9 febrero 2024

El presentador está acusado de ser pro-rruso y de intentar blanquear la invasión de Ucrania

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, concede una entrevista al presentador norteamericano Tucker Carlson, recientemente despedido de Fox News

Hechos

El 9 de febrero de 2024 Tucker Carlson sube a sus redes sociales una entrevista suya al presidente de Rusia, Vladimir Putin.

Lecturas

La entrevista de Tucker Carlson a Vladimir Putin, emitida el 8 de febrero de 2024, duró más de dos horas y se grabó el 6 de febrero en el Kremlin de Moscú. Fue la primera conversación de un periodista occidental con el presidente ruso desde el inicio de la invasión a Ucrania en febrero de 2022. Carlson abrió con la pregunta directa: “El 22 de febrero de 2022 usted se dirigió a su país en un discurso muy grave para el mundo entero. ¿Qué ocurrió en Rusia hasta 2022 que le llevó a la conclusión de que Estados Unidos, a través de la OTAN, podría iniciar un ataque sorpresa contra su país?”. Putin, en lugar de responder de forma concisa, dedicó los primeros 30 minutos a una extensa lección de historia que se remontaba al siglo IX, afirmando que “el Estado ruso comenzó a existir como Estado unificado en 862” y que “Ucrania es un Estado artificial que fue conformado a voluntad de Stalin”.
Putin presentó Ucrania como una entidad sin identidad histórica propia y vinculada inherentemente a Rusia. Argumentó que “Ucrania fue creada enteramente por Rusia, o más precisamente por los bolcheviques”, y que territorios como las regiones del mar Negro “no tienen ninguna conexión histórica con Ucrania”. Cuando Carlson intentó reconducir la conversación hacia los acontecimientos de 2022 con la frase “¿pero qué tiene esto que ver con lo que sucedió hace dos años?”, Putin insistió en su narrativa histórica y culpó a Occidente de la ruptura. Afirmó que “se nos prometió que la OTAN no se expandiría hacia el este, ni un centímetro hacia el este” y que “sucedió cinco veces”, citando el incumplimiento de supuestas promesas occidentales tras la Guerra Fría.
El presidente ruso negó que Rusia hubiera iniciado la guerra y sostuvo que su objetivo era “detener esta guerra” que, según él, comenzó en 2014 con la “revolución de Maidan” respaldada por la CIA. Reiteró la necesidad de “desnazificación” de Ucrania y declaró que “no hemos logrado aún nuestros objetivos” porque uno de ellos es “prohibir todo tipo de movimientos neonazis”. Sobre el final del conflicto, Putin fue claro: “Si realmente quieren detener las acciones militares, entonces necesitan dejar de suministrar armas [a Ucrania]. Entonces todo terminará en unas pocas semanas y podremos discutir algunos términos”. Carlson también preguntó por el periodista estadounidense Evan Gershkovich, preso en Rusia, y Putin respondió que se podía negociar un intercambio, aunque sin dar detalles.
La entrevista concluyó con Putin defendiendo la resiliencia económica de Rusia pese a las sanciones y criticando la política exterior estadounidense. Carlson cerró remarcando que los estadounidenses “no están informados” sobre el conflicto y que “están pagando gran parte de él”. La conversación se difundió íntegramente en el sitio web de Carlson, YouTube y X, acumulando cientos de millones de visualizaciones en las primeras horas.

El Análisis

El blanqueamiento de una agresión: Tucker Carlson y la plataforma que Putin necesitaba

JF Lamata
La entrevista de Tucker Carlson a Vladimir Putin fue menos un ejercicio periodístico que una sesión de propaganda cuidadosamente orquestada en la que el anfitrión estadounidense cedió el micrófono durante largos minutos a una lección histórica selectiva y revisionista. Al no interrumpir con preguntas incisivas sobre las masacres de Bucha, los bombardeos a civiles, los campos de filtración rusos o la represión interna en Rusia, Carlson permitió que Putin presentara la invasión como una respuesta defensiva inevitable ante la “traición” de la OTAN, ignorando por completo que fue Rusia quien violó la soberanía ucraniana en 2014 y 2022. Lo no mencionado resultó tan revelador como lo dicho: ni una sola referencia a las órdenes de la Corte Penal Internacional, a los miles de niños ucranianos deportados ni a la destrucción sistemática de ciudades enteras.
En última instancia, la entrevista sirvió para blanquear ante una audiencia occidental la narrativa del Kremlin sobre Ucrania como “Estado artificial” y la guerra como operación preventiva, sin que Carlson ejerciera el mínimo contrapoder periodístico. Al priorizar el espectáculo y la “verdad alternativa” sobre el escrutinio riguroso, el periodista estadounidense contribuyó involuntariamente (o no) a legitimar la agresión rusa, dejando a millones de espectadores con la impresión de que la culpa recae exclusivamente en Occidente y no en la decisión soberana de Putin de invadir un país vecino. Fue, en definitiva, un ejercicio de desinformación disfrazado de conversación.
J. F. Lamata