9 diciembre 2005
El militar, hombre de confianza del fallecido líder croata Tudjman, sería condenado a 24 años de prisión por el asesinato de civiles serbios
Arrestado en España el general croata Ante Gotovina, acusado de crímenes contra la humanidad en la Guerra de Yugoslavia

Hechos
El 8.12.2005 Ante Gotovina fue detenido en Tenerife (España) para ser entregado ante el Tribunal Internacional de La Haya.
Lecturas
El 8 de diciembre de 2005, la Policía española detuvo en un hotel de Playa de las Américas, en el sur de Tenerife, al antiguo general croata Ante Gotovina, uno de los militares más destacados de la guerra de independencia de Croacia y prófugo de la justicia internacional desde 2001. Gotovina, nacido en 1955, había servido en la Legión Extranjera francesa antes de incorporarse a las fuerzas armadas croatas en 1991, donde alcanzó el grado de general y adquirió notoriedad por su participación en las operaciones contra los separatistas serbios. Su detención fue posible gracias a una operación de seguimiento e intercambio de información entre los servicios españoles y el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY), cuya fiscal jefe, Carla Del Ponte, llevaba años reclamando su captura. La operación se desarrolló sin enfrentamientos. El arresto fue anunciado internacionalmente ese mismo día y puso fin a más de cuatro años de búsqueda de un militar considerado héroe nacional por amplios sectores de la sociedad croata. Gotovina fue trasladado a Madrid para los trámites judiciales de entrega y, el 10 de diciembre de 2005, ingresó en el centro de detención del TPIY en Scheveningen, cerca de La Haya. Su primera comparecencia ante el Tribunal se celebró el 12 de diciembre, cuando se declaró inocente de todos los cargos.
La Fiscalía le atribuía su participación en una campaña de persecución contra la población serbia de la región croata de Krajina durante y después de la Operación Tormenta (Oluja), desarrollada entre el 4 y el 7 de agosto de 1995. Aquella ofensiva permitió al Ejército croata recuperar gran parte de los territorios controlados desde 1991 por las autoridades separatistas serbias, pero estuvo acompañada de la huida de aproximadamente 150.000-200.000 serbios y de asesinatos, incendios, saqueos y otros abusos contra civiles que permanecieron en la zona. Gotovina, comandante del Distrito Militar de Split, dirigía fuerzas participantes en la operación. La acusación sostenía que había formado parte de una empresa criminal conjunta destinada a expulsar permanentemente a la población serbia de Krajina, en la que también habrían intervenido el presidente croata Franjo Tuđman, fallecido en diciembre de 1999, y otros altos responsables políticos y militares. Gotovina estaba acusado de persecuciones, deportaciones, traslados forzosos, asesinatos, actos inhumanos, saqueos y destrucción injustificada de propiedades. Su procesamiento no suponía que la recuperación de Krajina por Croacia fuese por sí misma un delito, sino que el Tribunal debía determinar si los métodos utilizados y las actuaciones posteriores constituyeron crímenes internacionales atribuibles a sus mandos.
Una precisión cronológica: aunque la noticia se difundió el 8 de diciembre de 2005, la detención se produjo la noche del 7 de diciembre, según la Policía española y el propio Tribunal. El general fue arrestado mientras cenaba en el restaurante del hotel Bitácora, en Playa de las Américas, y utilizaba un pasaporte con una identidad falsa. Al día siguiente compareció ante el juez de la Audiencia Nacional Félix Degayón, quien acordó su entrega al TPIY.


04 Diciembre 2005
Cae Gotovina
La detención por la policía española en un hotel de la isla de Tenerife, bajo identidad falsa, del general croata Ante Gotovina, prófugo desde hace cuatro años, es un enorme estímulo para el tribunal de la ONU que juzga los crímenes de guerra en la antigua Yugoslavia, empantanado por el interminable juicio al genocida serbio Slobodan Milosevic. De ahí la incontenible satisfacción de su fiscal jefe, Carla del Ponte, al anunciar la noticia. Gotovina, en cumplimiento de la ley, será enviado inmediatamente a La Haya, sin procedimiento de extradición, una vez cumplidos los trámites ante la Audiencia Nacional. Al máximo responsable militar de la operación relámpago que expulsó, el verano de 1995, a 150.000 serbios que ocupaban casi un tercio de Croacia, se le acusa de no haber impedido entonces el asesinato de 150 personas y de haber permitido la destrucción masiva de propiedades de los huidos.
Como los dos más buscados criminales de guerra de la región -Radovan Karadzic y el general Ratko Mladic-, Gotovina, en retiro forzoso desde 2000, se esfumó inmediatamente después de que se conociera su enjuiciamiento secreto por el alto tribunal, en 2001, y anunció que nunca se entregaría. La indolencia de las autoridades croatas en su busca y captura -el general, de 50 años, es un héroe para muchos de sus connacionales- acarreó en marzo de este año, tras un informe muy negativo de Del Ponte, la suspensión por la Unión Europea de sus negociaciones con Zagreb. Croacia aprendió la lección, y hace dos meses la fiscal jefe ya alababa sin reservas su cooperación en la localización del fugitivo, reflejada en la inmediata apertura de conversaciones con la UE. Sus palabras de ayer sugieren que esta colaboración ha resultado decisiva para el arresto de Tenerife.
Casi 15 años después de las atroces guerras étnicas que causaron la voladura yugoslava, las nuevas aspiraciones de sus repúblicas están reduciendo a su verdadera condición a muchos carniceros que fueron jaleados como héroes en Bosnia, Serbia o Croacia. La captura de Gotovina, agridulce en Croacia, facilita enormemente los intereses europeos de Zagreb, que el Gobierno ha erigido en prioridad absoluta de su política. Para Serbia, núcleo duro del nacionalismo étnico, supone un aviso muy serio. Su cooperación con la UE y EE UU está directamente condicionada a la detención de quienes fueran los dos supremos jefes serbobosnios, Karadzic y Mladic, cuyo paradero, según Del Ponte, Belgrado conoce. Sin la presencia de ambos, las celdas de La Haya, que albergan ya a medio centenar de los más notorios sospechosos criminales de guerra de la Europa contemporánea, estarán siempre incompletas.
CRONOLOGÍA:
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11 de marzo de 2008: comenzó el juicio conjunto contra Ante Gotovina, Ivan Čermak y Mladen Markač.
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15 de abril de 2011: Gotovina fue condenado en primera instancia a 24 años de prisión y Markač a 18 años; Čermak resultó absuelto. La Sala consideró entonces que Tuđman había sido una figura central de la empresa criminal conjunta.
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16 de noviembre de 2012: la Sala de Apelaciones revocó las condenas de Gotovina y Markač y los absolvió de todos los cargos, ordenando su liberación inmediata. Por mayoría, los magistrados rechazaron la fundamentación utilizada para considerar ilícitos los ataques de artillería y la conclusión de que se había probado la empresa criminal conjunta atribuida a los acusados.
El Análisis
La detención de Ante Gotovina representa una prueba importante para la credibilidad del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia. Desde su creación, una parte de la opinión pública serbia ha denunciado que La Haya actuaba como un instrumento político de las potencias occidentales, interesado principalmente en perseguir a los dirigentes serbios que protagonizaron las guerras balcánicas. Esa crítica no puede resolverse mediante un reparto aritmético de condenas entre nacionalidades, pero exige que el Tribunal investigue los crímenes con independencia de la bandera de sus presuntos responsables. El procesamiento de Gotovina demuestra que también los mandos militares croatas pueden ser llamados a responder por sus actuaciones, incluso cuando estas se produjeron durante una ofensiva que el Estado croata considera decisiva para recuperar su integridad territorial. La independencia de Croacia y su derecho a recuperar los territorios ocupados no justificaban el asesinato de civiles, la destrucción de sus viviendas ni las expulsiones forzosas. Tampoco las persecuciones cometidas anteriormente por las fuerzas separatistas serbias pueden servir para absolver anticipadamente a quienes participaron en la reconquista de Krajina. La acusación resulta especialmente delicada porque alcanza, mediante la hipótesis de una empresa criminal conjunta, al fallecido presidente Franjo Tuđman, considerado por muchos croatas el fundador de su Estado independiente. La legitimidad de una causa nacional no convierte en legítimos todos los medios empleados para defenderla, y ese principio debe aplicarse por igual a serbios, croatas y bosnios.
La reacción de indignación de amplios sectores croatas ante la detención del general revela hasta qué punto la memoria de la guerra continúa condicionando la aceptación de la justicia internacional. Para sus partidarios, Gotovina representa la victoria de 1995 y la recuperación de Krajina; para la Fiscalía, es un militar cuya responsabilidad debe examinarse por los crímenes cometidos contra la población serbia durante aquella operación. Ambas cuestiones son distintas: un general puede haber desempeñado un papel decisivo en una victoria militar y, al mismo tiempo, estar obligado a responder ante un tribunal por las actuaciones de sus tropas. La entrega de Gotovina también constituye una demostración de que la cooperación con La Haya no puede depender de la popularidad de los acusados. Croacia aspira a integrarse plenamente en las instituciones europeas, y esa aspiración exige aceptar las obligaciones internacionales incluso cuando afectan a figuras veneradas por una parte de la población. Pero el Tribunal debe afrontar una exigencia equivalente: no basta con procesar a dirigentes de distintas nacionalidades para demostrar imparcialidad; es necesario probar los cargos con rigor, respetar la presunción de inocencia y aceptar una absolución cuando las pruebas resulten insuficientes. La autoridad moral de La Haya no procederá de condenar a serbios y croatas por igual, sino de juzgar a todos conforme a las mismas reglas.
JF
