4 abril 2024
El Grupo PRISA finaliza la defenestración de Juan Luis Cebrián destituyéndole como ‘presidente de honor de EL PAÍS’, el único cargo que le quedaba
Hechos
- El 3 de abril de 2024 se hizo el digital THE OBJECTIVE anunció que fichaba como colaborador a D. Juan Luis Cebrián Echarri.
- El 4 de abril de 2024 se hizo pública la decisión del Grupo PRISA de destituir a D. Juan Luis Cebrián Echarri como presidente de honor de EL PAÍS.
Lecturas
Desde que el 28 de abril de 2024 D. Juan Luis Cebrián Echarri fuera destituido como ‘Presidente de Diario El País S. L.’ el periodista y empresario había perdido todo cargo ejecutivo y sólo mantenía el cargo honorífico de ‘presidente de honor’ por el que se limitaba a publicar artículos de opinión en clara discrepancia con la línea editorial del periódico (El País editorialmente apoya al Gobierno de D. Pedro Sánchez y él se posicionaba en contra, lo cuál ya había causado que un artículo suyo fuera replicado en el propio periódico por D. Idafe Martín Pérez).
El 3 de abril de 2024 el digital The Objective anuncia que ficha como colaborador a Juan Luis Cebrián Echarri para que haga una sección de entrevistas.
El 4 de abril de 2024 el Consejo de Administración de PRISA Media, que preside Carlos Núñez Murias, a instancias del presidente del Grupo PRISA, Joseph Oughourlian destituye a Juan Luis Cebrián Echarri acusándole de incumplimiento de contrato. El diario El País informa de la destitución pero no incluye la versión de Cebrián. La versión de Cebrián Echarri aparecerá en una entrevista en el diario El Mundo el 14 de abril de 2024 negando haber incumplido su contrato y responsabilizando de su cese al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, al que atribuye influencia en la dirección actual de PRISA.
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EL COMUNICADO OFICIAL DE EL PAÍS:
El consejo de administración de Prisa Media, en su reunión celebrada este jueves, ha decidido la destitución de Juan Luis Cebrián como presidente de honor de EL PAÍS. El anuncio de su próxima colaboración como periodista en otro medio constituye un incumplimiento material de los términos del contrato de colaboración actualmente en vigor entre Juan Luis Cebrián y EL PAÍS, en el cual se configuraba una relación exclusiva, según ha informado Prisa en un comunicado.
La autorización para colaborar en otro medio, preceptiva para poder proceder con su nuevo proyecto, no fue solicitada ni comunicada en ningún momento por Cebrián, incumpliendo así su contrato.
Por ello, el consejo de administración de Prisa Media, en reunión celebrada esta misma mañana, considera de forma unánime que la condición de presidente de honor del periódico obliga a un cumplimiento contractual que no se ha dado en este caso. En consecuencia, ha decidido su destitución.
Juan Luis Cebrián (Madrid, 79 años) dirigió EL PAÍS desde su primera aparición, en mayo de 1976, hasta noviembre de 1988, momento en el que fue nombrado consejero delegado del diario y de Prisa. Al frente de EL PAÍS jugó un papel muy relevante en el proceso de transición de la política española de la dictadura a la democracia. En mayo de 2018, el periodista y escritor abandonó los cargos ejecutivos en el grupo y fue nombrado presidente de honor de EL PAÍS. Cebrián pertenece a la Real Academia Española.
07 Abril 2024
Juan Luis Cebrián, un jarrón chino que Prisa ha terminado de romper
Tiempo atrás, los periodistas eran personas con mucha más influencia. Hubo algunos que incluso quisieron moldear España en función de sus filias y de sus fobias. En esa época, los políticos no elegían a Pablo Motos en campaña y las entrevistas de los Jordi Wild eran mucho menos relevantes que las de ellos. De hecho, ni existían. En ese tiempo, el presidente del Gobierno no acudía a programas como el de La pija y la quinqui y los futbolistas preferían posar para los fotógrafos de Marca que unirse a las partidas de FIFA 2024 de los streamers. Ha llovido mucho desde entonces. Tanto, que a lo mejor hay más españoles que conozcan actualmente a Ibai Llanos que a Juan Luis Cebrián.
Todo esto tiene su gracia, dado que Janli fue poderoso. Muy poderoso. Tanto, que la Prisa de Jesús de Polanco y su persona no sólo se propuso informar e influir, sino también formar. Se sacaron de la chistera el concepto de ciudadano progresista de clase media español. Afrancesado de espíritu, liberal en las formas, sibarita en los gustos, moderno, como el PSOE en la época, y valiente al abordar en la sobremesa los temas que estaban vetados en la dictadura. Abonado de Canal+, atento a las novedades literarias y lector de las columnas de la clase intelectual que mimó la Transición. Ciudadano del mundo y español juancarlista.
Fueron años de tiradas monstruosas y proyectos farónicos. Tiempos que ya quedan muy lejos. Tanto, que Cebrián ha sido incluso despojado de su título de presidente de honor de El País. De Reina madre, de firma histórica… El viernes fue el primer día en casi cinco décadas en las que Cebrián no pertenecía a su periódico.
La historia de un ‘despido’
El desencadenante de su marcha fue su fichaje -como colaborador- por el diario digital The Objective, que trascendió el miércoles. La noticia cayó como un rayo en los despachos de Prisa Media porque, aunque allí conocían el nexo personal de Cebrián con el proyecto, no imaginaban que iba a traducirse en una relación profesional. Ese día, en los corrillos de la redacción de El País se comentaba la noticia mientras alguno de los consejeros de la cabecera con más conexión con Moncloa -conexión con banda ancha y máxima velocidad- se preocupaba de transmitir la indignación entre los medios afines para que se hicieran eco de ella.
La relación entre las partes había cambiado últimamente. Hacía un tiempo que Pepa Bueno había transmitido al expresidente de Prisa que sus colaboraciones con el periódico se reducirían. En vez de dos columnas, tan sólo una al mes. Hubo quien lo interpretó como un intento de reducir su peso en la cabecera, que era y es mucho más afín al Gobierno de Pedro Sánchez que los artículos de Janli. En el grupo, argumentaron que el motivo de la decisión era presupuestario. Querían ajustar gastos.
Lo que ocurre es que Cebrián se mantenía como presidente de Honor del diario y, además, tenía un compromiso en exclusividad con la empresa. Dentro de Prisa, nadie tuvo constancia de su intención de colaborar con otro medio de comunicación, así que, unas horas después de conocer este hecho, algunos directivos del grupo se reunieron y decidieron destituirle del último cargo que ostentaba en el grupo donde lo fue todo.
La decisión -dice Cebrián- se la comunicó el presidente de Prisa Media -Carlos Núñez- de viva voz el jueves por la tarde y se la notificaron por escrito el viernes. El periodista no la ha aceptado. La va a denunciar en los tribunales. Mientras, pretende que sus artículos se sigan publicando en la cabecera. Este sábado, tenía previsto enviar un artículo a Pepa Bueno. Él no ha incumplido su contrato, defiende.
El final de otra España
Pase lo que pase en ese presumible proceso judicial, la destitución de Cebrián tiene un evidente componente simbólico y hasta sentimental. Vuelve a confirmar que esa España suya ya murió; y que los intentos de aferrarse a la butaca de aquellos que la comandaron son cada vez más artificiales e infructuosos. Ni que decir tiene lo de las arrancadas de ese pequeño grupo de intelectuales de entonces, tan mimados como acaudalados, que hoy se revuelven contra el poder porque los trata peor que el de aquel entonces. Hay que ser prudente cuando llega el éxito, pero también conviene saber detectar la propia decadencia. No pasa nada, es algo natural. No hay ningún genio que destaque durante 100 años. Finitos somos, por suerte.
La caída de Cebrián empezó -a juicio del que escribe- en 2007 y tiene tantos paralelismos con la destrucción de aquella España construida en el 78 que incluso llega a impactar. Al igual que algunos de sus coetáneos, el expresidente de Prisa pecó de ambicioso, de aventurero excesivo, así que en su intento por incrementar la proyección del grupo lo endeudó hasta extremos insostenibles con operaciones como la OPA por el 100% de las acciones Sogecable, que era innecesaria, pero que justificó en un supuesto proyecto para vender Digital Plus a un tercero en el que estaba involucrado un banco de inversión internacional.
Prisa salió a bolsa en el año 2000 a 3.460 pesetas. Es decir, a algo más de 20 euros. Sus títulos valen actualmente 33 céntimos. Cuando Cebrián dejó la presidencia ejecutiva, los títulos ya se habían depreciado más del 95%.
Al igual que le sucedió a ese régimen comandado por el bipartidismo, los grandes transatlánticos del Ibex-35 y el sostén de una monarquía incuestionable, a Cebrián le arrinconaron con la llegada de la ‘gran recesión’. Pablo Iglesias imprimió su rostro en aquel autobús en el que figuraban los grandes responsables -según Podemos- de los males del país. En paralelo, un fondo de inversión comenzó a comprar acciones de la compañía para tratar de sacar beneficios -del tipo que sean, ahí existen todavía muchas incógnitas- del incendio de Prisa y le montó una guerra interna que al final ganó. Mientras Cebrián acudía a las fiestas otoñales de las embajadas con su joven novia, los socios del grupo se preguntaban cuándo se iba a hacer efectiva su promesa de abandonar la presidencia del grupo… y Joseph Oughourlian -Amber Capital- intentaba entablar alianzas para desahuciarle.
El descabello
No mucho tiempo después de que Pablo Iglesias pronunciara aquel famoso discurso del ‘tic, tac; tic, tac’, Oughourlian pidió el micrófono en una Junta de Accionistas de Prisa y acusó a Cebrián, en público, delante de todos, de arruinar la compañía y perjudicar a los inversores. Con el tiempo y con paciencia, consiguió apartarle de su puesto.
Janli intentó entonces convencer a los dirigentes de ‘la nueva Prisa’ de la necesidad de constituir una fundación -al igual que The Guardian– para velar por los nombramientos de los medios del grupo y decidir su línea editorial, en un intento de conservar algo de presencia en Gran Vía 32 y quizás de evitar que El País se alejara de los intereses del viejo PSOE. El de Felipe. El de los jarrones chinos. El enfrentado con el fallecido Miguel Barroso, con el zapaterismo y con el ‘presente’ José Miguel Contreras.
Sucede que esa estrategia no funcionó. Le dieron una presidencia de honor (él dice que no la quería, pero la aceptó para no desestabilizar más el grupo), un espacio como columnista y poco más. Cuando ha coincidido con Oughourlian, ha habido buen tono -cuentan los testigos de ello-. También con Pablo Iglesias, con quien incluso ha llegado a participar en actos públicos. Lo que sucede es que ahora le han despojado del último cargo que conservaba y cuesta evitar la sensación de que la España que construyeron, como todo ese mundo del ayer, son pasado. Pasado remoto además.
09 Abril 2024
Juan Luis Cebrián
Fundó el diario El País. Lo dirigió doce años. Lo presidió muchos más. Vio con claridad, tras el fin de la dictadura de Franco, lo que, periodísticamente, necesitaba España: un diario que se convirtiera en el faro del centro izquierda. Y construyó, poco a poco, ese periódico con aciertos incontables. A mí me correspondió dirigir en aquella época el ABC verdadero, diario que iluminaba el centro derecha. Durante largos años los españoles asistieron a la competencia entre los dos periódicos. Cebrián fue sagaz, lúcido, trabajador incansable, uno de los grandes profesionales que ha dado el periodismo español en los últimos cien años.
Negar todo lo que acabo de decir significaría tanto como rechazar la evidencia. El diario El País existe sustancialmente porque lo fundó Cebrián, lo creó Cebrián, lo dirigió Cebrián, Cebrián lo instaló en la cúspide no solo del periodismo nacional, también del internacional. Cuando los nuevos directivos de Prisa le nombraron Presidente de Honor de El País no hicieron otra cosa que reconocer una realidad incontestable.
Por eso me ha dejado estupefacto que Juan Luis Cebrián haya sido destituido precisamente de esa presidencia de honor de El País. ¡Qué error, qué inmenso error! ¡Qué disparate! Desconozco si existen presiones políticas para semejante decisión, pero la independencia profesional exige, en todo caso, no plegarse a ellas.
La primera función del periodismo consiste en administrar un derecho ajeno: el que tiene la ciudadanía a la información. La segunda función reside en el ejercicio del contrapoder, es decir, elogiar al poder cuando el poder acierta, criticar al poder cuando el poder se equivoca, denunciar al poder cuando el poder abusa. Y no sólo al poder político, también al poder económico, al poder religioso, al poder sindical, al poder universitario, al poder cultural, al poder deportivo…
Se podrá coincidir con Juan Luis Cebrián o se podrá discrepar de él. Pero la objetividad exige reconocer que ha atendido siempre a la doble función del periodismo y, por supuesto, aplaudir su alta calidad periodística y su irreprochable profesionalidad a lo largo de toda la vida, cargadas como están sus espaldas de mil éxitos y, entre ellos, el principal: la fundación y la creación de El País, del que siempre será para los lectores Presidente de Honor.
14 Abril 2024
Juan Luis Cebrián: "No me permitieron despedirme de los lectores de El País en mi último artículo, ni tener una salida pacífica"
(Otra periodista despedida de EL PAÍS)
Después de varios años de turbulencias, Juan Luis Cebrián (Madrid, 1944) ha sido despojado de la presidencia de honor de El País y expulsado del diario que fundó hace 48 años y dirigió hasta 1988. El motivo alegado por la empresa ha sido el inicio de un pódcast en el digital The Objective con entrevistas a personajes de la Transición, destinado a las nuevas generaciones. El periodista y académico, que prepara el segundo tomo de sus memorias, piensa recurrir a los tribunales y apunta abiertamente al Gobierno, incómodo por las columnas críticas que publicaba en el diario. Un Gobierno, dice, que siembra la división y está liquidando las instituciones.
Pregunta. ¿Se esperaba el despido? ¿Lo buscaba?
Respuesta. No. Mi contrato se podía anular con un mes de anticipación por cualquiera de las partes, cosa que le expliqué al presidente de Prisa Media cuando me llamó: que si así lo querían, anulábamos el contrato, lo que me permitía despedirme de los lectores de El País en mi último artículo y tener una salida pacífica. Y se lo dije también a la directora. No quisieron. Claramente esto es una decisión influida por José Luis Rodríguez Zapatero, que ya en el año 2021 pidió que tanto Antonio Caño como yo no escribiéramos en El País.
P. ¿Zapatero?
R. Claro. El representante de Zapatero era Miguel Barroso, y ahora lo es Contreras. Zapatero, cuando llegó al poder, dijo que iba a acabar con el felipismo y el grupo Prisa. Lo intentó, pero no pudo. Y ahora es el hada madrina de este Gobierno, es el encargado de las relaciones con Venezuela, con el Grupo de Puebla, que es muy heterogéneo. Por cierto, varios de sus miembros son amigos personales y me han llamado para solidarizarse conmigo. Pero desde luego este periódico, al servicio directamente del Gobierno, ha perdido la independencia y ha perdido a sus mejores colaboradores. Y no hablo de mí.
P. ¿Cuál cree que ha sido el detonante de su salida?
R. El Gobierno no puede soportar que en El País, el presidente de honor diga que hay juristas e incluso fiscales que consideran que el acuerdo con Puigdemont es un cohecho impropio. Lejos de mí acusar de un delito a nadie, pero gramaticalmente yo leo la definición de cohecho impropio y se parece bastante gramaticalmente, no digo jurídicamente, a lo que ha hecho el señor Sánchez, que como todo el mundo ha dicho, ha vendido la amnistía a cambio de siete votos, apelando a una reconciliación que ya sabíamos que no se iba a dar.
P. Su despido no tiene precedentes. Tampoco la expulsión del equipo directivo que se llevó a cabo en junio de 2018, nada más llegar Pedro Sánchez al poder.
R. El origen de todo está en el asalto directo protagonizado conjuntamente por la Telefónica de César Alierta y el fondo Amber Capital para hacerse con el periódico y con el grupo. Yo lo denuncié ante la CNMV, en diciembre de 2016, y todavía estoy esperando la respuesta. A partir de ahí se dio una situación muy conflictiva en el seno de la compañía que dificultó las operaciones para hacer frente a la deuda y que adquirió tintes políticos. En mayo de 2018 me piden que deje los cargos ejecutivos, y yo no entendía por qué. Hasta que dos o tres semanas después, al tomar posesión Pedro Sánchez, echan a todo el equipo directivo de Antonio Caño.
P. En los últimos tiempos ha habido una salida de firmas importantes del periódico: Savater, Azúa, Ovejero, De Carreras…
R. Porque, efectivamente, el periódico ha perdido independencia. Tanta que ha publicado una nota contra mí y no ha sido capaz de recabar mi opinión, lo que debe hacerse en todos los casos conflictivos, como dice el Libro de Estilo, aprobado en 1977. Mi versión de los hechos es que no ha habido ruptura del contrato, El País no tenía exclusividad con el tema de los pódcast, pero se me ha querido desprestigiar. Yo soy un traidor a la causa, rompo el contrato.
P. A usted también lo incorporan a la fachosfera.
R. Lo considero una broma. La realidad es que yo he evolucionado muy poco desde que fundamos Cuadernos para el Diálogo, y en todo caso más hacia la izquierda, porque aquel era un grupo demócrata cristiano, aunque estaba liderado por Gregorio Peces-Barba. Yo he sido siempre partidario de una democracia liberal. Esto de la fachosfera me hace muchísima gracia. Resulta que ahora es fascista Joaquín Leguina, que fue asesor de Salvador Allende, es fascista Nicolás Redondo Terreros, es fascista Félix de Azúa, es fascista Fernando Savater. O sea, son tantos los fascistas que sufrieron persecución por la dictadura y por el franquismo, que es para desternillarse de risa. Pero es fruto de la ignorancia y del sectarismo.
El Análisis
¡Quién lo hubiera dicho! El todopoderoso Juan Luis Cebrián, fundador de El País, ha sido destituido como presidente de honor del periódico. El Grupo PRISA ha decidido que su futura colaboración con otro medio es un incumplimiento de su contrato exclusivo. La versión oficial pinta a Cebrián como un traidor contractual, mientras que Cebrián culpa al Gobierno y a la mano negra de José Luis Rodríguez Zapatero. Según él, Zapatero siempre tuvo entre ceja y ceja a PRISA, y ahora, con Sánchez en el poder, han aprovechado para darle el empujón final. ¡Vaya drama político-mediático!
Desde que Pedro Sánchez llegó al poder en 2018, Cebrián vio cómo su influencia se desmoronaba, hasta ahora, que ha sido expulsado del medio que fundó. No es solo una cuestión de contratos y exclusividades, sino de un cambio de guardia que refleja las nuevas alianzas y enemistades en el poder. Mientras Cebrián señala la pérdida de independencia del periódico y la purga de firmas críticas, en PRISA parecen satisfechos con su limpieza de primavera. Así que, ¿quién lleva la razón? ¡Eso queda para la próxima entrega del culebrón mediático!