31 julio 1963

Elecciones Argentina 1963 – Arturo Illia (Unión Cívica Radical del Pueblo) se convierte en el nuevo Presidente de la nación

Hechos

Las elecciones se celebraron el 31 de julio de 1963.

Lecturas

Son las primeras elecciones tras el golpe de Estado que derribo a Frondizi

Reunido este 31 de julio de 1963 en Buenos Aires el Colegio Electoral ha votado mayoritariamente por el candidato de la Unión Cívica Radical del Pueblo, Arturo Illia, que es desde hoy presidente constitucional de Argentina.

Desde las elecciones celebradas el 7 de julio, en las que Illia superó a sus rivales en cantidad de votos, pero no obtuvo la mayoría absoluta, se especuló sobre una serie de posibles alianzas que hurtarían el triunfo al candidato radical. El cónclave de electores se había convertido en una caja de sorpresas, pero privó el criterio tradicional de respaldar la mayoría simple.

En unos comicios sin participación peronista, Illia obtuvo 2.500.000 votos, Alende, encabezando un sector de la intransigencia frondicista, 1.600.000 y el general Aramburu, ex presidente de la Revolución Libertadora que derrocó a Perón, 1.350.000.

Otros seis partidos participaron en las elecciones, pero la cifra mayor de votos, después de Illia, la obtuvo el peronismo, proscrito, con 1.700.000 papeletas en blanco.

Illia aguantará en el poder hasta 1966.

El Análisis

Argentina vota… pero no todos pueden jugar

JF Lamata

Las elecciones presidenciales de 1963 han devuelto a Argentina una apariencia de normalidad democrática, aunque la palabra “apariencia” sea clave. Arturo Illia, de la Unión Cívica Radical del Pueblo, ha salido ganador en una contienda donde los grandes ausentes han sido, una vez más, el peronismo y su líder Juan Domingo Perón, aún proscrito y exiliado bajo la protección política de Francisco Franco en España. La campaña ha sido peculiar: mientras Illia representaba la opción moderada y austera, Oscar Alende aglutinaba a parte de los frondicistas que intentaban sobrevivir en el escenario sin su viejo jefe, y el general Pedro Eugenio Aramburu, exdictador de la Revolución Libertadora, intentaba reinsertarse en la política por la puerta de las urnas.

El resultado, sin embargo, no puede analizarse sin mirar a la sombra larga de Perón. Aunque su partido sigue prohibido, el peso de sus seguidores y la orientación de sus simpatías siguen moviendo fichas. La proscripción ha distorsionado el mapa político: millones de votantes peronistas se han visto obligados a elegir entre opciones que no les representan del todo, inclinando el tablero de formas difíciles de medir. Illia ha logrado su victoria más por la dispersión de sus rivales que por un arrastre masivo, y ese es un dato que dice mucho del frágil equilibrio político del país.

Para Argentina, este cambio de mando significa, en teoría, un retorno a la institucionalidad civil. Pero los fantasmas siguen sentados en la mesa: la presión militar, el veto al peronismo y la inestabilidad económica amenazan con que esta nueva etapa no dure demasiado. Illia tendrá que gobernar con un ojo en la Casa Rosada y el otro mirando hacia los cuarteles… porque en esta Argentina de la década del 60, los votos cuentan, pero los fusiles siguen opinando.

J. F. Lamata