8 julio 1985

Era uno de los principales colaboradores del ministro Narcís Serra

El ‘Comando Madrid’ de ETA de Iñaki de Juana asesina al vicealmirante Escrigas, Director de Política de Defensa

Hechos

El 29.07.1985 fue asesinado el vicealmirante D. Fausto Escrigas.

Lecturas

Hechos: El 29 de Julio de 1985 era asesinado a balazos el vicealmirante Fausto Escrigas Estrada, director general de Política de Defensa y uno de los principales colaboradores del ministro de Defensa, Narcís Serra. Escrigas tenía esposa y cuatro hijos. Los terroristas mantenían así sus matanzas contra los militares.

Víctimas Mortales: D. Fausto Escrigas Estrada

LOS ASESINOS:

juana_peñalva_gamboa   El coche del Vicealmirante Escrigas fue ametrallado por los asesinos del ‘Comando Madrid’ Iñaki de Juana Chaos, Belén González Peñalva y Juan Manuel Soares Gamboa. En la planificación del atentado también participaron Esteban Esteban Nieto  e Inés del Río.

En 1995 se celebró el primer juicio por aquel crimen, siendo condenados Iñaki de Juana a penas que sumaban 55 años de cárcel, Esteban Nieto también a 55 años e Inés del Río a 48 años de prisión. En 1996 en su segundo juicio Juan Manuel Soares Gamboa fue condenado a 27 años de cárcel, obteniendo una pena más leve por su condición de ‘arrepentido’. Belén González Peñalva fue juzgada en un tercer juicio y condenada a 53 años de prisión.

FRANCISCO MARAÑÓN, TETRAPLÉGICO DE POR VIDA

Las balas que asesinaron al Vicealmirante Escrigas también dejaron tetraplégico de por vida a su condictor, D. Francisco Marañón.

 

30 Julio 1985

El asesinato del vicealmirante Escrigas

EL PAÍS (Editorialista: Javier Pradera)

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El asesinato del vicealmirante Fausto Escrigas, víctima del atentado terrorista realizado ayer en pleno centro de Madrid, lleva las huellas de crueldad y provocación política que caracterizan desde hace años a la cadena de crímenes de ETA contra mandos militares, miembros de los cuerpos de seguridad y ciudadanos de las más diversas profesiones. La muerte casi inmediata del vicealmirante y las graves heridas causadas al chófer del vehículo hubieron podido estar seguidas por un nuevo drama si los artificieros de la Policía Nacional no hubieran actuado con eficacia para desactivar la carga explosiva que los terroristas habían dejado en el coche utilizado para llevar a cabo el atentado tras abandonarlo en una calle próxima.En esta ocasión, el blanco elegido ha sido un marino de brillante carrera profesional que desempeñaba, desde febrero de 1984, un cargo de responsabilidad político-administrativa en el Ministerio de Defensa. Al segar la vida del vicealmirante Escrigas, los terroristas han atacado así a las Fuerzas Armadas, en tanto que institución del Estado, y a la política militar del Gobierno socialista, a la que el fallecido marino servía como director general de Política de la Defensa. A lo largo de los últimos años, ETA ha intentado descalificar al sistema democrático con el delirante argumento de que la Monarquía parlamentaria sólo sería una variante disfrazada de franquismo o una vana apariencia institucional tras la que se escondería una dictadura militar. Para los terroristas, su auténtico adversario y su único interlocutor serían las Fuerzas Armadas, correspondiendo a los millones de electores que eligen periódicamente a sus parlamentarios, diputados autonómicos y concejales el papel de irreales testigos de esa fantasmagórica confrontación. El asesinato del vicealmirante Escrigas, alto cargo del Ministerio de Defensa, no hace sino mostrar, trágicamente, la falsedad de esos insensatos planteamientos. La sangre derramada por el director general de Política de la Defensa es una prueba más de que las Fuerzas Armadas no desempeñan, en el diseño de nuestro sistema constitucional, otro papel que el de ejecutar la política dictada por el Gobierno, designado por los representantes de los ciudadanos libremente elegidos en las urnas.

El Gobierno de Felipe González se ha visto desafiado por la misma realidad terrorista que los primeros Gobiernos de la transición se vieron obligados a afrontar. Pese al pacto de legislatura entre el lendakariArdanza y los socialistas vascos, a la movilización del PNV contra la violencia, a la colaboración prestada por Francia, al lento socavamiento de la base social del nacionalismo radical y a las desarticulaciones parciales de los comandos terroristas, ETA parece conservar la infraestructura organizativa y la capacidad operativa suficientes para continuar sus asesinatos. Pero la sociedad española, incluyendo a los miembros de las Fuerzas Armadas y de los cuerpos de seguridad, sabe que para vencer en ese combate no existe alternativa al régimen democrático y al Estado de derecho. Porque el desafío de ETA sólo podrá ser definitivamente conjurado mediante la clara conciencia de la compleja naturaleza del fenómeno terrorista y mediante la aplicación de los procedimientos adecuados para llevar a cabo su erradicación a través del arduo, penoso y duradero esfuerzo policiaco y político que la empresa requiere.

El Análisis

El 'comando Madrid' apunta al ministerio de Defensa

JF Lamata

La dirección de ETA, que tenía en su Comité Ejecutivo a figuras como Francisco Múgica Garmendia, Josu Ternera y Santiago Arrospide ‘Santi Potros’ había logrado formar un comando de asesinos asentado en la capital de España, un ‘comando Madrid’, también llamado ‘comando España’ que lideraba Iñaki de Juana Chaos. Con él estaban Juan Manuel Soares Gamboa, Idoia López Riaño, Esteban Nieto o Antón Troitiño. Un grupo de personas que habían logrado anular su propia humanidad, y sin frenos morales, eran asesinos en serie en nombre de una supuesta ideología que no está claro si ellos mismos conocían, eran los terroristas perfectos. Con el asesinato de Escrigas, que dejó tetraplégico a su conductor, Francisco Marañón, demostraban que su maquinaria de matar podían alcanzar al ministerio de Defensa.

No consiguieron nada en el campo de la política, no consiguieron nada en nombre de ideología alguna, sólo consiguieron cosas en el campo del crimen: Iñaki de Juana y su tropo, se habían ganado un hueco en el muro de los asesinos, a costa de destrozar a familias como la de Escrigas.

J. F. Lamata