27 marzo 2024

El detonando fue el cese de José Pablo López

El PSOE destituye a Elena Sánchez como presidenta de RTVE por intentar bloquear el fichaje de Broncano, la reemplaza por Concepción Cascajosa

Hechos

El 27 de marzo de 2024 el Consejo de RTVE cesa a la presidenta interina, Dña. Elena Sánchez.

27 Marzo 2024

RTVE es un servicio público, no un ente al servicio de Moncloa

EL MUNDO (Director: Joaquín Manso)

Leer

EL PERVERSO uso del modelo que rige la dirección de RTVE ha convertido a la corporación pública en un aparato al servicio del poder político. Las presiones e intervenciones que el Gobierno lleva años ejerciendo sobre su Consejo de Administración -elegido por el Congreso- para influir en los contenidos han sumido en la inestabilidad a RTVE, que ofrece una imagen de gestión politizada indeseable. Así lo vuelve evidenciar la crisis que se desveló ayer y que ya se ha cobrado la destitución de la presidenta en funciones, Elena Sánchez, y del director de contenidos, José Pablo López. Al tratar de someter a RTVE a sus designios, Moncloa viola los principios fundacionales del medio, que pasan por garantizar una información rigurosa, independiente y plural, y un entretenimiento de calidad. Entre estos objetivos no está en ningún caso utilizar recursos públicos para competir ideológicamente con una cadena privada que no está alineada con el Gobierno.

Elena Sánchez fue aupada a la presidencia de RTVE en 2022 por el Ejecutivo. Este incluso le otorgó poderes especiales para realizar nombramientos y firmar contratos de cuantías elevadas, un hecho que UGT -sindicato hermano del PSOE- calificó de «intento de asaltar RTVE». Sin embargo, las recientes desavenencias entre la periodista y Moncloa han ocasionado un abrupto divorcio que tiene un claro detonante final: las reticencias de Elena Sánchez a contratar al cómico David Broncano. La operación está auspiciada por el Gobierno, que, obsesionado con influir políticamente incluso en un programa de humor, ve al presentador como un contrapeso ideológico de El Hormiguero de Pablo Motos en Antena 3. «Cueste lo que cueste», era la consigna de Moncloa, como informamos hoy. Antes de ser destituida, Elena Sánchez propuso el cese de José Pablo López, que negoció el fichaje de Broncano.

El intervencionismo es constante en RTVE. El Gobierno apostó por Elena Sánchez en su día tras la renuncia de José Manuel Pérez Tornero, también propuesto por el PSOE, y también sacrificado cuando el Ejecutivo consideró que no seguía sus planes. Y Tornero había sido elegido para poner fin al mandato de Rosa María Mateo, otro alto cargo de la cuerda del PSOE, que llevaba 33 meses como administradora provisional única, nombramiento que anuló el Tribunal Constitucional.

Es preciso que el Gobierno desista de su afán por controlar los medios públicos. El descrédito en el que ha sumido a RTVE, orquestando movimientos fuertemente ideológicos, tiene reflejo no solo en un contenido que en ocasiones roza la propaganda, sino en su exigua audiencia.

En RTVE hay auténticos profesionales que asisten a estos asaltos con sonrojo. El capital de un medio público de referencia, como lo fue RTVE hace demasiados años, es su credibilidad y la voluntad de pluralismo que al menos intentaban preservarse, aunque cada Gobierno siempre hiciera notar su sesgo. La degradación de RTVE cercena un derecho fundamental para la ciudadanía como es el del acceso a la información.

27 Marzo 2024

Bochornoso espectáculo en RTVE

Casimiro García Abadillo

Leer

Semana de pasión en Radio Televisión Española. Elena Sánchez, presidenta de RTVE, comenzó la reunión del consejo celebrado el pasado martes proponiendo la destitución del máximo ejecutivo de la casa, Juan Pablo López, director de contenidos, y logró los votos suficientes para ello. Pero, minutos después, un consejero propuso la destitución de la propia presidenta y … ¡¡¡la votación salió adelante!!!

La gota que ha colmado el vaso en la guerra, no tan soterrada, que se venía sosteniendo en la cúpula del ente público durante las últimas semanas ha sido la contratación por una cifra multimillonaria (42 millones en tres años) del programa La Resistencia, de David Broncano.

Juan Pablo López, animado por Moncloa, había cerrado ya el fichaje de Broncano con El Terrat (productora fundada por Andreu Buenafuente y ahora en la órbita de Mediapro, en la que Jaume Roures hizo su fortuna hasta que fue destituido en diciembre del año pasado), pero Elena Sánchez no había dado luz verde a ese fichaje, que se hizo a sus espaldas.

Pedro Sánchez no le gusta El Hormiguero, programa de máxima audiencia de Atresmedia que se emite después de un informativo que, por cierto, también es líder. Y no le gusta porque Pablo Motos no es de los que le bailan el agua, como tampoco Vicente Vallés.

¿Cómo se explica que teniendo un aparato tan potente y con tanta capacidad económica, RTVE no haya sido capaz de crear un espacio que le haga sombra al programa que pone de los nervios al presidente? Esa fue la reflexión que Moncloa le trasladó a Juan Pablo López. La solución fue Broncano, que sería, en opinión de los gurús de Moncloa, el mejor antídoto contra Motos.

Broncano no me cae mal. Es un tipo simpático, que le habla a sus entrevistados como lo haría el colega que se toma una caña en el bar de la esquina. Sea así de simple o se lo haga (como se preguntaba Ángeles Caballero en un artículo en El País), el caso es que el humorista ha conseguido una audiencia importante y joven durante sus seis años en Movistar Plus.

Ahora bien, pagar 14 millones por temporada, durante tres años, a Elena Sánchez le parecía un poco excesivo. Esa discrepancia desató la guerra con el director de contenidos de la casa. Ella se veía venir el pitote que se iba a montar entre el personal del ente (donde los sindicatos tienen mucha fuerza), pero él sólo pensaba en el tirón de audiencia. Son, en definitiva, dos modelos diferentes de gestión del ente: uno más clásico, basado en la relevancia de los informativos; otro, más propio de las televisiones privadas, que tiene la audiencia como máxima prioridad.

Lo peor del contrato de Broncano –que seguramente será rectificado cuando finalmente se rubrique– era que la productora de La Resistencia seguiría cobrando lo mismo durante tres años aunque no tuviera mucho éxito y hubiera que trasladar el programa a una franja fuera del prime time. Cláusulas leoninas para RTVE.

Elena Sánchez, que ya sabía que Moncloa quería cortarle la cabeza, se llevó por delante a la persona que la ha llevado al borde del abismo, Juan Pablo López. Jugó con habilidad con los votos del consejo, los tres del PP y un díscolo de Podemos (José Manuel Martín Medem), que sumados al suyo dieron la mayoría necesaria para echar al alfil de Moncloa. Pero luego, la mayoría cambió de bando y ella tuvo que aceptar su derrota.

Sin embargo, la pugna no se circunscribió a las votaciones del consejo. La presión sobre Elena Sánchez ha sido insoportable en las últimas semanas. Moncloa, según cuentan hoy Rubén Arranz y Carlos R. Cózar, no ha dudado en echar mano de las amenazas, dossier incluido, para defenestrar a Elena Sánchez.

Pedro Sánchez no tiene motivos para estar contento. Ha ganado su particular batalla: se ha cargado a la respondona Elena Sánchez y ha logrado que La Resistencia figure en un próximo futuro en la parrilla de La 1. Pero, ¿a qué precio? ¿Era necesario dar este bochornoso espectáculo con tal de derrotar a los fachas de Atresmedia?

Aunque Broncano no parece que vote al PP, a mí me parece un tipo independiente. Veremos si sus ocurrencias le resultan lo suficientemente graciosas al presidente del Gobierno, que ya tiene a El Intermedio como programa de referencia de lo que debe ser un show progre de verdad. ¿Será Broncano un Gran Wyoming bis?

Que el presidente del Gobierno tenga esa capacidad de enredo en la programación de la televisión pública y que el pulso con la presidenta de RTVE (propuesta por el PSOE, no lo olvidemos) se haya llevado a cabo de forma tan descarnada y falta de escrúpulos evidencia su particular forma de entender el ejercicio del poder. Todo lo que dependa del Estado debe estar obligatoriamente a su servicio.

28 Marzo 2024

La decadencia ética de TVE

Bieito Rubido

Leer
La evidencia de que en TVE no hay neutralidad ni es un servicio público para los ciudadanos es el último espectáculo con Elena Sánchez, José Pablo López y Broncano por medio
La evidencia de que vivimos malos tiempos en la democracia española es el hecho de que este Gobierno que padecemos se dedica más a la propiedad, al control material de las cosas, que al intangible –pero fundamental– espíritu democrático que debe acompañar a toda sociedad avanzada. Están más en mantener el control de RTVE que en aportarles a los españoles una herramienta cultural y de comunicación que coadyuve a que seamos mejores, más cultos y estemos bien informados. El último escándalo protagonizado por la cúpula ya cesada de RTVE no puede ser más cutre por un lado y más revelador por otro de cómo se administran las fincas que deberían ser propiedad de toda la ciudadanía.
La televisión pública española es una finca manifiestamente mejorable. Además, es carísima y ha alcanzado en estos años su mayor grado de sectarismo. Podemos decirlo todos nosotros, ya que al fin y al cabo la mantenemos con nuestros impuestos, que en España no son precisamente bajos. Con esos impuestos, que estos días puede analizar en su nómina, se va a pagar un contrato multimillonario para fichar a un comunicador, en cuyas virtudes no me voy a detener, que tiene como objetivo único tratar de contraprogramar a otro, Pablo Motos, que se mantiene crítico con Sánchez, a quien voy a dejar de calificar, porque sus obras hablan sobradamente de él. Todo está orientado en una sola dirección. Ahora bien, un canal público de televisión no puede estar al servicio de la causa de un partido determinado, en este caso el PSOE. O nos trabajamos en serio la neutralidad de los medios públicos o seguiremos ahondando en la putrefacción de nuestro sistema político, a lo que ha contribuido Sánchez más que nadie.
Los impuestos son para muchos una coacción, para otros un latrocinio y para muy pocos un tributo. Son tres conceptos distintos. Ninguno de ellos puede ser utilizado para envenenar la convivencia entre españoles, como últimamente viene ocurriendo con determinados medios públicos. Sean valientes y abran un debate sobre esta cuestión y profundicen en modelos más equitativos. La evidencia de que en TVE no hay neutralidad ni es un servicio público para los ciudadanos es el último espectáculo con Elena Sánchez, José Pablo López y Broncano por medio.
Como nota final, sería bueno, al igual que en el párrafo anterior distinguíamos entre los significados de tres palabras distintas, que la expresión «progresista», tan utilizada por una izquierda retrógrada, fuese empleada con más precisión por el común de los ciudadanos. La señora Concepción Cascajosa, presidenta interina de este nuevo cirio, además de declararse militante del PSOE, se autoproclama «progresista». Lo siento, pero ya no, será usted de izquierdas y podrá autodenominarse como quiera, pero que sepa que el progresismo es cualquier cosa menos lo que su partido practica en la España actual.

02 Abril 2024

¡‘Broncanovirus’, oé! ¡‘Broncanovirus’, oé!

Federico Jiménez Losantos

Leer

HAY DOS grandes juicios pendientes: el del comunismo, virus totalitario que infecta Iberoamérica, contra el que se alza Javier Milei y ha hecho suyo Pedro Sánchez; y el de las víctimas evitables del Covid-19, que en lo sustancial se deben también a Sánchez. Como buen psicópata, dejó pasar casi dos meses, hasta celebrar el infectódromo del 8-M, para reconocer que existía un virus hasta entonces negado, que producía muertes, hasta entonces ocultadas; y que ese día de marzo, probablemente, alcanzó a decenas de miles de mujeres que murieron por su culpa. Por culpa del virus y de Sánchez. Y de los medios de comunicación, que, con el grotesco Fernando Simón a la cabeza y unos expertos que luego resultó que nunca existieron, animaron a todas las mujeres a manifestarse ese día fatídico.

Las mujeres, salvo Trapiños, que se escaqueó, debían ir a esa manifestación, «porque les va a la vida en ello», según dijo Carmen Calvo. Y en su caso, estuvo cerca de acertar. Si no es por el Ruber Internacional, templo de esa sanidad pública que, de forma estúpidamente excluyente, defiende la izquierda, Carmen se nos pierde, con Pixie y Dixie, en un inmenso almacén como el del final de En busca del arca perdida, entre secretas maravillas olvidadas. El hangar de los secretos se llama ahora Consejo de Estado, que guarda en algún cajón el desconocido prestigio como jurista de su presidenta, superviviente del 8-M.

Sólo un alarde de irresponsabilidad criminal, puerta de aquella inmensa mortandad, superó al de la vicepresidenta del Gobierno, el de Broncano, haciendo corear a su público «¡Coronavirus, oé!; ¡Coronavirus, oé!». Esa trayectoria de servicio público quería premiar TVE con un contrato de 47 millones de euros en tres años, sea cual sea la audiencia. Qué mejor forma de invertir nuestros impuestos que acabar con el imperio de Pablo Motos exponiéndolo al broncanovirus.

El virus es contagioso y letal. Ya se ha llevado por delante al jefe de Contenidos y a la presidenta, sucedida por una Cascajosa que, en las oposiciones para administrar el ente, quedó en el puesto 86 de 95. Ideal. Ya veo al rojeras millonario haciendo corear al público: «¡Perrosanxe, oé; Perrosanxe, oé!» Si Sánchez y Pumpido logran imponer su dictadura bolivariana, entre el Bronca y Cascajosa veo al sucesor de Calvo en el Consejo de Estado. Ganará el virus.

03 Abril 2024

Una jaula de oro para Broncano con cargo al erario público

EL MUNDO (Director: Joaquín Manso)

Leer

EL FICHAJE del cómico David Broncano por Televisión Española (TVE), además de devolver al primer plano la perenne ausencia de un modelo estable de televisión pública, plantea al presentador la disyuntiva de seguir siendo un icono del entretenimiento o someterse a intereses que nada tienen que ver con el humor. La intensa presión ejercida por Moncloa para que La Resistencia -un programa con una penetración notable entre los jóvenes- recale en La 1 con el objetivo de hacer de contrapeso de El Hormiguero de Antena 3 busca posicionar la figura de Broncano contra la mitad de la sociedad española. No cabe inferir otra conclusión teniendo en cuenta el indisimulado interés del Gobierno en una operación que, de consumarse en el Consejo de Administración de RTVE convocado para mañana, supondría que el propio Broncano aceptaría significarse ideológicamente. Está a tiempo de evitar la instrumentalización política de su figura, lo que arrastraría a la cadena a una pugna ajena a su vocación de servicio público. Broncano se encerraría en una jaula de oro con cargo al erario público.

El pase de Broncano a Televisión Española dinamitó la semana pasada la cúpula de RTVE, provocando la destitución de Elena Sánchez y de José Pablo López, ex números uno y dos, respectivamente. Ahora la dirección debe decidir si valida o no el insólito contrato acordado entre la Corporación Pública y Broncano y la productora El Terrat. Entre otras condiciones draconianas, el acuerdo contempla un recorte del tiempo establecido para el Telediario -erosionando así el compromiso informativo de la cadena pública- y la aceptación de una cláusula que se traduce en que, haga la audiencia que haga, el programa se mantendrá durante ese tiempo en prime time. Además de la cantidad pactada -más de 14 millones por temporada-, el acuerdo sería por dos años de los cuales en 18 meses no podría ser cancelado. Es inaudito que TVE se ate así de pies y manos. Y que lo haga horadando aún más su maltrecha situación financiera con el fin de competir con una televisión privada, no mediante una sólida oferta informativa, sino con un espacio que desborda su naturaleza pública.

El afán por controlar RTVE, convertida en un aparato al servicio del poder político, no puede disociarse de la batalla mediática emprendida por el Gobierno, cuyo máximo exponente es la beligerancia exhibida por el ministro de Transportes Óscar Puente, tras hacer pública una lista de columnas críticas con su figura. En lugar de asumir la labor de la prensa libre, cuya función resulta inherente a la pluralidad que rige en cualquier sociedad democrática y abierta, el Ejecutivo se enzarza en un señalamiento inadmisible. La garantía del derecho a la información exige respetar el trabajo de todos los medios de comunicación y preservar la radio televisión pública de injerencias partidistas.

06 Abril 2024

Espectáculo impropio en RTVE

EL PAÍS (Directora: Pepa Bueno)

Leer
El comportamiento de algunos consejeros de la corporación parece obedecer más a consignas políticas que a criterios profesionales

La corporación RTVE se ha visto durante las últimas semanas envuelta en una situación impropia de una institución que tiene por mandato legal satisfacer las necesidades de información, cultura, educación y entretenimiento de la sociedad española, promover los principios constitucionales, impulsar los valores cívicos y fomentar la participación.

El lamentable espectáculo ofrecido a cuenta del plan para fichar al humorista David Broncano destila una guerra interna que amenaza con quebrar la confianza de la sociedad en un medio de comunicación que es de todos. La presidenta interina de RTVE, Concepción Cascajosa, que apenas lleva unos días en el cargo, se vio obligada el jueves pasado a posponer la votación del contrato del comunicador —vinculado actualmente a Movistar+— ante la falta de apoyos, en parte derivados de la ausencia en la sesión de su predecesora, Elena Sánchez, destituida en plena Semana Santa. Ambas son consejeras a propuesta del PSOE. La situación evidencia hasta qué punto se han deteriorado las relaciones en el seno del organismo.

La batalla desatada a raíz de este fichaje —alimentada por una campaña mediática dirigida a convertirlo en un objeto más de la refriega partidista— encierra una lucha de poder que deteriora gravemente el normal funcionamiento de la corporación pública. Y denota que los partidos, de todo el espectro ideológico, no renuncian a hacer de RTVE un instrumento más de la batalla política. Incluso en una situación como la actual, en la que la mitad de los consejeros tienen el mandato caducado.

El actual Consejo de RTVE, elegido mediante un concurso público y con una mayoría cualificada en las Cortes, es consecuencia del pacto alcanzado en 2021 entre PSOE, PP, Unidas Podemos y el PNV, que se repartieron los 10 puestos en liza. A la vista de las decisiones que adoptan en el seno del organismo, parece obvio que el comportamiento de algunos consejeros obedece más a consignas políticas que a criterios profesionales.

Que en tres años la corporación haya tenido tres presidentes pone de relieve hasta qué extremo ha llegado la inestabilidad institucional de este modelo organizativo en Prado del Rey. Y un signo más de incertidumbre actual es que una empresa que requiere de planes de trabajo a medio y largo plazo carezca en estos momentos de un director de contenidos, cesado también al comienzo de este episodio. Un panorama que llena de interferencias la labor de los profesionales de la casa, que ven cómo sus esfuerzos por defender la radiotelevisión pública caen una y otra vez en saco roto.

Corresponde a los partidos políticos diseñar un modelo que garantice la normal gobernanza en RTVE al margen de los vaivenes electorales. Es urgente conseguir una mayoría comprometida con dar estabilidad a un ente público que precisa de un liderazgo empresarial en un mercado global en plena transformación y muy competitivo. El eterno debate sobre si una televisión pública debe competir es falaz. Dentro de los límites que impone su mandato institucional, es evidente que, como cualquier medio de comunicación y para hacer rentable el presupuesto que recibe del Estado, debe aspirar a públicos mayoritarios.