Indignación en la derecha por la reaparición del que ellos llaman 'genocida de Paracuellos'

El líder del PCE Santiago Carrillo (Prófugo) da una rueda de prensa en Madrid demostrando que está en España

HECHOS

El 10 de diciembre de 1976 el Secretario General del PCE – formación ilegal – D. Santiago Carrillo, dio una rueda de prensa en España demostrando que estaba en aquel país.

CONFIRMADA LA VERACIDAD DE LOS VÍDEOS PROPAGANDÍSTICOS DEL PCE

carrillo_coche_espana Meses atrás el PCE había difundido vídeos en el extranjero en los que se veía a D. Santiago Carrillo en coche por calles madrileñas insistiendo en que su líder estaba en España. El Gobierno insistió entonces que eran vídeos manipulados. La Rueda de prensa corrobora cual era la verdad.

carrillo_pais_alcazar Los principales medios de comunicación se hicieron eco de la presencia del Sr. Carrillo en Madrid en sus portadas.

11 - Diciembre - 1976

EL GOBIERNO, EN ENTREDICHO

Editorial (Director: Antonio Gibello)

Se mire por donde se mire, la impunidad con que Santiago Carrillo – responsable directo del genocidio de Paracuellos, en donde murieron asesinados más de diez mil presos políticos durante el mes de noviembre de 1936 – celebró ayer en Madrid su conferencia de prensa, pone la autoridad del Gobierno al pie de los ccaballos. La audacia del dirigente comunista sólo tiene parangón con la ineptitud gubernamental. La declaración del Subsecretario de Gobernación responsable de Orden Público constituye una de las perlas más exquisitas producidas en los últimos tiempos. Mientras que Carrillo se jacta de estar en Madrid desde febrero de este año, los responsables de Orden Público aseguran que su posición no ha variado respecto a él. Tamaño reconocimiento de ineficacia no tiene antecedente conocido. Más aún, cuando esa declaración es la única reacción pública y oficial que se conoce del Gobierno, que pese a estar reunido desde primeras horas de la mañana, en su referencia ignora el hecho – en cualquier caso políticamente noticiable – de la presencia de Carrillo. Tal silencio, entendemos, sólo puede tener un explicación: o el Gobierno trata con su mutismo la sensación de que ignoraba la estancia de Carrillo en Madrid, o tal presencia, detectada desde largo tiempo atrás, está pactada a nivel gubernamental con el Partido Comunista.

En cualquiera de los dos supuestos – y no se nos ocurren otros porque sabemos de la gran eficacia de la Policía española y no nos podemos ‘tragar’ la rueda de molino de que esa no supiera las andanzas del dirigente comunista – un hecho político de tal naturalezza, cuando están aún frescas en la memoria de los periodistas las palabras del ministro de la Gobernación: ‘son ilegales el PC y todos los partidos que están a su izquierda’, pone al Gobierno en entredicho. Lo que ocurriría normalmente en una situación semejante con un Gobierno normal, en una situación semejante, lo sabemos todos. Barrido por el ridículo, el Gobierno dimitiría para salvar su dignididad. Y en cualquier caso, el ministro de la Gobernación quedaría deshauciado para el ejercicio del POder. Claro que nos referimso a una nación normal, con un Gobierno normal y con deseos de salvar su dignidad. Y es notorio que España, desde el 20 de noviembre de 1975, ha dejado de ser una nación normal.

11 - Diciembre - 1976

QUÉ SE EXPLIQUE EL GOBIERNO

Editorial (Director: José Luis Cebrián Boné)

Ayer se producía en Madrid un hecho absolutamente insólito: Santiago Carrillo, supremo dirigente del Partido Comunista, se reunía en acto casi público con los medios informativos para lanzar, con audacia, una ofensiva política frontal contra la ley española. Lo insólito, nos apresuramos a decirlo, no es la actitud de desafío del dirigente marxista. Lo insólito es que la audacia del señor Carrillo no haya desembocado, por mínima y solvente aplicación de la ley, donde debía acabar: en la Dirección General de Seguridad. En síntesis:

No llegamos a comprender cómo ha sido posible la conferencia de prensa de Santiago Carrillo.

No consideramos válido, por insuficiente y falaz, el análisis del dirigente comunista sobre las alternativas que se ofrecen en el referéndum.

Puede decirse, en conclusión, que la convivencia nacional no se consolidará mientras la izquierda no se emancipe del comunismo.

Creemos que las únicas salidas hacia la verdadera democracia en España son las que logren articular en diálogo las fuerzas políticas acreedoras de la libertad. Y no aquellas que,como la representada por Carrillo,sólo tienen ante la libertad deudas y responsabilidades insalvables.

11 - Diciembre - 1976

UN CIUDADANO BUSCADO POR LA AUTORIDAD JUDICIAL

Editorial (Director: Alejandro Armesto)

Nuestra actitud ante su aparición pública en una rueda de prensa clandestina es la misma actitud que mantendríamos ante las declaraciones de cualquier otra persona que esté fuera de la ley. Ni una línea más de alarma, ni un céntimo menos de noticia. Sin embargo, el citado secretario general del PCE, en la declaración que leyó a los periodistas y en la rueda de prensa que con ellos mantuvo, adoptó una actitud de hombre público de oposición, que es necesario puntualizar en lo que supone un desafío, de golpe de audacia y de dudosas autoimputaciones de prometedor de la democracia. En primer lugar, el secretario del PCE justificó la posición de su partido en favor de la abstención en el referéndum, al mismo tiempo que anunciaba la estrategia electoral que seguirá.

Es la gran contradicción del PCE; la gran contradicción de un partido que habla «en democracia», pero no la hace posible en ninguno de los países donde gobierna; la gran contradicción de quien quiere ofrecer ahora soluciones válidas para el futuro, pero no consiguió hacerlo cuando tenía el poder en sus manos.

No es honrado negarle credibilidad democrática a un equipo gestor que nos está situando en la democracia, cuando quien lo hace es militante de un grupo que tiene como principio la «dictadura del proletariado». No es patriótico, ni siquiera mínimamente decente, chantajear a una sociedad madura con el arma de presionar para que no haya relaciones diplomáticas con España en los países gobernados por comunistas. Quien eso hace por una simple cuestión personal, frente a las cuestiones personales de treinta y cinco millones de españoles, está dando una pobre imagen de egoísmo que no habíamos advertido, por el momento, en ninguno de los demás líderes del PCE.

12 - Diciembre - 1976

CARRILLO EN MADRID

Editorial (Director: Juan Luis Cebrián)

La conferencia de prensa convocada, a plena luz, por Santiago Carrillo en Madrid ha conseguido el objetivo que seguramente se proponía: desafiar al Gobierno en un terreno desfavorable para éste. Porque lo cierto es que la clandestinidad forzosa a la que se ve condenado el Secretario General del Partido Comunista no tiene justificación jurídica ni política.¿Se puede negar a un español, sea cual sea su condición, el regreso a su país? En el derecho español existe, ciertamente, la pena de extrañamiento, pero su aplicación exige sentencia firme y sólo alcanza al tiempo de la condena; la pérdida de la nacionalidad no es aplicable más que a extranjeros naturalizados. En cuanto a las eventuales responsabilidades penales de Santiago Carrillo por los fusilamientos de noviembre de 1936 en Paracuellos del Jarama, ni siquiera procede su esclarecimiento en virtud de la prescripción de las responsabilidades y de la amnistía.

Pero ni siquiera hay congruencia entre los propósitos que presumiblemente guían al Gobierno y los medios elegidos para instrumentarlos.

Si se quiere combatir o destruir la imagen pública de Santiago Carrillo, no podía haberse escogido peor camino. El historial del actual secretario general del Partido Comunista no abunda en hazañas épicas o en contribuciones teóricas que faciliten ese «culto a la personalidad» tan habitual en los dirigentes comunistas. Esta casi vodevilesca clandestinidad, que le convierte en una especie de Fantomas, ha regalado un aura de misterio, arrojo y aventura a quien hasta ahora no la tuvo ni dentro ni fuera de su partido.

Si el Gobierno quiere que Santiago Carrillo deje de ser el máximo dirigente de su partido difícilmente habría podido escoger un procedimiento más equivocado. El cierre de filas de los militantes comunistas en torno a su Secretario General ha sido la respuesta lógica.

Finalmente, los meses transcurridos han dejado también sin validez los argumentos de prudencia política, que presagiaban una airada reacción ciudadana ante la aparición pública de dirigentes comunistas. La presencia en la vida diaria del país de López Raimundo, Santiago Alvarez, Ignacio Gallego o Manuel Azcárate son la mejor prueba de que una cauta dosificación de la vacuna ha inmunizado ya a la sociedad española.

Conceder a Santiago Carrillo, tras esa experiencia, un estatuto especial y dejar entrever veladamente que se teme oficialmente por su vida servirá tan solo para que el propio interesado incorpore a su naciente leyenda el papel de héroe del Lejano Oeste al afirmar -como en la rueda de prensa- que si van a matarle es posible que alguien caiga antes.

04 - Diciembre - 1976

¿NEGOCIAR CON EL PARTIDO COMUNISTA?

José María Ruiz Gallardón

Admitir al PCE, como interlocutor válido supone la negación de la Historia; atenta a los fundamentos sociológicos del Estado español; y casi podría decirse que tal hecho equivaldría a situarse en las vísperas del 18 de julio de 1936.

Hasta hoy no he querido escribir sobre el tema. -Se anunciaba., a bombo y platillo, que en la Comisión negociadora que va, dentro de poco, a sentarse con el presidente Suárez habría un miembro del «Partido Comunista». Ayer ABC publicaba en exclusiva la noticia d« que «el Gobierno no negociará con una Comisión en la que esté representado el Partido Comunista». Y no podía ser de otra manera.

Para fundar tai aserto sobran —por una vez— todas las razones «legales» —¡Extraídas de las leyes vigentes—, cuya claridad, cuya lógica y cuya rotundidad son de sobra conocidas. Basta fundarse en el concepto de legitimidad, que es más importante. Admitir al PCE, como interlocutor válido supone la negación de la Historia; atenta a los fundamentos sociológicos del Estado español; y casi podría decirse que tal hecho equivaldría a situarse en las vísperas del 18 de julio de 1936.

Y como este Gobierno —precisamente este Gobierno— no trae su legitimidad del que en aquellas fechas presidía el señor Casares Quiroga, ni de la Constitución Republicana, sino muy por el contrario, el Movimiento que frente a aquello se levantó, un acto de reconocimiento por parte del señor Suárez del «Partido Comunista» de España no sería un signo de reconciliación: sería un fruto, logrado, de triunfo y desquite por quienes estuvieron implicados en el asesinato de don José Calvo Sotelo, los mismos que empezaron (antes de cumplirse un mes de vida de la República) por quemar, el 11 de mayo de 1931, iglesias y convenios; los herederos universales de quienes perseguían a los ciudadanos por gritar ¡Viva España!; aquellos que insultaban en el Parlamento al abuelo del Rey Don Juan Carlos. Seria, pura y simplemente, y ya lo he dicho, la negación de la legitimidad de nuestro Estado. Para eso no tiene facultades este Gobierno, Necesitaría, por lo menos, un mandato expreso del pueblo para desmontar el Orden Institucional. y no lo tiene.

Se puede estar contra usos y abusos de la etapa franquista, se puede —y yo lo hago— apostar por un mañana democrático, se puede instar a que quienes acepten esa legitimidad democrática entren, superando el pasado, en el ancho marco de la convivencia española; pero, lo repito, superando el pasado. Lo imposible, lo ilegítimo es dinamitar la Historia. No es lícito que parezca que se juega con la sangre de quienes murieron por la Patria. Esa sangre no es mercadería ni es negociable.

Las Instituciones franquistas, oficiales y no oficiales, han dado los pasos necesarios para que en España impere un régimen democrático: allí está el resultado de las últimas Cortes, ahí está el Referéndum. Pero no se ha de llegar .al extremo de entregar el futuro—por la puerta falsa de la progresiva e incesante cesión— a quienes repudian la democracia, a quienes salieron derrotados para siempre y ahora pretenden negociar el cómo y el hasta dónde de su desquite. Ese entreguismo, esa negociación se terminó el día en que el Ejercito español- dijo basta hace más de cuarenta años.

El señor Suárez, por su edad, no vivió aquella historia porque era muy niño. Yo también lo era. Y la mayoría de los españoles de hoy. Pero el señor Suárez tiene —ha de tener—, como todos, conocimiento y memoria bastantes como para saber con quién no puede negociar nada, absolutamente nada, desde la legitimidad que mantiene su propia y alta magistratura.

José María Ruiz Gallardón

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