21 junio 1994

Samper obtuvo 3.679.632 votos (50%) frente a los 3.553.146 votos (48%) que logró Pastrana

Elecciones Colombia 1994 – Ernesto Samper (Partido Liberal) vence a Andrés Pastrana (Partido Conservador) en unas reñidas elecciones

Elecciones Colombia 1994 – Ernesto Samper (Partido Liberal) vence a Andrés Pastrana (Partido Conservador) en unas reñidas elecciones

Hechos

El 19.06.1994 se celebró la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia en las que se proclamó vencedor al candidato Ernesto Samper.

Lecturas

Colombia elige presidente después de una de las campañas más igualadas de su historia reciente. El liberal Ernesto Samper Pizano, de 43 años, se impone al conservador Andrés Pastrana Arango, de 39, en la segunda vuelta de las primeras elecciones presidenciales celebradas bajo el nuevo sistema electoral establecido por la Constitución de 1991. El escrutinio definitivo otorgará a Samper 3.733.336 votos (50,26 %) frente a los 3.576.781 (48,15 %) de Pastrana, apenas 156.555 sufragios de diferencia. La participación aumenta considerablemente respecto a la primera vuelta, aunque la abstención continúa siendo muy elevada.

Samper representaba al Partido Liberal Colombiano, que gobernaba desde 1986. Abogado y economista, había presidido la Asociación Nacional de Instituciones Financieras, sido concejal de Bogotá, senador y dirigente nacional liberal. En 1989 resultó gravemente herido en el atentado en el que murió el dirigente de izquierdas José Antequera Antequera. Tras perder la candidatura liberal de 1990 frente a César Gaviria Trujillo, apoyó a éste y posteriormente fue su ministro de Desarrollo Económico y embajador en España. Para 1994 regresó presentándose como representante del ala más social del liberalismo frente al sector más identificado con la apertura económica de Gaviria. En la consulta interna derrotó ampliamente al entonces ministro de Gobierno Humberto de la Calle Lombana, al que posteriormente incorporó como candidato a vicepresidente.

Su principal adversario era Andrés Pastrana Arango, hijo del expresidente conservador Misael Pastrana Borrero. Abogado, periodista y antiguo presentador de televisión, había adquirido notoriedad nacional también por razones dramáticas: en enero de 1988 fue secuestrado por hombres del cartel de Medellín y liberado pocos días después. Ese mismo año ganó la Alcaldía de Bogotá y posteriormente fue senador. Aunque procedía del Partido Conservador, concurrió alrededor de su movimiento Nueva Fuerza Democrática y de la candidatura denominada Andrés Presidente, reuniendo finalmente al conservatismo y otros sectores contrarios a la continuidad liberal. Su candidato vicepresidencial era Luis Fernando Ramírez Acuña.

La tercera candidatura relevante fue la de Antonio Navarro Wolff, antiguo comandante del guerrillero M-19. Después de la desmovilización de esa organización en 1990, Navarro había sido ministro de Salud de Gaviria y uno de los tres copresidentes de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991. Se presentó por Compromiso Colombia, acompañado por el dirigente indígena Jesús Enrique Piñacué Achicué. Su 3,79 % quedó, sin embargo, extraordinariamente lejos de los dos grandes candidatos. Los otros quince aspirantes se repartieron porcentajes muy reducidos: la presidencial terminó convertida prácticamente en un enfrentamiento entre Samper y Pastrana.

La primera vuelta del 29 de mayo mostró un empate extraordinario: Samper consiguió aproximadamente 2,62 millones de votos, el 45,3 %, y Pastrana unos 2,60 millones, el 45 %. La diferencia fue de sólo 18.439 votos. Entre ambos habían concentrado más del 90 % del sufragio, por lo que la segunda vuelta no consistiría tanto en conquistar el electorado de una gran tercera fuerza como en movilizar a quienes se habían abstenido.

Durante las tres semanas siguientes ambos candidatos moderaron además sus diferencias programáticas. Samper defendía el denominado «Salto Social», que pretendía introducir mayor contenido social en el modelo económico sin desmontar la apertura iniciada por Gaviria. Pastrana ponía mayor énfasis en liberalización, modernización y renovación política. Los dos prometían combatir el narcotráfico, buscar fórmulas de pacificación y modernizar el Estado. La similitud llegó a inspirar a la prensa satírica colombiana el término «Pastramper» para representar la creciente dificultad de distinguir determinadas propuestas de ambos finalistas.

La movilización decide finalmente la elección. Entre ambas vueltas el número de votantes pasa de aproximadamente 5,8 a 7,4 millones. Samper consigue aumentar su ventaja desde apenas 18.000 votos hasta 156.555 y obtiene importantes resultados en Bogotá y en buena parte de la costa caribeña, mientras Pastrana se impone, entre otros territorios, en Antioquia, Boyacá, Caldas y Cundinamarca. El liberalismo consigue así conservar por tercera legislatura consecutiva la Presidencia, después de los gobiernos de Virgilio Barco Vargas y César Gaviria Trujillo.

El presidente electo recibirá el 7 de agosto un país muy diferente del que había encontrado Gaviria cuatro años antes. La Constitución de 1991 ha remodelado las instituciones; el M-19 se ha desmovilizado; y Pablo Escobar Gaviria murió en diciembre de 1993. Pero la desaparición del jefe del cartel de Medellín no significa el final del narcotráfico: el cartel de Cali ocupa ahora una posición predominante. Tampoco ha terminado la guerra: las FARC y el ELN mantienen estructuras guerrilleras y presencia territorial. Samper ha ganado las elecciones por poco más de dos puntos. Tendrá cuatro años para demostrar si una victoria tan estrecha permite gobernar problemas considerablemente mayores.

—

 

LA VANGUARDIA

21 Junio 1994

Un hábil combinado de tendencias.

LA VANGUARDIA

Leer

Ernesto Samper, 43 años, abogado y economista, tiene una gran capacidad para combinar sus conocimientos intelectuales y políticos con una buena dosis de sentido del humor. A su lado militan dirigentes de todas las tendencias, desde neoliberales, socialdemócratas y ex jefes guerrilleros del M-19. «Soy la síntesis de todo ello», ha dicho Samper en varias ocasiones. Su primer movimiento político dentro del liberalismo fue Poder Popular, mezcla de socialismo y populismo. En 1990 quedó tercero en la consulta interna del liberalismo. Gaviria lo nombró ministro de Desarrollo. Como embajador en España trabajó por definir la situación jurídica de ciertos colombianos presos por narcotráfico, aceleró acuerdos comerciales e impulsó los empréstitos españoles para la reanudación de las obras del metro de Medellín.

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

21 Junio 1994

Samper, presídente

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

Leer

LA SEGUNDA vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia no ha confirmado las previsiones. Lejos de ser un paso más en el absentismo -tradicional en el país y estimulado esta vez por el Mundial de fútbol-, el número de votantes en la segunda vuelta ha alcanzado casi los 7,5 millones, o sea, la cifra más alta en la historia. El domingo acudieron a las urnas 1,7 millones de colombianos más que en la primera vuelta. Por otra parte, se ha producido un desempate claro entre los dos candidatos principales: el liberal Ernesto Samper resulta elegido presidente con una diferencia, no muy grande, pero indiscutible. El conservador Pastrana ha reconocido la victoria de su contrincante y ha llamado a la población a poner por encima de todo los intereses del país. Lo más notable de estas elecciones es sin duda el clima de paz relativa que ha reinado en ellas, sobre todo si se recuerda que las anteriores, en 1989, tuvieron lugar en medio de un baño de sangre, con una sucesión de atentados perpetrados por las bandas armadas de los narcotraficantes. El nuevo presidente conserva en su cuerpo varias balas, señal de un atentado del que fue víctima en aquella etapa. Pero sería demasiado optimista creer que el problema del narcotráfico está resuelto. La explicación estriba en que el clan de Cali ejerce hoy la hegemonía, y en que su táctica incluye la negociación con el Gobierno, a la cual éste no se niega.

Por primera vez en las elecciones presidenciales colombianas se ha aplicado un sistema de dos vueltas, ideado para facilitar que puedan aparecer nuevas fuerzas políticas, fuera de la tradicional confrontación entre liberales y conservadores que ha sido la norma inmutable durante décadas. De esta manera, es cierto que en la primera vuelta se presentaron 18 partidos, pero sin que ello afectase gran cosa a los resultados. El tercer partido más votado en la primera vuelta sólo obtuvo un 3,8% de sufragios, mientras los candidatos de las dos fuerzas tradicionales oscilaban entre el 45% y el 48%. Por ello, la segunda vuelta se circunscribió a los adversarios de siempre. Todo indica que la aparición de nuevas fuerzas políticas tras la reinserción de algunos grupos guerrilleros no ha podido romper la división clásica entre liberales y conservadores, fuertemente incrustados en las familias y con una gran fuerza de reproducción. Al mismo tiempo, la mitad de la población queda al margen de ese juego y se abstiene sistemáticamente. Por eso es lógico que tanto el nuevo presidente como su antecesor, Gaviria, hayan destacado el retroceso de la abstención en la segunda vuelta. Sin embargo, ese retroceso ha sido escaso, y reforzar la democracia en el futuro exigirá incorporar a nuevos sectores de la población a la política y a la actividad electoral.

Dentro de una similitud bastante marcada entre los programas de los dos candidatos, un punto positivo para el elegido, Samper, es su mayor preocupación por los problemas de miseria que afectan a amplios sectores de la población. Si bien va a heredar un país con índices macroeconómicos positivos, gracias al plan de ajuste y liberalización del presidente Gaviria, el aumento del desempleo y el malestar creciente en las capas más pobres son cuestiones angustiosas que reclaman soluciones de fondo. Ernesto Samper parece más preparado para abordar estos problemas. Por otra parte, Gaviria se retira de sus cuatro años de presidencia con un balance básicamente positivo y con un prestigio que le va a colocar en fecha breve al frente de la Organización de Estados Americanos. Por todo ello, la continuidad que significa la victoria de Samper tiene, en el caso presente, un signo netamente positivo.

El Análisis

SAMPER GANA POR 156.555 VOTOS

JF Lamata

Ernesto Samper Pizano mantiene la Presidencia en manos del Partido Liberal, pero difícilmente puede interpretarse el resultado como un mandato arrollador: después de ocho años de gobiernos liberales, Andrés Pastrana Arango se ha quedado a sólo 156.555 votos de terminar con esa continuidad. Samper representa al mismo partido de César Gaviria Trujillo y había formado parte de su Gobierno, pero no era exactamente su candidato continuista: derrotó en las primarias al representante más directo del gavirismo, Humberto de la Calle Lombana, para después incorporarlo a su candidatura, y ha prometido corregir socialmente algunos efectos de la apertura económica. Ahí reside buena parte de su habilidad política: ha conseguido presentarse simultáneamente como heredero de la estabilidad institucional del liberalismo y como corrector de la política económica de un Gobierno al que él mismo perteneció. Pastrana, por su parte, queda a las puertas de la Presidencia después de haber demostrado que el conservatismo, revestido de una candidatura más personal y suprapartidista, podía volver a disputar seriamente el poder. La movilización adicional de casi 1,6 millones de votantes entre ambas vueltas terminó proporcionando a Samper el margen que no había conseguido el 29 de mayo.

Pero ganar las elecciones colombianas es bastante más sencillo que resolver los problemas que esperan al vencedor. La muerte de Pablo Escobar Gaviria ha descabezado al cartel de Medellín, no al narcotráfico: el cartel de Cali conserva una formidable capacidad económica y de penetración institucional. Las FARC y el ELN tampoco han desaparecido con la desmovilización del M-19 y mantienen abierta una guerra que mezcla insurgencia, violencia rural, secuestros y creciente financiación procedente de las economías ilícitas. Samper propone diálogo y «humanización» del conflicto mediante el Derecho Internacional Humanitario, pero deberá combinar cualquier iniciativa de paz con la capacidad efectiva del Estado para imponer la ley. Colombia estrena Constitución, vicepresidente electo y segunda vuelta presidencial; no estrena, desgraciadamente, ninguno de sus grandes problemas. El próximo presidente llega al poder con 3,7 millones de votos, pero en un país de más de treinta millones de habitantes y con una abstención todavía superior a la mitad del censo. Su primera victoria ha sido extraordinariamente estrecha; su verdadera prueba comienza ahora.

J. F.