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El socialista Murayama se convierte en primer ministro de Japón con el inesperado apoyo del Partido Liberal Democrático

HECHOS

Fue noticia el 1 de julio de 1994.

01 Julio 1994

La gran sorpresa

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

LA CRISIS gubernamental en Tokio se ha resuelto, al menos de momento, con una solución que ha causado la mayor sorpresa en Japón y en el mundo. El líder socialista, Murayama, ha sido elegido jefe del Gobierno con los votos del Partido Liberal Democrático (PLD), el enemigo del Partido Socialista, (PS) desde 1948. Esta coalición contra natura se forjó por sorpresa: Muruyama, unas horas antes de su, elección, estaba negociando el apoyo de su partido a la coalición de Hata. Estos cambios bruscos, imposibles en un sistema democrático normal, en que las alianzas y las rupturas se gestan sobre debates programáticos, confirman la grave enfermedad que aqueja a la democracia japonesa. Después de 38 años de monopolio del PLD, el hundimiento de este partido en la corrupción provocó el surgimiento en su seno de una serie de tendencias que, cristalizadas en partidos disidentes, lograron hace un ano, en nombre de la pureza, formar el Gobierno de Hosokawa y dejar al PLD en la oposición.Punto básico de la nueva coalición, que contó desde el principio con el apoyo del Partido Socialista, era aprobar una ley electoral que impidiese el clientelismo y la corrupción, que han sido la base del poder del PLD. La nueva ley electoral no ha sido aprobada, pero se puso en marcha un rápido proceso de descomposición de la política japonesa. Los gobiernos se cuecen a partir de odios y rivalidades personales, o de bandas. Antes de la elección de Muruyama, un antiguo primer ministro del PLD, Kaifu, desertó de este partido para presentarse a la presidencia en nombre de la coalición rival. Al final, la elección se decidió en un enfrentamiento pintoresco de Kaifu contra Muruyama, uno y otro Solicitando el voto de los diputados que habían sido sus adversarios.¿Cómo se explica que el PLD haya votado a Muruyama? Es una forma de retomar al poder, aunque éste tenga que ser compartido. Con sus más de 200 escaños, frente a los 74 del PS, Muruyama está condenado a ser prisionero o títere. Llegado el momento que considere oportuno, el PLD no tendría mayores dificultades para eliminarle. Por otra parte, frente a la renovación representada por los breves Gobiernos de Hosokawa y Hata, el PLD y los socialistas están interesados en conservar algunos de los fundamentos de la política del pasado, como el muy corrupto sistema electoral, que otorga al PS un segundo puesto que peligraría en caso de reforma.

Pasada su elección, Muruyama ha conseguido formar un Gobierno cuya mayor dificultad será elaborar una política mínimamente coherente. Japón pone fin a un año de intentos renovadores que han dado ciertos resultados positivos. El programa de desregulación de la economía y de cierta apertura al extranjero, que el Gobierno de Hata había preparado con vistas a la cumbre de los Siete en Nápoles, quedará en los cajones de los proyectos sin cumplir. Para EE UU, la presencia de un primer ministro socialista en Tokio es causa de preocupación, sobre todo por la manifiesta simpatía del PS japonés hacia Corea del Norte. Es un serio revés para los intentos de Washington de crear un frente sólido con sus socios asiáticos contra Pyongyang.

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