3 febrero 2002
Molina Foix definió como 'libelo' la revista La Fiera Literaria de García Viñó y ambos se acusaron mutuamente de haber sido franquistas
El programa literario ‘Negro sobre Blanco’ de Dragó acabó con bofetadas de García Viñó contra Vicente Molina Foix
Hechos
El 3.02.2002 se emitió por TVE el programa ‘Negro sobre Blanco’ dedicado a la situación de los libros en el que un invitado D. Manuel García Viño agredió a D. Vicente Molina Foix. El programa fue grabado en enero.
Lecturas
PROTAGONISTAS DEL PROGRAMA ‘NEGRO SOBRE BLANCO’ SOBRE EL FIN DE LA NOVELA
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GARCÍA VIÑÓ A RAQUEL «USTED QUÉ VA A DECIR»
05 Febrero 2002
Dragó, el agitador
El mundo de las letras no es un balneario. De eso sabe mucho Fernando Sánchez Dragó aunque, habitualmente, no le guste meter el dedo en la llaga. Las guerras entre editoriales, las manías de novelistas y poetas, los odios y las peleas de clanes son una de las características de los escritores y las empresas que los amparan o explotan.Sin embargo, como Dragó no es una persona que evite el cuerpo a cuerpo, desde hace unas semanas su programa Negro sobre blanco es un vivero de agitación.
La entrevista a Joaquín Sabina en el programa del domingo 27 de enero le dio bastante marcha. El cantante y sonetista más o menos afortunado la emprendió con Javier Sardá, al que acusó de inmoral y falto de escrúpulos. Esto llevó al propio Dragó a visitar el plató de Crónicas marcianas. No suele ocurrir que el universo de la alta cultura se mezcle con programas basureros pero, cuando hay declaraciones tan contundentes, el director del espacio hace bien en ir a territorio enemigo como responsable que es de lo que se dice en su programa.
Joaquín Sabina, que, al parecer, está mejor de salud, se metió en la misma entrevista con Alfonso Ussía y éste le contestó en el diario ABC con elegante contundencia para hacerle saber lo que es la métrica cuando uno se atreve a publicar sonetos.
Antes del barullo organizado por Sabina, que está vendiendo como rosquillas su libro de poesía, el episodio sonado de la agresión de García Viñó a Vicente Molina Foix al final del programa dedicado a la muerte de la novela, que se emitió el domingo pasado, ya había caldeado el ambiente. García Viñó, editor de La fiera literaria, se despacha a gusto con todo lo que se le pone por delante. A Sabina lo ridiculiza imitando sus sonetos cojos y no tiene empacho en decirle escritor deleznable al que tiene enfrente.
La expectación levantada por la noticia de que, al final del programa emitido anteayer, García Viñó había agredido a Vicente Molina Foix pese a los deseos de Sánchez Dragó de que en la calle se dieran un abrazo en vez de golpes, hizo que nos preparáramos a asistir a un debate en diferido que prometía ser interesante.Y, con sus defectos, así fue.
La tensión entre García Viñó y Vicente Molina Foix hizo que en Negro sobre blanco subiera la temperatura como pocas veces se ha visto, al menos en España, en un programa literario. Parte de los invitados se pusieron a fumar a la desesperada. El novelista Javier García Sánchez acudió con bastante frecuencia a los tacos para expresar de manera contundente sus opiniones, muy críticas con la actualidad editorial y librera, y el director intentó que la sangre no llegara al río ante las cámaras, pero no evitó que la audiencia fuera testigo de que en el mundo de las letras se dan golpes bajos que conviene saber.
06 Febrero 2002
El programa de Sánchez Dragó
Visto el programa de Sánchez Dragó sobre la muerte de la novela, a cuyo término uno de los invitados García Viñó agredió a otro Molina Foix no queda sino concluir que lleva razón el dicho popular según el cual no hay nada más atrevido que la ignorancia.El tal García, novelista poco celebrado, ensayista nada influyente, arrebatado mártir de su propia causa, llegó a decir en su estilo banal y exaltado que la totalidad de la novela española que se hace hoy es bazofia, pero al hombre no le avergonzaba enseñar su magnífica incultura, pues ya se sabe que lo mejor para tener una opinión contundente es no dejar que el conocimiento y las lecturas se atrevan a desmentirla.
Basándose en unas declaraciones del académico Gregorio Salvador que al parecer ha dicho que el 99% de las novelas españolas del momento son malas García quiso ser todavía más apocalíptico y añadió el 1% que faltaba. Qué hombres tan leídos ambos, porque el caso es que para emitir una opinión así han debido leer más de 500 novelas todas malas : ya hay que tener ganas de tirar el tiempo para constatar algo que daban por hecho.
Las estadísticas en este caso no permiten leer sólo una parte de la producción narrativa para sostener una opinión tan tajante: si uno lee 25 novelas españolas y todas son malas no puede decir que todas las novelas españolas sean malas ateniéndose a su pobre experiencia, y dada la ignorancia de la que hizo gala el señor García que ni siquiera conoce a Coetzee, a quien Molina Foix le recomendó uno tiene claro que el hombre emitía sus dicterios porque ya los lleva puestos encima desde hace mucho y no va a dejar que leyendo se le derritan. Dijo nuestro mártir: todo lo que publican Planeta, Alfaguara y Espasa-Calpe es bazofia. Muy bien dicho, sí señor, muy valiente. El caso es que Planeta ha publicado el Ulises de Joyce, Alfaguara los Cuentos completos de Nabokov y Espasa Calpe A sangre y fuego de Chaves Nogales, entre otros muchos libros y autores que no voy a mencionar ahora para no dejar en ridículo al ridículo García, que también llegaba a su dictamen terrible mediante el proceso de comparar lo que hoy se escribe con lo que escribieron Kafka, Proust, Virginia Woolf y Huxley.
Qué curioso: alguien que no conoce a uno de los mayores novelistas del presente Coetzee tampoco debe de conocer una buena porción de lo que hay en las librerías, y no estará avisado de que en la década pasada se publicaron novelas tan gigantescas como La información de Martín Amis o La cuadratura del círculo de Alvaro Pombo, o que en la España de después de 1968 han salido novelas como Escuela de mandarines de Espinosa o Si te dicen que caí de Marsé.
Más tímido pero no menos apocalíptico, más serio pero no menos infundado, Javier García Sánchez recortaba los porcentajes de literatura mala: el 70% de lo que se publica es bazofia, dijo.Y a lo mejor lleva razón, pero esto de hacer porcentajes sugiere que nuestros hombres de letras confían demasiado en las matemáticas y que no tienen en cuenta aquello que Borges repetía, que un libro, un solo libro, puede salvar a toda una literatura. Quienes piensan que la novela ha muerto y para razonarlo esgrimen la lista de libros más vendidos, o sacan a colación los libros de encargo que idean los editores, se solazan en una triste fullería infantil que pone en evidencia su propia impotencia y sinrazón: recuerdan a ese novelista que se deprime porque lo que se lee en el metro son libros de Stephen King y no obras suyas; el hombre sale del metro y vuelve a su casa y se pone ante su máquina y piensa, para qué escribir si lo que se lee es Stephen King. La tragedia de ese hombre es demasiado vulgar, porque no se deprime porque la novela haya muerto, sino porque él no es Stephen King.Si la gente comprara y leyera los libros de esos apocalípticos que aseguran que todo es bazofia y lo que la gente lee no es más que chicle de masticar y escupir, su pesimismo se vería muy atenuado.
Visto el programa de Sánchez Dragó, sólo hay que reprocharle a Molina Foix a quien uno agradece de vez en cueando sus recomendaciones: la última, el magnífico Marginalia de H. J. Jackson- es que no acertara con el puntapié que le lanzó a su agresor.
El Análisis
El Sr. Sánchez Dragó justificó lo ocurrido en aquella emisión de La 2 en la defensa con pasión de los criterios literarios de sus tertulianos de aquel día. A cualquier presentador se le puede desmadrar una tertulia, pero quizá eso debería hacer reflexionar al veterano escritor y showman sobre las tantas veces que se le había llenado la boca criticando la ‘telebasura’ (que dicho por un intelectual sin tele tendría más coherencia que por alguien que lleva dirigiendo programas de televisión desde los tiempos de UCD) con que la televisión está unida al espectáculo y, a fin de cuentas, el debate que quería construir aquel día ‘Negro sobre Blanco’ era un espectáculo, sobre libros, pero espectáculo.
J. F. Lamata