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Los corrillos especulan a que realizó el viaje para estar con su 'amiga entrañable' Corina

El Rey Juan Carlos pide disculpas ante las protestas tras saberse que se había roto la cadera tras salir de caza de elefantes en Botsuana

HECHOS

El 15.04.2012 se hizo público que el Rey se había roto la cadera al salir de safari a cazar elefantes.

El 18.04.2012 al salir del hospital, el jefe del Estado pidió disculpas ante las cámaras por lo ocurrido.

15 Abril 2012

Percance real

EL PAÍS (Director: Javier Moreno)

Las noticias sobre el percance sufrido por el Rey en Botsuana han sorprendido a la opinión pública no solo por la naturaleza de su fractura, que le obligará nuevamente a un periodo relativamente prolongado de inactividad y a un proceso de recuperación lento, sino sobre todo por el reiterado hecho de que los viajes privados del Jefe del Estado al extranjero no sean comunicados de forma oficial ni al Gobierno, ni al Parlamento, ni a la opinión pública. El Rey viajó a Botsuana y regresó para su intervención quirúrgica en Madrid en un avión privado. España no dispone de Embajada en el país africano, lo que obligó a que la repatriación tuviera que ser organizada por la embajadora en Namibia.

No cabe duda de que incluso los reyes tienen vida privada y, por lo tanto, poseen derecho a la misma protección jurídica a su intimidad que cualquier otro ciudadano. Pero los desplazamientos de don Juan Carlos fuera del territorio nacional deberían ser comunicados, como sucede en la mayoría de los países democráticos, aunque las leyes españolas no establezcan nada al respecto. Pueden compartirse o no las críticas realizadas por el coordinador de Izquierda Unida respecto al viaje del monarca a África, aunque resultaría estrambótica la suposición de que el rey no tiene derecho a unos días de asueto y ocio, cualquiera que sea la dureza de la crisis económica.

No obstante, no es la primera vez que el monarca sufre un accidente fuera de España con ocasión de dedicarse al ejercicio de deportes de riesgo. Y el que eso se produzca fuera de las fronteras del país sin que se sepa si existía por las autoridades políticas conocimiento previo del viaje no es bueno ni para el prestigio de la institución ni para el normal desarrollo de las actividades de la Jefatura del Estado. Es de esperar por lo mismo que, al hilo del pleno y rápido restablecimiento de la salud del monarca, la política de transparencia informativa implementada por la Casa Real a raíz del caso Undargarin se extienda también a estas circunstancias, sin necesidad de que se vean tristemente acompañadas de partes médicos.

15 Abril 2012

El acoso más hipócrita

ABC (Bieito Rubido)

Su Majestad el Rey es una figura de dimensión histórica, cuyo protagonismo en la Transición democrática y en la ya larga etapa constitucional merece el reconocimiento y admiración de una gran mayoría de los ciudadanos. Por ello, es lamentable que unos cuantos pescadores en río revuelto aprovechen el accidente sufrido por Don Juan Carlos en su viaje privado a Botsuana, o el de su nieto Felipe, para cargar contra la Monarquía parlamentaria como «forma política del Estado», ignorando así su papel determinante en el funcionamiento de nuestro sistema democrático. Al parecer, no pasa nada cuando se van de caza ciertos personajes menores próximos a la izquierda, y, sin embargo, la misma actividad es objeto de descalificación absoluta en este caso concreto, como si los eventuales derechos de los animales fueran diferentes según quién sea el cazador. Otros exigen información detallada sobre viajes privados y actividades de ocio, desarrolladas durante el fin de semana, cuya difusión choca frontalmente con el respeto debido a la intimidad de las personas.
La Corona es símbolo de la unidad y permanencia del Estado. Don Juan Carlos cumple de forma ejemplar como árbitro y moderador, sin que nadie en justicia pueda formularse reproche alguno en una tarea tan delicada. Por fortuna, la atención médica inmediata, el rápido traslado a España y la exitosa intervención quirúrgica han reducido las secuelas del accidente, de tal manera que Don Juan Carlos volverá —cuando proceda— a ejercer en plenitud sus altas responsabilidades. En plena sintonía con la abrumadora mayoría social, ABC desea trasmitir al Rey de todos los españoles los mejores deseos de una pronta y completa recuperación.
16 Abril 2012

Proteger no es disfrazar

Carlos Dávila

Proteger la Corona no es disfrazar sus errores. O mentir sobre ellos. Es esperpéntico que gentes que no pueden presentar credencial alguna en la defensa de la Monarquía como forma de Estado se dediquen ahora, con tanta hipocresía como interés comercial, a afear a quienes, con todo rigor, piden un replanteamiento sincero de los actos Reales. Nos limitamos a informar: por eso hoy contradecimos a cuantos han asegurado que el Gobierno no conocía el viaje de Don Juan Carlos a Botsuana y contamos que sí, que lo sabía incluso hace mes y medio. En LA GACETA volvemos a repetir algo que debería ser un lugar común: que si algo del Rey no se puede saber, es que no se puede hacer. Y además, volvemos a lo evidente: la ejemplaridad es el activo imprescindible de la Corona. Ella misma lo tiene acreditado.

Carlos Dávila

19 Abril 2012

Pedir perdón, un gesto que honra al Rey

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

EN UN GESTO insólito que le honra, el Rey pidió ayer disculpas por su cacería de elefantes en Botsuana. «Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir», afirmó. Era lo que muchos ciudadanos esperaban de él tras lo que calificábamos en estas páginas el pasado domingo como «un viaje irresponsable en el momento más inoportuno». Otros medios de comunicación y la mayoría de los partidos políticos prefirieron mirar para otro lado. Incluso algunos reivindicaron el derecho del Monarca a comportarse como le diera la gana en su vida privada. Pero el Rey ha comprendido que el viaje fue un grave error y ha reconocido que se equivocó. Ello pone en evidencia que Don Juan Carlos tiene el suficiente sentido común para comprender cuándo ha actuado mal, a pesar de las voces de esos cortesanos que consideran que la mejor manera de fortalecer la institución es aplaudir al Rey haga lo que haga.

No faltará quien le reproche que su acto de contrición es simplemente una estrategia para hacer de la necesidad virtud, pero hay que ponerse en su lugar para valorar la importancia del gesto. Don Juan Carlos nació en el seno de una familia real, fue educado en su cultura y luego fue preparado para ser Rey. Está acostumbrado a recibir por doquier un trato de respeto casi reverencial e incluso de genuflexión por parte de algunas personas que todavía sacralizan la institución. Por ello, no debió ser nada fácil para él comparecer ayer -sostenido por sus dos muletas- ante las cámaras de televisión en el pasillo de un hospital para pedir perdón y decir que lo siente. Es difícil encontrar en la Historia a un monarca o a un jefe de Estado que tan abiertamente asuma que no ha actuado bien.

Su petición de disculpas es, además, un acto muy poco común en el país del sostenella y no enmendalla, en el que nadie reconoce jamás un comportamiento irregular. ¿Cuantas veces hemos visto a un político pedir perdón?

En cierta forma, el Rey se confesó ayer públicamente ante todos los españoles, ya que no falta en su actitud ninguno de los cinco elementos que el Catecismo atribuye a este sacramento: el examen de conciencia, el arrepentimiento, el propósito de la enmienda, el decir los pecados al confesor y el cumplimiento de la penitencia. Todo indica que el Monarca ha examinado su conducta, se ha arrepentido y ha confesado su pecado ante toda la sociedad española, además de expresar su propósito de enmienda. Y eso es lo más importante.

PSOE, PP, UPyD y otras fuerzas políticas acogieron muy positivamente las palabras del Rey, subrayando que su gesto contribuirá a devolver la confianza en su figura. Así es. Incluso los monarcas pueden cometer errores como cualquier ser humano. Lo relevante es que ayer Don Juan Carlos prometió que no volverá a incurrir en la conducta que le hemos reprochado en estas páginas al entender que se sirve mucho más a la institución con una crítica leal y sincera que intentado disimular un mal proceder con halagos desmedidos.

Sería muy cínico afirmar que la Corona sale fortalecida de este incidente, pero al menos el Rey ha tenido la inteligencia de rectificar, lo que dice mucho a su favor en la medida que ha sabido anteponer los intereses de la institución a su orgullo personal. En cualquier caso, el desafortunado viaje a Botsuana para cazar elefantes no puede hacer olvidar el historial de grandes servicios rendidos a España y, muy especialmente, su papel durante la Transición.

Dice el viejo refrán castellano que hasta el mejor escribano echa un borrón. Por ello, lo mejor es dejar de lado este incidente y conceder al Rey el margen de confianza que se ha ganado a pulso durante 37 años.

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