28 septiembre 1979
La izquierda abertzade, que habitualmente rechaza condenar los asesinatos de ETA, sí condena el asesinato a su compañero de HB y acusa al Gobierno Suárez de ser responsable del crímen
Asesinado el concejal de Herri Batasuna en San Sebastián, Tomás Alba Irazusta, es asesinado por los terroristas de ideología fascista Ladislao Zabala e Ignacio Iturbide
Hechos
El 28 de septiembre de 1979 fue asesinado Tomás Alba Irazusta, concejal de Herri Batasuna en San Sebastián
Lecturas
El 28 de septiembre de 1979 murió asesinado D. Tomás Alba Irazusta, concejal de Herri Batasuna en el ayuntamiento de San Sebastián por parte de dos terroristas de ideología fascista: D. Ignacio Iturbide Alcain ‘Piti’ y D. Ladislao Zabala Solchaga, cuyo juicio se celebró en junio de 1985, en el que reconocieron su participación en los hechos.
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LOS ASESINOS:
Ladislao Zabala Solchaga, nacido el 1953 y originario de San Sebastián, fue hijo del vicepresidente de la Diputación franquista de Guipúzcoa de los años sesenta, el carlista José María Zabala, y nieto del general José Solchaga. Junto a Iturbide Alcain realizaron los asesinatos de José Ramón Ansa, Felipe Sagarna, Miguel María Arbelaiz, Luis María Elizondo, Joaquín Antimasbere y Francisco Ansa.
El Análisis
La animadversión de medios como Egin, Gara, La Haine.org o naiz hacia Zabala Solchaga y Iturbide Alcain contrasta mucho con la comprensión que estos medios tienen hacia los asesinos etarras, pero este hecho resulta casi anecdótico ante un historial tan espeluznante como el de estos dos fascistas que utilizaban el nombre de ‘Batallón Vasco Español’.
Pensar que podían convertir el terrorismo a base de ejercerlo es, además de infame, estúpido. El enemigo no era la izquierda abertzade sino la violencia y al ejercerla Zabala Solchaga e Iturbide Acain se convirtieron en el mismo mal que buscaban combatir.
Su labor sólo sirvió para destruir familias, causar dolor y dar argumentos a la siguiente generación de miembros de ETA. Las entidades que homenajearon a Zabala Solchaga a su muerte merecen el mismo repudio que quienes hacían lo propio con los miembros de ETA.
J. F. Lamata