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Crimen del rol: dos jovenes son encarcelados por haber asesinado a Carlos Moreno por un rito macabro

HECHOS

El asesinato de D. Carlos Moreno se produjo el 30 de abril de 1994.

LOS ASESINOS:

Los asesinos Félix Martínez y Javier Rosado.

El 18 de febrero de 1997 Javier Rosado fue sentenciado a cuarenta y dos años y dos meses, por asesinato, robo y conspiración para el asesinato; su cómplice, Félix Martínez, fue sentenciado a doce años y nueve meses de reclusión menor por los mismos delitos. L

02 Febrero 1997

La metáfora del mal

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

EL CASO del crimen del rol, que ha ocupado las noticias a lo largo de los últimos días, puede ser el efecto de una psicopatía individual, pero algo nos dice que constituye también una metáfora de nuestro tiempo. No faltan en estos años una colección de masacres atroces, asesinos y violadores en serie, torturas de niños y ensañamientos racistas que la imaginación multiplica sobre la cultura de algunas películas o libros de éxito. La idea de que la modernidad conduciría a una transmutación de los antiguos valores se revela como una esperanza sin cumplir. No son otros valores los que se imponen en este fin de siglo, sino más bien la dispersión y confusión del valor como efecto de un colapso en los principios.El derrumbamiento de las referencias va más allá de los asesinos. La economía, la política, la estética, la sexualidad, han ingresado en una órbita donde los patrones de valor se esfuman sin ser reemplazados por otros nuevos. Las cosas siguen adelante como en una trayectoria fatal; no sólo circulan carentes de ideología, sino emancipadas de cualquier destino. La economía neoliberal deja las cosas al arbitrio del mercado, y en la política, donde el juego sigue agitado día tras día, las ideas han dejado de contar. De modo parecido se comporta la estética, donde lo feo se conmuta con lo bello, el barroco con el minimal, lo antiguo con lo nuevo.

En la época de la revolución, los movimientos se formaban con un claro designio; en el tiempo de las vanguardias, el arte poseía capacidad crítica en nombre de la liberación formal; con la liberación sexual, la consigna era el máximo de sexualidad con el mínimo de reproducción. Hoy, con la fertilización in vitro, la consigna es el máximo de reproducción con el mínimo de sexo.

Mínimo de sexo, mínimo de política, mínimo de crítica estética, mínimo de valor. Las cosas, los signos y las acciones van desprendiéndose de su esencia y, como los capitales financieros emancipados de lo real, circulan con mayor fluidez que nunca. El mismo proyecto de progreso humano se ha diluido. El progreso, cualquiera que sea, continúa, pero su corriente no tiene dirección alguna. Ni siquiera el mal aparece hoy como un poderoso antagonista que evoca, con su fuerza, la consistencia del bien. Las cosas marchan a su aire mientras las consecuencias pueden ser fatales: una sociedad que no posee una idea donde basar su destino es como el hombre que ha perdido su sombra; se encuentra a riesgo de adentrarse en un delirio donde, al cabo, sucumbe.

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