1 julio 1994

Caída del Gobierno de Hata

El socialista Tomiichi Murayama se convierte en primer ministro de Japón con el inesperado apoyo del Partido Liberal Democrático

El socialista Tomiichi Murayama se convierte en primer ministro de Japón con el inesperado apoyo del Partido Liberal Democrático

Hechos

Fue noticia el 1 de julio de 1994.

Lecturas

El Parlamento japonés elige primer ministro al socialista Tomiichi Murayama, de 70 años, poniendo fin al efímero Gobierno de Tsutomu Hata y protagonizando una de las combinaciones políticas más insólitas de la posguerra: el nuevo jefe del Gobierno pertenece al Partido Socialista de Japón, pero alcanza el cargo gracias a una coalición con su enemigo histórico, el Partido Liberal Democrático (PLD), acompañado por el pequeño Nuevo Partido Sakigake. Murayama derrota en la votación parlamentaria al ex primer ministro Toshiki Kaifu, antiguo dirigente del PLD que rompe con su partido y recibe el apoyo de la coalición saliente. Murayama se convierte así no en el primer socialista que gobierna Japón, sino en el primero desde Tetsu Katayama en 1947-1948, casi medio siglo antes.

La explicación comienza en las elecciones de julio de 1993, cuando el PLD perdió por primera vez desde 1955 el control del Gobierno después de escisiones internas y sucesivos escándalos de corrupción. Una heterogénea coalición de ocho fuerzas, que reunía desde socialistas hasta conservadores escindidos del propio PLD, llevó al poder a Morihiro Hosokawa. Su Gobierno impulsó la reforma electoral destinada, entre otras cosas, a combatir algunos de los mecanismos que habían favorecido la corrupción política. Pero aquella coalición estaba mucho más unida por su voluntad de desalojar al PLD que por un programa ideológico común. Hosokawa dimitió en abril de 1994, acosado por controversias sobre sus propias finanzas políticas.

Lo sucedió el 28 de abril de 1994 Tsutomu Hata, dirigente del Shinseitō y antiguo liberal-demócrata. Pero su Gobierno nació prácticamente condenado. Inmediatamente después de que los socialistas hubiesen votado a Hata como primer ministro, los principales partidos de la coalición constituyeron el grupo parlamentario Kaishin, que los socialistas interpretaron como un intento de marginarlos y concentrar el control de la mayoría. El Partido Socialista abandonó entonces la coalición. Murayama explicaría posteriormente en la Dieta que se había quebrado la confianza entre los socios y denunciaba una política de hechos consumados y decisiones tomadas sin acuerdo entre los partidos. Hata quedó así al frente de un Gobierno minoritario.

Durante apenas dos meses Hata intentó sobrevivir buscando nuevamente el apoyo socialista. Cuando el PLD presentó una moción de censura y quedó claro que sin los votos de Murayama sería derrotado, el primer ministro decidió no disolver la Cámara y convocar elecciones anticipadas. El 25 de junio dimitió, argumentando que Japón necesitaba un Gobierno estable y que unas elecciones producirían un prolongado vacío político. Su gabinete había durado solamente 64 días.

Entonces se produjo la maniobra que pocos meses antes habría parecido imposible. El PLD, decidido a recuperar el Gobierno, ofreció su apoyo a Murayama, dirigente de un partido socialista con el que había combatido durante prácticamente toda la posguerra. Los socialistas aceptaron aliarse con quienes habían gobernado Japón durante 38 años y a quienes ellos mismos habían contribuido a desalojar en 1993. El Nuevo Partido Sakigake completó la mayoría. El acuerdo formal entre las tres fuerzas fue alcanzado entre el 29 y el 30 de junio.

El resultado es una coalición llena de contradicciones. Los socialistas habían cuestionado tradicionalmente las Fuerzas de Autodefensa y la alianza militar con Estados Unidos y mantenían posiciones muy diferentes de las del PLD en política exterior y de seguridad. Murayama comenzará rápidamente a modificar algunas de esas posiciones para hacer viable el Gobierno. El PLD, mientras tanto, recupera el acceso al Ejecutivo sin recuperar todavía la jefatura del mismo. Once meses después de la caída de su hegemonía, vuelve al poder utilizando para ello al dirigente del partido que durante décadas había encarnado su principal oposición.

LA VANGUARDIA

30 Junio 1994

Un hábil negociador de pasillos

LA VANGUARDIA

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Tomiichi Murayama es el 1er primer ministro socialista que dirigirá los destinos de Japón desde el año 1948. Parlamentario avezado, Murayama, de 70 años, llegó en septiembre del pasado año a la presidencia del segundo partido japonés, amenazado de escisión después de una severa derrota en las elecciones legislativas celebradas dos meses antes.

El número de escaños obtenidos por el Partido Socialista (PS) en el seno de la Cámara Baja de la Dieta japonesa se redujo entonces prácticamente a la mitad, pasando de 134 a 70 escaños. Entonces se eligió a Murayama con facilidad contra un candidato del ala izquierda del PS. Se comprometió a reactivar el partido que, después de 38 años en la oposición al Partido Liberal Demócrata, se había convertido en uno de los principales componentes del nuevo Gobierno reformista de Morihiro Hosokawa.

Aunque es parlamentario desde hace 22 años, en representación de su región natal de Oita (sur de Japón), Murayama es más conocido en medios políticos, por ser un hábil negociador de pasillos. Desde su llegada a la dirección del PS, ha conseguido una notoria popularidad.

Nacido el 3 de marzo de 1924, de padre pescador, Murayama estudió Economía y Ciencias Políticas en la Universidad privada Meiji, una de las mejores de Tokio. Durante muchos años ha tenido una intensa actividad a escala local y regional.

Carlos Nadal

30 Junio 1994

Presidente por carambola

Carlos Nadal

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Japón vive tiempos de poca estabilidad política después de casi cuarenta años de tenerla asegurada por los gobiernos de PLD.

Ahora se da la paradoja que, bajo la apariencia de una lucha entre los partidos que fueron de oposición y el PLD, lo que hay es una lucha entre las facciones de este último. Y los socialistas consiguen la presidencia del gobierno precisamente por el apoyo de una de estas facciones.

El PLD siempre ha sido una agrupación de clanes políticos con amplias redes de clientelas y ligados a sectores del mundo de los negocios, que produjo escándalos de gran resonancia como los de las compañías Lockheed y Recruit, que afectaron a personajes de mucho talla en el partido.

La crisis política japonesa tiene pues dos componentes principales. Por una parte, el aumento de la tensión entre los clanes del PLD que ha llegado, en algunos casos, a escisiones en firme como la del recién caído primer ministro Hata. Por otra, la pérdida de la mayoría absoluta parlamentaria del PLD en las elecciones de hace un año.

Pero el juego sigue entre los mismos. La crisis actual se decidía entre los clanes del PLD. Y, por carambola, llega a primer ministro un socialista que debe su puesto al apoyo de sus mayores enemigos.

La anomalía de la situación no resuelve nada. Como mucho, supone un paréntesis que deja las armas en alto para nuevas elecciones. El país estaba acostumbrado a la perduración del PLD en el poder y a sus luchas internas. Ahora, los enfrentamientos entre las distintas familias del PLD implican al conjunto parlamentario del país, ponen en peligro la estabilidad de que parecían garantes.

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

01 Julio 1994

La gran sorpresa

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

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LA CRISIS gubernamental en Tokio se ha resuelto, al menos de momento, con una solución que ha causado la mayor sorpresa en Japón y en el mundo. El líder socialista, Murayama, ha sido elegido jefe del Gobierno con los votos del Partido Liberal Democrático (PLD), el enemigo del Partido Socialista, (PS) desde 1948. Esta coalición contra natura se forjó por sorpresa: Muruyama, unas horas antes de su, elección, estaba negociando el apoyo de su partido a la coalición de Hata. Estos cambios bruscos, imposibles en un sistema democrático normal, en que las alianzas y las rupturas se gestan sobre debates programáticos, confirman la grave enfermedad que aqueja a la democracia japonesa. Después de 38 años de monopolio del PLD, el hundimiento de este partido en la corrupción provocó el surgimiento en su seno de una serie de tendencias que, cristalizadas en partidos disidentes, lograron hace un ano, en nombre de la pureza, formar el Gobierno de Hosokawa y dejar al PLD en la oposición.Punto básico de la nueva coalición, que contó desde el principio con el apoyo del Partido Socialista, era aprobar una ley electoral que impidiese el clientelismo y la corrupción, que han sido la base del poder del PLD. La nueva ley electoral no ha sido aprobada, pero se puso en marcha un rápido proceso de descomposición de la política japonesa. Los gobiernos se cuecen a partir de odios y rivalidades personales, o de bandas. Antes de la elección de Muruyama, un antiguo primer ministro del PLD, Kaifu, desertó de este partido para presentarse a la presidencia en nombre de la coalición rival. Al final, la elección se decidió en un enfrentamiento pintoresco de Kaifu contra Muruyama, uno y otro Solicitando el voto de los diputados que habían sido sus adversarios.¿Cómo se explica que el PLD haya votado a Muruyama? Es una forma de retomar al poder, aunque éste tenga que ser compartido. Con sus más de 200 escaños, frente a los 74 del PS, Muruyama está condenado a ser prisionero o títere. Llegado el momento que considere oportuno, el PLD no tendría mayores dificultades para eliminarle. Por otra parte, frente a la renovación representada por los breves Gobiernos de Hosokawa y Hata, el PLD y los socialistas están interesados en conservar algunos de los fundamentos de la política del pasado, como el muy corrupto sistema electoral, que otorga al PS un segundo puesto que peligraría en caso de reforma.

Pasada su elección, Muruyama ha conseguido formar un Gobierno cuya mayor dificultad será elaborar una política mínimamente coherente. Japón pone fin a un año de intentos renovadores que han dado ciertos resultados positivos. El programa de desregulación de la economía y de cierta apertura al extranjero, que el Gobierno de Hata había preparado con vistas a la cumbre de los Siete en Nápoles, quedará en los cajones de los proyectos sin cumplir. Para EE UU, la presencia de un primer ministro socialista en Tokio es causa de preocupación, sobre todo por la manifiesta simpatía del PS japonés hacia Corea del Norte. Es un serio revés para los intentos de Washington de crear un frente sólido con sus socios asiáticos contra Pyongyang.

El Análisis

EL PLD VUELVE AL GOBIERNO ESCONDIDO DETRÁS DE UN SOCIALISTA

JF Lamata

Tsutomu Hata no ha caído tanto por una derrota electoral como por la imposibilidad aritmética y política de mantener unida la coalición que expulsó al PLD del poder. El experimento iniciado por Hosokawa tenía una contradicción de nacimiento: socialistas, centristas y conservadores procedentes del PLD compartían adversario, pero no necesariamente proyecto. La creación de Kaishin inmediatamente después de la elección de Hata terminó de romper la confianza socialista y convirtió al nuevo primer ministro en jefe de un Gobierno minoritario condenado a negociar cada votación. Dos meses después, el PLD sólo tuvo que presentar una moción de censura y esperar. Hata prefirió dimitir antes que afrontar una derrota parlamentaria.

La mayor paradoja es que el vencedor de la crisis parece ser precisamente el partido que perdió el poder en 1993. El PLD vuelve al Gobierno, aunque permita que Murayama ocupe la residencia del primer ministro. Llamarlo simplemente «florero» sería exagerado: el socialista será jefe efectivo del Ejecutivo y su partido participa realmente en la coalición. Pero la desproporción de fuerzas resulta evidente y el precio de gobernar obligará a Murayama a convivir con muchas de las políticas fundamentales del adversario histórico de su partido. Para el PLD el negocio parece extraordinario: después de 38 años de Gobierno fue desalojado como símbolo de un sistema agotado y salpicado por la corrupción; once meses después regresa al Consejo de Ministros sin haber necesitado ganar unas elecciones y dejando que sea un socialista quien presida su retorno. La gran incógnita ya no es si el PLD ha vuelto al poder, porque ha vuelto. Es si su breve expulsión de 1993 fue el comienzo del final de su hegemonía o simplemente un paréntesis dentro de ella.

J. F.