18 octubre 1993

Se recrudece la guerra que mantienen entre ambos desde principios de los años noventa

El presidente del Real Madrid, Ramón Mendoza, califica de ‘canalla’ y ‘matón’ a José Mª García (COPE), que le vuelve a demandar

El presidente del Real Madrid, Ramón Mendoza, califica de ‘canalla’ y ‘matón’ a José Mª García (COPE), que le vuelve a demandar

Hechos

Los calificativos que D. Ramón Mendoza, presidente del Real Madrid, dirigió a D. José María García, director del programa ‘Súper García’ de la Cadena COPE, causaron que este presentara una querella por considerarlo un atentado contra su intimidad

Lecturas

mendoza_garcia «Hay quien dirige la opinión y el más canalla es José María García, que a base de la calumnia y la mentira levanta la sospecha y a duda en el madridismo. Esto crea un estado de enfrentamiento peligroso en nuestra sociedad. Quizá García, cuando habla de la vida privada de las personas y duda de su honorabilidad económica, empleando la grosería trata de tapar a los amigos que tiene en el banquillo, parientes de los que se habla que han dejado pufos en la banca española. Tal vez sea una manera premeditada de actuar. José María García es un matón nocturno que goza del beneficio del miedo de los demás» (Ramón Mendoza, Diario 16, octubre 1993)

Durante los primeros años de la presidencia de Ramón Mendoza Fontela en el Real Madrid, José María García Pérez distaba mucho de ser considerado un enemigo. El poderoso director de Supergarcía mantuvo buenas relaciones con el presidente madridista e incluso realizó gestiones en 1987 para favorecer la permanencia de Hugo Sánchez Márquez en el club. La relación comenzó a deteriorarse alrededor de 1990. Uno de los desencadenantes fue el cese de Carlos Goyanes Perojo, amigo personal de García, de la directiva del Castilla después de verse implicado en la Operación Nécora; el propio Mendoza identificaría años después aquel episodio como el origen de la ruptura. A ello se sumaron los enfrentamientos por el acceso privilegiado a la información del club y por contratos comerciales como el firmado con Dorna.

La ruptura se transformó en guerra abierta durante 1990 y 1991. Desde Supergarcía en la Hora Cero, en Antena 3 Radio, García convirtió a Mendoza en uno de sus blancos habituales, denominándolo, entre otras cosas, «mentiroso», «embustero», «cobarde», «tonto», «cantamañanas», «caballerete de pelo blanco» o presidente de «pelo blanco y conciencia negra». Llegó además a atribuir al fallecido Santiago Bernabéu de Yeste una gravísima descalificación contra Mendoza pronunciada supuestamente en su lecho de muerte. El presidente respondió institucionalmente: el Real Madrid cerró las puertas a Supergarcía y sus jugadores dejaron de conceder entrevistas al programa. Y el 6 de octubre de 1991, ante 740 compromisarios reunidos en la Asamblea del club, Mendoza dedicó buena parte de su intervención a ajustar cuentas con el periodista: cuestionó su independencia profesional por sus relaciones con Unipublic y, al responder a los ataques de García contra algunos directivos, terminó aludiendo incluso al padre del periodista con la célebre contraposición entre ser «hijo de choricero» e «hijo de un chorizo».

Desde entonces la batalla se libró simultáneamente en la radio, en el Bernabéu y en los tribunales. García continuó sus ataques después de trasladarse a COPE en 1992, mientras Mendoza comenzó a presentar al periodista no simplemente como enemigo suyo, sino como enemigo del Real Madrid. Esa distinción resultaría políticamente mucho más eficaz. En octubre de 1994, Mendoza llegó a acusar públicamente a García de actuar en connivencia con la Federación Española de Fútbol; un mes después, aficionados radicales llegaron a ahorcar y quemar en el Bernabéu un muñeco identificado con «COPE», «Gari» y «Butano». García acusó a Mendoza de estar detrás de aquello. Para entonces el enfrentamiento personal iniciado entre dos antiguos aliados se había convertido en una auténtica guerra por determinar quién podía influir sobre la opinión del madridismo.

CRONOLOGÍA JUDICIAL MENDOZA–GARCÍA

1991 — Mendoza demanda civilmente a García. Ramón Mendoza presenta una demanda de protección del honor contra José María García y Antena 3 Radio por las descalificaciones emitidas durante 1990 y comienzos de 1991. El 5 de junio de 1992, el Juzgado de Primera Instancia número 26 de Madrid estima parcialmente la demanda y considera que García traspasó la crítica para entrar en el insulto. Ordena indemnizar a Mendoza y difundir la sentencia por radio. La Audiencia Provincial confirma la condena el 22 de marzo de 1994; el Tribunal Supremo la confirma definitivamente el 31 de julio de 1998 y el Tribunal Constitucional rechaza el amparo de García el 15 de octubre de 2001: aquellos calificativos eran insultos innecesarios y no estaban protegidos por la libertad de expresión.

6-10-1991 — García demanda civilmente a Mendoza por la Asamblea. García considera lesionado su honor por las referencias de Mendoza a su independencia profesional y, especialmente, a su padre. El Juzgado de Primera Instancia número 35 le da parcialmente la razón el 10 de marzo de 1992, aunque reduce prácticamente a lo simbólico la reparación porque considera acreditada una campaña previa de descalificaciones del propio García contra Mendoza. La Audiencia Provincial confirma sustancialmente esa consideración el 18 de diciembre de 1992. Pero el 31 de enero de 1997, el Tribunal Supremo da finalmente la razón a Mendoza y desestima la demanda: para valorar el honor de García debía tenerse en cuenta el contexto creado por sus propios ataques anteriores. García acude al Constitucional, que el 26 de febrero de 2001 rechaza su recurso.

21-11-1991 — Mendoza presenta además una querella penal por injurias. Es un procedimiento distinto del civil. La querella se refiere a expresiones pronunciadas por García entre junio y octubre de 1991 y se amplía después por un artículo de Ya del 27 de enero de 1992 y por declaraciones realizadas durante otro procedimiento. El Juzgado de Instrucción número 5 rechaza procesar a García el 23 de julio de 1992 y confirma su decisión el 5 de agosto; la Audiencia Provincial mantiene el archivo el 16 de diciembre de 1992 y nuevamente el 3 de marzo de 1993. Mendoza recurre al Constitucional y obtiene una importante victoria el 23 de junio de 1997: el TC considera que se le había producido indefensión al rechazarse una prueba pericial sobre las grabaciones y anula aquellas resoluciones, ordenando retrotraer el procedimiento. No declara culpable a García: obliga a que la prueba indebidamente rechazada pueda practicarse.

1/2-10-1993 — García vuelve a demandar a Mendoza. En una entrevista publicada por Diario 16, Mendoza acusa a García de dirigir y manipular la opinión del madridismo y lo califica de «canalla», «matón nocturno» y persona que practica el «chantaje». García interpone una nueva demanda por vulneración de su honor. En 1994 obtiene una sentencia favorable en primera instancia; posteriormente la Audiencia Provincial confirma la intromisión y fija una indemnización de 500.000 pesetas. Mendoza recurre. El asunto no termina hasta después de su fallecimiento: el 21 de febrero de 2002, el Tribunal Supremo confirma la condena y sus seis hijos, como herederos, deben afrontar una indemnización equivalente a unos 3.000 euros. El Supremo considera que términos como «canalla» y «matón nocturno» constituían un ataque innecesario al honor de García.

El balance judicial resulta así casi tan enrevesado como el radiofónico. Mendoza consiguió que García fuera condenado por algunos de sus insultos; García consiguió que Mendoza fuera condenado por los suyos. Y los tribunales tuvieron incluso que ponderar un elemento insólito: hasta qué punto quien llevaba años convirtiendo la descalificación personal en parte de su propio estilo periodístico podía reclamar después una protección especialmente amplia frente a las descalificaciones que recibía.

El Análisis

Butano no pudo controlar el Real Madrid

JF Lamata

Resulta difícil encontrar en el fútbol español de estos años una figura con tanto poder y tan poca responsabilidad formal como José María García Pérez. No preside ningún club, no ocupa ningún cargo federativo y no selecciona futbolistas, pero cada medianoche habla ante millones de españoles y desde ese micrófono puede elevar o triturar reputaciones. Sus adversarios sostienen que pretende algo más que informar. Desde la Cadena SER, José Ramón de la Morena Pozuelo y sus colaboradores llevan tiempo acusándolo de ejercer una influencia extraordinaria sobre la Federación y presentan al presidente Ángel María Villar Llona y al seleccionador Javier Clemente Lázaro prácticamente como integrantes de su esfera de influencia. Son acusaciones periodísticas, no hechos demostrados, pero resultan significativas de la percepción de poder que rodea a García. Con Jesús Gil y Gil mantiene una relación que oscila entre enfrentamientos y una extraordinaria facilidad de acceso; con José Luis Núñez Clemente, presidente del Barcelona, disfruta durante largas etapas de una relación considerablemente mejor que la que mantiene con el presidente del Real Madrid. Y precisamente ahí está la anomalía: el periodista deportivo más influyente de España se ha convertido en el enemigo público número uno de Ramón Mendoza.

Mendoza, sin embargo, ha encontrado el punto vulnerable de García. No puede competir con él desde un micrófono y seguramente tampoco conseguir que deje de insultarlo mediante demandas. Lo que sí puede hacer es convencer al madridismo de que cuando García ataca a Mendoza está atacando al Real Madrid. El veto a Supergarcía, los enfrentamientos con jugadores, las acusaciones contra la directiva y después contra Jorge Valdano empiezan a permitirle construir una etiqueta extraordinariamente dañina para un periodista cuyo poder depende precisamente de la audiencia: «antimadridista». En las elecciones de 1995 esa acusación llegará incluso a utilizarse contra Florentino Pérez Rodríguez, presentado por sus adversarios como el candidato de José María García. Es una batalla muy distinta de las que se libran en los juzgados. Allí los magistrados decidirán quién insultó a quién y dónde terminaba la libertad de expresión. En el Bernabéu se decide algo más elemental: quién representa al Madrid y quién está contra él. Mendoza puede perder muchas noches la batalla de las ondas frente a García; si consigue que una parte del madridismo deje de escuchar al periodista como fiscal de su presidente y empiece a escucharlo como enemigo de su club, habrá ganado la batalla que más daño puede hacerle.

J. F.