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Su doblaje estará dirigido por Lorenzo Beteta

Disney vuelve a las películas con números musicales con la historia de las princesas Anna y Elsa en ‘Frozen: El Reino del Hielo’

HECHOS

El 29.11.2013 se estrenó la película ‘Frozen: El reino del hielo’ en España.

DISNEY RECURRE A LORENZO BETETA PARA SU DOBLAJE

 D. Lorenzo Beteta, que ya dirigió con éxito el doblaje de animaciones de Disney como ‘Los Increibles’ o ‘Up’ ha vuelto a ser el encargado del reparto y la dirección artística del nuevo éxito de Disney.

Dña. Laura Pastor, que fue la voz de la maga ‘Hermione’ en la saga Harry Potter tras el rechazo de Dña. Michelle Jenner a continuar haciendo a su personaje, será ahora la encargada de hacer la voz protagonista de ‘Frozen’, la princesa Ana. Es prima de otro destacadísimo actor de doblaje de Madrid, D. Álvaro Reina.

La otra protagonista será realizada por otra voz actual de élite del doblaje madrileño, Dña. Ana Esther Alborg García ‘Anusca’, hija de la también celebre actriz Dña. Ana Ángeles García en una profesión donde las sagas son habituales y gran parte de los actores y actrices son hijos de la generación anterior.

D. David Robles, voz de élite del sector (hijo profesional del maestro D. Salvador Arias) y una célebre voz de personajes protagonistas, en esta ocasión ha sido seleccionado para la voz de villano: el Príncipe Hans.

 

29 Noviembre 2013

Un ‘disney’ de los grandes

Javier Ocaña

Hay un grandísimo personaje en esa Reina de las Nieves de 'Frozen'

La Reina de las Nieves, el cuento más largo escrito por Hans Christian Andersen, siempre estuvo en la agenda de Disney. Desde los tiempos de Walt. De hecho, incluso se conservan diversos bocetos de los llamados Nueve Viejos Maestros, los fundadores e impulsores creativos del sello de estilo de la compañía. No es de extrañar, Frozen: el reino de hielo, nueva película de la factoría, puede estrenarse con posibilidad de tres dimensiones y poseer todos los adelantos técnicos en el territorio de la animación digital, pero lo que más reluce en ella es ese aroma de los primeros clásicos.

Con Chris Buck y Jennifer Lee al frente del proyecto, Frozen tiene aventura, humor y fantasía; también amor; pero lo que sobresalen son sus brutales pasiones primitivas, el odio, el terror y el dolor desbocados, en la línea de los grandes cuentos infantiles de siempre, desgarradores en su concepción del destino que aguarda a los personajes. Quizá nunca hasta ahora se habían visto tan bien desarrollados los efectos de un poder, de una bendición que se convierte en la peor de las maldiciones; el paso de una niña juguetona a una adulta esquiva que se refugia en sí misma por culpa de una magia que, según se utilice, se puede acercar a la brujería. Hay un grandísimo personaje en esa Reina de las Nieves, y los creadores de la película han sabido plasmarlo con delicadeza y brillantez, tanto técnica como narrativamente.

La puesta en escena, es decir, la simulación animada de los movimientos de cámara, con abundante grúa (o su simulacro) y un par de espectaculares planos-secuencia, nunca caen en lo hiperbólico, manteniendo la calma cuando esta debe mandar. Y, quizá por influencia de Pixar (Lasseter figura aquí como productor), el guión contiene uno de esos momentos mágicos de la casa (Up, en la memoria), donde la ejecución de una serie de elipsis conforma un bello paso de la niñez a la edad adulta con canción de fondo.

Con estructura y arraigo de musical, donde sus criaturas demuestran sus emociones cantando, Frozen mejora incluso a la ya excelente Enredados, al integrar lo mejor de las nuevas técnicas con la pletórica pasión de los primeros clásicos, algo a lo que no llegaba la adaptación de Rapunzel por el excesivo aligeramiento de su lado más perverso. Así que en lo único que quizá se podría haber mejorado es en el control del tiempo del principal de los secundarios, el muñeco de nieve que sueña con la llegada del verano, un personaje precioso, pero a un paso del síndrome Jar-Jar Binks, a punto de dejar de ser gracioso para convertirse en insoportable.

28 Noviembre 2013

Crítica de Frozen: el reino del hielo

Raquel Hernández Luján

En Frozen: el reino de hielo se cuenta la historia de Elsa y Anna, las dos princesas del reino de Arendelle, separadas en la infancia tras un accidente provocado de forma accidental por la primera. Su poder para invocar al frío puede tener catastróficas consecuencias, como muestra una antigua profecía, por lo que es recluida en el castillo familiar y separada de todo contacto. Pero el paso del tiempo la convierte en la heredera del trono: deberá salir de su reclusión para recibir la corona y el cetro del poder.

Tras haberse reprimido durante tanto tiempo, no puede evitar exponerse a sí misma, provocando el caos en la ceremonia de coronación de modo que autoexilia a la montaña donde puede dar rienda suelta a su gélida capacidad creativa construyendo un reino helado y dando vida a criaturas que la protegen, pero también condenando a Arendelle a un invierno forzoso.

Crítica de Frozen: el reino del hielo
Disney trata de fusionar los cuentos clásicos con «ese algo más» que busca el público a día de hoy. En Frozen: el reino del hielo hace un loable esfuerzo por encontrar un equilibrio complejo. Al cuento de Hans Christian Andersen le crecen varias criaturas fantásticas que verdaderamente son un acierto a pesar de que no terminan de casar con el diseño de los personajes ni su trama vital del todo.

Por el camino varias renovaciones que también le hacen mucho bien a la película: una visión mucho menos edulcorada, valiente y próxima a la realidad (sí, ellas también se despiertan babeantes y despeinadas) de unas princesas que luchan por romper sus cadenas y librarse de la represión al tiempo que descubren que quizás el amor más verdadero y puro no tiene por qué ser a la fuerza el romántico. Bien, vamos avanzando.

Crítica de Frozen: el reino del hielo
En muchos sentidos el universo de Arendelle bebe del de Enredados, y, aunque los números musicales resulten extenuantemente constantes, hay que reconocer su pertinencia junto con el virtuosismo de la animación al menos en momentos puntuales como en la secuencia inicial en el que los trabajadores cortan el hielo del fiordo. Es también probablemente uno de los pocos momentos en los que el 3D merece la pena junto con el momento en el que Elsa erige su castillo helado.

No obstante, en Frozen: el reino de hielo se echan en falta momentos emocionantes de los que ponen los pelos de punta: la película pasa de puntillas respecto a algunos de los puntos clave de la narración restándole un dramatismo que bien entendido habría sido necesario y que por defecto bloquea la catarsis final.

Crítica de Frozen: el reino del hielo
Inspirada muy libremente en el cuento de «La reina de las nieves» de Andersen, la historia de Chris Buck, Jennifer Lee y Shane Morris titubea en varios momentos y no tiene una estructura regular en la que dejarse arrastrar cual trineo sobre la nieve. Con todo, es una propuesta de animación que no puede dejarse escapar, aunque solo sea por el mero hecho de ver cómo Elsa se desmelena o cómo el cándido muñeco de nieve Olaf sueña con un verano para él imposible. Hay belleza pura y dura en esas ideas y en esas imágenes, pues son de las que se quedan cristalizadas en la retina marcadas por el cálido beso de la nieve.

Crítica de Frozen: el reino del hielo
Nos encontramos con la fase del post-Disney, un salto de trampolín en cuanto a la concepción del corazón de las historias que vienen a beber de la nostalgia y a la vez tratan de innovar superando los propios clichés que se fueron creando con el paso del tiempo. Es un gran paso adelante que se verá, a buen seguro, refrendado en trabajos posteriores. Bienvenido sea.

28 Noviembre 2013

Crítica: 'Frozen: el Reino del hielo', de Disney

Juan Manuel González

Juro que se me escapan las razones del desdén con el que algunos tratan ahora el legado de la animación Walt Disney. Puede que sea la supremacía de Pixar (hasta 2006 un estudio independiente de la compañía), el nuevo modelo propuesto por sus rivales de Dreamworks y sus películas de humor, o en general el cambio de la animación tradicional a la digital, que ha causado que el tono de las antiguas películas de la compañía quede aparentemente obsoleto (y me dejo en el tintero razones puramente ideológicas). Pero con filmes como Frozen, bajo la producción de John Lasseter, cabeza pensante de Pixar y ahora con un pie puesto en cada compañía, la casa del ratón parece recomponerse a cada película. Y es que la libre adaptación del relato de Hans Christian Andersen resulta un filme entretenido, vibrante y divertido… que además alberga algunos cambios trascendentales. Como dirían al otro lado del charco, casi una «game-changer».

Si Tiana y el Sapo trataba de remendar los musicales más clásicos, y Enredados elegía el camino de una movida comedia de aventuras, la presente se erige (sin desdeñar a ninguna de las anteriores) como una experiencia más completa, la perfecta fusión de ambos títulos y un sólido basamento para futuros filmes. La película no sólo se desenvuelve bien en ambas vías, la tradicional (y musical) y la moderna (y chistosa), sino que por el camino tiene tiempo para crear un nuevo estereotipo de princesa Disney que debería callar a los críticos con la compañía.

Puede que Frozen tarde algo más de la cuenta en entrar en harina, pero cuando lo hace conserva todas las señas de identidad del estudio. La aventura se demora más de treinta minutos, pero antes consolida suficientes enseñanzas sobre el individualismo y, a la vez, la integración en una comunidad, que añade una interesante complejidad al cuento. Con un similar estilo visual a Enredados, pero la presencia constante de canciones (de Robert Lopez y Kristen Anderson-Lopez), la película equilibra aventura, humor y romance de una manera capaz de satisfacer a los nuevos espectadores que Tiana y el Sapo no acertó a capturar. Sin ser un relato visionario, su exquisita factura técnica, la expresividad y diseño de todos sus personajes, así como la presencia constante de set-pieces de acción (alternadas con canciones a lo Broadway) construyen una de las mejores ofertas de cine navideño, capaz de generar emociones en todo el espectro de público.

Pero entre todo esto, y como decíamos al comienzo, la película consigue crear el espacio adecuado para crear dos personajes en cierto modo antagónicos pero complementarios, dos princesas Disney retratadas como dos personajes complejos que escapan a la clásica definición de heroína y villana sin que la película se convierta en un mamotreto. Y es que Frozen es, en cierto modo, una acertada actualización de la tradición de las Princesas Disney que desarma a los críticos de la factoría y su supuesto conservadurismo: Anna y Elsa son dos hermanas que siguen una evolución paralela y en constante conflicto, tanto interior como entre ellas mismas, que llevan a los dos personajes a intercambiarse los papeles en su forzado antagonismo. Frozen no es una película exactamente ambivalente, ni un estudio de personajes, ni un manifiesto de feminismo, pero la integridad y riqueza de sus dos caracteres principales -al fin y al cabo, dos mujeres diferentes en lucha por tomar el control de su vida- la erige como todo un hito de la compañía. Una maravilla.

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