12 mayo 1981
Su candidatura fue respaldada por UCD, PSOE y PCE
El diputado español José María de Areilza (CD-AP) elegido Presidente de la Asamblea del Consejo de Europa
Hechos
Entre el 12.05.1981 y el 24.01.1983 D. José María de Areilza ocupó el cargo de Presidente de la Asamblea del Consejo de Europa.
Lecturas
Acepto esta elección», afirmó Areilza, «como un homenaje a España y a su credibilidad democrática, que ha sido discutida últimamente».
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El Consejo de Europa, en 1981, era la principal organización paneuropea dedicada a la defensa de los derechos humanos, la democracia parlamentaria y el Estado de derecho, distinta de las entonces Comunidades Europeas (de carácter más económico). Fundado en 1949 y con sede en Estrasburgo, reunía a la mayoría de países democráticos de Europa occidental. Su órgano más visible era la Asamblea Parlamentaria, integrada por parlamentarios designados por los parlamentos nacionales de los Estados miembros, y encargada de debatir, emitir recomendaciones y supervisar el cumplimiento de los principios democráticos. En el contexto de 1981, sus retos incluían consolidar las democracias del sur de Europa —como la española, recién incorporada—, reforzar el sistema del Convenio Europeo de Derechos Humanos y mantener un espacio de diálogo en plena Guerra Fría. El presidente de la Asamblea era elegido por los propios miembros de esta, mediante votación interna entre los parlamentarios designados, lo que permitió la elección del español José María de Areilza para dicho cargo en mayo de ese año.
El Análisis
La elección de José María de Areilza como presidente de la Asamblea del Consejo de Europa constituye, sin duda, un reconocimiento internacional a su trayectoria política y a su perfil europeísta. Sin embargo, vista desde la política española, la designación tiene un innegable sabor a premio de consolación. Areilza fue uno de los nombres llamados a protagonizar la Transición: último ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno de Arias Navarro, interlocutor válido ante Europa y figura respetada en ámbitos diplomáticos. Pero cuando se abrió la posibilidad de liderar el nuevo tiempo político, el Rey optó por Adolfo Suárez, relegando a Areilza a un segundo plano del que nunca logró salir plenamente.
Desde entonces, su carrera ha estado marcada por oportunidades perdidas. Fue uno de los inspiradores del espacio de centro que acabaría cristalizando en la UCD, pero fue el propio Suárez quien capitalizó el proyecto arrebatándoselo. Más tarde intentó abrirse camino en el espacio conservador, pero ese espacio ya tenía su propio líder, Manuel Fraga, y cuando se asoció a él, lejos de beneficiarles, le perjudicó, pues quedaba claro que Areilza tenía mayor afinidad ideológica con UCD que con AP (y los votantes de AP lo notaban). Su último intento sería regresar a la UCD tras la caída del Duque, teniendo contactos con dirigentes para postularse para liderarlo. El partido era ya poco más que un esqueleto político. En ese contexto, la presidencia del Consejo de Europa aparece como el principal cargo institucional de su trayectoria, un reconocimiento exterior a un político brillante pero desdibujado en su propio país, cuya ambición de alcanzar la jefatura del Gobierno español quedó definitivamente en el terreno de lo que pudo haber sido y no fue.
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J. F. Lamata