23 noviembre 1991
Fracaso también de España que apoyaba Javier Pérez de Cuellar siguiera siendo el Secretario General
El egipcio Butros Butros Ghali asume el cargo de Secretario General de la ONU derrotando al africano Bernard Chidzero
Hechos
En noviembre de 1991 Butros Butros Ghali, viceprimer ministro de Egipto, fue nombrado Secretario General de la Organización de Naciones Unidas.
Lecturas
RELEVO EN LA ORGANIZACIÓN DE NACIONES UNIDAS.
Butros Butros Ghali [Boutros Boutros-Ghali], 69 años, viceprimer ministro egipcio y uno de los artífices de la cohesión mostrada por la mayoría de los gobiernos árabes frente a Saddam Hussein, se convertirá el enero en el sexto secretario general de la ONU desde su fundación en 1945. Ghali sucederá al peruano Javier Pérez de Cuellar, en el cargo desde 1982, después de superar ampliamente a Bernard Chidzero, ministro de Finanzas de Zimbabue (antigua Rhodesia). El diplomático euipcio que acompañó al asesinado Anwar El Sadat en su histórico viaje a Jerusalén en 1977, contó con el apoyo occidental y de los regímenes moderados africanos, mientras que Chidzero habría sido respaldado por los africanos más radicales. Después de tres secretarios generales europeos (Lie, Hammarskjold y Waldheim), Ghali será el tercer diplomático que ocupa el cargo procedente del Tercer Mundo, con U Thant y Pérez de Cuellar, aunque el saliente afirmó ticamente la semana pasada, en una reunión con periodistas españoles, que ‘a mí no me consideran del tercer mundo porque soy blanco’. En la votación del Consejo de Seguridad, Ghali obtuvo votos a favor y 4 abstenciones, Chidzero, 7 votos a favor, 2 en contra y 6 abstenciones.
–
El representante de España en la ONU, D. Juan Antonio Yáñez, se mostró favorable en la votación de que hubiera seguido al frente de la ONU el Sr. Pérez de Cuéllar, opción que fue descartada por el propio Cuellar.
El Análisis
La elección del egipcio Boutros Boutros-Ghali como sexto secretario general de Naciones Unidas abre una etapa completamente nueva para una organización que acaba de perder el marco político en el que había vivido desde su nacimiento. El Consejo de Seguridad lo recomendó el 21 de noviembre de 1991, con 11 votos favorables, ninguno contrario y cuatro abstenciones, y la Asamblea General lo designaría por aclamación el 3 de diciembre para asumir el cargo el 1 de enero de 1992. El gran derrotado de la selección fue el zimbabuense Bernard Chidzero, ministro de Finanzas y veterano funcionario internacional, que llegó a encabezar alguno de los sondeos internos y habría sido el primer secretario general negro africano; pero no consiguió reunir suficiente apoyo fuera del bloque africano. Boutros-Ghali tampoco responde exactamente al perfil que algunos imaginaban cuando reclamaban un secretario general «africano»: es un árabe egipcio, cristiano copto, jurista, académico y miembro de una familia de la élite política egipcia. Su gran carta internacional es su experiencia junto a Anwar el-Sadat: ministro de Estado para Asuntos Exteriores desde 1977, participó en la cumbre de Camp David de 1978 y en las negociaciones que desembocaron en la paz entre Egipto e Israel. Desde mayo de 1991 era viceprimer ministro para Asuntos Exteriores.
Su tarea será bastante diferente de la que recibió Pérez de Cuéllar en 1982. El peruano tuvo que administrar una ONU bloqueada por la rivalidad permanente entre Washington y Moscú; Boutros-Ghali llega cuando la Unión Soviética está literalmente desapareciendo, el Pacto de Varsovia ya no existe y Estados Unidos aparece como única superpotencia. Eso podría convertir por fin al Consejo de Seguridad en el mecanismo efectivo de seguridad colectiva que sus fundadores imaginaron: la Guerra del Golfo acaba de demostrar que las grandes potencias pueden votar conjuntamente y utilizar las resoluciones de Naciones Unidas para actuar contra una agresión internacional. Pero también contiene un peligro que el propio Pérez de Cuéllar advertía al marcharse: una ONU sin Guerra Fría puede ser más operativa, pero también puede acabar demasiado subordinada a la única superpotencia superviviente. Boutros-Ghali tendrá que enfrentarse además a una organización casi en bancarrota, a conflictos abiertos en Camboya, Angola, Somalia, Oriente Próximo y Yugoslavia y a una nueva pregunta: qué debe hacer la ONU cuando ya no se trata simplemente de mantener separados a dos Estados, sino de intervenir ante guerras civiles, Estados que se descomponen y matanzas internas. Ahí puede resultar útil precisamente su mezcla de africano, árabe, cristiano, jurista y diplomático acostumbrado a negociar entre mundos enfrentados. Pérez de Cuéllar fue, en buena medida, el secretario general que asistió al final de la Guerra Fría; Boutros-Ghali tendrá que demostrar si Naciones Unidas sabe qué hacer después de haberla ganado Occidente.
J. F.