12 mayo 2004

Formarán parte de él D. Emilio Lledó (Presidente), Bustamante, Camps, Savater y Urbaneja

El nuevo Gobierno de Zapatero crea un ‘Consejo de Sabios’ para que redacte un informe sobre cómo hacer una nueva RTVE más independiente

Hechos

El 12 de mayo de 2004 Compareció en público la Vicepresidencia del Gobierno con el ‘Consejo de Expertos’ para RTVE creado por Real Decreto que entró en vigor el 25 de abril de 2004.

Lecturas

EL COMITÉ DE EXPERTOS PARA GARANTIZAR LA INDEPENDENCIA DE RTVE NOMBRADO POR EL PSOE

  • – D. Emilio Lledó (Presidente)
  • – D. Fernando González Urbaneja.
  • – Dña. Victoria Camps.
  • – D. Enrique Bustamante.
  • – D. Fernando Savater.

22 Febrero 2005

Servicio público

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

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La comisión de sabios que debía elaborar unos criterios de actuación sobre los medios de comunicación públicos del Estado (RTVE y agencia Efe) entregó ayer al Gobierno sus conclusiones, que parten de una evidencia a veces olvidada en la práctica: se trata de un servicio público. Han sido nueve meses de trabajo. Si en el estudio del análisis académico ya se han presentado fracturas -uno de sus miembros ha hecho pública su discrepancia- es previsible que, cuando el tema llegue a la arena política, el debate se complique mucho más. La triste tradición del discurso político sobre los medios de comunicación públicos demuestra su perenne contaminación de groseros cálculos sobre el control partidista de los mismos.

El reto del Gobierno fue un ejercicio higiénico: apelar a voces independientes para que presentaran una alternativa al actual modelo de radio y televisión públicas, para evitar primero el perpetuo sometimiento a los dictámenes del Gobierno de turno, y mejorar a la vez los contenidos de la televisión estatal. El informe parte de dos premisas: que sus propuestas sean algo más que jaculatorias de buenas intenciones y confiar en la inteligencia del espectador. ¿Consume la audiencia productos banales porque ella misma tiene un alma banal o las altas cotas de audiencia que obtiene la banalidad se debe a que no se le ofrece más alternativas?

La propuesta aborda el organigrama directivo, la financiación y los criterios generales de programación. En el primer capítulo propone una medida indiscutible: que los cargos del consejo de administración tengan una permanencia de seis años, desvinculando su continuidad del calendario electoral cuatrienal, fórmula vigente que vicia los cargos al asociarlos automáticamente con los resultados electorales. Cuatro de sus miembros serían elegidos por el Parlamento; dos, por el nuevo Consejo Audiovisual y, lo que puede crear agravios comparativos, otros dos, por las centrales sindicales mayoritarias. Entre las atribuciones de este consejo figura, como novedad, la elección del director general de RTVE por concurso público, como ocurre en la BBC, una medida renovadora que permitirá ver anuncios en prensa en busca del candidato adecuado.

La idea de un organismo regulador no es nueva. Ya el Senado, por consenso, la propuso en 1995, aunque la política cotidiana se encargó luego de que pasara a dormir el sueño de los justos. Ahora resucita, pero necesitará de verdadera voluntad política para que exista y tenga poderes para ejercer sus facultades. El Consejo Audiovisual sería el responsable de velar por el cumplimiento de las misiones de un servicio público y de la ejecución de gasto. A este respecto, el capítulo sobre la financiación «prohíbe un nuevo endeudamiento», reduce la publicidad en la primera cadena de TVE, que aportaría el 40% de los ingresos, y propone una financiación pública del 45%-50%. Se trata, según el informe, de impedir que «la presión comercial desnaturalice el servicio público». Menciona la necesidad de «plantillas adecuadas», pero evita dar recetas claras contra el gigantismo inadministrable de RTVE y parte de poner a cero el reloj de la deuda mediante su asunción por el Estado.

Los enunciados del informe sobre los criterios de programación son lógicos, pero la aceptación de indicadores cuantitativos y cualitativos para el control de su cumplimiento es otra de las tareas pendientes. Ahora hay que discutir a fondo, ajustar y aplicar los criterios enunciados. Las propuestas de los sabios deben tenerse en cuenta como lo que son: propuestas, que exigen un gran debate público, sobre todo si se trata, como parece, de un intento de crear un nuevo modelo de medios de comunicación audiovisuales.

Éste es un campo en el que fácilmente se puede incurrir en el arbitrismo o en los excesos de la imaginación creativa, que con frecuencia alumbra resultados catastróficos en forma de nuevas burocracias inútiles o de controles absurdos. Parangonar las fórmulas que pueden ser útiles para la radio o la televisión públicas con las que necesita una agencia de noticias, por ejemplo, puede dar lugar, quizá, a fórmulas de un intervencionismo rechazable. De ahí que merecerán un análisis más pormenorizado las propuestas sobre la agencia Efe, que en muy pocas cosas permite un tratamiento similar al que recibe RTVE y, sin embargo, forma parte del encargo recibido por el comité para realizar su dictamen. Una vez consultados los sabios, la sociedad española necesita ahora que sus políticos no la defrauden en este empeño.

02 Agosto 2004

Ahórrate el consejo

David Trueba

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Aún queda gente por ahí que imagina al asesino a sueldo con los rasgos míticos de las viejas películas. Duro, desalmado, cínico, pero profundamente romántico y hasta frágil. A veces veo alguna de esas películas y me echo a reír. Si pudieran verme. No creo que les gustara saber que un asesino a sueldo tiene el aspecto gris de un contable invisible. Barriga prominente bajo la camisa gastada, el cuello desbordado por encima de la corbata y el pantalón de tergal gris caído a mitad del culo. No creo que sospechen, al verme con las gafas cuadradas de concha resbaladizas sobre mi nariz sudada y mi pelo graso peinado en autoritaria raya, el oficio al que me dedico. Un oficio que no anuncio en las páginas amarillas. Quien necesita mis servicios sabe dónde dar conmigo.A veces malgasto el rato del ascensor hasta mi sexto piso imaginando los empleos que mis vecinos me asignan en su previsible imaginación.Cuando alguien me cita para encargarme un trabajo, alguna labor de exterminio como me gusta a mí llamarlo, noto también que al encontrarse conmigo por primera vez no saben reprimir un gesto de decepción, esperaban algo más acorde con sus sueños. Ignoran que la realidad es un zapato viejo y gastado que se ajusta al pie como una segunda piel.

En aquella mujer también noté la decepción. Me recibió en un despacho cursi, con su vestido de Chanel que ella creía que resaltaba sus aún vivos encantos. Supe inmediatamente que tan sólo era una empleada, la encargada de arreglar conmigo los sórdidos términos de nuestro acuerdo laboral. No me importa no saber para quien trabajo, casi lo prefiero, pero ante mi falta de curiosidad siempre es el otro el que se lanza a dar explicaciones que nadie pide.Si quieres hacer hablar a alguien, no le preguntes.

-Le sorprendería saber la gente que le encarga este trabajo.No es un particular ni una empresa concreta. Llamémoslo un grupo, pero no piense en un grupo pequeño y organizado, sino más bien en un magma de intereses. ¿Entiende lo que le digo?

-No me paga para que le entienda, imagino que me paga para que haga el trabajo.

Por supuesto que ser un asesino a sueldo no siempre implica terminar de modo violento con alguien. Quizá también ustedes se hayan dejado llevar por la imaginación. No, a veces el asesino a sueldo puede cumplir perfectamente con su trabajo sin derramar una gota de sangre. Se trata de poner a la víctima fuera de circulación.¿Alguien molesta? Lo apartamos. De alguna manera somos como el primer reemplazo de obreros que limpia y aplana el lugar por el que luego otros trazarán la carretera. Ya casi nunca estrangulamos ni trucamos unos frenos, ya apenas fingimos un robo sangriento y cruel, es raro que recurramos a un francotirador o al veneno imposible de detectar. Todo eso sucedía cuando nuestro trabajo era burdo y primario. Los tiempos cambian. El asesino a sueldo ha perfeccionado su sistema, nos pagan por demostrar nuestra sutileza. Somos una rama más de los turbios gabinetes de asesoramiento.Asesoramos al enemigo para que se esfume. Desesperamos al último inquilino de un edificio que se quiere vender, acojonamos al deslenguado que quiere alzar la voz inoportuna, quitamos de en medio a quien pone trabas al desarrollo, a la riqueza, al negocio.Y lo hacemos cobrando.

El encargo de aquella mujer no era especialmente complicado.Me entregó un dossier anónimo y cargado de datos. Al parecer existía una comisión de trabajo encargada de dictar un nuevo sistema de televisión, independiente, libre, aislado de presiones políticas y comerciales, limpio e imaginativo. Vulgarmente eran conocidos como consejo de sabios. Me hizo gracia que alguien aceptara ese nombre sin rechistar. Sonaba bastante petulante.Cuando levanté la vista del informe vi a mi interlocutora morderse el labio. La tranquilicé.

-¿De verdad creen que me necesitan para esto? Me temo que esta gente habrá tirado la toalla antes de darse cuenta de que su labor es imposible. Y si llegan a alguna conclusión lo más normal será tirarla a la papelera sin detenerse a leerla.

-Puede ser. Pero mis representados creen que merece la pena adelantarse a cualquier veredicto.

En eso tenían razón. Siempre era mejor eliminar al jurado antes de esperar a que te absolviera. Tocar jueces era otra de mis especialidades, enterarme si tenían un hijo sin un empleo rentable, una esposa con vicios caros, un rinconcito donde saciar sus instintos básicos. En este caso se trataba de dar un baño de lodo a los sabios hasta que sus opiniones tuvieran la misma importancia que el alegato de una cucaracha instantes antes de ser pisada sobre el terrazo de un baño.

-Pero no sea zafio-, me adviritió la mujer-. Tenga en cuenta que algunos son ciudadanos ejemplares, catedráticos, intelectuales, gente respetada. Nadie toleraría un trabajo poco fino.

-Usted mantenga la billetera abierta, iré necesitando su colaboración, pero deje en mis manos la labor de exterminio, por favor.

Tenía sus fotos, sus direcciones, sus cuentas bancarias, sus historias personales y las de sus familias. Conocía cada debilidad de su carácter y cada tropiezo de su ejemplar vida pública. De algunos me sonaba la cara y el nombre, otros debían ser sabios más retirados porque me eran completos desconocidos. Pero el cliente que me había contratado ponía fácil la labor. Gente de la prensa y los negocios, de la política y el poder, comerciantes, empresarios, interesados todos en que la televisión en España siguiera siendo una fábrica de borricos y estúpidos. Fabricantes de idiotas que necesitaban de una producción masiva de idiotas para seguir multiplicando los beneficios. Me extrañaba que tuvieran miedo al designio de aquellos sabios bastante desinformados por lo que ellos mismos reconocían. No pasarían de proponer algún programa cultural aburrido que se suprimiría por falta de audiencia, un tono informativo más profundo que pronto algún contratado menos escrupuloso se ocuparía de desmontar y convertir de nuevo las noticias en lametazos al poder, unos consejos directivos que no sería nada difícil de poner a sueldo como había sucedido en otras ocasiones. Pero, ¿por qué temían tanto a los sabios como para llamarme? ¿Tan poco confiaban en la implantación de su trabajada estructura social? ¿O tan sólo lo hacían por no dejar ninguna posibilidad viva? ¿O acaso les asustaba que se lograra una mínima conquista democrática?

La labor era tan sencilla que aquella noche salí a cenar para celebrar el dinero tan fácil que me iba a embolsar. Elegí un restaurante de esos de diseño y platos etéreos donde sabía que les perturbaría mi soledad y mi aspecto. Varias veces me habían confundido con un enviado de la guía Michelin y había disfrutado al ver temblar al servicio. Sobre la mesa del restaurante, en mi pequeña libreta de notas diseñé las fases del trabajo.

Bastaría dejar pasear por el asunto la pluma agradecida de tanto articulista cínico para ir creando el estado de ánimo escéptico.Al fin y al cabo la prensa es la primera interesada en que la prensa sea una mierda. Luego dos o tres intervenciones de profesionales, muy puntuales pero bien elegidas, gente que adelantara un supino desprecio por las conclusiones. Si aquel comité había sido tan torpe de dejarse llamar sabio no sería nada difícil prostituir el término, convertirlo casi en un chiste generalizado. Nuestro país es un paraíso para el descrédito. No existe un lugar en el mundo en el que la inteligencia sea tan sospechosa y despreciable.Quizá algún rumor maledicente, algún pequeño vicio o algún amigo incómodo que poner en conocimiento de la sociedad. Poner altavoz al hecho de que uno de ellos se comprara un televisor para poder cumplir el encargo, que otro no supiera idiomas. Tarea de niños.Si no bastaba con ridiculizar sus primeros pasos de ciego, habría que aprovechar su lentitud, dejar que el tenso ambiente político hiciera el resto: nadie terminaba por ser tan idiota de estar en el poder y entregar su arma de control más evidente.

Me tomé una copa en el bar de la esquina, con su olor a cerveza seca y hueso de aceituna escupido. Del fondo llegaba el rumor de un programa de tele, lleno de histerias personales y fingidas disputas. Piensen que para un asesino a sueldo todas las esquinas oscuras, todos los charcos y ratoneras inhóspitas son buenos lugares para dejar un cadáver abandonado. Y nuestra ciudad está llena de callejones, de contenedores de basura repletos, de traseras abandonadas, de vertederos ilegales. A veces veo a toda esa gente aparentemente normal hablar por los móviles, trajeados pero al amparo de un portal o en el anonimato de la mitad de la calle y sé que tienen asuntos sucios entre las manos. Reconozco a los corruptos con sólo mirarlos y en este país abundan tanto que un tipo honrado termina por sentirse o tonto o culpable. Pocos trabajos me iban a resultar tan sencillos como éste. Cargarme a esos elegidos, a esos sabios del audiovisual. Si por mí fuera, ya podrían ir diciéndole a esa gente tan inocente: «amigo, ahórrate el consejo».

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David Trueba

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Director de cine, con películas en su haber como ‘La buena vida’, también ha probado suerte en el terreno de la narrativa. Entre sus títulos, ‘Abierto toda la noche’.

27 Junio 2005

UN LISTO, ZAPATERO

Luis María Anson

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RTVE ha estado siempre controlada por el Gobierno de turno, que nombra a su director general y a la mayoría de los miembros del Consejo. Así que en la televisión pública ha dominado en ocasiones el centro derecha (UCD y PP); en ocasiones, el centro izquierda (PSOE). Con la nueva ley se pretende que mande indefinidamente la izquierda.

De los diez miembros del Consejo de Administración, cuatro serán nombrados por dos tercios del Congreso; los otros cuatro por dos tercios del Senado. Ésa es la muleta que ofrece Zapatero con el fin de parar, templar y mandar la embestida del PP. Los dos tercios de la Cámaras exigen el el consenso, salvo una victoria electoral impensable. Eso significa, en román paladino, que el PSOE nombrará a cuatro consejeros y el PP a otros cuatro, lo mismo ahora que cuando los populares regresen a Moncloa. Pero hay dos espinas, dos, entre tantas rosas. Los otros dos espinas, dos, entre tantas rosas. Los otros dos miembros del Consejo serán designados de hecho por los sindicatos, lo que significa que, de forma indefinida, la izquierda ganará por seis a cuatro y nombrará al director general que le venga en gana, no sólo ahora que está en el poder, sino también cuando pase a la oposición.

Como diría finalmente Ussía, el presidente por accidente pretende metérsela doblada al PP. Zapatero, embustero. Una mentira más esta camelancia de la ley audiovisual. El Gobierno se propone garantizar de forma indefinida el control de RTVE por la izquierda, abrir el Plus de Polanco, otorgar al amiguete de turno el nuevo canal analógico, jeringlar a las empresarias independientes con aspiraciones audiovisuales y preparar el dominio de la inmensa mayoría de los canales digitales terrestres. Toda la televisión para el PSOE, en definitiva. Un listo, Zapatero.

Luis María Anson