2 marzo 1981

Tanto el periódico del Grupo16 como el periódico del Grupo PRISA consideran que el diario de DYRSA podría estar implicado en el intento de Golpe de Estado del 23-F

El director de DIARIO16, Pedro J. Ramírez, hace un llamamiento a lectores y anunciantes para que boicoteen al diario EL ALCÁZAR

Hechos

El 2.03.1981 DIARIO16 publicó un artículo firmado por su director, D. Pedro J. Ramírez sobre el diario EL ALCÁZAR, sus lectores y sus anunciantes.

Lecturas

Los ataques cruzados entre EL ALCÁZAR y DIARIO16 se venían produciendo desde julio de 1980. 

Después del intento de golpe de Estado en España del 23-F. Los periódicos EL PAÍS, que dirige D. Juan Luis Cebrián y DIARIO16 que dirige D. Pedro J. Ramírez, pusieron bajo su mira al periódico EL ALCÁZAR que dirigía D. Antonio Izquierdo como sospechoso de poder haber participado en la intentona golpista y de formar parte de su trama civil. En el caso de EL PAÍS publicó informaciones que señalaban la posibilidad de que el periódico de Izquierdo hubiera publicado consignas y mensajes cifrados para los golpistas, aunque no editorializó al respecto.

Pedro J. Ramírez fue mucho más lejos publicando artículos bajo su firma en los que pedía el cierre de EL ALCÁZAR para el cuál hacía un llamamiento a los lectores para que no lo compraran y a los anunciantes para que no le insertaran publicidad.

El asalto al Banco Central de mayo de 1981 recrudecería los ataques. 

 

 

01 Marzo 1981

El almendrazo

Antonio Izquierdo

Leer

Algunos medios de comunicación social y en particular dos periódicos, cuya vida y milagros podría escribir largas y sabrosas historias, EL PAÍS y DIARIO16, llevan siete días afanadísimos en acusar públicamente a un periódico -EL ALCÁZAR – y a un periódico – Antonio Izquierdo – de franca complicidad en el pronunciamiento que vivió España el pasado lunes día 23 de febrero. En una marcha ascendente, utilizando de una parte todas las técnicas más viles y rocambolescas, y de otra ejercitándose en la táctica marxista de la insistencia – «contra los cuerpos, la violencia, contra las almas, la mentira»- se ha propuesto dar un golpe: el asalto a EL ALCÁZAR y la detención de su director. De tal suerte que la publicación de una serie de artículos, escrupulosamente sometidos al dictado de la ley y firmados por el seudónimo Almendros les ha bastado para levantar su dedo acusatorio de fiscales de cheka y milicianos de paredón para practicar la violencia, canalla y miserable, de soliviantar unas almas a inquietar a unas mujeres y hombres que a costa de toda clase de sacrificios sostienen con honesta laboriosidad estas páginas.

EL PAÍS y DIARIO16 han preparado un golpe contra EL ALCÁZAR: «El Almendrazo». Lejos de toda serenidad intelectual o de todo análisis jurídico o de toda contemplación periodística, ellos han visto en nosotros los instigadores, los enlaces, los propagadores de consignas secretas… Y han puesto el agit-pro – ¿no tendrá lejanas justificaciones bancarias en Bruselas – alguno de estos voluntarios delatores? – A toda máquina con la intención clara – otra no puede existir – de echar a los ‘presuntos’ y glorificados terroristas sobre nuestras cabezas.

Tengo un modesto orgullo, aunque disciplinado, a la tentación de toda posible vanidad: una discreta inteligencia, una honradez acrisolada a lo largo de mi vida profesional y el valor necesario para circular por el mundo sin agachar la cabeza o arrugarme en un escaño. En alguna ocasión he sentido cerca de mí las armas asesinas de los ‘presuntos’ y glorificados terroristas y no salí corriendo, en otras ocasiones, vi cercado a EL ALCÁZAR por la pobreza, y no llamé a la Secretaría de Estado para la Información vendiendo a mi conciencia y la de mi periódico a cambio de cien millones de pesetas. Esa inteligencia discreta me ha permitido ver siempre, sin fáciles pasiones ni arrebatos irreflexivos, uno por uno los comentarios que en estas páginas se publicaron. He tenido la asistencia de un excelente equipo de colaboradores entre los que figura un eminente letrado – Miguel Ángel García Brera – que en su amor por este periódico y en su lealtad para con la Dirección, jamás deja de advertir cualquier coma, cualquier palabra que pudiera desvirtuar nuestras claras intenciones.

Desde el día 23 de febrero hasta hoy domingo, uno de marzo, he podido retirarme sin necesidad de esconderme. Todos los días he ocupado mi despacho a la misma hora y lo he abandonado cuando la edición primera entra en máquinas. Si alguno de estos golpistas de papel fuera simplemente meritorio en la larga escala de la profesión periodística se le habría ocurrido descolgar el teléfono y preguntar todo aquello que insinúa. No lo han hecho porque no son periodistas sino míseros jaleadores al dictado de un consenso que paga bien para que la opinión pública esté confundida para que se manipule la verdad para que se mienta con descaro.

Los artículos de Almendros que tanto les intriga, han sido publicados uno por uno bajo mi responsabilidad profesional y constituyen un espléndido documento de análisis de unas situaciones que ya empiezan a ser historia. ¡Cuántas cosas son ya historia de las que hemos venido advirtiendo en este periódico! Eso es todo. El que quiera saber algo que pregunte.

Dicho esto, reitero mi acatamiento a la suprema Ley de Dios, mi amor irrenunciable a España, mi cariño y respeto a las Fuerzas Armadas y a la de la Seguridad del Estado, incluidos en ella quienes hoy padecen prisión o arresto, mi resolución irrevocable de defender con la inteligencia, el corazón y con las armas si fuera preciso, la unidad, la grandeza y la libertad de mi patria y mi solidaridad con todos los hombres y mujeres de nuestro pueblo que no hayan dimitido de su condición de españoles. Poco más: sólo decir a nuestros lectores lo que ya es habitual en el lenguaje, castrense por origen, de estas páginas que me honro en dirigir: «¡Sin novedad en EL ALCÁZAR!».

02 Marzo 1981

Sobre el cierre de EL ALCÁZAR

Pedro J. Ramírez

Leer

Pese a ver constantemente impresos en sus páginas tod tipo de insultos y calumnias contra mi persona, defendí hace algunas semanas el derecho de EL ALCÁZAR a difundir sus ideas integristas frente a la sugerencia de Felipe González de cerrarlo.

Mí error de apreciación consititó en considerar al órgano de la Confederación de Combatientes tan sólo como un periódico de opiniones extremistas. Ahora tengo la convicción moral de que ha desempeñado un decisivo papel como parte del engranaje y la infraestructura del golpe. A ello me lleva la concatenación de una serie de indicios que van desde las relaciones entre el colectivo Almednros y alguno de los militares arrestados – pienso en concreto en el coronel San Martín – hasta las claves camufladas en la portada del domingo 22, pasando por los comentarios que un par de horas antes de la entrada de Tejero en el Congreso podrían escucharse en el ascensor por el que se accede al periódico.

Al margen de que EL ALCÁZAR sea clausurado o no en función de los resultados de las investigaciones en marcha y de la pertinente decisión de un juez, me parece importanet que aquellos ciudadanos de buena fe que adquieren ese diario porque critica ácremente una situación en la que, por desgracia, no faltan elementos agrios, tengan en cuenta que continuar haciéndolo significa apoyar una salvaje bellaquería como la del lunes. Eso mismo han de plantearse sus anunciantes y creo que, por ejemplo, los clientes, impositores y accionistas del Banco Español de Crédito deben empezar a inquerir de los repsonsables de la entidad las razones por las que EL ALCÁZAR recibe suculentas tajadas, impropias de su difusión, a la hora de repartir entre lo medios los presupuestos publicitarios del banco. Idéntico interrogante – con el aditivo de que los afectados somos ya todos los ciudadanos – hemos de transmitir a la administración de la justicia, a la vista de que EL ALCÁZAR es el periódico habitualmente elegido para la inserción de los edictos públicos. Los profesionales de la información hemos de preguntar, completamente, a la junta directiva de esa Asociación de la Prensa [presidida por Luis María Anson] que se arroga la representaión las razones por las que EL ALCÁZAR pudo ufanarse de contar con su amparo tan pronto como el GObierno esbozó sus primeras reacciones precautorias en un momento de verdadera emergencia nacional.

04 Marzo 1981

Personajes

Juan Blanco

Leer

La voz sionista y el gesto onanista del señor Múgica Herzog han comparecido en el coro gili contra EL ALCÁZAR, tirando la piedra y ocultando la mano como es habitual en este individuo cuyo historial de agitador e intoxicador en ambientes universitarios coinciden en el tiempo con aquel en que se prodjo el tiro en la cabeza al joven estudiante falangista Miguel Álvarez. Este submarinismo comunista en el PSOE, este especialista en el manejo de duchas de mano y con palabra fácil para el insulto, la calumnia, la injuria y la delación, se arrastra por covachuelas turbias a la consecuión de objetivos que rozan siempre con la milicia por su pretendido conocimiento del tema militar. El señor Múgica es el señor Herzog, lo cual explica muchas cosas de su actuación, presente y futura.

Otro de los medios en el coro de plañideras y seres equívocos es el señorito del sexto (por favor, no confundir con el mandamiento de igual número, no vaya a ofenderse el joven). El sexto es el número del piso de este mismo edificio donde, para desgracia del resto de los educados vecinos, se encuentra lo que en el mundo de la prensa se conoce por el ‘Grapo 16’ y el señorito del sexto no es otro que Pedro J. Ramírez, un monterilla del tres al cuarto conocido pisaverde, admirado lechuquino e incansable viajero hacia el excusado en la noche del 23 y la madrugada del 24, según es fama en este gigantesco edificio.

Pues bien, querido lector, este enemigo declarado de la gramática, de la profesión periodística (odia lo que desconoce) y de EL ALCÁZAR, moja la pluma en su propia sangre para ofender, horchata para enfrentar peligros, escupitajo, para la delación, y espuramajo para el embuste. Y así tenemos que este saltimbanqui tontiloco se lanza, cegado por el odio, contra el teniente coronel Tejero a quien califica canallescamente de ‘monigote oligofrénico disfrazado de teniente coronel de la Guardia Civil’ con lo cual insulta no sólo al Benemérito Instituto sino al Ejército de España, y contra EL ALCÁZAR. El señorito del sexto, con perdón, nos acusa poco más o menos que de directores del pronunciamiento, pide que, al ‘margen de que EL ALCÁZAR sea clausurado o no’ a nuestros lectores que dejen de comprar el periódico y a nuestros anunciantes que retiren la publicidad, por que si no lo hacen «significaría apoyar una salvaje bellaquería como la del lunes». Culmina al afirmar que la portada del domingo 22 de febrero tenía ‘claves camufladas’, lo cual, aparte otros considerados, muestra su ignorancia al colocar al barda sobre albarda, y al señalar algo incomprensible sobre ‘los comentarios que un par de horas antes de la entrada de Tejero en el Congreso podían escucharse en el ascensor por el que se accede al periódico». Tras la zapateta, el bufón del sexto, con perdón, golpea su vejiga y pide un gobierno de Frente Popular.

El último de los señoríos – los tres están hermanados – en el repelente niño de Vicente, el joven que todo lo aprendió en los libros comprados con el dinero ganado en Falange Española Tradicionalista y de las JONS, y en el Colegio del Pilar, pagado con los mismos fondos. El señorito de EL PAÍS es más listo y ha adquirido superior formación intelectual que el del sexto, con perdón, de ahí que actúe más cauteloso. El señorito Janli Cebrián no firma, no. Hace que sus editorialistas se especialicen en la mentira; y algunos de sus redactores se afine en la denuncia solapada, en el ‘se dice’, ‘se afirma’ o ‘según fuentes oficiosas’. El repelente niño de Vicente, no se compromete, no. Se conforma cn rumiar sus fracasos, sus dios y sus resentimientos.

Señoritos todos: «Sin novedad en EL ALCÁZAR’, según reza el último parte firmado por nuestro director, Antonio Izquierdo. Sepan que no nos vamos a rendir, así que les espera un futuro de sufrimientos, sin claves camufladas, claro.

El Análisis

"El Sr. Blanco, supongo"

JF Lamata

Pedro Jota pedía abiertamente el cierre del periódico EL ALCÁZAR tras el 23-F, incluso deslizando alguna fake-news como lo que llegó a publicar DIARIO16 de que el director rival, Antonio Izquierdo, había estado en el Congreso durante la intentona golpista, dato que luego tuvieron que desmentir.

Pero lo más original es que DIARIO16 y EL ALCÁZAR eran vecinos, dado que las redacciones de ambos periódicos compartían edificio. Hasta el punto de que el joven y visceral subdirector de EL ALCÁZAR, Juan Blanco, aseguró a sus compañeros que si alguna vez coincidía en el ascensor con Pedro Jota le escupiría.

Enterado de tal afirmación, Pedro Jota se limitó a comentar a los suyos de que sí en algún momento en el ascensor veía que un desconocido escupía podría decirle «el señor Blanco, supongo. Mucho gusto».

J. F. Lamata