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Uno de los asesinos es un antiguo miembro de la desaparecida Terra Lliure, que no aceptó la decisión de la mayoría de integrarse en ERC tras renunciar a la violencia

El ‘comando Barcelona’ de Monteagudo y Erezuma causa una matanza en Sabadell al atentar contra una furgoneta policial

HECHOS

El 8 de Diciembre de 1990 fueron asesinados seis policías en Sabadell.

Hechos: El 8 de Diciembre de 1990 hizo explosión un coche bomba al paso de una furgoneta del Cuerpo Nacional de Policía en las inmediaciones del campo de fútbol de Sabadell, el atentado provocó la muerte de seis policías e hirió a otros dos así como a seis personas que pasaban por esa zona. El atentado dejó un total de 13 huérfanos.

Víctimas Mortales: D. Miguel Marcos Martínez, D. Ramón Díaz García, D. Juan José Escudero Ruiz (22 años), D. Eduardo Hidalgo Carzo, D. Juan Gómez Salar y D. Francisco Pérez Pérez.

LOS ASESINOS:

erezuma_monteagudo Los miembros del ‘Comando de Barcelona’ eran el vasco José Félix Erezuma y el catalán Joan Carles Monteagudo, este último antiguo miembro de la organización Terra Lliura, que se había disuelto un año antes para ingresar en el partido político Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) tras renunciar a la violencia, una actitud que Monteagudo no compartía.

EL MINISTRO CORCUERA HABLA CLARO: «SON UNOS GUDARIS DE MIERDA»

Corcuera El ministro de Interior, D. José Luis Corcuera, tras conocer el atentado, calificó a los asesinos de ‘Gudaris de Mierda’ y defendió que desaparecieran los beneficios penitenciarios contra los asesinos. De igual modo consideró inaceptable ‘para todos los demócratas’ la existencia de un partido político como Herri Batasuna justificando los asesinatos.

10 Diciembre 1990

Matar por matar

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefania)

La organización ETA siempre consideró que debería aprovechar el efecto multiplicador que cualquier acción terrorista tendría en la Cataluña olímpica y lo está demostrando desde el pasado verano. El múltiple asesinato del sábado responde a esta criminal consigna. La existencia de un comando de gran movilidad, al parecer encabezado por Joan Carles Monteagudo, antiguo dirigente de la organización terrorista catalana Terra Lliure, da a la banda una capacidad de acción superior a la que parece disfrutar en su feudo vasco o incluso en otros lugares de España, periódicamente víctimas de sus fechorías.Tras la matanza de Hipercor, al rechazo general de la sociedad por la bárbara acción se sumaron curiosas consideraciones estratégicas del independentismo violento catalán, que juzgó la presencia de ETA en Cataluña precisamente como una intromisión en el territorio de Terra Lliure. Mientras que en las primeras elecciones al Parlamento Europeo este independentismo se abstuvo de presentar lista para delegar el voto en Herri Batasuna, en la última convocatoria, un sector de este mismo independentismo catalán ya negó su voto a quienes legitimaban el terrorismo etarra. Además, últimamente se han producido indicios suficientes para creer que Terra Lliure ha abandonado la lucha armada, lo que deja a dos corporaciones criminales, GRAPO y ETA, la patente del asesinato con justificaciones supuestamente políticas en Cataluña.

La banda ETA sólo puede demostrar que existe con la sangre de inocentes, y su comando catalán le resuelve esta trágica papeleta en unos momentos difíciles para la organización, acosada en sus fortines franceses y con un mando descabezado por las detenciones. La soledad de ETA en Cataluña es obvia e incluso lo es la de sus avaladores políticos -HB sólo consiguió 15.000 votos en las últimas elecciones europeas-. Nadie quiere sus favores, y eso lo ha dejado claro el presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, en primer lugar el pasado viernes, cuando lamentó y rechazó el apoyo de HB para obtener el reconocimiento de la lengua catalana en el Parlamento Europeo de Estrasburgo, y en segundo lugar el sábado mismo, tras el atentado, al hacer un enérgico llamamiento a la colaboración de la población para la detención de los terroristas. El gesto oportunista y envenenado de HB ha tenido así merecida respuesta, pues corresponde al macabro precio de tantos cadáveres recogidos en tierras catalanas.

El País Vasco, Cataluña y toda España han dejado claro desde hace tiempo la repelencia que producen los mesías de ETA. Que persistan en el asesinato no puede explicarse con ningún cálculo político, aunque unos pocos insistan todavía en disfrazar el delito de sangre con letanías ideológicas y nacionalistas. Casi aburre decirlo, porque la indignación de la ciudadanía parece reconfortar a esta exigua mafia de criminales. Pero ante la pertinaz insistencia de los bombistas, nos queda a la mayoría el argumento de la libertad y de la democracia y la persistencia en la más rotunda repulsa. Un argumento que se impone aunque este grupúsculo testarudo lo siembre de cadáveres.

10 Diciembre 1990

El oljetivo de ETA es Cataluña

Xavier Domingo

CON toda evidencia, la celebración de los Juegos Olímpicos de 1992 en Barcelona hace de Cataluña para los terroristas de ETA un campo de elección para sus acciones criminales. Desde la acción del Septiembre Negro en Munich, amenazas terroristas han pesado cada cuatro años en todas las ciudades sede de Juegos Olímpicos. Amenazas que no siempre llegaron al atentando, pero la amenaza también es una forma de terrorismo. Los irredentistas radicales de Quebec intensificaron sus acciones al aproximarse los Juegos de Montreal. Hubo temores terroristas en Moscú y en Los Angeles, y los atentados previos a los Juegos de Seúl son tan recientes que ni vale la pena recordarlos.

Los Juegos Olímpicos colocan a la ciudad que los protagoniza en la primera página de la prensa mundial, en todas las pantallas de TV y en los micrófonos de todo el mundo, durante cuatro años. Para los terroristas es una inmejorable caja de resonancia mundial. No por casualidad, ETA ha cometido el crimen de Sabadell justamente en la víspera de una importante reunión del COOB con el COI, en Lillehammer. Allí, el consejero delegado del COOB presentará hoy lunes el séptimo informe de seguimiento de los Juegos, al pleno del COI. Pero los ecos de la deflagración al lado del campo de la Creu Alta estarán presentes en los debates, con la consiguiente angustia .de todos los presentes. Sin embargo, numerosos datos indican que el objetivo número uno de ETA, tanto hace unas semanas en San Carlos de la Rápita como ahora en Sabadell, así como las recientes bombas de los GRAPO en Barcelona, es la desestabilización de la política y de la sociedad catalanas. El objetivo prioritario es Cataluña misma. Hace siete días se produjo un hecho significativo y poco aireado: Jordi Pujol rechazó enérgicamente una oferta de ayuda de Herri Batasuna en Estrasburgo, de cara a obtener la plena oficialidad del catalán en las instituciones europeas. «Prefiero un grado menor de presencia, aunque sea una presencia simbólica, del catalán en las instituciones europeas, que cualquier cosa que nos pueda venir gracias a Herri Batasuna», declaró el presidente de la Generalitat. Cuando Tena Lliure anunció hace unos meses que abandonaba la violencia y se integraba en el marco político legal y pacífico asumió por fin la voluntad general de los catalanes: el rechazo del terror como medio, sean cuáles sean los objetivos finales. Según la Policía, que seguramente en este caso no se equivoca, un catalán ex miembro de Tena Lliure, Joan Caries Monteagudo Povo, con gran experiencia de la clandestinidad, es el jefe del «comando Barcelona». Imponiendo el tenor, Monteagudo y ETA buscan en realidad la organización de una ETA catalana, cuya actuación sangrienta sería sin duda fatal para los logros autonómicos actuales y para los que Cataluña desea y espera conseguir por la vía del diálogo.

Por eso el presidente de la éneralitat reaccionó rápidamente y, la misma noche del atentado de Sabadell, dirigió a los catalanes un mensaje institucional televisado en el que al «no pasarán» unió la solicitud de la colaboración ciudadana contra los terroristas, recordando la eficacia que tuvo para la detención de los asesinos de Hipercor. Pujol es consciente de la fragilidad de la sociedad catalana frente al terror. La multiplicación de atentados mortales daría al traste con su política de nacionalismo moderado. Es, pues, muy urgente acabar con este «comando Barcelona», y la movilización de la ciudadanía contra los terroristas necesaria y posible mientras dure la actual indignación y rabia de los catalanes contra ETA, incluyendo a los de los sectores más radicales. ETA aprovecha los Juegos como intentó, y quizá intente, servirse de la Expo sevillana. De todos modos, algo consigue y el alcalde de Barcelona, Pascual Maragall, lo dijo claramente hace unos días cuando expresó su temor de que, a causa de las medidas de seguridad antiterroristas, queden muy coartadas libertades y los Juegos de Barcelona sean aún más concentracionarios que los de Seúl (absolutamente militarizados) o los de Moscú, bajo el control total de la KGB. Y también ahí, si los Juegos de Barcelona dan lugar a excesos policiales contra grupos de ciudadanos pacíficos, pero portadores de banderas y pancartas catalanistas, o si los controles provocan molestias serias a las personas, o si, como es previsible, la capital catalana se ve agobiada por una invasión evidente de fuerzas de segundad, ETA habrá ganado una batalla, soliviantando aún más a los ofendidos contra el Estado, ya de por sí suficientemente aborrecido en Cataluña.

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