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Antonio Garrigues será el presidente del PRD y Florentino Pérez el Secretario General

El congreso del Partido Reformista Democrático lanza la candidatura del catalanista Miquel Roca a la Presidencia del Gobierno

HECHOS

A partir del antiguo Partido Demócrata Liberal se constituyó la nueva formación política Partido Reformista Democrático (PRD) de la que D. Antonio Garrigues será el Presidente, D. Florentino Pérez Secretario General y D. Miquel Roca su líder y candidato a la Presidencia del Gobierno.

El I Congreso del PRD (en el que se hace oficial la disolución del PDL) se constituye como base de la llamada ‘Operación Roca’ con el apoyo de Convergencia Democrática de Catalunya y su líder D. Miquel Roca, que será en la práctica el líder del PRD. La ‘Operación Roca’ será representada en Galicia por la ‘Coalición Galega’ (CG) y en Baleares por la ‘Unió Mallorquina’ (UM).

Ejecutiva del PRD:

GarriguesWalker Presidente – D. Antonio Garrigues Walker

florentino_joven Secretario General – D. Florentino Pérez

Satrustegui Vocal- D. Joaquín Satrustegui

justino_Azcarate Vocal- D. Justino de Azcárate

Vicesecretario – D. Pedro Pérez

Portavoz – D. Juan Roldán

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APOYO TOTAL DEL GRUPO16 A LA ‘OPERACIÓN ROCA’

D. Justino Sinova (Subdirector de DIARIO16) habla con J. F. Lamata sobre el apoyo del periódico a D. Miquel Roca

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26 Noviembre 1984

EL MENSAJE REFORMISTA

DIARIO 16 (Director: Pedro J. Ramírez)

El reformismo nace como una cuña en el centro del artificial bipartidismo vigente, producto de la quiebra histórica de UCD, dispuesto a demostrar a la sociedad de este país que el sustrato liberal es suficiente para construir una verdadera alternativa de poder a la opción actualmente mayoritaria, y en lugar de la opción conservadora, incapaz, como es ya evidente, de ganarse la voluntad del os españoles.

En suma, el reformismo brota con la intención de destruir al actual determinismo, según el cual, supuestamente, no hay modo de derrotar al socialismo en los próximos años: luego de la experiencia de media legislatura, el PRD se ha propuesto demostrar que desde una posición liberal, entroncada con la modernización y el progresismo, capaz de lanzar un nuevo mensaje con un lenguaje distinto, se puede plantear batalla equilibrada a los ‘jóvenes nacionalistas’ que consiguieron el poder en 1982, según rezaban las crónicas norteamericanas.

El congreso que ayer concluyó en Madrid, y cuyo único fallo fue la inasistencia de algunos líderes europeos refrenados por la presión de los titulares del bipartidismo, ha servido para perfilar esta alternativa de poder, sobre dos pilares bien definidos: una ideología ilusionante y un líder inequívoco.

La ideología llega de la mano de Antonio Garrigues, conductor del hilo liberal y fautor del reconocimiento internacional del nuevo partido. El liderato corresponde a Miquel Roca, quien tuvo ayer una de las mejores intervenciones públicas que se le recuerdan, en la que recogió datos de la incompetencia objetiva del actual Gobierno sin caer en la descalificación global que realizan los conservadores, y en la que, con auténtica talla de estadista renunció a ser un conductor carismático para basar su hegemonía en las ideas, en la capacidad de dirigir al país hacia objetivos mediante un programa innovador. Tanto Antonio Garrigues como Miquel Roca redondearon su actuación con inteligencia.

Al margen de las operaciones de descrédito urdidas por los partidos mayoritarios, el PRD ha hecho promesa de estructura federal, y en él no parecen caber ni los políticos cuneros que aterrizan intempestivamente días antes de unas elecciones, ni los líderes nacionales – aquellos intrigantes ‘barones’ ucederos’ – que van y vienen movidos por aparatos centralistas.

De otra parte, ante las presiones evidentes de fuerzas poderosas que pretenden que el PRD se una a los conservadores en un frente único para derrotar al socialismo, hay que decir que la credibilidad del PRD estriba en su capacidad para mantenerse ajeno a estas maniobras.

Por supuesto, el camino de este nuevo partido, acosado por sus poderosos vecinos, no va a ser simple: la evidencia de que puede desbancar al PSOE del poder y a los conservadores de la titularidad de la oposición, abrirá a ambos lados dos frentes de hostilidad. Pero no cabe duda de que amplios sectores de la sociedad española reciben esta opción ilusionados, por cuanto, como el propio Roca ha dicho, se trata de ‘un mensaje nuevo, con un lenguaje nuevo’, que trata de aliar los deseos de cambio y de modernidad de la ciudadanía con la competencia imprescindible para llevarlos a cabo.

09 Enero 1984

El porqué de un reformismo liberal

Antonio Garrigues Walker

El PSOE empieza a notar lo que significa el desgaste del poder, y Coalición Popular tiene todas las apariencias de una reencarnación de UCD. Hagan lo que hagan, sus esfuerzos serán vanos y estériles. El liberalismo auténtico tiene que influir en la sociedad española al igual que está influyendo en la sociedad europe

El mapa político español, aunque se ha clarificado en sus líneas básicas, sufre la artificialidad que se deriva de la desaparición excepcional e irrepetible de UCD, que ha originado transferencias de votos a derecha y a izquierda que tienen todo el carácter de provisionales. Coalición Popular y PSOE son conscientes de que su incremento de escaños no se debe en su totalidad a méritos propios, y asimismo de que la división de los ciudadanos españoles en conservadores y socialistas es una simplificación burda y grosera. Por todo ello, Fraga ha reaccionado diciendo que en política sólo cuentan las realidades; Alfonso Guerra nos ha calificado de operación publicitaria donde se refugian ambiciones personales, y Óscar Alzaga nos ha advertido que nuestro futuro depende única y exclusivamente de una integración en Coalición Popular.Esto es sólo el comienzo. Según vayamos avanzando, es más que previsible que se establezca un acuerdo entre las dos potencias, ya sea creando o favoreciendo otras fuerzas políticas menos inquietantes o más manejables, ya sea utilizando a fondo las discriminaciones de la televisión pública en favor de los partidos parlamentarios, ya sea dificultando los apoyos financieros o incluso pidiendo un boicoteo económico, ya sea descalificando a personas del nuevo proyecto o buscando la división entre ellas, y en general utilizando cualquiera otros métodos que en política, nadie sabe a ciencia cierta por qué, suelen considerarse como válidos, honestos y consecuentes.

Estamos preparados para ello. Tenemos muy pocas dudas en cuanto al éxito de la operación, notamos su dinamismo natural, y de cuando en cuando recordamos el mensaje bíblico de que «lo que nos amenaza también está en peligro». El PSOE empieza a notar lo que significa el desgaste del poder, y Coalición Popular tiene todas las apariencias de una reencarnación de UCD. Hagan lo que hagan, sus esfuerzos serán vanos y estériles. El liberalismo auténtico tiene que influir en la sociedad española al igual que está influyendo en la sociedad europea con sus 20 millones de votos, seis partidos liberales en -el Gobierno -a veces en coalición con la democracia cristiana y a veces con la socialdemocracia- y otros cuatro en una oposición parlamentaria significativa, como es el caso del Partido Liberal inglés, que a pesar de obtener, en coalición con los socialdemócratas, un 25% del voto popular, se ha visto retribuido con una representación parlamentaria simbólica gracias a una ley electoral radicalmente injusta.

El liberalismo no es una fuerza intermedia entre el socialismo y el conservadurismo, sino una fuerza claramente distinta. El pensamiento conservador tiende a ser estático, a aceptar él cambio sólo cuando la realidad lo hace evidente, a llevar lo tradicional -muchas veces anecdótico- a categorías absolutas, a caer en un misticismo autoritario y a respetar privilegios de todo orden aun cuando sean una causa importante de las desigualdades sociales. Los socialistas marxistas y los no marxistas en sus muchas variantes coinciden, de hecho, en poner la sociedad como un valor superior al individuo y la igualdad como un principio que, consciente o inconscientemente, prima sobre la libertad. El socialismo termina desarrollando un fetichismo de Estado, una veneración perniciosa del Estado, una auténtica estadolatría que afecta también a los conservadores. El socialismo acaba siendo un poder absoluto, minucioso, previsor y bondadoso que mantiene a la sociedad en una infancia perpetua. Conservadores y socialistas podrán intentar ponerse todas las sedas liberales que les parezcan oportunas, pero al final seguirán siendo conservadores y socialistas.

Contra el estancamiento

La operación liberal reformista no es un lujo, sino una auténtica necesidad para enriquecer la vida política española en una serie de áreas en donde se ha producido un estancamiento, grave:ç

– Es necesario reavivar y positivar el debate autonómico. En el mundo occidental, la inmensa mayoría de las naciones tiene un sistema federal de Estado, y las excepciones suelen referirse a países con democracia poco avanzada. Ese es el caso del sur de Europa, en donde los procesos autonómicos encuentran siempre enormes dificultades para desarrollarse como consecuencia de actitudes que tienden a dramatizar y a radicalizar el proceso con alusiones a los reinos de taifas o a la balcanización de España. Habrá que precaverse frente a estas actitudes, que aunque son más frecuentes en la derecha clásica, con sus inevitables recelos frente a todo cambio, se extienden también con facilidad a la izquierda, con sus tendencias naturales a la burocratización y a la planificación. Estamos llenos de falsos profetas de las autonomías y de centralistas emboscados que no están dispuestos a ceder privilegios ni posiciones favorables al caciquismo. Es muy difícil que un centralista deje de serlo radicalmente y llegue a interesarse de verdad en entender estos procesos de descentralización profunda como una clave esencial del proceso democrátrico. Después de muchos siglos de centralismo, las querencias Y los comportamientos pueden ocultarse con mayor o menor, habilidad pero cualquier investigación, por superficial que sea, pone de manifiesto los planteamientos auténticos. Es un sentimiento muy parecido al machismo de la sociedad española, y plantea problemas similares en su erradicación.

– Es necesario incrementar el índice. de internacionalismo de una sociedad que ha vivido encerrada en sí misma durante un largo período de tiempo y que sigue manteniendo frente a lo exterior un profundo complejo de inferioridad que a veces se manifiesta en provincianismo y otras en agresividades y desprecios estériles que en nada favorecen ni nuestro desarrollo cultural ni económico. Sin llegar a las actitudes de Ortega cuando afirma que «España no es nada, es una antigua raza berberisca, donde hubo algunas mujeres hermosas, algunos hombres bravos y algunos pintores de retina genial», y, sin tener que decir con él que «me importa más Europa que España, y España sólo me importa si se integra espiritualmente en Europa», es preciso reconocer que habrá que salir de este aislamiento y poner en marcha una dinámica modesta y pragmática de incorporación al mundo occidental que permita a nuestros. políticos, a nuestros intelectuales, a nuestros empresarios, a nuestros militares, a nuestros trabajadores y a nuestra Iglesia una visión másavanzada del funcionamiento de la sociedad, una moderación global de actitudes y sobre todo aumento de los niveles de exigencia y de responsabilidad. Siguen existiendo en España frenos, recelos y reservas en cuanto a este proceso de modernización de la sociedad española que sólo favorecen a los inseguros, a los temerosos y a los que conocen su incapacidad para adaptarse a nuevos estilos y a nuevas jerarquías de valores.

– Es necesario, al fin, recuperar el optimismo económico, devolviendo al sector privado una primacía auténtica sobre la acción del Estado. Existe un miedo pro fundo a arriesgarse en el trata miento de los problemas económicos, y ello se debe en gran parte a los pudores y a las reservas con los que el PSOE tiene que operar para combinar su pragmatismo y su ideología y a la querencia fanática de la derecha histórica a jugar al catastrofismo, tema al que en alguna manera se refirió el Rey de España en su mensaje navideño al decir que «no resulta admisible, ni eficaz, ni patriótico dar la sensación de que nos congratulamos de las desgracias que a España perjudican por el hecho de que concurran bajo el mandato político de aquellos con cuyas ideas no se coincide en un momento dado».

Por el momento, es cierto que el PSOE no tiene otro remedio que continuar una política clara de centro-derecha, salvo que quiera asumir el riesgo cierto dé perder entre un 30% y un 50% de su electorado. Tendrá que efectuar de tiempo en tiempo algunas concesiones simbólicas al izquierdismo clásico, pero en su conjunto seguirá siendo, como ya han señalado tantos observadores extranjeros, el partido socialista más moderado de la Europa occidental. Ni Soares, ni Craxi, ni Mitterrand, ni Papandreu podrán igualarle en este proceso de derechización, salvo en el caso de una profundización aguda de la crisis económica que le obligaría a una cierta huida hacia adelante.

El miedo a la libertad

En todo caso, el temor a una socialización irreversible es válida por cuanto el miedo a la libertad, el apego a lo convencional y a lo fácil, los oportunismos políticos y ciertas ignorancias van a lograr la existencia de Estados sobre los que el individuo pierda toda capacidad de control y se conviertan en instrumentos «intrínsecamente superiores» que, bajo el pretexto de asegurarnos la felicidad y la seguridad colectivas, destruyan los impulsos creadores y la capacidad de reacción contra la maraña burocrática kafkiana. El individuo y la sociedad civil tendrán que empezar a reaccionar. Una vez que el Estado controla la actividad económica, las demás libertades, incluida, desde luego, la cultural, pero también la política, empiezan a verse afectadas gravemente. La presencia de la operación liberal reformista sería auténticamente necesaria para alimentar una conciencia crítica frente a la prepotencia del Estado y para impulsar el sentimiento de responsabilidad y de iniciativa del sector privado.

En las próximas elecciones generales no tenemos otro remedio que ganar para afrontar de un lado, todos esos objetivos, y para evitar, de otro, el intento de perpetuación de un bipartidismo paquidérmico, estéril, torpe, agrio, inconsistente, radicalizador y artificial

Antonio Garrigues Walker

25 Noviembre 1984

El congreso del Partido Reformista

EL PAÍS (Editorialista: Javier Pradera)

¿Es el Partido Reformista Democrático (PRD) una opción posible o está condenada a perecer en la esquizofrenia política: dos líderes, dos partidos en realidad dentro de ese mismo, y por si fuera poco dos centros políticos concurriendo a las urnas por caminos diferentes? Sea como sea, su primer congreso culmina la llamada operación Roca,encaminada a la formación de una alternativa de derecha capaz de presentar en el resto de España una oferta homologable con la fórmula. impuesta en Cataluña por Convergéncia. La incorporación del grupo liberal fundado por Antonio Garrigues y de antiguos militantes y simpatizantes de UCD, alejados de las luchas entre los baronescentristas, establece elementos de continuidad con la transición.El PRD aspira a recuperar parte del espacio invadido en las últimas elecciones por el PSOE, al que se sumaron votos del centro derecha, y por Coalición Popular, en sus sectores más moderados. Se intenta romper el esquema de bipartidismo imperfecto e incorporar a las ofertas políticas existentes una opción inequívocamente democrática sin renunciar a su carácter conservador o derechista. Los reformistas propensos al optimismo especulan con la posibilidad de hacer suyos los votos depositados el 28-0 en favor de las opciones centristas (los 2.100.000 sufragios de UCD y del CDS), rescatar algunos de los cientos de miles de votos prestados al PSOE y ganarse la confianza de aquellos que no querían el triunfo socialista y respaldaron a Coalición Popular contra su deseo, por el argumento del voto útil. Esas expectativas no toman en consideración que Adolfo Suárez y su CDS no han querido sumarse a la operación Roca.

Las elecciones locales de la primavera de 1983 y los reiterados y coincidentes sondeos de opinión posteriores confirman que Alianza Popular no está en condiciones de desbancar en las urnas al PSOE y que sólo una opción de derecha moderna podría aspirar a recibir del centro del electorado votos suficientes para suprimir o condicionar la hegemonía socialista. El PRD pretende presentarse como la alternativa posible al poder socialista y es desde este punto de vista desde el que resulta más interesante su creación. La soledad del PSOE frente al poder genera su prepotencia y lo imposible de la alternativa Fraga contribuye a la desesperanza democrática de la derecha y, por tanto, a sus coqueteos con maniobras involucionistas.

El PRD instala al «liberalismo progresista» como su ideología básica (aunque la expresión no figure en la denominación del partido). La definición parece excesiva. El liberalismo progresista ha estado históricamente en nuestro país afincado en la izquierda, benefició con sus votos al PSOE en las últimas elecciones y no se ven signos, ni por sus líderes ni por su conformación social, de que el PRD pueda efectivamente representar esa tendencia en el espectro español. Pero los quebraderos de cabeza del PRD parecen provenir sobre todo de sus dificultades de organización, su indefinición de liderazgo y su estrategia de alianzas. El partido desea hacer compatible el carácter unitario de la organización con su estructura interna federal; afirma su intención de actuar en toda España, excepto en Cataluña, donde quiere alcanzar acuerdos con Convergència para desarrollar una política conjunta. Pero Cataluña no es la única excepción. Sin renunciar en el futuro a desplegar su actividad electoral en el País Vasco, el partido ha decidido una autolimitación» temporal en esa comunidad autónoma. Y las próximas elecciones de Galicia, en las que Alianza Popular se juega en buena medida su futuro, enfrentarán al PDR con la necesidad de aceptar las propuestas de Coalición Gallega, formación homóloga al reformismo que se resiste a integrarse en un partido unitario.

Tampoco el PRD ha resuelto, de manera inequívoca, sus problemas de liderazgo. Mírese por donde se mire no deja ser anormal que Miquel Roca, cabeza indiscutible e imprescindible de la opción reformista, continúe militando en Convergéncia Democrática, sea el portavoz de la minoría catalana en el Congreso y no pueda aparecer formalmente como el dirigente máximo del PDR. Ser líder de dos partidos a la vez es algo tan difícil e impensable que aún contando con las indudables dotes de político y parlamentario de Roca, mucho nos tememos fracase en tan singular empeño. Sobre todo si se tiene en cuenta que el carácter nacionalista de la propuesta de Roca en Cataluña se viene basando históricamente en los agravios recibidos de Madrid y del resto del Estado.

Pero pese a todas esas dificultades, el esfuerzo por crear una alternativa posible al poder debe ser elogiado y es muy de señalar el valor de Roca al intentarlo. El éxito depende por lo demás, en gran parte, de cual sea la actitud de Adolfo Suárez. Si la situación actual no cambia, los ciudadanos atraídos por el centrismo tendrán que escoger entre la opción reformista y el CDS de Suárez, que prosigue contra viento y marea la tarea de reconstruir desde la base su carrera política.

El Análisis

LOS LIBERALES, DIRECTOS AL FRACASO

JF Lamata

El objetivo del Partido Reformista Democrático (PRD) que lideraban D. Antonio Garrigues Walker, D. Miquel Roca y D. Florentino Pérez tenía un objetivo claro, atraer el voto que en 1982 había logrado la UCD y que les había dado unos 11 diputados antes de desaparecer, esos eran los escaños que, como mínimo aspiraban a lograr los liberales del Sr. Garrigues y Roca. En su objetivo lograron importantes apoyos de la banca a través de D. Carlos Bustelo y también grandes apoyos políticos, tanto del liberalismo histórico (como D. Joaquín Satrústegui o D. Justino de Azcarate), como de antiguos suaristas como D. Rafael Arias Salgado o el ex vicepresidente Sr. García-Díez.

Como aliados regionales los liberales contarían con Coalición Galega como su referente en Galicia y con Unió Mallorquina como su referente en Baleares. A parte, claro de Convergencia Democrática de Catalunya en Catalunya (CDC) la inspiradora del proyecto.  Y como aliados mediáticos contaron con D. Juan Tomás de Salas, D. Pedro J. Ramírez y D. Federico Jiménez Losantos, que pusieron al Grupo16 al servicio del PRD aunque ello supusiera fumigar al Sr. Oneto. Por último un famoso como candidato a la presidencia, D. Miquel Roca – que hizo que el PRD fuera conocido como ‘Operación Roca’ y otro como cabeza de lista por Madrid, el Sr. Sainz de Robles.

Pero lo que parecía un plan perfecto acabó suponiendo el mayor fracaso electoral de la historia de la democracia en las elecciones generales de 1986.

J. F. Lamata

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