de un profesional y un personaje clave en la renovación del sistema financiero y de la clase empresarial española, emprendida en estos últimos años de transición económica. Toledo ha fallecido en circunstancias que ilustran muy gráficamente el talante riguroso de su actuación: se exigió a sí mismo tanto como exigió siempre a sus colaboradores -y fue mucho- y guardó la más absoluta discreción sobre su enfermedad. El rigor y la discreción han sido, bien administrados, algunas de las virtudes tradicionales de los mejores banqueros y quedan ahí como un legado personal, como punto de referencia y orientación ante las convulsiones del universo económico español.Pedro Toledo ha sido un banquero de nuevo cuño, y quizá ha plasmado más que ningún otro el relevo generacional efectuado en los últimos años en la cúpula del sistema financiero y la adopción de nuevos modos de actuación bajo una orientación que perseguía la máxima ortodoxia en sus actuaciones. De familia de financieros, fue bancario antes que banquero, forjándose en los duros y esenciales ámbitos de la gestión de tesorería y el control de una organización territorial importante.

Al ir aumentando sus responsabilidades en el Banco de Vizcaya, formó en torno a sí un equipo reducido y compacto, en el que descollaban algunos profesionales que están hoy mismo en la primera línea del BBV o en otras entidades económicas. Con un sentido de parquedad expresiva muy vasco, ese equipo desarrolló una actuación empresarial incesante, acompañada de un fortísimo sentido de la lealtad personal.

La renovación emprendida en el Vizcaya se desarrolló sobre dos ejes: la creación de nuevos productos con objeto de implantar una banca de servicios diversificados y la búsqueda de una dimensión adecuada. Para lograr esto último, el Banco de Vizcaya apostó fuerte durante un corto período -los años de la crisis bancaria, de 1977 a 1982- al crecimiento por absorción de entidades ajenas que habían quedado arrinconadas por la crisis de su gestión o por la debilidad de su estructura, o por ambos motivos.

Esta estrategia no estaba exenta de incertidumbres y riesgos, y llegó a buen puerto porque se fundamentó en la aplicación de criterios empresariales estrictos -con el norte de la rentabilidad siempre presente- y de un equipo sólido que sabía auditar las tripas de otras entidades con sólo mirarles las mejillas. En realidad, el desarrollo de esta estrategia hasta las últimas consecuencias supuso una cierta refundación del banco. Pero su aplicación le permitió recuperar en poco tiempo las distancias que le separaban del grueso de los bancos más grandes.

Sobre esta base, y apoyándose en el liderazgo personal que anidaba en una ambición personal nunca ocultada, Toledo afrontó la gran operación de la fusion con el Banco de Bilbao. Para ello tuvo que superar las dificultades derivadas de la tradicional competencia directa entre ambas entidades y escoger el momento oportuno para abordar la operación, de forma que resultó mancomunada con su nuevo socio. Para ello contó con la ayuda de su viejo rival, y hasta ayer compañero de brega, José Ángel Sánchez Asiaín, el hombre que puso la música a las fusiones financieras en España.

Cuando ya las más grandes inercias y las lógicas dificultades iniciales propias de un proyecto de esa envergadura han sido objetivadas y superadas, y ha recorrido ya el trecho más duro, la muerte se lleva ahora, de repente, a Pedro Toledo. Se fue como vino, como los buenos organizadores de equipos humanos, sabiéndose exigir tanto a él mismo como a los demás.

14 - Diciembre - 1989

Un hombre inmutable

Pedro Toledo

Primero fue Carlos Barral, hombre que significa mucho para los que gustan de los buenos libros y para quienes hacen sus pinitos en política. Y luego, de madrugada, la noticia de que había muerto Pedro de Toledo. Hacia tiempo que todos temíamos el fin de Barral, cada día más delgado, casi etéreo, aunque él siempre decía encontrarse bien. Pero la muerte de Pedro de Toledo ha sido algo así como un aldabonazo para quienes piensan que el aire libre, el éxito, el deporte, la buena mesa y los viajes en avión privado alargan inefectivamente la vida.

Pedro de Toledo estaba insultantemente sano, insultantemente bien. Su aspecto físico era impecable, con el mejor color que lucían los importantes de la política y las finanzas con una actividad profesional en la que todo parecía sonreírle. Ni siquiera se inmutaba Pedro de Toledo en ese ambiente de tiburones que es la bancas española de los últimos años, donde cabe todo lo malo y caben todas las maniobras.

Toledo, sin embargo, a base de diálogo y de negociaciones sacó adelante sus ideas y sus proyectos y logró ser copresidente de ese monstruo financiero que es el BBV y que miraba hacia adleante dispuesto a comerse el mundo. Pedro de Toledo tenía la posibilidad de leer tranquilamente en su despacho la noticia de peleas, bandos, altas y bajas, intentos de fusión e intentos de disfusión que se daban en todas partes excepto en ese BBV que compartía con otro vasco inteligente, Sánchez Asiain.

En esta época en que tanto se habla de la importancia de Europa, de la necesiad de comeptir con las grandes empresas y las grandes bancas de otros países, que se habla tanto de que hay que unirse frente a posibles amenazas económicas exteriores y que hay tanto vip que lo único que quieren es conservar su silla.

Pedro de Toledo era un ejemplo de que se podían afrontar los años futuros con alguien que tenía la cabeza sobre los hombros. Pero le falló el hígado y ni los más prestigiosos cirujanos de Estados Unidos pudieron hacer nada para salvarle.

Pilar Cernuda

14 - Diciembre - 1989

Pedro de Toledo y la Banca

Antxon Sarasqueta

La enfermedad y la muerte provocan la reflexión. El pdoer puede ser inmenso, pero es limitado. La vida humana es frágil. La muerte del co-presidente del Banco Bilbao Vizcaya, Pedro de Toledo, ha sido una noticia que ha desbordado cualquier otro acontecimiento público en las últimas horas. El impacto es mayor cuando ese tipo de noticias son totalmente inesperadas. Las figuras de la banca y la política se han pronunciado sobre la personalidad bancaria de Pedro de Toledo. Como siempre en estos casos en un homenaje entre falso  y sentido, porque el auténtico pesar suele ser íntimo. Sin embargo al hilo de la figura de Pedro de Toledo, la coincidencia persiste en mantener la interrogante sobre el futuro de la banca española. Al fin y al cabo, de su dirección dependerá en gran medida la dinámica industrial y de la economía española.

14 - Diciembre - 1989

Muerte a mitad del camino

Jesús Cacho

«Si tengo salud y sigo con las mismas ganas de trabajar, a mí no hay nadie que me apee de la presidencia del BBV y del liderazgo de la banca española». Un atardecer lluvioso de finales de noviembre, con Madrid rezumando agua, atravesé las pesadas puertas de hierro del Banco de Vizcaya en la calle de Alcalá 46, hombro con hombro con el Banco Central, para entrevistarme, en la que sería la última vez, con Pedro Toledo. El ritual era siempre el mismo. Cayo del Fresno, el regente de la planta de Presidencia, bajaba solícito a franquear la puerta de seguridad, introducía al visitante en una impersonal salita y, a los dos minutos, aparecía puntual Pedro Toledo. Tan exquisito, tan cuidado, en su aspecto externo, me pareció aquel día distinto, deteriorado, como un clavel que ha perdido su lozanía y está empezando a marchitarse.

  • Te veo cansado. Tienes mala cara…
  • Si, es que no me encuentro muy bien. He tenido unos problemas gástricos que me han dado la lata en los últimos días y, sí, no tengo muy buen aspecto. Pues nada, a cuidarse… Y además te veo muy delgado. Bueno sí, es por lo mismo. Me han puesto un régimen de comidas muy estricto y eso también se nota. Sí, no te vendrían mal un par de kilos de más… De todas maneras es que este traje que llevo hoy es de hace varias temporadas y acentúa mi delgadez.

Y uno seguía asombrándose de que un hombre de la refinada elegancia de Pedro Toledo reconociera un día vestir prendas pasadas de moda. Definitivamente, aquel no parecía el Toledo de las mejores tardes. Cuando ayer me enteré de lo aparentemente increíble, esta trivial conversación cobró nuevo significado. ¿Conocía el banquero el alcance real de su enfermedad? Si la respuesta era afirmativa, se guardó su drama para él mismo y quizá, no es seguro, para su mujer, Elena Echevarría. Como siempre ocurre en estos casos, ayer no faltaban las personas que se manifestaban perfectamente al corriente del alcance de los problemas de salud del banquero, no importa la mayor o menor cercanía personal con el protagonista. Es un fenómeno parecido al del famoso crash bursatil de octubre del 87. – ¿A tí te ha cogido? pregunta uno a cualquier inversor. – En absoluto, respondía con suficiencia el aludido. Yo estaba perfectamente al corriente de lo que iba a ocurrir…Muy pocos en el caso desgraciado de Pedro Toledo, quizá no más de 3 personas, podrán presumir de haber estado al corriente de un drama que va a trastocar de forma dramática las piezas del «puzzle» financiero y bancario español. Anteayer martes, ni Javier Gúrpide, ni Alfredo Sáenz, ni Carmen Delclaux, su secretaria personal, podían imaginar siquiera que el banquero estuviera a punto de morir. Las desapariciones, más o menos repentinas, de Pedro Toledo no extrañaban a nadie. ¿Dónde está Pedro? Estará en Bilbao, o en Nueva York o en Frankfurt… Formaba parte de su personalidad, una personalidad rica, compleja, susceptible de muchas lecturas como normalmente ocurre con la gente de peso. Si Toledo conocía ya aquella tarde lluviosa de Noviembre que su vida estaba en peligro, se cuidó muy mucho de comentarlo o de transmitir la menor señal de alarma a su contertulio. Muy al contrario, rápidamente se sumergió en los mil temas que, a propósito de la publicación de «Duelo de Titanes», saltaban sobre el tapete. Por si fuera poco, estaban recientes las elecciones del 29 de Octubre. -¿Tú crees que va a seguir Carlos Solchaga? – Hombre, eso lo sabrás tú, Pedro, que tienes contacto diario con él y que además dicen las malas lenguas que se te pone firme cada vez que descuelgas el teléfono… – No seas malo… Hay por ahí una leyenda que nos hace aparecer como el banco del PSOE o como ligados al PSOE y eso no es cierto; eso es malo para nosotros… – Hombre, pero no me dirás que no pareceis el banco del Gobierno… – Esa es una visión estrecha y deformada. Te voy a decir una cosa: la banca, por naturaleza, tiene que estar cerca del Gobierno, de cualquier Gobierno, y mucho más lo- tiene que estar tratándose de la primera institución financiera del país, como es el BBV: Pero bueno, no te he ofrecido nada, ¿qué quieres tomar? A ver, Cayo, traiga un gin-tonic para el señor y para mi una botella de agua. -Sólo tomas agua? – Sí, ya te he dicho que me han puesto un régimen muy severo. – Como si fuera una premonición, la conversación derivó hacia sus primeros años en el Banco Vizcaya, y su elección como presidente. – «Yo, no es ningún secreto, se lo debo todo a Angel Galindez. El fue estableciendo un curioso sistema, muy rígido, muy meticuloso, de cooptación para nombrar su sucesor en el seno del consejo del Vizcaya. Y, además, se hacía por votación. En un principio había cuatro candidatos. Luego sólo dos, Juan Manuel Urgoiti y yo. En 1986 yo ya contaba con todos los votos del consejo menos uno. Después de aquella votación, en primavera, un día me llamó y me dijo, bueno, está claro, tú serás mi sucesor, pero estate tranquilo, lo haremos cuando yo quiera. Al regreso de las vacaciones del verano del 86 me llamó, me invitó a almorzar a su casa y me sorprendió, oye, que lo vamos a hacer ya…» Galíndez había descubierto al hombre que buscaba. Enérgico y exigente consigo mismo y con los demás, pero a la vez flexible, abierto a ideas y personas. Había descubierto al hombre capaz de hacer del Vizcaya uno de los grandes bancos del país. Toledo había llegado al Vizcaya de la mano de Manuel Gortázar, conde de Superunda, miembro del consejo del Vizcaya y presidente de Sevillana de Electricidad, que lo trae de General Eléctrica donde estaba trabajando, y le coloca como subdirector del departamento de sucursales, en sustitución de José Miguel Semano. Con Enrique Sendagorta llega a director general, y con Galíndez alcanza el cénit. Licenciado en la Universidad de Deusto, Toledo, un alumno muy brillante de la famosa «Comercial», mostraba ya las características propias de su definitiva personalidad: era un joven reservado, poco comunicativo, con un concepto altísimo de sí mismo, con muy buena cabeza. En el Vizcaya desarrollaría esa facultad especial para olfatear a distancia, como gran jugador de ajedrez que era, y a largo plazo los movimientos corporativos, las grandes operaciones, los grandes negocios, hasta convertirse en el gran estratega que era, sin duda más que banquero o financiero. Un estratega sin grandes convicciones políticas, ególatra, al decir de sus adversarios, pero plenamente convencido de su papel innovador en la banca y las finanzas. Y ciertamente era innovador hasta en su forma de vestir, tan vanguardista que asustaba a las pacatas y austeras mentes de Neguri, sin cuyo consenso jamás habría podido encaramarse a la presidencia del Vizcaya. Y, en efecto, Toledo implantó lo que algunos de sus subordinados reconocen sin ambages como «una dictadura, basada en un sistema de información infalible, nucleado en torno al área de personal». Frente al sistema unifuncional de «los de enfrente», «los de la otra acera», es decir, el Banco de Bilbao, como cariñosamente se aludían antes de su matrimonio los dos bancos vascos, el del Vizcaya era un sistema polivalente: no había nadie que desempeñara una misma función durante más de año y medio. Toledo se encargaba enseguida de cambiarle. El sistema tenía sus ventajas e inconvenientes pero, exigiendo el máximo esfuerzo, logró en pocos años el milagro de equiparar la valoración del Vizcaya a la del Bilbao con un tercio menos de plantilla. Y ello con la peor informática del país. Cuando el paroxismo de las fusiones estalló en España en el año 87, Pedro Toledo se movió con celeridad. «O te fusionas o te fusionan», le había dicho su amigo Carlos Solchaga, cocinero-ex director del servicio de estudios del Vizcaya antes que fraileministro. Sus intentos con Escámez no fructificaron, pero allí estaba Toledo sentado a la puerta del Vizcaya, esperando ver pasar el cadáver de su rival José Angel Sánchez Asiaín, vencido en la batalla de Banesto. Nadie duda que el ganador de la fusión Bilbao Vizcaya era Pedro Toledo. El pez chico se comía al grande. Pero las cosas se complicaron y en el horizonte de 1992 se divisaba con nitidez una lucha por el poder en la cúpula del BBV entre dos pesos pesados: un Toledo convencido de su misión histórica de líder indiscutido de la banca y las finanzas hispanas para las dos próximas décadas, y un Sánchez Asiaín, humanista de gran prestigio, convencido por sus lugartenientes de ser demasiado joven para retirarse a asesorar al Banco Vaticano. «Sánchez Asiaín está superado por los acontecimientos, porque el ganador moral de esa fusión es el Vizcaya y yo mismo. Sí, es cierto que los votos del Consejo están repartidos al 50%, pero yo tengo consejeros del Banco de Bilbao que me vienen a contar cosas, de manera que si hay tránsfugas será del Bilbao al Vizcaya y no al revés. Ocurre que hay gente que no me ha aceptado, que ve que pasa el tiempo, y dice iay va!, que no hemos cambiado de tranvía. Si tengo salud y ganas de trabajar, a mí no me quita nadie». La desgraciada rueda de la Fortuna aparta violentamente a Toledo de su camino y despeja momentáneamente la incógnita de la lucha por el poder en el BBV. Pero sólo a corto plazo. Conocido y reconocido internacionalmente, investido de su condición de banquero del «sistema», ligado al PSOE-Solchaga por el cordón umbilical de José Aureliano Recio, Pedro Toledo había aumentado recientemente su prestigio con jugadas tan espectaculares como la de Repsol. Con una operación en ciernes más importante aún que la de la propia fusión Bilbao-Vizcaya, era estos días un personaje inmerso en un proceso de concentración oligopolística del poder. ¿Y después? ¿Qué haría cuando ya lo fuera todo en España? No hay demasiados personajes capaces de «romper» en el exterior. Y Toledo era una de las pocasgrandes esperanzas: un hombre que ha sido capaz de las más brillantes jugadas estratégicas en nuestro suelo, bien podría seguir viéndolas más tarde en Europa y en el mundo, haciendo a este país más grande y más rico. Esa es la tragedia de la muerte de Pedro Toledo.

Jesús Cacho

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