30 octubre 1992
En un programa en 'La Clave' de linchamiento contra Felipe González
Antonio García-Trevijano califica de cobardes a los diputados que se tiraron al suelo el 23-F: «Su obligación era estar dispuestos a dar la vida por la democracia»
Hechos
El 30 de octubre de 1992 se emite ‘La Clave’ en Antena 3 TV dedicada a los 10 años de Gobierno de Felipe González Márquez (PSOE).
Lecturas
El 30 de octubre de 1992 se emite ‘La Clave’ en Antena 3 TV dedicada a analizar los 10 años de Gobierno de Felipe González Márquez (PSOE), surgido de las elecciones de octubre de 1982.
El programa conducido por D. José Luis Balbín Meana tuvo una pluralidad nula, dado que todos los presentes coincidían en deplorar el balance de mandato del PSOE. El partido en el Gobierno no mandó a ningún representante [El PSOE cortó toda relación con el Sr. Balbín desde hace años], pero el presentador de ‘La Clave’ tampoco quiso invitar a ninguna personalidad de la vida pública, social, académica o mediática que tuviera un juicio de valora favorable hacia el PSOE, por lo que todo quedó en una sucesión de opiniones contrarias al Gobierno de los Sres. Felipe González Márquez y Alfonso Guerra González.
Los tertulianos eran Pedro J. Ramírez Codina, director de El Mundo, Pablo Sebastián Bueno ‘Aurora Pavón’, columnista del ABC, Íñigo Cavero Lataillade, dirigente del Partido Popular, Antonio Hernández Mancha, expresidente del Partido Popular cuando aún se denominaba Alianza Popular, Gerardo Iglesias Argüelles, exsecretario general del PCE, el histriónico anti-sistema Antonio García-Trevijano Forte y el periodista Antonio Guerra Gil, presentado como biógrafo de Felipe González, que había pasado de admirador a detractor de este.
Pedro J. Ramírez acusó al PSOE de ejercer ‘franquismo sociológico’ y equiparó su forma de Gobierno a la de Franco.
Pablo Sebastián fue más lejos y dijo que en España por culpa del PSOE ya no había democracia, que era un régimen felipista y que Felipe González persigue las libertades. Aseguró que el PSOE copaba el 90% del poder en España y que ha hecho imposible la alternancia.
Antonio García-Trevijano también consideró que el Gobierno del PSOE era ‘neofranquista’ y culpó de todo a los políticos de La Transición por no haberse dejado guiar por él y sus indicaciones durante esa etapa. Arremetió contra el diario El País (periódico del que fue accionista y quiso comprar) al que acusó de ejercer la ‘hegemonía cultural’ en España y dijo que el objetivo del PSOE era formar una ‘gran coalición’ con el PP. Trevijano, que se erigió en estrella del coloquio, aseguró que el franquismo se portó bien con el PSOE.
Antonio Guerra criticó el balance en Educación del PSOE e insinuó posibles irregularidades en el incremento patrimonial de Alfonso Guerra, mientras que Gerardo Iglesias acusó al PSOE de haber triturado ‘toda la ilusión’ de los ciudadanos que les votaron en 1982.
Ante la unanimidad de todos los tertulianos en deplorare el Gobierno de Felipe González, el único momento de polémica fue cuando Pablo Sebastián consideró que el Estado de las Autonomías era falso y debía ser suprimido, lo que le valió un enfrentamiento con Antonio Hernández Mancha, que juzgó irresponsable esa valoración e Íñigo Cavero que consideró que las autonomías eran irreversibles.
Cuando el redactor jefe del programa, José Luis Merino, leyó los mensajes del público y varias criticaban el sesgo ‘anti-socialista’ del programa, Balbín reaccionó ofendido negándolo y Pedro J. Ramírez insistió en que él no era anti-socialista, sino anti-felipista. A una pregunta sobre su posición ante las investigaciones al periódico Egin, Pedro J. Ramírez se declaró contrario al terrorismo de ETA, pero, en cambio, se declaró partidario del derecho a la autodeterminación de Euskadi.
Uno de los momentos más controvertidos del programa fue cuando García-Trevijano, tras reprochar una vez más a los políticos de la Transición que no aceptaran seguir sus indicaciones durante la etapa constituyente, calificó de cobardes a los diputados que, durante el intento de Golpe de Estado del 23-F, se arrojaron al suelo ante las órdenes de los militares armados. García-Trevijano aseguró que la obligación de los diputados era estar dispuestos a morir por la democracia.