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El primer juicio por el caso Urbanor acredita estafa por parte de Alberto Cortina y Alberto Alcócer ‘Los Albertos’ en la venta de las Torres KIO pero les absuelve por prescripción

HECHOS

Fue noticia el 26 de enero de 2001.

26 Enero 2001

LOS ALBERTOS Y SARASOLA, UNOS TRUHANES SIN CASTIGO

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

Alberto Cortina y Alberto Alcocer engañaron a sus socios minoritarios en la venta de los solares de la Plaza Castilla a KIO. Manipularon documentos mercantiles para simular una falsa operación. Se apropiaron de un dinero que no era suyo y estafaron al resto de los accionistas de Urbanor, la empresa propietaria de los inmuebles. Así lo entiende la sentencia dictada ayer por la Audiencia de Madrid, que considera probado que los dos primos cometieron dos delitos, penados con seis años de cárcel, de los que quedan absueltos al considerar que han prescrito.

La lectura de la sentencia es una gráfica descripción de la cultura del pelotazo en los años 80 y de la forma de entender los negocios de los Albertos. Los dos primos y sus socios habían comprado los terrenos de la Plaza Castilla por 1.300 millones en 1986. Año y medio después, KIO pagó 27.000 millones tras una cena en casa de Enrique Sarasola, el cerebro de la operación, a la que asistieron Felipe González y los Albertos.

La venta de los solares, que les reportó unos ingresos de 14.000 millones de pesetas, no sólo supuso para ambos primos un extraordinario negocio. Les convirtió de la noche a la mañana en el mayor accionista del Banco Central, ya que KIO pagó los terrenos con acciones de la entidad.

La sentencia considera como hecho probado que KIO desembolsó 388.000 pesetas por metro cuadrado a los Albertos mientras que los accionistas minoritarios, Astor y Construcciones San Martín, recibieron 150.000 pesetas.

Enrique Sarasola, que ni siquiera fue citado a declarar como testigo, fue otro de los grandes beneficiarios de la compraventa de los solares, ya que, como quedó acreditado en el juicio por varios testimonios, el amigo de González era el dueño de Horwitz, con sede en Panamá. Horwitz poseía un 14% en Urbanor. La Audiencia reconoce que es imposible saber lo que ganó Sarasola en la transacción, que se realizó a través de paraísos fiscales. Está documentado que cobró cerca de 3.500 millones por las acciones y otra cantidad similar por su intermediación. No pagó ni una peseta a Hacienda.

A pesar de las numerosas evidencias de que los Albertos, con la complicidad de Sarasola, estafaron a sus socios, la Audiencia les absuelve al entender que la querella fue ratificada dos meses después de que los delitos hubiesen prescrito. El criterio parece bien fundamentado jurídicamente, aunque resulta frustrante la lentitud con que ha actuado la Justicia en este asunto. Hay que recordar que todos los hechos que la sentencia reconoce como probados fueron denunciados por los medios de comunicación -en buena medida, por este periódico- sin que el fiscal se dignase abrir la investigación que la escandalosa conducta de los Albertos y Sarasola requería.

Ya es tarde para lamentarse. Pero no para que ambos primos dimitan de sus cargos en el Banco Zaragozano y para que Alberto Cortina, cuya conducta ética en la compra de opciones de Telefónica fue también reprobada por la CNMV, renuncie además a ser consejero en esta compañía que deshonra con su presencia.

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