Search
Derrota de Alfredo Sáenz y Sánchez Asiaín

Acaba la guerra por el BBV con la designación de Emilio Ybarra como nuevo Presidente único tras la mediación de Mariano Rubio

HECHOS

En enero de 1990 D. Emilio Ybarra fue nombrado nuevo Presidente del banco BBV.

La muerte de uno de los dos co-presidentes del Banco Bilbao Vizcaya (BBV), D. Pedro Toledo Ugarte, el 13 de diciembre de 1989, rompió el equilibrio entre los directivos de la entidad radicalmente divididos entre los antiguos consejeros del Banco Bilbao encabezados por D. José Ángel Sánchez Asiaín y los consejeros provenientes del Banco de Vizcaya encabezados, tras la muerte de Toledo Ugarte, por D. Alfredo Sáenz Abad. En ambos bandos había figuras emparentadas. En el bando del Banco Bilbao estaba D. Emilio Ybarra Churruca mientras que sus primos D. Luis María Ybarra Zubiría y D. Fernando Ybarra López Doriga (marido de Dña. Carmen Careaga) están en el bando del Banco de Vizcaya.

El diario Expansión dirigido por D. Jesús Martínez de Rioja Vázquez se posicionó del lado de Sáenz Abad y anunció en su portada del 14 de diciembre que asumiría la presidencia del BBV. Mientras que el diario Cinco Días dirigido por D. Ernesto Ekaizer Wolochwianski se posicionó del lado de Sánchez Asiain y en su portada del 22 de diciembre anunciaba que Sánchez Asiaín sería el presidente único del BBV. También a favor de Sánchez Asiaín se posicionó el diario El País dirigido por D. Joaquín Estefanía Moreira que consideraba a Sánchez Asiaín un elemento dinamizador del sector económico en España.

El conflicto finalizó el 18 de enero de 1990 cuando – por la mediación del Banco de España de Mariano Rubio Jiménez – se acordó que D. Emilio Ybarra Churruca fuera el nuevo Presidente único del banco BBV.

Banco BBV, el banco de ‘los Neguri’

La crisis de 1990 demostró que el BBV era un banco controlado por las familias ‘del neguri’ (llamados así por estar todos formados en Deusto bajo la batuta del padre Bernaola). Con apellidos como Ybarra, Zubiría, Prado Urquijo, Delclaux. Las familias  del Neguri tienen un total del 6%. De todas ellas la que más tenía acciones era la familia Ybarra con un 2% del BBV,

Arbitraje de D. Mariano Rubio, gobernador del Banco de España

Rubio propne el cese de diez consejeros del BBV u nombramiento de otros cinco. Ángel Galíndez. (13 de enero) José Antonio Sáenz-Azcúnaga como CEO y José Ängel Merodio.

Reparto de poder entre los antiguos Bilbao y Vizcaya

CONSEJO:

D. Emilio Botín (Bilbao)

D. Alfredo Saenz (Vizcaya)

D. Javier Gurpide (Bilbao) opositor a Saénz

D. Pedro Luis Uriarte (Bilbao)

D. Ángel Corcóstegui (Vizcaya)

D. Enrique Mas (Bilbao)

D. José Aurelio Recio (PSOE)

Cronología de la Crisis:

12.12.1989 – Muere Pedro Toledo, co-presidente del BBV

14.12.1989 – El consejo del BBV no logra un acuerdo sobre el sucesor de Toledo

19.12.1989 – Ex consejeros del BBV incriben en el registro a Alfredo Sáenz como nuevo co-presidente del BBV y el 22 de diciembre intentan que se le de plenos poderes.

6.01.1990 – Sánchez Asiaín se muestra partidario del BBV y está dispuesto a dimitir. Javier Gúrpide o Emilio Ybarra nuevo copresidente

15.01.1990 – Mariano Rubio media entre Sáez e Ybarra

mariano_rubio El Gobernador del Banco de España, D. Mariano Rubio, tuvo que mediar entre los consejeros del antiguo Bilbao y los del Vizcaya para poner fin a la crisis por el poder en la identidad.

17 Enero 1990

El fin de una guerra carlista

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

LA LARGA crisis de los órganos rectores del Banco Bilbao Vizcaya (BBV) concluirá, en sus actuales características, en las próximas horas. Las intensas reuniones negociadoras de los últimos días y la solicitud al gobernador del Banco de España para que ejerciese su mediación, el pasado lunes, configuran la solución final sin más prórrogas.La principal recomendación de la autoridad monetaria ratifica que la fase de consolidación de la entidad exige una mayor unidad de gestión y una mayor unidad de representación. En román paladino, una presidencia única, con todos los matices que sean del caso, que cierre la etapa del despegue y acelere la fusión definitiva. Un solo banco, una sola presidencia. Sobre esta base estratégica, los instrumentos para evitar la recreación de partisanismos, el reajuste del organigrama y el rellenado de sus casillas constituyen cuestiones muy significativas, pero necesariamente secundarias.

Estas consideraciones pueden haberse abierto camino, y es de esperar que se produzca en cuestión de horas un acuerdo general sobre los flecos del planteamiento global. Pero si las incompatibilidades personales, el egoísmo, la desconfianza o el temor al vecino impidiesen tal acuerdo, la primera entidad financiera española se precipitará irremediablemente hacia una de estas dos alternativas: o la intervención del Banco de España o la sumisión del contencioso a una junta general de accionistas.

Ambas salidas no son sólo deficientes, sino penosas para el BBV. La intervención pública -que debe reclamarse como mal menor si el sentido común se embota y la crisis se enquista en el tiempo todavía más-, por las consecuencias que acarrearía para la imagen de la entidad y sus posibilidades de futuro, porque constituiría la prueba más plástica de la inepcia de un grupo dirigente y porque al cabo sellaría con la presencia administrativa una de las operaciones económicas más imaginativas generadas desde la sociedad civil española. El recurso a una junta de accionistas decisoria, agitado desde los intereses más miopes, sería funesto: ¿alguien se imagina el trajín de delegaciones de votos entre empleados de una misma oficina y que respondieran a distintos legitimismos históricos? ¿Qué ocurriría en las bolsas de valores cuando a los accionistas institucionales, fondos de pensiones extranjeros, etcétera se les acercasen primero los apoderados de un bando y luego los del opuesto para pedirles su voto en la junta? Una guerra carlista no es la receta más conveniente para la tranquilidad de las finanzas. En esa conflagración no habría vencedores ni vencidos personales, sino fugas de depositantes, desengaño de clientes y accionistas y hundimiento de la cotización. Es decir, la catástrofe para el BBV.

Éstas son, en trazo grueso, las alternativas, y como no hay más cera que la que arde, es de esperar una solución pactada, definitiva e inteligente, con cesiones del antiguo Bilbao y del antiguo Vizcaya. Sea como fuere, habrá que analizar con detenimiento, todos los detalles de la prolija crisis. No con intencionalidad morbosa o anecdótica, sino para extraer un buen número de lecciones sobre cómo abordar operaciones de fusión de este género, los requisitos que deben darse en una unión entre iguales que no implique absorción y que no desemboque en la parálisis institucional, y sobre la necesidad de dotar de una mayor preparación a nuestro mundo económico para que no repita los errores pasados. Sólo así la enorme pérdida de tiempo y energías, tan enojosa para Pedro Toledo, puede llegar a positivarse.

21 Enero 1989

Sanchez Asiaín

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

DEL MISMO modo que cuando se escriba la historia definitiva de la transición política española de una dictadura a una democracia el nombre de Adolfo Suárez brillará por encima de los demás, a la hora de estudiar la transición económica de un régimen proteccionista a la Europa única de 1993 uno de los protagonistas más distinguidos será un banquero: José Ángel Sánchez Asiaín.Este vasco peleón, que dejando la presidencia del Banco Bilbao Vizcaya (BBV) ha conseguido acabar con la crisis más profunda -y más incomprensible, si no acudimos a la explicación de los intereses personales- de la primera entidad financiera de nuestro país, ya había pasado a la historia del último tercio del siglo XX español con su teoría de las fusiones bancarias: para evitar los terremotos económicos, que tendrán su epicentro en el año 1992, es preciso, entre otras cosas, adecuar el sistema financiero de forma que con la libre circulación de capitales España no se convierta simplemente en una sucursal más de las grandes entidades bancarias europeas y conserve una buena parte de su capacidad y de su autonomía crediticia.

Sánchez Asiaín lo intentó dos veces; es decir, no sólo se reveló como el auténtico intelectual orgánico de la banca española, sector poco inclinado a la modernidad y a la brillantez imaginativa, como hemos visto en las últimas semanas, sino que convirtió sus palabras en hábito de actuación, provocando la ruptura del tradicional y retrógrado statuquo financiero nacido de la guerra civil. Es decir, fue coherente: primero aspiró a unir el Banco de Bilbao con un Banco Español de Crédito cuya alternativa era renovarse o morir. Cuando fracasó al cambiar el escenario y tuvo razones para olvidar, de nuevo asumió el riesgo, se levantó inmediatamente y aprovechó las ambiciones legítimas de otro banquero lleno de fuerza -Pedro Toledo- para aunar esfuerzos y, mediante la fusión de las dos entidades vascas, conseguir un banco presentable por el mundo y competitivo en el entorno europeo. En el momento en que esta fusión ha estado en peligro ha sido necesaria su renuncia para salvarla.

El reconocimiento que el sistema financiero debe a la figura de Sánchez Asiaín ya ha sido adelantado por el gobernador del Banco de España, Impelido a una intervención imprescindible en la crisis del BBV. En la carta dirigida por Mariano Rubio a los consejeros del banco afirma que, «en circunstancias normales, la desaparición de don Pedro Toledo hubiera llevado a la presidencia única a don José Ángel Sánchez Asiaín, ya que la copresidencia no podía tener otro sentido que evitar la elección entre uno de los dos presidentes. La personalidad de don José Ángel Sánchez Asiaín refuerza esa conclusión, dada su brillante carrera bancaria en el Banco de Bilbao, que bajo su presidencia fue uno de los primeros bancos que inició su modernización, con unos resultados muy destacados dentro de la banca española. De hecho, sería una pérdida muy importante para el BBV renunciar a la presidencia de una de las personalidades más descollantes dela vida económica española, sobre todo en unos momentos difíciles para la institución».

A pesar de una recomendación tan sensata, la legitimidad de la presencia de Sánchez Asiaín en la cúpula del BBV no ha sido corroborada por el veto que los Consejeros del antiguo Banco de Vizcaya hicieron a su persona.

Pero le sustituye Emilio Ybarra, vicepresidente del BBV hasta ahora y vicepresidente del antiguo Banco de Bilbao hasta la fusión. Es decir, el coláborador más directo de Sánchez Asiaín, al menos en la última década. Ybarra deberá actuar, con mano de hierro y guante de seda, por la senda que S ánchez Asiaín le ha enseñado durante tantos años: un solo banco, un solo presidente. Sólo con ese tacto se podrán cerrar las profundas grietas que han estado a punto de dar al traste con una de las operaciones más imaginativas generadas en la sociedad civil española.

La intervención del Banco de España para dar desenlace a la crisis del BBV -a petición de los dirigentes del mismo- ha provocado una salida correcta al contencioso, aunque esa intervención deba considerarse como un mal menor necesario para evitar la, catástrofe. No ha estado bien lo que ha acabado correctamente. Los egoísmos, la excesiva ambición o los protagonismos insensatos de grupos o de personas de los órganos rectores del Banco Bilbao Vizcaya quedan ahí como ejemplo a no imitar. Como antinomia explícita al compromiso de Sánchez Asiaín, que continuará en la comisión delegada del banco. Casi todas esas culpas se han expiado por la vía de un expediente pragmático -la solución arbitral externa-, de forma que los pecados de soberbia se han lavado con una cura de humildad. La unidad de gestión y la gobernabilidad del banco, aun con las muletas de la autoridad monetaria, han sido salvadas.

22 Enero 1989

Pocos vencedores y todos vencidos

Jesús Cacho

No se podrá hablar de verdad de un Banco Bilbao Vizcaya hasta que todos los que procedemos de los antiguos bancos hayamos desaparecido del nuevo consejo». Pedro Toledo, autor de la frase, no pudo mostrarse más clarividente a la hora de pronosticar las dificultades a que habría de enfrentarse la nueva entidad, y que su propia muerte vino a hacer patentes de forma brutal. Casi cuarenta días con el banco paralizado y su Consejo dividido en dos mitades, enfrascadas en una guerra de trincheras que al final ha tenido que venir a resolver la autoridad monetaria, en una prueba manifiesta de incapacidad que sonrojaría al más renuente de los defensores del capitalismo. Casi cuarenta días de escándalo cerrados el pasado sábado, exactamente dos años después de aquel 20 de enero de 1988 en que los consejos de administración de los bancos Bilbao y Vizcaya ratificaran la fusión, y ambos presidentes se hicieran la foto para la historia dándose, sonrientes y aparentemente felices, la mano. ¿Quiénes son los vencedores y quiénes los vencidos? No es una novedad afirmar ahora que todos, tanto los consejeros del antiguo Bilbao como los del Vizcaya, esas «altas torres de orgullo» de que hablaba José Félix Lequerica, han perdido en una crisis que ha venido a mostrar la peor de las caras del capitalismo y de. la «podrida oligarquía de Neguri».Ríos de tinta han corrido desde que el mundo es mundo hablando de la superioridad de la iniciativa privada sobre la pública para tomar decisiones y resolver los problemas sobre la marcha, en un marco de eficacia y discreción, velando por los intereses supremos de la propiedad, en este caso los accionistas. También se ha escrito hasta la saciedad sobre la conveniencia o no, en términos de capacidad de gestión, de gestorespropietarios del capital versus gestoresprofesionales puros. Se suponía a estos últimos vacunados contra ciertos vicios heredados por los dueños del capital. Pero la guerra el BBV ha demostrado que treinta y ocho señores propietarios del menos del 5% del capital social han tenido mes y medio paralizado el banco a cuenta de disputas de mero poder personal. Una gerencia formada básicamente por profesionales ha sido incapaz de dirimir sus rencillas personales dentro del marco del consejo. El desprestigio de los banqueros del BBV alcanza también, como una mancha de aceite, a toda laclase bancaria española, ya bastante castigada por episodios recientes no menos clamorosos, sin necesidad de remontarnos a una crisis gestorial, debida en gran medida a la proliferación de malos banqueros, cuyo saneamiento costó la friolera de 1,8 billones de pesetas. El diseño del mapa bancario español, pergeñado un día desde los alfombrados despachos de AlcaláMoncloa, ha terminado como el rosario de la aurora, en una sucesión de despropósitos que arrancó -siempre con la larga mano del felipismo por medio- con aquella idea de los matrimonios ideales, según la cual los eficaces bancos vascos rescataban a los fosilizados bancos madrileños, siguió con la Opa del Bilbao sobre Banesto, continuó por el intento de fusión BanestoCentral y terminó por una injustificada fusión BilbaoVizcaya que no debió nunca realizarse.Y bien, ¿qué ha sido de las posturas irrenunciables de ambos bloques, tras el laudo dictado por Mariano Rubio, un buen trabajo, hay que decirlo en honor a la verdad, una rosa en un camino plagado de cardos borriqueros? Reconociendo lo arriesgado que resulta entrar a discernir quién se ha llevado el gato al agua en una pelea en la que todos, desde un punto de vista de filosofía de empresa, han perdido, conviene admitir que el laudo de referencia contiene suficientes elementos como para concluir que la tesis central de la presidencia única y fuerte, defendida por José Angel Sánchez Asiain, ha terminado por imponerse a través de la mediación del gobernador. Ha logrado, sí, el Vizcaya, la desaparición de la cúspide directiva de Sánchez Asiain, algo que se había convertido en obsesivo, una condición innegociable, para las antiguas huestes del Banco de Vizcaya. El antiguo presidente del Bilbao no contaba con el prestigio suficiente para liderar en solitario el proyecto del BBV, quizá porque el propio Pedro Toledo se encargó de devaluar su figura. Pero para «matar» a Asiain, el Vizcaya ha terminado también por matar, ¿conscientemente?, gran parte, si no todas, las posibilidades de su candidato al puesto, Alfredo Sáenz. En primer lugar, por el tremendo desgaste a que ha sido sometida su figura en este mes largo, y porque el nuevo presidente único, Emilio de Ybarra, tiene teóricamente, con 53 años, cuerda para rato si la salud le respeta, que esa es otra cuestión. Y ha terminado también el Vizcaya por apartar definitivamente del banco a su gran bastión en esta pelea, el aglutinador, el ex presidente Angel Galindez, el hombre que en la madrugada del 13 de diciembre decidió asumir el papel de «guardián del sello» del antiguo Banco de Vizcaya, y que tan decisiva influencia ha tenido en el conflicto. ¿Y ahora? Emilio de Ybarra, a quien nadie reconoce especiales dotes de banquero, no lo tiene fácil, aun contando a su lado con una figura como la de Javier Gúrpide. En el transcurso de la crisis, Ybarra ha ido dando dimensión a su persona, sobre todo porque ha sabido mantener una postura de fidelidad a Asiain, sin escuchar los cantos de sirena que le dirigieron desde la otra orilla. Si él hubiera levantado bandera podría haber sido presidente con todos los honores diez días antes del final de la pelea. Todavía en la tarde del jueves 18, defendió la alternativa Asiain como la mejor para el banco, en un mano a mano mantenido con Rubio. «i Qué no hubieran fardado los Churrucas, si el almirante hubiera ganado la batalla de Trafalgar!», se dijo siempre en Las Arenas respecto al tronío en la forma de comportarse de los descendientes de Cosme Damián Churruca, el famoso almirante perdedor, nacido en Motrico. Uno de tales descendientes, Emilio de Ybarra y Churruca, nieto de Alfonso Churruca Calvetón (a cuyos hijos Alonso XIII colmó de títulos nobilarios) alcanzaría una victoria histórica para la banca española si bajo su mandato fuera capaz de cerrar las heridas de esta refriega, algo para lo que estaba bien dotado Sánchez Asiain. ¿Lo conseguirá Ybarra? Se han abierto demasiadas heridas, se han descubierto demasiadas caretas, ha corrido demasiada sangre en el BBV como para creer que la guerra pueda haber terminado tras los doce folios a doble espacio escritos por la secretaría de Mariano Rubio. En condiciones de verdadera paz gerencial, una guerra civil como la que ha conocido el banco tardaría años en ser olvidada. Hay, pues, que ser muy cautos a la hora de pensar que todo ha terminado.

22 Enero 1990

La búsqueda del mirlo blanco

Editorial (Director: Ernesto Ekaizer)

La poda de diez miembros en el consejo de administración del Banco Bilbao Vizcaya y el compromiso de nombrar cinco consejeros independientes suponen, con el nombramiento de Emilio de Ybarra en la presidencia única ejecutiva, los primeros pasos concretos para entrar en el fondo de la crisis de la primera entidad financiera española. En las próximas horas, el nuevo presidente y el consejo deberán hacer grandes esfuerzos para concretar los cinco nombramientos independientes y elevar a uno de esos consejeros, un verdadero mirlo blanco, a la comisión delegada permanente.

La clave del futuro de la fusión reside en acometer aquella tarea que los acuerdos iniciales pretendieron aplazar en el horizonte temporal a raíz de las grandes dificultades que presentaba la unión de dos entidades y equipos tradicionalmente competidores: la disolución de los guetos bilbaíno y vizcaíno. Estos guetos sobrevivieron a la fusión y dos años después de anunciada abrieron una crisis sin precedentes. Para acometer esa tarea pendiente es necesario romper la paridad monolítica mediante la entrada de personalidades independientes. Pr esto mismo, cantar victoria antes de tiempo, como lo sugieren algunas declaraciones pintorescas de fin de semana, habida cuenta de las dosis de impotencia e incapacidad largamente demostradas a lo largo de la crisis, es presentar el pasaporte más acreditad para repetir errores recientes que habrán de marcar una huella por muchos años. Durante todo el proceso de coexistencia violenta de las dos antiguas entidades en la marca BBV, todos los esfuerzos estuvieron centrados en la venta de una imagen. Una de las lecciones a extraer de los hechos acaecidos es la necesidad de trabajar por una fusión real.

Todos los indicios apuntan a que las antiguas procedencias intentarán asegurarse cierta influencia en la atracción de los cinco, hecho que resulta inevitable. Sin embargo, parece difícil disociar los cinco nombramientos del contenido y elaboración del laudo Rubio. En toros términos, no parece que el empeño de detalle puesto en el nuevo organigrama del BBV por parte de las autoridades monetarias y del Ministerio de Economía haya pasado por alto, precisamente, uno de los instrumentos que garantizarán su cumplimiento: los cinco que han de comenzar a dar un contenido profesional a muchas del as decisiones que hasta el momento estaban mediatizadas por intereses históricos.

 

by BeHappy Co.