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Mourinho se refirió a Tito Vilanova como 'Pito Vilanova' al que agredió después de que este le gritara algo, agresión que este respondió con un manotazo

Trifulca entre los entrenadores del Real Madrid y el Barça, Mourinho y Tito Vilanova, con dedo en el ojo incluido

HECHOS

  • El 18.08.2011 se produjeron zarandeos entre jugadores y técnicos del Real Madrid y el F. C. Barcelona, publicando muchos medios como portada que el Sr. Mourinho, entrenador del Real Madrid, introdujera uno de sus dedos en el ojo del segundo entrenador del Barça, Sr. Vilanova.

MOURINHO Y VILANOVA TUVIERON QUE SER SEPARADOS:

Pelea_Mou_Tito Antes del incidente del dedo, los dos técnicos habían tenido que ser separados (en el caso del Sr. Vilanova fue sujetado por el propio D. Josep Guardiola) para evitar algún tipo de agresión física como la que al final se produjo.

El Canal 24 HORAS de TVE emitió sólo la agresión de Tito Vilanova en su primera edición

El Canal 24 HORAS de TVE se disculpó en su informativo siguiente

19 - Agosto - 2011

La imagen internacional del Madrid

Alfredo Relaño

Florentino, José Ángel Sánchez y Mourinho, los tres primeros hombres del club, harían bien en considerar a fondo lo que la prensa internacional escribió ayer (y me figuro escribirá estos días) del clásico. Deberían calcular en cuántos países del mundo se ha visto, por la tele o en fotografía, la imagen del dedo en el ojo. Deberían hacerse muy en serio el propósito de evitar que esa imagen del Madrid prospere todavía más. En la Champions, en la que tuvo muchas razones para enfadarse, el Madrid no se reprimió y quedó mal. Pero ahora no ha tenido ni siquiera razones y ha quedado todavía peor.

Creo que aquello de la Champions aún bullía en las mentes de los madridistas. Ya saben: los arbitrajes y los fingimientos. Aquello pasó y adiós. La gente lo vio. Pero alimentarse de aquellas injusticias para acudir a la revancha con el espíritu nublado ha sido un error. El Madrid ha ido a esta Supercopa con la seguridad previa de que iban a pasar cosas que entonces pasaron. Pero ahora no han pasado. Ahora, ni árbitros ni cuento. Ahora, Messi y sólo Messi. Lo que sí ha sido lo mismo es lo que ha aportado el Madrid: malas maneras, escándalo. Y cuanto peor se porta, en mejor lugar deja al Barça, por contraste.

En este país hemos visto la mala imagen que se labró el Sevilla recientemente, con Pablo Alfaro, Javi Navarro y Cristóbal Soria. Años atrás el Wimbledon se hizo una fama feroz en Inglaterra, con la banda de Vinnie Jones. Empiezo a temer seriamente que con las cosas de Pepe, Marcelo y Mourinho el Madrid se haga un cartel así, en España y fuera, porque estos partidos con el Barça se han visto en todo el planeta. Buscar ahora argumentos en provocaciones reales o imaginarias no va a sacar al Madrid del problema. Sólo le va a sacar del problema cambiar drásticamente de actitud.

19 - Agosto - 2011

Mourinho es un indeseable, un mentiroso y un farsante

Josep María Casanovas

NO SABE GANAR NI PERDER. Mourinho ha quedado retratado para la posteridad. Es un indeseable. Un mal deportista. Un incitador de masas. Un cobarde. Un mentiroso. Un farsante. Un miserable. Ya es hora de sacarle la careta, de denunciar a un entrenador que estaba acostumbrado a ganar y ahora demuestra que no sabe perder. El documento gráfico de su agresión a Tito Vilanova le delata. No fue un choque fortuito, fue una agresión premeditada, por la espalda y con mala leche. Le mira con cara de odio y desprecio, le mete el dedo en el ojo con precisión y después tiene la desvergüenza y el cinismo de negarlo y ningunearlo en rueda de prensa. Esta imagen ha dado la vuelta al mundo y merece una sanción ejemplar. El Comité de Competición tiene que actuar de oficio y sancionar al portugués. No hay defensa posible. Esto es la gota que colma el vaso. Mou juega con fuego y se ha quemado, una mancha para siempre en su historial.

EL ENEMIGO Nº 1 DEL MADRID. La obsesión de Mourinho por romper la hegemonía del Barça le lleva a perder los papeles, le vuelve loco. Ha visitado ocho veces el Camp Nou con el Chelsea, Inter y Madrid y no ha sabido ganar nunca. Esto le corroe, le humilla y contagia a sus jugadores. Aunque el Madrid mejoró futbolísticamente, su entrenador, no. El Barça esperó en el césped a que el Madrid recogiera el trofeo de campeón de Copa en Valencia, el Madrid con el consentimiento de su entrenador se escapó al vestuario en un gesto poco deportivo. Jugadores que antes tenían personalidad como Casillas o Xabi Alonso, ahora son marionetas de Mou y da pena oírles decir lo que no piensan. El ‘puto amo’ del Madrid (entrenador, mánager general, director de comunicación y todo lo que quiera) tiene secuestrado a un presidente que calla y otorga.

FLORENTINO TIENE UN GRAN PROBLEMA. La derrota del Madrid fue doble, perdió en el campo y fuera. Marcelo, Mourinho y compañía son los culpables de la tangana final. El Comité de Competición tiene que ser duro y ejemplar. Está en juego la imagen del fútbol español. Cuesta de entender que Florentino Pérez haya puesto el club en manos del ‘clan de los portugueses’, el intermediario Jorge Mendes y Mourinho. Fichan con sobreprecio a jugadores que no dan la talla, como Carvalho, Pepe y Coentrao mientras que Cristiano se cree un crack y esta a años luz de Messi. Hasta mayo no tendrá el Madrid opción de ganar otro título -si ganan algo. Mientras, el Barça ya suma tres y la próxima semana puede ganar la Supercopa de Europa en Montecarlo. Florentino tiene un grave problema y alguien se lo tiene que decir: Mourinho es un indeseable que se ha convertido en el enemigo Nº 1 del prestigio del club.

20 - Agosto - 2011

Florentino y Mourinho, una cuestión de autoridad

Santiago Segurola

La penosa actitud del Real Madrid, coronada por Mourinho con una agresión de niñato consentido, enterró su notable partido en el Camp Nou, un compendio de todas las cosas que el equipo debió hacer y no hizo la temporada pasada.

Como sucedió en el primer encuentro de la Supercopa, fue Mourinho el primero que evitó el enfoque correcto de los acontecimientos. Si después del duelo del Bernabéu interpretó el papel de indignado con el árbitro para no acudir a la conferencia de prensa y sentirse agraviado por enésima vez, en el Camp Nou derivó hacia el narcisista papel que tanto le gusta.

Se convirtió en el centro de un espectáculo lamentable, con el comportamiento impropio de un hombre que en la sala de prensa declaró que el fútbol es un asunto de hombres. No fue su caso. Se comportó como los chiquillos malcriados, incapaces de tolerar las derrotas.

Su sainete vuelve a explicar la falta de generosidad de Mou con su equipo. Lejos de conceder al Madrid la satisfacción del trabajo bien hecho —la victoria del Barça en la Supercopa se debe esencialmente a la portentosa contribución de Messi—, Mourinho aleja la mirada de lo fundamental —el juego de su equipo— para situarla sobre los aspectos más desagradables y más nocivos para el club. A estas alturas, el Madrid camina del mito que construyó Di Stéfano —el de las cinco Copas de Europa y un respeto casi religioso en el mundo del fútbol— a la pésima reputación de los equipos pandilleros.

El club, el madridismo en general, debe reflexionar sobre el camino a seguir. Nunca ha dispuesto de una plantilla mejor, de tantos y tan buenos jugadores, todos en la cima de sus carreras. Se dice que nunca ha estado tan cerca de este Barça imperial, y posiblemente sea cierto, aunque también es verdad que a Mourinho no le contrataron para acercarse, sino para acabar pronto y radicalmente con la hegemonía azulgrana. Hasta ahora no lo ha logrado.

Si el Madrid pretende superar al Barça, nada le resultará más pernicioso que abandonar el fútbol por la bronca, la confianza por el estrés, la seguridad por el victimismo, el honor por el descrédito, alimentado en el Camp Nou por su incomparecencia en la entrega del trofeo al campeón, una decisión que ataca los valores que durante décadas se identificaron con el club. Ya no.

Un año ha bastado para transformar al club más popular del planeta en una institución achicada, hipertensa, proclive a los enfrentamientos, acaudillada por un entrenador que ejerce de presidente de facto y que ha sometido al Madrid a su fanática naturaleza.

En algún lugar de José Mourinho habita el magnífico entrenador que es, el que debería prevalecer y el que tendría más oportunidades de triunfar en el Madrid, y no esta versión descarriada que tiene la triste virtud de empañar sus cualidades como técnico.

Por muy astuto que parezca, hay algo de infantil y autodestructivo en su apetito por el éxito. Lo quiere a toda costa, sin reparar en medios y con un sectarismo que sólo invita a la crispación. Es lo que transmite su equipo, condenado a una tensión exagerada, con la mayoría de los jugadores fuera de los límites que han caracterizado su personalidad.

El resultado es un Madrid instalado en una tensión insana, cotidiana, desgastante para el club y sus aficionados. También para el equipo. No hay manera de alcanzar el funcionamiento perfecto en un clima tan agitado.

Mientras el envanecido personaje devora al entrenador que lleva dentro, Mourinho cada vez resulta más ingobernable. Es curioso como un hombre que reclama tanta autoridad se niega a aceptar cualquier clase de autoridad que ponga límites a sus excesos.

Pues bien, Mourinho necesita límites, alguien que le diga lo que significan el Madrid y su historia, que detenga su insensata escalada de conflictos, que le impida coronarse como un déspota y que obtenga lo mejor de él como entrenador y no como un histrión repelente. Ese hombre no es otro que el presidente Florentino Pérez, cuya posición como dirigente se mide en momentos como éste, cuando el Real Madrid no figura en las portadas de los periódicos por su excelencia, sino por los desdichados episodios protagonizados por su entrenador.

Los últimos tiempos han dado la impresión de un presidente que ha hecho una considerable dejación de poder, espacio inmediatamente ocupado por Mourinho, ahora mánager plenipotenciario, portavoz del club y diseñador de la política del Real Madrid.

Si el poder de Mourinho es tan inmenso que impide cualquier margen de maniobra a Florentino Pérez, la posición del presidente será tan precaria que no habrá forma de impedir episodios tan infames como los del Camp Nou. Eso sólo abundaría en la debilidad del presidente, en el descrédito de la institución y en el delirante proceso que ha emprendido un entrenador que no reconoce ningún límite a su ego.

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