12 mayo 1999

Primakov carga contra Yelstin diciendo que es 'un peligro para Rusia' y anuncia que se presentará como candidato en las próximas elecciones a la presidencia del país

El primer ministro de Rusia, Yevgeni Primakov, destituido por Boris Yelstin, que lo reemplaza por Sergei Stepashin

Hechos

El 12.05.1999 el presidente de Rusia, Boris Yelstin, anunció el relevo en el cargo de primer ministro de Yevgeni Primakov por Sergei Stepashin.

13 Mayo 1999

Dinamitero Yeltsin

Editorial (Director: Jesús Ceberio)

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Chernomirdin, Kirienko, Primakov… Yeltsin despierta de tanto en tanto de su sedado sueño crepuscular y echa al primer ministro. El drama es que Rusia, el segundo arsenal nuclear del planeta, no es desde ningún punto de vista una república bananera. Su estabilidad o su desgobierno afectan profundamente a vastas zonas del mundo. Con su última decisión, que los mentideros moscovitas venían anticipando a medida que crecía el poder de Primakov, el enfermo y errático presidente ruso, cuyo mandato expira a mediados del año próximo, sume de nuevo a su arruinado y enorme país en una crisis política de envergadura.Yeltsin ha contado a los rusos que el cese de Primakov y su sustitución por el ministro del Interior, Serguéi Stepashin, obedece a que el Gobierno no ha sabido capear la grave crisis económica que padece el país. Pero tanto el perfil del sucesor -un militar notorio por su contundente actuación en Chechenia, sin especiales conocimientos económicos-, como el momento elegido para provocar el relevo, justamente la víspera de que el Parlamento abra el debate sobre la destitución del propio Yeltsin a instancias de los diputados comunistas, desmienten esta explicación. Se trata claramente de un nuevo envite a la Duma, que aprobó ayer una declaración no vinculante en la que pedía su dimisión. La decisión de Yeltsin adquiere tintes aún más surrealistas si se tiene en cuenta que el presidente necesita el voto de los diputados que apoyan a Primakov para hacer efectivo el nombramiento de Stepashin. Salvo que el oblicuo propósito de Yeltsin sea disolver la Cámara baja y anticipar las elecciones generales previstas para diciembre, algo que el presidente estaría obligado a hacer en el caso de que la Duma rechazara al nuevo primer ministro en tres votaciones consecutivas. De esta forma desactivaría a un Parlamento que inicia hoy el debate sobre la destitución del propio Yeltsin, al que puede, al menos teóricamente, privar de algunos de sus formidables poderes mientras se desarrolla el largo y complejo proceso de impeachment. El enfrentamiento, pues, aumenta la probabilidad de elecciones anticipadas, y en todo caso dibuja un escenario de parálisis institucional y desgobierno.

Moscú pretende recobrar a los ojos del mundo estatura de gran potencia. Véase su papel en la guerra contra Milosevic. Pero ningún Estado que se respete puede permitirse crisis recurrentes de la magnitud de las que sacuden a Rusia, que, por lo demás, sobrevive económicamente gracias a los préstamos que -ya con los ojos cerrados- le siguen otorgando las instituciones internacionales. El mejor regalo que Yeltsin puede y debe hacer a sus conciudadanos es dejarles de una vez por todas elegir libremente su futuro.

13 Mayo 1999

Digno colofón para el espía perfecto

Luis Matías López

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Los ocho meses de Yevgueni Primakov al frente del Gobierno de Rusia han supuesto un digno colofón a una carrera que le llevó a lo más alto desde la habilidad, la discreción y el secretismo. Todas ellas son cualidades del espía perfecto, titulo, por cierto, de una novela de un escritor al que admira profundamente: John Le Carré.Aunque quisiera no podría desprenderse ya de esa vitola que le acompaña desde que, en 1991, en tiempos de Mijaíl Gorbachov, fue nombrado jefe del espionaje exterior. Con gran probabilidad Primakov estuvo en la nómina del KGB (Comité de Seguridad del Estado) desde mucho antes, allá por los años sesenta, cuando fue corresponsal del diario Pravda en Oriente Próximo. Allí hizo grandes amigos entre los dirigentes árabes, incluyendo al presidente iraquí, Sadam Husein, lo que luego, durante la crisis del Golfo, le convertiría en un mediador privilegiado.

Nacido en Kiev (Ucrania) hace 69 años, de padres probablemente víctimas de la represión estalinista, y posteriormente adoptado, la tragedia le golpeó de lleno el 1 de mayo de 1981, cuando su hijo Alexandr, de 20 años, murió sobre el asfalto de un ataque al corazón cerca de la plaza Roja. Siete años después, el mismo órgano vital, esta vez de su esposa Laura, le dejó viudo. Volvió a casarse con una médica, Irina. Ahora tiene una hija y dos nietos.

Ideología pragmática

Se le ha tildado de comunista, y ciertamente lo fue, durante más de 30 años, pero su ideología se mueve más bien entre los amplios espacios que median entre el pragmatismo, la moderación y el nacionalismo. Sí es, en cambio, un superviviente capaz de abrirse camino en los tiempos de Leonid Bréznev, de progresar en los de Mijaíl Gorbachov y de adaptarse a los de Borís Yeltsin.Con el padre de la perestroika fue asesor de política exterior (y mediador en la crisis del Golfo), miembro suplente del Politburó y jefe del espionaje. Se opuso al golpe comunista de agosto de 1991, y en enero de 1996 llegó al Ministerio de Exteriores relevando al pro occidental Andréi Kózirev. Desde ese puesto marcó distancias con EEUU y sus aliados, se opuso a la expansión de la OTAN, se alineó con Yugoslavia en la crisis de Kosovo y defendió un espacio internacional propio para Rusia, que se resiste a ser la potencia de segundo orden al que le relegó el fin de la guerra fría.

Se dice que su punto flaco es la economía pero, con él de primer ministro, Rusia no cayó en ese abismo que se pronosticaba cuando, en agosto de 1998, se suspendió el pago de la deuda y se devaluó el rublo. Su mayor logro, sin embargo, ha sido una estabilidad política casi sin precedentes, apoyada en las buenas relaciones con la Duma, dominada por los comunistas y sus aliados. Demasiado para Yeltsin, que no soporta que nadie le haga sombra.