13 abril 1974
Asesinos de ETA matan al Cabo Gregorio Posada Zurrón de la Guardia Civil en un crimen atribuido a Paredes ‘Txiki’ y Otaegui
Hechos
El 3 de Abril de 1974 fue asesinado a tiros en Azpeitia (Guipuzcoa) Gregorio Posada Zurró.
Lecturas
D. Gregorio Posada era el jefe del Grupo de Información de la Guardia Civil en Azpeitia. El 3 de abril de 1974 circulaba en su vehículo, un Seat 850, por la calle Juan XXIII, que estaba en obras, por lo que el coche avanzaba lentamente. Dos miembros de ETA, armados con subfusiles Marieta, se colocaron delante del vehículo y lo ametrallaron. Los proyectiles destrozaron el cristal y alcanzaron de lleno al conductor, que perdió el control del vehículo y chocó contra un local. Posada, en estado muy grave, falleció a las 20:00 horas de ese mismo día en el hospital militar de San Sebastián. Los autores se fugaron en una moto robada. Por este atentado José Antonio Garmendia Artola, alias Tupa, y Ángel Otaegui Echevarría fueron juzgados en consejo de guerra y condenados a muerte. A Garmendia le conmutaron la pena a causa de las heridas en la cabeza que sufrió en el momento de la detención. Otaegui fue uno de los cinco últimos fusilados del régimen de Franco, el 27 de septiembre de 1975.
Hechos: El 3 de Abril de 1974 era asesinado a tiros en Azpeitia (Guipuzcoa) Gregorio Posada Zurrón, Cabo Primero de la Guardia Civil. Posada Zurrón, que vestía el uniforme reglamentario conducía un vehículo por la calle Juan XXIII, los terroristas se colocaron delante en una moto, Posada paró el coche y en ese momento abrieron fuego contra él, uno de los tiros le dio en la cabeza matándolo.
Víctimas Mortales: D. Gregorio Posada Zurrón
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LOS ASESINOS:
El Análisis
El 3 de abril de 1974, la violencia terrorista volvió a teñir de sangre a Guipúzcoa. Gregorio Posada Zurrón, cabo primero de la Guardia Civil y jefe del Grupo de Información en Azpeitia, fue asesinado a tiros mientras conducía su vehículo por la calle Juan XXIII. Dos terroristas de ETA, armados con subfusiles, se colocaron delante de su coche y abrieron fuego a quemarropa, destrozando el parabrisas y alcanzando de lleno a su víctima. Posada, que aún luchó por su vida, falleció pocas horas después en el hospital militar de San Sebastián. La brutalidad del atentado revelaba de nuevo el camino elegido por ETA: sembrar el terror, no importar la condición humana de quien caía bajo sus balas.
El régimen franquista reaccionó con la dureza que le caracterizaba: la detención de varios sospechosos, entre ellos Ángel Otaegui Echevarría, condenado a muerte en consejo de guerra y finalmente ejecutado en septiembre de 1975, en una de las últimas penas capitales de la dictadura. Sin embargo, las sombras nunca desaparecieron: versiones posteriores apuntarían a la participación de otros militantes como Francisco Múgica Garmendia, ‘Pakito’, lo que refleja el habitual entramado de confusión y manipulación que rodeaba a los procesos judiciales del tardofranquismo. A la barbarie terrorista se unía, en demasiadas ocasiones, la opacidad de un sistema judicial sin garantías.
El asesinato de Posada Zurrón quedó así grabado como una muestra del doble drama español en los años setenta: por un lado, la crueldad de ETA, dispuesta a convertir el País Vasco en un territorio del miedo; por otro, la represión franquista, que en lugar de restar apoyo social a la banda, a menudo terminaba alimentando la espiral de violencia. La muerte de Posada no solo arrebató la vida de un servidor público, sino que se convirtió en símbolo del callejón sin salida al que España estaba condenada: un país atrapado entre el terrorismo y la dictadura, que solo encontraría salida con la democracia y el Estado de derecho.
JF Lamata