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El diario melillense es propiedad de Enrique Bohorquez y tiene como directora a Ana Bohorquez

Arrestado un capitán de la Legión por expresar en MELILLA HOY su malestar al Presidente del Gobierno

HECHOS

El 19.01.2006 el diario MELILLA HOY publicó una carta del capitán de la Legión D. Roberto González, dirigida al Presidente del Gobierno.

CARTA ÍNTEGRA DEL CAPITÁN ROBERTO GONZÁLEZ 

(Incluida en la sección cartas a la directora de MELILLA HOY, Dña. Ana Bohorquez)

Respetada Sra. Directora:

Tras una cuidadosa deliberación de cuál sería la mejor vía para hacer pública esta carta y dejando de lado (ya que tengo una familia que mantener y la sana intención de llegar a mi edad de retiro no de forma prematura) la primera de ellas, que era plantarme con mi Compañía en el Ministerio de Defensa y entregarle en mano al Sr. Bono esta misiva, decidí enviarle estas líneas con la ilusión de que tuviera a bien el publicarlas. Por supuesto, soy consciente que con este acto cerceno, muy posiblemente, de forma definitiva cualquier aspiración de ocupar algún día un puesto de responsabilidad en la cúpula militar, cosa que por otro lado jamás me importó en demasía.

Esta carta es el fruto de un fortísimo sentimiento de desasosiego, al comprobar los derroteros que está tomando la situación política y social de esta nuestra Nación, España. Escuché en televisión, en fechas recientes, cómo nuestro Presidente del Gobierno en una rueda de prensa, zanjaba de forma contundente la problemática suscitada con las declaraciones del Tte. Gral. Mena, diciendo que, tras consulta con sus asesores, se podía determinar que en las Fuerzas Armadas no había malestar ni preocupación por los temas aludidos.

Pues bien, Sr. Presidente del Gobierno, no es cierto lo que sus asesores le han dicho o las interpretaciones que se han hecho. Por supuesto que existe malestar, como no podía ser de otra manera, dentro y fuera de las Fuerzas Armadas. Malestar al ver cómo se está desmembrando nuestra España; malestar al ver cómo de forma impune se queman banderas nacionales en actos públicos; malestar al ver cómo se convocan manifestaciones y actos sociales en nombre de la banda terrorista (con diferentes nombres y formas); malestar al ver cómo existe ya una generación de españoles que no reconocen a España como su Patria, gracias a la delegación de competencias en materia de educación que se hizo en su día; malestar al comprobar que en todas y cada una de las cadenas de TV, tanto públicas como privadas, cada vez que aparece un uniforme, ya sea del Ejército o de las FCSE, es para servir de mofa a los telespectadores; malestar al no poder llevar una camiseta con la enseña nacional, sin temor a ser insultado en algunas regiones españolas; malestar al ver cómo domingo tras domingo en los resúmenes futbolísticos se contemplan diferentes muestras de apología del terrorismo en nuestros campos de fútbol; malestar al ver que tienen más derechos los verdugos que las víctimas; malestar al comprobar que en este bendito país ha empezado a preocupar realmente la banda asesina cuando los que tristemente caían no llevaban uniforme verde oliva o caqui; malestar al ver que se ocultan determinadas actuaciones de nuestras FAS en misiones en el extranjero, por miedo a perder votos; malestar al ver cómo se intenta debilitar el carácter militar de los ejércitos, haciendo publicidad de éstos como si fueran ONGs y permitiendo una nefasta selección de cuadros de mando y tropa al ingreso en los centros docentes; malestar al leer el artículo del pasado 12 de enero en el «prestigioso» diario AVUI, en el que un simpático llamado Iu Forn (que al parecer es su nombre real y no un mote) insultaba de forma gratuita a las madres de los que efectivamente estamos «enfadaditos» con el estatuto catalán; malestar en general al ver que todo lo que es contrario a la idea de España, Iglesia, familia y respeto a los que nos precedieron y lucharon por una España mejor, está de moda, es lo democráticamente correcto y lo progresista.

Todo esto es un cúmulo de circunstancias que se han ido poco a poco haciendo palpables en nuestra sociedad, permitidas todas ellas por la clase política en general, sea de la ideología que sea, todas ellas consentidas para ganar votos, escaños y alcaldías, de forma que nuestros políticos han sacrificado la idea de Nación y de Patria para engordar sus ansias de poder. Es triste contemplar cómo cada día se saca provecho electoral de cualquier desgracia nacional que suceda, por muy luctuosa que ésta sea. Qué lamentable es contemplar para un ciudadano de a pie cómo mis supuestos representantes políticos se enfrascan en batallas dialécticas con los cuerpos aún calientes de compañeros fallecidos en acto de servicio.

Pues Sr. Presidente, va a resultar que al final sí que hay malestar e inquietud, al menos de éste que suscribe, con la esperanza que haya muchos más que compartan estas ideas y se sumen a esta débil pero firme voz que dice, basta ya, España será siempre una única Nación, nos gusta ser españoles y por supuesto seguir siéndolo. Estoy molesto y preocupado Sr. Presidente.

Capitán de Infantería D. Roberto González Calderón

(Jefe de la I Bandera ‘Cte. Franco’ del Tercio Gran Capitán 1º de la Legión. Melilla)

19 Enero 2006

Arrestado un capitán por denunciar que están «desmembrando España»

Marisa Cruz

El capitán Roberto González Calderón, jefe de la 1ª Compañía de la I Bandera Comandante Franco del Tercio Gran Capitán 1º de la Legión, con base en Melilla, fue arrestado ayer por sus superiores a la espera de abrirle un expediente disciplinario. Ello, por haber expresado en una carta dirigida al diario Melilla Hoy, el «malestar e inquietud que existe dentro y fuera de las Fuerzas Armadas» por «los derroteros que está tomando la situación política y social de España». Denuncia en su escrito «todo un cúmulo de circunstancias», entre las que cita el «desmembramiento» del país y la estrategia antiterrorista que, en su opinión, pasa por dar «más derechos a los verdugos que a las víctimas». El capitán dice que optó por escribir sus quejas tras desechar la idea de «plantarse» con toda su Compañía en el Ministerio de Defensa.

Pese a la confidencialidad que el Ministerio de Defensa otorga a los expedientes personales, anoche en círculos militares se daba por hecho que al capitán Roberto González Calderón se le imputaría una falta grave o muy grave. Las afirmaciones del capitán vienen a sumarse a las del destituido teniente general José Mena Aguado, el día de la Pascua Militar.

El jefe del Estado Mayor del Ejército (JEME), general José Antonio García, y el jefe de la Fuerza Terrestre, teniente general Pedro Pitarch, comunicaron ayer por la mañana al ministro de Defensa, José Bono, que se encontraba en Las Palmas, que serían los superiores jerárquicos del capitán de la Legión los encargados de adoptar contra él las medidas que correspondan conforme a la Ley Orgánica del Régimen Disciplinario de las Fuerzas Armadas.

Con esta actitud, desde el Ministerio de Defensa se intenta minimizar el nuevo caso de ruptura del obligado silencio al que están sometidos los militares y transmitir, al mismo tiempo, una sensación de total normalidad en el funcionamiento de la maquinaria administrativa y disciplinaria del Ejército. El empeño del Departamento que dirige Bono es el de conjurar cualquier sombra de excepcionalidad que haga cundir la sensación en la opinión pública de que algo se mueve en los cuarteles.

Por ello, el ministro, en presencia del jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), Félix Sanz Roldán, y después de contactar con los más altos mandos del Ejército de Tierra, aprovechó el discurso que dirigió a las tropas del regimiento de artillería de La Isleta, en Las Palmas de Gran Canaria, para recordar a los militares su subordinación a la legalidad y recalcar que su obligación no es defender «la España de los Reyes Católicos», sino la actual, lo que implica, dijo, «defender a los españoles de acuerdo con la Constitución y el poder elegido en las urnas».

Bono fue firme al señalar que los Ejércitos están sometidos a la ley, por lo que, añadió, «si un militar la contraviene» debe ser sancionado. En este sentido, hizo hincapié en la necesidad de que los miembros del Ejército sean «firmes en la defensa de los valores y de España», y que den ejemplo de «lealtad, disciplina y subordinación». En su opinión, esto «sólo incomoda a los que no tienen en el corazón la vocación militar».

A continuación, se refirió expresamente a la carta del capitán de la Legión Roberto González Calderón: «Me acaba de decir el jefe del Estado Mayor del Ejército que a cualquier militar que contravenga la normativa le serán aplicadas las sanciones correspondientes y no le corresponde hacerlo al ministro», puntualizó, «sino a los propios Ejércitos, y en este caso al Ejército de Tierra, con la normalidad de un país democrático». «Y es que», continuó Bono, «la misión sublime y noble de los Ejércitos es defender a los españoles a las órdenes del Gobierno».

El ministro también recalcó que los militares no tienen sindicato «ni pueden tenerlo, ni van a tenerlo», y por esa razón, aclaró, «es el ministro el que tiene que defenderlos, ya que ellos no pueden expresar públicamente opiniones políticas que no sean neutrales, porque está prohibido y así lo han aceptado en su juramento».

En dicho acto, añadió Bono, «un militar jura muchas cosas, como entregar su vida por España», y en ese compromiso va implícito «no hacer política partidista, no apoyar a un partido respecto a otro y el ser neutrales porque», concluyó, «les damos las armas de los españoles».

Una vez más, y como viene recalcando en todas sus intervenciones públicas de los últimos meses, el titular de Defensa también aprovechó para hacer una encendida defensa de la unidad de España.Así, aludió a las tesis separatistas nacionalistas apuntando que «los españoles juntos tienen un porvenir de mejor perspectiva que si hicieran caso a aquéllos que minoritariamente desean y luchan por una España disgregada».

«El que quiere separarse para comer aparte», añadió, «normalmente es porque quiere comer más». Y para que no quedara lugar a dudas sobre su posición contraria a las tesis más catalanistas, aseguró que «pagar más impuestos no da más derechos a nadie».

Bono puso entonces el ejemplo de Alemania para afirmar que los alemanes entienden la autodeterminación como un camino para «ser más», en tanto que «aquí, algunos pocos quieren autodeterminarse para que seamos menos».

Igualmente, el ministro arremetió contra ETA. «No hay causa», afirmó, «que tocada por un terrorista no quede sucia y despreciada».Y precisó: «Me refiero a los terroristas de ETA y de cualquier signo, que han querido con las armas imponer un principio de independencia que solamente entienden a estas alturas del siglo quienes les protegen o quienes les esconden».

Pese a estas palabras contundentes, tanto el Partido Popular como Coalición Canaria, los dos grupos que el martes pidieron en la Diputación Permanente del Congreso la comparecencia de Bono en la Comisión de Defensa para aclarar los pormenores del caso Mena, insistieron ayer en la necesidad de que el ministro hable y lo haga en sede parlamentaria. Según el PP, para «explicar lo que sucede en su casa y cuál es el sentir interno en el Ejército», y, según CC, «fijar una posición de autoridad del Gobierno y atajar un problema que ha provocado conmoción política y alarma social».

Así, el líder del PP, Mariano Rajoy, precisamente en un acto con militantes en Córdoba, reclamó al Ejecutivo explicaciones por las reiteradas expresiones de malestar de miembros del Ejército.«Hay mucha gente que está preocupada porque lo que está ocurriendo no parece una anécdota ni un tema menor».

«Los españoles», dijo, «tienen derecho a que se explique con meridiana claridad qué está ocurriendo, qué va a hacer el Gobierno, cómo lo ve. Esto», añadió, «no es un régimen distinto de una democracia. Y, en democracia, cuando se producen acontecimientos importantes, el Gobierno se explica».

También la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME) y la Asociación de Militares Españoles (AME) destacaron la necesidad de que Bono acuda al Parlamento.

AUME, además, expresó su temor a que, ante los últimos acontecimientos, la futura ley de Derechos y Deberes de los Militares sea más restrictiva aún que las Reales Ordenanzas, hoy en vigor.

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APOYO

Una grave infracción disciplinaria

La decisión del capitán Roberto González Calderón de expresar públicamente su «malestar» y sumarse así a la vía de disidencia abierta por el teniente general Mena, topará de forma inmediata con un castigo firme.

Al capitán se le abrirá previsiblemente un expediente disciplinario, lo que implica que se le impondrá una sanción por falta grave o muy grave.

En caso de ser castigado por una infracción leve, la sanción se impone de forma sumaria. No sucede lo mismo cuando el problema es de mayor enjundia y el infractor debe ser oído en presencia de un instructor y un secretario. Con la Ley Orgánica del Régimen Disciplinario de las Fuerzas Armadas en la mano, al capitán Roberto González podrían aplicársele varios supuestos.

En el caso más benévolo, se podría acudir al apartado 31 del artículo 7, que califica como falta leve el «expresar públicamente opiniones que supongan infracción del deber de neutralidad en relación con las diversas opciones políticas o sindicales o que afecten al debido respeto a decisiones de Tribunales de Justicia».En este caso, la sanción podría ir desde la simple reprensión hasta la privación de salida de la Unidad hasta ocho días o el arresto de uno a 30 días.

Sin embargo, el hecho de que el capitán se refiera expresamente al presidente del Gobierno y al ministro de Defensa podría suponer un agravante en virtud del cual su falta encajaría en el apartado 32 del artículo 8, que tipifica como infracción el «emitir o tolerar manifiesta y públicamente expresiones contrarias, realizar actos irrespetuosos o adoptar actitud de menosprecio contra la Constitución, la Corona y demás órganos, instituciones o poderes o las personas y autoridades que las encarnan (…)».

Igualmente, podría aplicársele el apartado 18, que se refiere a las «reclamaciones, peticiones o manifestaciones contrarias a la disciplina o basadas en aseveraciones falsas; realizarlas a través de los medios de comunicación social o formularlas con carácter colectivo». En estos últimos supuestos, el castigo podría acarrear la pérdida de destino.

Si se considera que ha realizado un acto gravemente contrario a la disciplina, el capitán podría perder puestos en el escalafón, ser suspendido de empleo e incluso ser separado del servicio.

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