4 mayo 2005

Piqué intentó forzar a CiU a que formara un gobierno de coalición con ellos

Campaña de Federico Jiménez Losantos (COPE) contra el líder del PP catalán, Josep Piqué, al que acusa de ser pro-nacionalista

Hechos

  • Durante el año 2005 D. Federico Jiménez Losantos a través de sus comentarios en radio y artículos periodísticos criticó la labor de D. Josep Piqué como presidente del Partido Popular en Catalunya (PPC).

04 Mayo 2005

Piqué gallardonea contra su partido

Federico Jiménez Losantos

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Dos salidas de pata de banco ha tenido últimamente Josep Piqué, actual dirigente del PP en Cataluña, antes alto cargo de la administración Pujol y después varias veces ministro. La última ha sido una gansada monumental, como las que prodigaba Lacalle cuando aspiraba al palco del Barça como dirigente y no como invitado. Ha dicho que ser del Barça, como lo son él mismo desde pequeño y Zapatero desde jovencito, no es menos respetable que ser del Real Madrid, como Aznar o Esperanza Aguirre. Y digo que es una gansada porque Aguirre hizo esa frase a propósito del amor zapateril por los colores barcelonistas (importados de Suiza por Juan Gamper en uno de los pocos y admirables casos de apertura de fronteras en la Cataluña moderna) dentro de la crítica a la permanente discriminación contra los madrileños en la persona de su Presidenta y en los Presupuestos Generales del Estado. Área, por cierto, donde Aznar, aun siendo tan del Madrid, nunca maltrató a Cataluña en el capítulo de inversiones e infraestructuras.

Pero eso lo sabe perfectamente Piqué, que en lugar de defender que los madrileños no sean favorecidos pero tampoco discriminados en favor del Tripartito, como corresponde al representante de un partido nacional español, ha cogido el rábano por las hojas y se ha prestado a hacer de Gallardón contra Esperanza Aguirre, que es algo siempre muy apreciado entre la izquierda mediática, política y titiritera. No es el único homenaje a Vellido Dolfos de Piqué, que hace pocos días ilustraba su oposición a Acebes con este argumento digno de Rovireche: “la diferencia es que él es de Ávila y yo soy de Vilanova”. O sea, que habría una incompatibilidad telúrica entre ser de Ávila y entender a los catalanes, aunque yo más bien creo que hay una incapacidad moral por parte de la clase política catalana, incluido el PP, para salir del carril racista, aldeano y cerril del forofismo futbolero, que es el estilo político imperante allí desde la Transición y en el que, ay, el Barça, según la famosa acuñación del maligno Vázquez Montalbán, han querido que sea “más que un club”. Mientras ERC siga haciendo campaña contra Madrid 2012, Piqué debería esmerarse en defender lo suyo y a los suyos –que no son los escombros de UDC– en vez de sentar plaza de Gallardón. O sea, de Gallardonet.

05 Julio 2005

Para pasado, Piqué

Federico Jiménez Losantos

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Cuando Aznar designó sucesor a Rajoy, cuando el PP respaldó en su congreso por amplísima mayoría esa elección de Aznar y, muy especialmente, cuando entre los terroristas, Polanco y el PSOE derrotaron a Rajoy el 14M, dije por tres veces que nuestro periódico, sin duda una de las referencias fundamentales del centro-derecha español, no iba a participar en las conjuras previsibles de algunos boyardos y de ciertos bastardos, políticamente hablando, cuyo apetito de poder es inversamente proporcional a su sentido de la responsabilidad.
La unidad y fortaleza del PP –hemos repetido una y otra vez editorialmente y en las colaboraciones firmadas que a diario publicamos– es un bien mayor, uno de los activos fundamentales no sólo de la media España que le vota sino de toda España, que tiene en él a su único valladar nacional e institucional. Naturalmente, criticamos diariamente lo que nos parece mal del PP y elogiamos lo que nos parece bien, dentro de nuestra línea liberal y nacional, pero nunca hemos querido dar cuerpo y publicidad a las intrigas para desbancar a Rajoy hasta ahora planteadas, de las cuales sólo una ha tenido importancia y gravedad: la de Ruiz Gallardón. Que acabó, para nuestra satisfacción, con una derrota aplastante del alcalde de la Villa y Corte a manos de la práctica totalidad del PP madrileño, que respaldó casi por unanimidad a Esperanza Aguirre. Pero que no supo rematar Rajoy al cooptar a Gallardón para el núcleo maitinero de Génova 13. A lo mejor empieza a recoger la cizaña que junto al trigo sembró.
No sabemos si la crisis abierta por Piqué pidiendo la jubilación de Acebes y Zaplana porque, según dice, representan el pasado, es una reedición de la misma conjura gallardonista, aunque ahora quizás cuente con el apoyo de algunos líderes autonómicos, con Poder y sin Poder, del Levante y del Sur, que sienten o están marginados por Rajoy. En todo caso, es sumamente improbable que Piqué haya esperado a que Rajoy estuviera en Singapur para soltar una ocurrencia personal o provocar una mala interpretación de sus palabras, que además hubiera sido facilísimo desmentir. Esto va en serio y va en dos sentidos: contra la línea de oposición dura al Gobierno y contra el liderazgo de Rajoy. La herramienta es la reivindicación del dichoso Centro, que siempre acaba en asumir que el discurso de la Izquierda, o sea, Polanco tiene razón. Pero el efecto inevitable es la puesta en cuestión de la autoridad de Rajoy. Algo que, como sin duda habrán recordado en estas últimas horas los setecientos mil militantes del partido, nadie se atrevió a hacer contra Aznar.
La nota emitida por el PP bastantes horas después del ataque de Piqué y de la defensa de Acebes es de una engañosa contundencia. Si ante un ataque frontal a su Secretario General, que Rajoy eligió como Segundo en el congreso que lo ratificó a él como Primero, y al jefe de su grupo parlamentario, se supone que también elegido por él, lo primero que deja claro es que quiere seguir contando con la colaboración del agresor, sólo caben dos hipótesis: o que la operación la encabeza en la sombra el propio Rajoy, cosa que dudamos, o que no está dispuesta a cortarla de raíz, cosa que tememos.

En cualquier caso, lo que apesta ideológica y moralmente es que Piqué, que fue muchos más años ministro de Aznar que Zaplana y que, sobre no hacer nada en Ciencia y Tecnología, fue mucho peor ministro de Exteriores que Acebes de Interior, pretenda jubilarlos porque “conectan con el pasado”. Es lo mismo que dirían Zapatero, Polanco o Cebrián. Es una forma de interiorizar el arrepentimiento por haber protagonizado ocho brillantes años de Gobierno, salvo en el terreno de las ideas y de la comunicación, donde el pragmatismo centrista ha tenido efectos letales. Acebes y Zaplana no eran más ministros de Aznar, sino menos, que el Vicepresidente Rajoy. ¿Quiere Piqué eliminarlos como cabezas de turco del 11M, tal y como quería el PSOE? ¿Es el “pasado” del PP del 11 al 14M lo que quiere estigmatizar Piqué echando al Ministro del Interior y al Portavoz del Gobierno, en vez de acusar al PSOE por su infame comportamiento en esas fechas? Desde luego, si no lo es, lo parece. Y conecta claramente con la proclama gallardoniana en la conjura anterior de que algo habría hecho mal el PP para perder las elecciones, que era una forma de asumir las tesis aznaricidas de Polanco y el PSOE. Se portó mejor el PP con Piqué cuando Polanco pedía su cabeza por el Caso Ercros que ahora Piqué con el PP, pidiendo eliminar los vestigios del pasado. Para pasado, Piqué. Que además, salvo que Rajoy deje de templar gaitas y saque la cimitarra, nos devuelve a la época de Mancha y Herrero de Miñón, aquellos tristes años de hierro de la Derecha, cuando se hacían líderes por meses y cada medio de comunicación facturaba uno al año.

19 Diciembre 2005

El PPC, contra la Nación y la Constitución

Federico Jiménez Losantos

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Jaleados por el periódico de Franco [EL PERIÓDICO de Catalunya], acogidos en la tribu nacionalista como hijos pródigos, pero parte de la familia catalana al fin,  los todavía dirigentes del PPC Piqué y Vendrell han consumado uno de esos episodios que marcan de forma irreversible el devenir de una formación política. Para unos, los socios y aliados, porque la abdicación de principios resultará imperdonable. Para otros, los enemigos, porque tan escandalosa prueba de debilidad moral y flexibilidad de columna ética muestra una endeblez de la que tomarán buena cuenta para darle la puntilla en el momento que estimen oportuno.
El CAC, la Inquisición Audiovisual  de la Cataluña liberticida del Tripartito que, para sorpresa general también cuenta con el apoyo del partido excluido de la vida pública por el Pacto del Tinell, o sea, por el PP, es, en el mejor de los casos, un Tribunal de Honor que hasta ahora ha pretendido arrogarse la peregrina facultad de decidir lo que es verdad y mentira y también los contenidos periodísticos que se ajustan o no a la Constitución, cuando lo que no se ajusta a la Constitución es la existencia de Tribunales de Honor y, por tanto, del propio CAC, una instancia entre la policía política y la ventanilla administrativa que supone un homenaje a cualquier dictadura pasada, presente o futura.

Pero además el CAC es también un instrumento contra la existencia misma de la Nación española, a la que supuestamente sirve el PPC, aunque con un entusiasmo harto limitado. Basta ver que las dos hazañas de su actual presidente Carbonell han sido la de defender en el Parlamento Catalán “Egunkaria”, publicación prohibida por la Justicia como parte del tinglado terrorista etarra, y abrirle expediente a la COPE con el claro propósito de crear de forma ficticia precedentes administrativos que les permitan cerrar la cadena de radio que más les molesta, porque es la que a todas horas critica los abusos de Poder nacionalistas, empezando por los continuos casos de corrupción y terminando por la persecución de los derechos civiles de los castellanohablantes; y también la que más nítidamente defiende la Nación española y la Constitución. Piqué y Vendrell han tomado partido por el CAC y contra la COPE. Que no se extrañe Rajoy de que luego la tomen con Vendrell y con Piqué.

24 Enero 2006

Sin Piqué, mal; con Piqué, peor

Federico Jiménez Losantos

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Mariano Rajoy ha elegido lo más sencillo y lo más barato: contentar a los nacionalistas, a la progresía y a los centristas de su partido y alrededores. Contra lo que él mismo, en un autoelogio bastante alejado de sus buenas costumbres, proclamó ayer en el desayuno de Europa Press, lo difícil es hacer frente a la crisis real de un partido, el suyo, que en Cataluña se deshace por meses y que está condenando a la insignificancia y la extinción en cuanto salga el partido de Boadella, Arcadi, Carreras y compañía.
Si Rajoy conserva a Piqué por conquistar votos, debe saber que mantener la línea de contemporización con el despotismo nacionalista que antes, durante y después del Estatuto han mantenido Piqué, Vendrell y compañía es la mejor manera de perderlos. Si es por tener una imagen “moderada” del PP en el conjunto de España, no está la situación para moderaciones sino para resoluciones. No se puede ser moderadamente decente, estar moderadamente en contra del terrorismo, ser moderadamente adversario del separatismo, estar moderadamente a favor de la Nación y la Constitución. No sólo no se debe, es que, además, no se puede. La realidad no te deja.
La iniciativa de Rajoy de pedir millones de firmas para que los españoles podamos votar en referéndum la liquidación del régimen constitucional, o sea, para que podamos oponernos al nuevo Estatuto de Cataluña, es difícilmente compatible con el mantenimiento de una dirección al frente del PP catalán que ve cosas muy positivas en el estatuto de marras. Yo no sé cómo va a atacar Rajoy el Estatuto mientras Piqué lo defiende ni cómo va a pedir a la ciudadanía que lo combata mientras su partido en Cataluña no se aclara si está a favor o en contra, si se une o no al Cuatripartito y se convierte ya en Totopartito, para que así todos los partidos catalanes sean nacionalistas.

En ese caso, la segura concreción del partido de Arcadi y compañía sería aún más letal para el PP, que se convertiría en un mero apéndice político y financiero de Convergencia, o sea, como antes de Aznar. Es verdad que la salida de Piqué ahora no sería buena para el PP nacional, pero peor será que salga dentro de unos meses. Siempre he defendido y sigo defendiendo que la unidad del PP es un bien mayor en cualquier política nacional, y la decisión o indecisión de Rajoy no me hará cambiar de criterio, pero lo que está haciendo Piqué es chantajear a la derecha española aprovechándose de esa necesidad nacional. Ni Piqué es leal con las bases del PPC ni, para Rajoy y el PP, puede ser racional y rentable tener un discurso esquizofrénico sobre el Estatuto Catalán, combatiéndolo fieramente en el conjunto de España pero matizándolo o aceptándolo a medias en la propia Cataluña. Si esto es una emergencia, y lo es, no se puede estar a la vez con los bomberos y con los pirómanos. Las víctimas jamás lo entenderían.