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"Frente a quienes practican la intolerancia, quiero proclamar mi fe en la democracia y mi confianza en el pueblo vasco", manifestó el Jefe del Estado

El Rey Juan Carlos I es abucheado en el Parlamento Vasco por los diputados de Herri Batasuna en la Casa de Juntas de Guernica

HECHOS

El Rey Juan Carlos I intervino en el Parlamento de Vitoria el 4.02.1981. Algunos diputados trataron de boicotear su intervención.

El 4 de febrero de 1981 los reyes fueron abucheados en la Casa de Juntas de Guernica por los diputados de Herri Batasuna. Era un incidente más de los habituales en la formación pro-terrorista, pero para los militares era un insulto a su máxima autoridad del ejército.

SANTI BROUARD, PORTAVOZ DE H. BATASUNA, LIDERÓ LOS ABUCHEOS

brouard Santi Brouard era el principal portavo de Herri Batasuna como jefe de HASI, la formación mayoritaria de la coalición pro-etarra.

Garaicoetxea1981 D. Carlos Garaicoetxea (PNV) saludó al Rey como lehendakari: “Bienvenido a este pueblo, que es el vuestro”

HBJuanCarlos En el momento de los abucheos algunos diputados de Herri Batasuna optaron por cantar el himno del abertzade, otros por gritar al Jefe del Estado español y otros por el pitido. Paralelamente diputados de UCD y PSOE gritaban a los diputados batasunos. El Rey Juan Carlos gesticuló que no era capaz de entender lo que decían si gritaban todos a la vez.

TxikiBenegas_Viana El líder del PSOE vasco, Sr. Txiki Benegas y el de la UCD vasca, D. Jesús María Viana, aplaudían al Jefe del Estado español a la vez que los batasunos abucheaban.

Desalojados  Los diputados de Herri Batasuna encabezados por Santi Brouard fueron desalojados por orden del lehendakari D. Carlos Garaicoetxea.

GacetaNorte_Rey El principal diario de Vizcaya, LA GACETA DEL NORTE, dirigido por D. Antonio Petit Carol, elogió la actitud del Rey de España.

05 Febrero 1981

La Lección del Rey

Editorial (Director: Antonio Petit Caro)

La figura del Rey y la imagen de la Corona se agigantaron en el acto de Guernica, porque sin lejanía, con unainmediatez sustantitva, se enfrentaron a la cruda y convulsa realidad de una parte entrañable de España, el País Vasco que como quedó de manifiesto en la villa foral, quiere mayoritariamente seguir la senda constitucional.

La transparencia informativa de TVE ha dado oportunidad a millones de españoles de contemplar sin intermediarios la calidad personal, la valentía política y la serenidad institucional de Juan Carlos I, Rey de España, con su actuación ante las agresiones verbales y la incalificable conducta de los representantes de la coalición Herri Batasuna, que interrumpieron puño en alto el inicio de su importante discurso dirigido en la Casa de Juntas de Guernica a los parlamentarios y junteros vascos.

La figura del Rey y la imagen de la Corona se agigantaron en el acto de Guernica, porque sin lejanía, con unainmediatez sustantitva, se enfrentaron a la cruda y convulsa realidad de una parte entrañable de España, el País Vasco que como quedó de manifiesto en la villa foral, quiere mayoritariamente seguir la senda constitucional en lo jurídico y la paz y la convivencia en lo social, frente a una minoría que no desaprovecha ocasión para rebasar aquella y crispar ésta.

Juan Carlos I rayó a la altura de un gran Rey, de un enorme estadista, porque supo con su actitud serena contrastar con los violentos y conectar con un auditorio, que es el auténtico pueblo vasco, que reclama, quiere y espera paz, justicia, libertad y orden. El discurso del Rey fue la culminación, por su acierto y por su tino de una jornada histórica que marca un éxito personal de Su Majestad don Juan Carlos y consolida la Corona como la institución vértice del Estado, firme y serena y en pleno contacto con la realidad de los problemas.

La actitud de los aplausos casi unánimes del resto de los parlamentarios y junteros, rubricando el gesto y las palabras del Rey, deben servir a todos los españoles para despojar de visceralidad esos dolorosos juicios generalizadores sobre las gentes de este nuestro País. El acto de Guernica ha sido, además de histórico, inapreciablemente útil, por cuando ha señalado si ningún género de dudas quiénes de los vasos están con la democracia institucionalizada por la Constitución de 1978 y con la autonomía del Estatuto Vasco, y quienes voluntaria y libérrimanete se marginan de ambas realidades jurídicas y sociales.

Para mantener este País vertebrado para asegurar la unidad de la nación española y garantizar la autonomía de sus regiones y nacionales, contamos, entre otras, con una institución, la Corona y con unos Reyes, don Juan Carlos y doña Sofía, que ayer, en Guernica, dieron la medida de su grandeza, de su valentía y de su capacidad para transmitir al pueblo la seguridad y serenidad precisas en momentos tan difíciles como los actuales.

01 Febrero 1981

(Contra la visita del Rey español) Arrano bat galdu zait

Telesforo Monzón

No vamos a servirle como nuestro Rey a aquél que nos envía Madrid. Porque ni hombres ni caballeros han rendido pleitesía jamás a ningún Rey extranjero. Y los que así procedieren, tienen ya su calificativo reservado en la historia.

Qué es lo que he oído estos días ¿Qué para solucionar los problemas de Euskal Herria estáis a la espera de la visita de un Rey? Hablemos claro, señores: Un Rey de dónde? ¿De España o de Euskal Herria? Si es de España – ya lo dice la Ley Vieja – ese no tiene baza para arreglar nada aquí. Y si su intención es la de venir a Euskal Herria como Rey, al igual que lo hicieron sus antepasados. ¿Se puede saber quién le ha otorgado a ese señor su realiza sobre nosotros?

No. Hablemos con todo respeto, pero con claridad. Es posible que Juan Carlos pueda ser Rey de España. No quiero entrar ahí. Pero eso no le da el menor derecho a proclamarse también Rey de Euskal Herria. Que por qué? También es fácil de responder: Porque no somos españoles. A nuestros reyes – cuando lo hemos tenido – lo hemos elegido nosotros y solamente nosotros. Por eso no vamos a servirle como nuestro Rey a aquél que nos envía Madrid. Porque ni hombres ni caballeros han rendido pleitesía jamás a ningún Rey extranjero. Y los que así procedieren, tienen ya su calificativo reservado en la historia. No voy a ser yo quien designe ese calificativo, pero no puedo evitar acordarme del mariscal Petain, y de otros semejantes de la historia.

La Constitución española ya lo dice claramente: “La soberanía nacional reside en el pueblo español del que emanan los poderes del Estado (1. Art, 2. Aptdo.). Así, una mayoría española impone su ley en Euskal Herria. Es eso lo que manda nuestra Ley Vieja.

La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación Española, patria común e indivisible de todos los españoles (Art. 2) De lo que se deduce que nuestra única patria actual es España y la unidad de esa patria es absolutamente indivisible.

Las Fueras Armadas… tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de Espaa, defender su integridad territorial y el ordenamiento jurídico (Art 9, aptdo 1) Ya lo saben los jóvenes que sean llamados a filas, por qién tendrán que derramar su sangre.

‘Los españoles tienen el derecho y el deber de defender a España (Art. 30, aptdo 2. Primer párrafo) ¿También se refiere a los euskaldunes? Y ¿a los abertzales? Y si España no admite la soberanía de Euskal Herria, a favor de quién debemos posicionarnos los abertzales: a favor de España o a favor de Euskal Herria. ¿En favor de la Constitución o a favor de la Ley Vieja?

‘El Rey es el jefe de Estado, símbolo de su unidad y permanencia’. (Art. 56, 3er. Aptdo 3 primer párrafo).

Aquí, mi única pregunta es la siguiente: ¿qué pinta en Gernika un Rey cuya obligación es la de respetar la mencionada Constitución y hacer que se cumpla en Euskal Herria. ¿Podemos los abertzales admitirlo como nuestro rey? ¿Es eso lo que nos han enseñao en los batzokis? Es eso lo que el PNV tenía como meta desde sus mismos orígenes? ¿Es este el ideal por el que han caído los gudaris de ayer y de hoy?

Volvamos a repetirlo: ¿No debe el Rey de España ceñirse a salvaguardar allí la Constitución? Es que Euskal Herria no condenó y rechazó clara y tajantemente esa Constitución extranjera?

Qué debemos hacer? ¿Honrar lo que un día ya condenamos?  O tal vez rechazar lo que honramos? Cabría también una tercera vía. Se trata de la siguiente: Subirnos todos al mismo carro y tomar el camino de Santa Agueda. Precisamente estos días celebramos esa festividad

La Vieja Ley!!! La Vieja Ley!!! La vieja Ley!!! “Hay que hacer que el rey de España ivsite Gernika y jure respetar los Fueros. Pero que´va a respetar y a hacer respetar? Digo yo. ¿La Constitución española o los Fueros Vascos? ¿No véis que son incompatibles? Que se dan la espalda, que – desde hace 150 años – se se tienen declarada la guerra el uno al otro? Y, que pretendéis? ¿Tomar media docena de boinas de mikeletes, un par de pelucas de maceros, hacerle pronunciar al rey de España unas palabras en vascuence, que dudo mucho que él mismo entienda y ponernos a representar la pantomima foral bajo el árbol de Gernika y sobre los 2.600 muertos en la horrible noche del incedio que algunos de los que aún vivimos presenciamos?

“No se dará tormento” dice la Ley Vieja. ¡Igual que aquí!

“Que las cartas contra la libertad sean obedecidas pero no cumplidas” (Exactamente igual que aquí!!

“No se puede prender a ningun vizcaino sino que se deje al albedrio del que ha cometido un delito de libertad de ausentarse”. Realmente igual que aquí!.

¿Qué dirán de todo esto nuestros presos, nuestros exiliados, nuestros torturados y nuestras corporaciones, nuestros torturados y nuestras corporaciones municipales de Elgeta, Zornotza, Arrigorriaga, Andoain, Lesaka…)

Este no es un camino para la paz, señores. Este es un camino para la guerra, porque es un camino de engaño. Y nosotros queremos un camino de paz.

Eso!!! Y entre tantos parlamentos, en el camino, hemos perdido Navarra! ¿Lo habéis visto por algún sitio? ¿Dónde está nuestro Arrano Beltza? Lo Habéis visto por algún sitio? Le pregunté al Árbol de Gernika por si lo había visto y me dijo que no. Hann debido de prohibirle posarse sobre él!

Arrano Beltza! Todos los abertzales de verdad algún día nos reuniremos. Muy pronto. Y volaremos sobre el Cantábrico, en la más absoluta tranquilidad. Y podrás posarte sobre el Arbol de Gernika. Y, al llegar la noche, podrás acurrucarte en alguna oquedad de las viejas piedras de Garazi, y dormir tranquilo. Pusto que todo es tuyo, Arrano Beltza. Todo es tuyo!

Telesforo Monzón

05 Febrero 1981

Incidente en Guernica

EL PAÍS (Editorialista: Javier Pradera)

En el comienzo del tenso y expectante clima en que se desarrolló la sesión de la Casa de Juntas de Guernica, el presidente del Parlamento vasco y el presidente del Gobierno de Vitoria pronunciaron palabras sinceramente cordiales para los Reyes, más allá de la frialdad de las frases protocolarias, y al margen de la oquedad de las expresiones cortesanas.Ante los representantes electos del Parlamento vasco y de las Juntas Generales, el lendakari Garaikoetxea expresó sus esperanzas de «normalización de la convivencia en Euskadi» dentro de la observancia rigurosa de las leyes, exhortó a realizar «un esfuerzo gigantesco de pacificación», a fin de acabar «con una violencia cuyas raíces son más profundas de lo que parecen» y mencionó su deseo de enfocar el tema de Navarra dentro del marco estatutario y en un clima de diálogo racional.

La decisión de los representantes electos de Herri Batasuna de reventar el recibimiento de los diputados y junteros v ascos a los Reyes confirmó las palabras del lendakariGaraikoetxea acerca de la crispación y los enfrentamientos viscerales que tensan la convivencia en Euskadi. Lacircunstancia de que la escenificación de la protesta recordaba en bastantes aspectos el final del célebre juicio de Burgos -cuando los procesados de ETA, hoy en su mayoría militantes de Euskadiko Ezkerra, entonaron el Eusko Gudariakpuño en alto- muestra hasta qué punto los dirigentes de Herri Batasuna se han quedado inmaduramente fijados en el pasado y se hallan movidos por una especie de compulsión a repetir siempre los mismos gestos y las mismas actitudes. Ya alguien dijo que las tragedias históricas tienden a convertirse en farsas en sus segundas representaciones. Que no fueran números de la Guardia Civil, sino miembros de los servicios de orden del Gobierno vasco, quienes les desalojaran de la sala -cuando su manifestación política de disentimiento se prolongaba en una interminable gamberrada para impedir al Rey tomar la palabra- y que los representantes electos de lagran mayoría del pueblo vasco les abuchearan, al tiempo que aplaudían a los Reyes, tal vez debiera hacer reflexionar a los representantes -también electos- de Herri Batasuna.

Es cierto que a lo largo de la historia parlamentaria europea grupos de diputados han manifestado, a veces con escasa educación, su protesta contra unjefe de Estado o un primer ministro, y que resultaría excesivo rasgarse las vestiduras más allá de lo que el censurable incidente merece. Pero también es verdad que esta era la primera ocasión en que los representantes de Herri Batasuna se reunían con sus compañeros y que sus apoyos ideológicos o sus justificaciones políticas de las bandas armadas de ETA Militar no invitan, precisamente, a la serenidad o a los miramientos de los servicios de orden cuando entonan canciones guerreras. Aun así, si este bronco, desagradable y descortés incidente significara que los diputados y junteros de Herri Batasuna están dispuestos a ocupar su sitio en las instituciones representativas, el mayor consumo de tranquilizantes de los nervios que la decisión implicaría para los demás podría estar compensado por la lejana esperanza de que alguna vez dejaran de cantar himnos militares y de insultar a sus huéspedes y comenzaran a dialogar.

La sangre fría del Rey y la serenidad de la Reina, huéspedes vejados por un sector minoritario de sus anfitriones, fueron sencillamente ejemplares, al igual que el comportamiento del presidente Garaikoetxea y de los diputados y junteros, que abrumadoramente rechazaron la provocación de Herri Batasuna. La turbulenta sesión no hizo, así pues, más que confirmar el acierto de don Juan Carlos al afirmar que la reinstauración en esas tierras de «la convivencia, la libertad y la tolerancia que siempre las distinguieron» será fundamentalmente obra de «los propios resortes morales del pueblo vasco».

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