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Recuerda que cuando la ONCE compró EL INDEPENDIENTE este ya tenía pérdidas de 7.000 millones de pesetas

El Director General de la ONCE, Miguel Durán Campos, responde a las críticas contra su institución realizadas por Francisco Umbral (EL MUNDO) en su libro ‘La Década Roja’

HECHOS

El 25.04.1993 el diario EL MUNDO publicó la carta de D. Miguel Durán contra D. Francisco Umbral.

 

 

"La Década Roja"

Francisco Umbral

1993

Un ciego se ha paseado por esta democracia como un príncipe desgraciado y poderoo, entre harapos de sombra, atravesando salas de negrura, consejos de administración, túneles financieros, lagos nocturnos, el pajar de los millones, plazas blancas en su imaginacion, emisoras de radio, multitudes, vacíos negros y periódicos.

Miguel Durán viene ya de un pozo de sombra, de la muerte de su antecesor de la ONCE, que se cayó por el hueco del ascensor, como debe ser la muerte cinematográfica de un ciego. Sobre esos escombros de noche edifica y cimenta su imperio Miguel Durán, que es el príncipe de los mendigos sin ojos que venden la felicidad en calderilla del cupón. Lo que con Franco sólo había sido una obra de caridad/crueldad, los socialistas saben aprovecharlo hasta convertir la ONCE en una multinacional y a Durán en el gestor de empresas y millones, como hombre que, al no ver, no distrae los sentidos en el mundo exterior y concentra toda su inteligencia en la abstracción sigilosa del dinero.

Durán llega aser la herramienta negra y eficaz del PSOE en muchas cosas, pero también lucha por su propio imperio, toma decisiones personales.

Durán, que estuvo a punto de irse a vender cupones a una esquina, hoy desatiende la curación de las cegueras prematuras culpables, y la pensión a las viudas de ciegos. Durán, en un proceso freudiano muy elemental, quiere compensar su ceguera con su gran poder social. Así en cinco años ha levantado una de las primeras empresas privadas de España después de El Corte Inglés. Durán vive para las lozanas mujeres de la beautifule, a las que no ve, para el pder y el dinero. Cuando aceptó la protección de los minusválidos fue porque veía en cada minusválido una fuente de ingresos y una pensión del Estado. Luego les deja tirados. Con el cuponazo, Durán compite con las grandes loterías estatales, pues que además, como obra benéfica no paga impuestos.

La ONCE sobre la eficacia de Durán, añade ya digo el antifaz de la ceguera y la ocartada de una obra benéfica. Es el instrumento ideal para entrar y salir en las empresas privadas como los ciegos entran y salen en las tiendas y los restaurantes sin que nadie les diga nada ni sospeche de ellos. Así ha sido la biografía de nuestro iego en la década socialista, y ya cuando Durán llega a TELECINCO es cuando España se convierte en un mundo borgiano, en un país a lo Ray Bradbury, donde la televisión la dirige un ciego.

Luego Durán pasaría a controlar una radio, Onda Cero, que le compraron barato a un viejo loco [Ramón Rato]. Hoy es una gran emisora, seguramente un negocio y por supuesto un instrumento al servicio del Poder. Durán perdería progresivamente protagonismo.

EL INDEPENDIENTE era un periódico con mucha lectura que dirigía Pablo Sebastián. Se vendía poco y se leía mucho. Luego vendría Miguel Durán, el ciego, a comprar y liquidar EL INDEPENDIENTE, o sea que el Gobierno lanzaba a los invidentes de la ONCE contra los clarividentes de EL INDEPENDIENTE (lectores y redactores). Una batalla surrealista que naturalmente ganaron los ciegos.

Miguel Durán. A mí me hizo una oferta millonaria para irme a EL INDEPENDIENTE y no la acepté precisamente por eso. Porque quiero ser independiente. Y no por razones éticas, sino porque creo, como Larra, que la única fortuna que tiene el escritor es su firma, siempre que sea ética.

El ciego travieso, por el mismo hueco del ascensor, negro sorbe negro, que cayó su antecesor en el cargo, Durán ha acendido, desde el pozo de su ceguera a la espuma sucia y financiera de los días, y su penúltima operación (la última no se sabe) ha sid nombrar a Jáuregui como dirctor de EL INDEPENDIENTE. El baile de los direcores que hoy vive la Prensa nacional no es sino una película muda y acelerada donde todos entran y salen a un ritmo dominical y cómico, Miguel Ángel Aguilar, Gozalo, Martínez Soler, etc, son profesionales que parecen haberse profesionalizado en cobrar despidos y esto culmina con los cien millones que le dan a Pablo Sebastián por dejar EL INDEPENDIENTE.

Parretti, el judio Hachuel, Rich y Benedetti son los tiburones extranjeros que están comiendo del cadáver exhausto de España.

25 Abril 1993

PACO UMBRAL O EL MARTILLO DE LOS CIEGOS

Miguel Durán Campos

QUIERO explicar, primero, que escribo estas líneas con la venia del director, venia que agradezco estrictamente en lo que vale, que no es poco, teniendo en cuenta que son las páginas de este rotativo las que suele utilizar el «divino» Paco Umbral. Paquito, el botones bancario de otro tiempo, crecido ahora en las mieles del posmodernismo y del engolamiento literario se permite en su último esperpento, titulado La década roja, escudriñar en la sociología de los ciegos españoles; sin duda, creído de que su continuidad publicadora arredrará a más de un cobarde que no le querrá contestar o no suscitará la necesaria rebeldía en algunos inteligentes que pasan olímpicamente de él, de sus exabruptos y de su pretendida maestría.

Ni soy un cobarde, ni me tengo por inteligente; por eso contesto, brevemente, en las páginas de este periódico al lenguaje perripuerco y deslavazado que utiliza Umbral contra los ciegos y contra mí, aunque no me importa lo que de mí piense, sino las falacias que siembra sobre nosotros, los ciegos. Soy consciente de que, contestando, favorezco la difusión de los papeles que emborrona el amigo Umbral bajo el título de La década roja, y me arriesgo a ser la antítesis de Mercedes Milá. Pero, desde ahora, relevo a Francisco Umbral de cualquier compromiso económico por la publicidad que le hago, tan preocupado como está porque se hable de su «libro». Quiero decir, simplemente, que si las verdades del mencionado «libro» son todas como las que se explican sobre nosotros, los ciegos, «por el mar corren las liebres y por el monte las sardinas». Los divinos, «los puretas de la comunicación», los ayatolás de la ética me dan miedo y asco, y el señor Umbral es divino, sin duda; «pureta de la comunicación» porque no cobra nunca (o sea, nadie le podrá tildar jamás de «cobrón», quiero decir: nadie que no le conozca bien), y es ayatolá porque ¡Dios nos libre de su manto! Por eso, quiero prevenir, desde mi ceguera militante, a todos los lectores acerca de la necesidad de leer al señor Umbral con gafas, pero eso sí: gafas anticontaminación. Paco, permíteme que te tutee, hombre, aunque eres mucho más viejo que yo en edad y en sabiduría: yo nunca te hice una oferta para venir a EL INDEPENDIENTE, te la hizo Manolo Soriano por su cuenta y riesgo, yo me enteré de la pifia a posteriori y me alegré de que Pedro J. te retuviera porque nos evitaba pagar una millonada más de las millonadas que ya se estaban pagando. En cuanto al resto de la historia de EL INDEPENDIENTE te remito a la que escribiré, y daré a la Asociación de la Prensa en su día, para aclaraciones de falsedades y escarnio de fementidos, pero sí te quiero apuntar que, si la ONCE no se hubiera hecho cargo en abril de 1991 de EL INDEPENDIENTE, ese periódico se hubiera cerrado en ese mismo momento, porque «su gestor principal» ya lo tenía en unas pérdidas superiores a siete mil millones de pesetas. Reconozco, eso sí, que su gestor principal, travestido ayer y hoy bajo seudónimo periodístico, se las ingenió para hacerme tragar un regalo envenenado, largándose, por su propia voluntad y no porque yo lo cesara, con cien kilos en su bolsa. Y, con la complicidad de otros medios que tuvieron buen interés en eliminar un competidor, hizo creer a la opinión pública que nuestra llegada a EL INDEPENDIENTE era una maniobra socialista, restando, así, la poca capacidad de subsistencia que EL INDEPENDIENTE tenía.

Pero ya te digo, Umbral de Mercedes Milá, recogedor de publicidades de tu libro, que ni los ciegos somos lo que planteas en esas páginas, ni te has preocupado jamás de conocernos; escribes de oídas (ojalá, nunca te quedes sordo) pero sin contrastar; te autoimpones la púrpura de los importantes; me llamas príncipe, título que rechazo y, también me llamas ciego, condición que asumo con tranquilidad y deseándote que tú nunca lo seas; envileces, con tu prosa deshilachada, hasta las más nobles actitudes (tú dirías que las emputeces, pero las putas son decentes y tú no). Dime, Paco, por favor, quién del Partido Socialista te paga doblones sin cuento para conseguir, mediante el efecto de rebote, que, por tu prosa antisocialista, unos cuantos indecisos voten al PSOE. Yo te reto, vidente de lo escabroso, componedor de falsedades, padre de mil infundios, a que seas capaz de tragar tu vergüenza; tu vergüenza mercantil, puesto que tú me acusas de negociante; tu vergüenza de comerciante del intelecto, exhibida el otro día en ANTENA 3, sin ningún pudor. Yo te reto a que seas capaz de probar cualquiera de las afirmaciones que haces sobre los ciegos, a quienes no conoces porque, probablemente, cuando hablas de nuestra dignidad no has analizado ni siquiera la tuya. Yo te reto, hombre vidente de pluma fácil, a que seas capaz de probar que todo lo que infamas y estercolas es tan negro como el pozo en el que nos quieres sumir otra vez, y te sigo deseando, cobrón de Mercedes Milá, de EL MUNDO y de tantas otras cosas, que nunca te quedes ciego, porque me encantaría retarte de igual a igual; porque sé mucho más de ti que no escribo, por no parecerme a ti.

Miguel Durán (Director General de la ONCE)

Aclaro que escribo, exclusivamente, bajo mi responsabilidad, no como director general de la ONCE, pero sí como ciego que, como tantos otros, no está dispuesto a volver al pozo de miseria donde tú, y otros, nos queréis sumir, porque, ni tú puedes con la sociedad, ni la sociedad, pese a lo que tú intentas, está pendiente de ti, sino que aplaude los «buenos palos de ciego».

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