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Logró con su Renault su tercera plaza en el Gran Premio de Brasil

El español Fernando Alonso entra en la historia al convertirse en ganador más joven en un podium de la Fórmula 1

HECHOS

El 26.09.2005 la prensa española informó de los resultados de D. Fernando Alonso, corredor de ‘Fórmula 1’ en el Gran Premio de Brasil.

26 Septiembre 2005

Alonso grita su rabia al mundo

Alfredo Relaño

Fue a las 20:33. El coche de Alonso pasó tercero por la línea de meta, tras las flechas de plata, delante de Michael Schumacher, el campeón destronado, al que el destino reservó ese papel simbólico de escolta del nuevo campeón. Todos respiramos por fin porque la mecánica de última generación también la carga el diablo y en este país tan futbolero todos sabemos, porque lo pregonó Molowny, que hasta el minuto noventa nada está decidido. Todos respiramos, el Rey descruzó los dedos y Alonso se bajó del coche y gritó su rabia al mundo. La rabia contenida de un muchacho que ha luchado mucho por alcanzar ese sueño. ¡Toma, toma y toma!

Respetemos su rabia, gritada desde la cima a los cuatro vientos. Es verdad que sólo el feroz empeño de su padre más el talento y la capacidad de superación descomunales que atesora le han permitido llegar hasta ahí. En un deporte nuevo en España, prácticamente desconocido, ha sido pionero y ha sufrido como tal. Todos esos con los que compite han tenido posiblemente un camino más fácil, más tutelado, con más ayuda oficial, sin tantas renuncias, sin tantos riesgos de que si un solo año las cosas no salen óptimamente te toque apearte del tren y verlo partir, cargado de otros que valen menos, pero que han tenido mejores padrinos.

Esa es la rabia que ayer se le escapaba por las costuras de su traje ignífugo. Pero debe saber que no ha sido el primero que ha recorrido un camino así para llegar a lo más alto. A los clásicos, el suyo nos recuerda el caso de Bahamontes, que se hizo ciclista cargando frutas, o de Santana, de recogepelotas a campeón, o de Ballesteros, ese caddie que vistió chaqueta verde… Claro que son otros tiempos y que el país es otro. Pero a él le ha tocado abrir zanja, como hicieron aquéllos. Porque conocimos sus dificultades les quisimos y les querremos más. Como a Alonso, que nos ha dado una satisfacción nueva, desconocida, inmensa. Gracias, campeón.

25 Septiembre 2005

En la cumbre

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

Fernando Alonso, como se anunciaba, se ha proclamado campeón del mundo de fórmula 1 en Brasil, dos carreras antes de que acabe el campeonato. Desde hacía varias semanas tenía el título en el bolsillo y ha sido el circuito Interlagos, de São Paulo, el que ha proporcionado al joven piloto, de 24 años, su día de gloria total. No es nuevo que los deportistas españoles destaquen en numerosas disciplinas, generalmente solitarias, pero la hazaña del corredor asturiano, que se ha hecho con el cetro que parecía soldado a Michael Schumacher, tiene elementos que la hacen especial.

Alonso se ha convertido en el más joven campeón de la historia de una competición muy particular, en el nivel de exigencia más alto, en la que sólo participan una veintena de pilotos, de los que escasamente media docena tienen posibilidades de ganar. Son atletas completos, que se montan en bólidos que alcanzan más de 300 kilómetros por hora, que deben tomar decisiones constantes en fracciones de segundo mientras calculan múltiples variables. Y que al tiempo que cabalgan el sueño inasible de la velocidad mantienen una explosiva mezcla de tensión y sangre fría.

El muchacho ovetense representa además uno de esos casos en nuestro deporte en que las gestas individuales son capaces de abrir una veta apasionada de interés general por la disciplina de que se trate; como Santana fue al tenis; Ángel Nieto, al motociclismo, o Indurain, al ciclismo. Alonso ha roturado esta brecha en una especialidad, el automovilismo de gran competición, que carece de tradición en España. En el singular mundo de la fórmula 1, su victoria alienta el proyecto europeo ahora renqueante: un español a bordo de un bólido francés cuyo chasis se construye en el Reino Unido, y con un director italiano.

Hemos tenido buenos pilotos, incluso grandes números uno. Por citar dos casos sobresalientes, Nieto sumó 13 campeonatos mundiales en pequeñas cilindradas, y Carlos Sainz se ha retirado recientemente con dos títulos mundiales de rallies. Pero lo de Alonso parece estar en otra dimensión, impuesta en parte por las connotaciones de la fórmula 1: la de los límites de la más alta tecnología, el profesionalismo más extremo y la fuerza mental más potente. Uno de sus retos va a ser el de gobernar su nueva condición de icono mundial.

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