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Francisco Marhuenda y Alfonso Ussía acusan a A.I. de ser equidistante con los asesinos y la organización asegura que están en contra de la violencia

Amnistía Internacional califica a ETA de ‘grupo armado vasco’ desatando el mosqueo de LA RAZÓN

HECHOS

  • El 8.11.2009 el diario LA RAZÓN – dirigido por D. Francisco Marhuenda – publicó un recuadro protestando con la actitud de Amnistía Internacional, actitud que compartió el columnista D. Alfonso Ussía. El director del citado organismo mandó dos cartas replicando a ambos.

D. Francisco Marhuenda y D. Alfonso Ussía echaron en cara que Amnistía Internacional y a su director D. Estebán Beltrán no llamara ‘asesinos’ o ‘terroristas’ a los miembros de ETA.

08 Noviembre 2009

AMNISTÍA INTERNACIONAL CREE QUE ETA ES UN 'GRUPO ARMADO VASCO'

Editorial (Director: Francisco Marhuenda)

A pesar de que los pistoleros de ETA han dejado muestras evidentes de ser unos crueles asesinos cuyo único objetivo es la muerte de aquellos que defienden la libertad, parece que algunos continúan sin enterarse. En el caso de Amnistía Internacional, que continúa defendiendo a la banda como ‘grupo armado vasco’. El ministro del Interior, tal y como pone de manifiesto en una respuesta parlamentaria a UPN, sigue reiterando a esta ONG su petición de que al referirse a ETA hable de ‘organización terrorista’. En AI, sin embargo, no parecen muy dispuestos a cambiar su discurso. La equidistancia entre verdugo y víctima les gusta más.

12 Noviembre 2009

GRUPO ARMADO

Estebán Beltrán

El relación con el breve publicado el día 8 de noviembre en su diario bajo el título ‘Amnistía Internacional cree que ETA es un grupo armado vasco’ me permito indicar algunas correcciones. Amnistía Internacional ha condenado sistemáticamente los atentados de ETA contra amplios sectores de la población y durante años le ha pedido que ponga fin de forma inmediata y permanente a su campaña de homicidios, secuestros, toma de rehenes y otros abusos graves contra los derechos humanos. Igualmente, la organización ha rechazado categóricamente cualquier argumento y objetivo que pretenda justificar estos abusos. Amnistía Internacional es una organización que opera en 150 países y que utiliza para referirse a ETA la única definición que existe de aplicación universal emanada del derecho internacional, que es la de grupo armado no tiene por lo tanto ninguna connotación ideológica, y menos aún adaptada al caso de un Estado en particular. Por ello, la consideración que aparece en el artículo sobre la ‘equidistancia entre verdugo y víctima de los atentados de ETA, ya que el principal motivo de acción de la organización es precisamente la defensa de éstas ante abusos de derechos humanos, reconociendo su derecho a la verdad, la justicia y la reparación siempre y en cualquier circunstancia.

Estebán Beltrán

17 Noviembre 2009

ABUSOS

Alfonso Ussía

Amnistía Internacional es una organización que domina como ninguna la tortura semántica. Su perversión del lenguaje es sencillamente magistral. Y sus responsables, al menos en España, responden con celeridad a las críticas.

La pasada semana, en LA RAZÓN nos lamentábamos de la terminología que Amnistía Internacional usa para referirse a la ETA: «Grupo armado». Su Director en España, don Esteban Beltrán, raudo como centella, envió una carta de réplica a nuestro periódico que me ha preocupado aún más que el motivo original del desacuerdo.

Para nuestro periódico no es de recibo que una banda terrorista que lleva cuarenta años asesinando, secuestrando, chantajeando, hiriendo y destrozando a miles de familias, reciba el masaje conceptual de «grupo armado». Mil asesinados acreditan nuestro derecho al estupor. Pero don Esteban Beltrán, en su amable carta de réplica nos alecciona y nutre de sabiduría.

Escribe don Esteban: «Amnistía Internacional ha condenado sistemáticamente los atentados de ETA contra amplios sectores de la población, y durante años le ha pedido que ponga fin de forma inmediata y permanente a su campaña de homicidios, secuestros, toma de rehenes y otros abusos graves contra los derechos humanos».

Ruego al Director de Amnistía Internacional que me conceda la consiguiente amnistía para analizar su escabroso texto. El homicidio es un delito consistente en matar a alguien sin que concurran las circunstancias de alevosía, precio o ensañamiento.

Para don Esteban, los terroristas de la ETA son homicidas, no asesinos. En la aplicación de las leyes, existe una gran diferencia entre el homicidio y el asesinato, en beneficio del primero. Para Amnistía Internacional los terroristas no son asesinos, es decir, los que matan a alguien con premeditación, ensañamiento y alevosía.

Preparar un atentado no es premeditación ni alevosía para don Esteban. Asesinar a un rehén o secuestrado al que se le ha puesto precio, no es premeditación ni alevosía para Don Esteban. Repugnante lenguaje políticamente correcto y emponzoñado de cínico «buenismo». Pero hay más.

Don Esteban ha «pedido» a la ETA que ponga fin a su campaña de «homicidios», secuestros, toma de rehenes y «otros abusos graves contra los derechos humanos». Me preocupa, y mucho, que para el Director de Amnistía Internacional, el «homicidio», el secuestro o la toma de rehenes, no merezca más que la simple calificación de «abuso».

En tal caso, por lógica y consecuencia, según su lenguaje, los que matan y los que secuestran se convierten en «abusones», lo que nos abre los ojos y nos ayuda a entender que en España existan asesinos –perdón, señor Beltrán, homicidas–, que cumplen menos de un año de prisión por cada uno de sus asesinatos, que son homicidios para el señor Beltrán.

Amnistía Internacional, en tantas ocasiones complaciente y olvidadiza con regímenes totalitarios, pierde toda su credibilidad con la perversión medida y gélida de su lenguaje. Si Amnistía Internacional no considera a los etarras ni asesinos ni terroristas, el señor Beltrán no puede enfadarse si para LA RAZÓN –al menos, para este articulista de LA RAZÓN–, su lenguaje se nos antoje, no ya perverso y cobarde, sino simplemente asqueroso.

25 Noviembre 2009

AMNISTÍA INTERNACIONAL

Esteban Beltrán

En relación con el artículo de Alfonso Ussía publicado el pasado 17 de noviembre titulado ‘Abusos’, no deja de sorprender el encono del autor con el lenguaje de Amnistía Internacional, que no es un capricho sino el lenguaje del derecho internacional de los derechos humanos. Amnistía Internacional ha condenado sistemáticamente los atentados de ETA contra amplios sectores de la población, y durante años les ha pedido que ponga fin de forma inmediata y permanente a su campaña de abusos graves contra los derechos humanos. Hemos rechazado categóricamente cualquier argumento y objetivo que pretenda justificar estos abusos. Quiero que sus lectores sepan que, independientemente de que se esté de acuerdo o no con el uso de este lenguaje, Amnistía Internacional siempre está del lado de las víctimas, en este caso del de las víctimas de los atentados de ETA. Esperamos que este mensaje llegue con claridad.

Esteban Beltrán

28 Noviembre 2009

Y PUNTO FINAL

Alfonso Ussía

Señor don Esteban Beltrán, Director de Amnistía Internacional España: Mi relación escrita con usted finaliza con este artículo. No puedo mantenerla por más tiempo por respeto a los lectores de LA RAZÓN, que esperan de mí escritos más interesantes. No siento encono con el lenguaje de Amnistía Internacional, como usted afirma. Siento una mezcla de asco y aburrimiento. No viene de ahora. Si para Amnistía Internacional y el lenguaje del derecho internacional de los derechos humanos no tiene intención de evolucionar, allá ustedes. Al menos, nos orientan hacia la realidad de las cosas, tan magistralmente ocultas y disfrazadas por ustedes durante décadas. Ignoro si en 1995 usted formaba parte de esa organización y tenía responsabilidades en su estructura. Luis Apostua, que fue un gran periodista, se quejaba el 30 de octubre de 1995 en «Abc» del afán que demostró Amnistía Internacional para que no fuera extraditado un terrorista de la ETA a España. Y le extrañaba que nadie de Amnistía Internacional hubiera estado presente en una manifestación pacífica solicitando el fin de un secuestro por parte de la banda terrorista, que ignoro cómo se dice en su lenguaje. Escribía Apostua: «¿Puede negar Amnistía Internacional de España que es la «prestigiosa» institución que ha facilitado a un Tribunal de Berlín la acusación de torturas policiales y carcelarias que motivan al tribunal a negar la extradición de un etarra? ¿Puede afirmar que alguna vez un miembro de Amnistía Internacional haya estado presente en la manifestación pacífica para pedir la libertad de un pobre secuestrado en San Sebastián? ¿Puede decir Amnistía Internacional con una precisión permisible cuántos años tardó en conocer que ETA mataba? Esa Amnistía Internacional paga publicidad grabada por Ana Belén pidiéndonos donaciones para la institución altruista que nos protege de los policías, excepto si éstos son comunistas y nosotros no». Y el 14 de abril de 1998, el portavoz de Asuntos Exteriores del PP en el Congreso de los Diputados, José María Robles Fraga, reprochó a Amnistía Internacional que siguiera refiriéndose a la ETA como «grupo de oposición armado». Otro que no entendía su lenguaje, señor Beltrán. «Nos parece increíble que 30 años después del inicio del terrorismo en España, y 20 después de que llegara la democracia a nuestro país, esa organización humanitaria siga calificando a ETA como grupo de oposición armado y no como grupo terrorista». Y seguía, señor Beltrán, para mostrarles su extrañeza por la ausencia de críticas y reproches en favor del respeto de los derechos humanos en Cuba.

No hay encono ni dificultad de comprensión. Sucede que a ustedes se les vio el plumero hace muchos años. La caída del muro de Berlín les produjo un agudo desasosiego. Y el desasosiego, un monumental despiste –voy a ser caritativo– en el uso del lenguaje. Me dice que Amnistía Internacional siempre ha estado del lado de las víctimas de la ETA. Faltaría más. Pero con matices semánticos. Y termina su amable carta con un «esperamos que este mensaje llegue con claridad». Espera usted bien. Es clarísimo. Sigue sin decir nada. Menos cobardía y más contundencia, señor Beltrán. Y no escriba más, que es usted, con todos mis respetos, un tostón. Y punto final.

Alfonso Ussía

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