28 noviembre 1989
El candidato opositor, derrotado en 1985, ha logrado el triunfo con una ventaja de 8 puntos sobre su rival
Elecciones Honduras 1989 – Rafael Callejas (Partido Nacional) vence a Carlos Flores (Partido Liberal) y logra la presidencia
Hechos
El 26 de noviembre de 1989 se celebraron elecciones presidenciales en Honduras en las que fue declarado ganador el candidato Rafael Callejas.
Lecturas
El Análisis
La victoria de Rafael Leonardo Callejas Romero, candidato del conservador Partido Nacional, en las elecciones del 26 de noviembre de 1989 supone algo más importante que un simple cambio de presidente: consolida la posibilidad de alternancia en una democracia hondureña restaurada apenas ocho años atrás después de décadas de enorme influencia militar. Callejas, economista agrícola de 46 años, exministro de Recursos Naturales y dirigente de una nueva generación nacionalista, llegaba además con una curiosa cuenta pendiente: en 1985 había sido individualmente el candidato más votado, pero el peculiar sistema utilizado entonces otorgó la Presidencia al liberal José Simón Azcona del Hoyo, porque se sumaron los votos obtenidos por todos los candidatos de cada partido. Cuatro años después ya no hay semejante paradoja: Callejas obtiene 917.168 votos, alrededor del 52,3%, frente a los 776.983 —44,3%— de Carlos Roberto Flores Facussé, y el Partido Nacional consigue además una sólida mayoría parlamentaria, con 71 de los 128 diputados. Flores, ingeniero, empresario y propietario del diario La Tribuna, representaba la renovación generacional del gobernante Partido Liberal y había sido ministro de la Presidencia de Azcona; pero cargaba inevitablemente con el desgaste de ocho años consecutivos de administraciones liberales, primero Roberto Suazo Córdova y después Azcona, incapaces de solucionar una situación marcada por deuda exterior, desempleo, inflación y pobreza. Callejas ofrece precisamente un programa económico más liberal y conservador: reducción del gasto público, adelgazamiento burocrático, estímulo de la empresa privada y modernización de una economía extraordinariamente dependiente de Estados Unidos. Pero tendrá que gobernar también un país convertido por su geografía en pieza del tablero de la guerra centroamericana, con miles de contras nicaragüenses instalados en territorio hondureño, tropas estadounidenses presentes y las guerras de Nicaragua y El Salvador prácticamente a sus puertas; significativamente, tanto Callejas como Flores defendieron la repatriación voluntaria de los contras. Puede parecer una elección poco espectacular comparada con las revoluciones y guerras civiles de sus vecinos, pero acaso ésa sea precisamente su mayor virtud: el Partido Liberal pierde y entrega el poder al Partido Nacional mediante las urnas. Callejas será el primer nacionalista que gobierne desde la recuperación democrática y el primer opositor que gane la Presidencia desde 1932. En una Centroamérica donde durante demasiado tiempo cambiar de Gobierno significó pronunciamientos, guerrillas o cuartelazos, que Honduras pueda cambiarlo simplemente contando papeletas constituye por sí solo una noticia excelente. El reto de Callejas será demostrar ahora que la alternancia política puede traer también aquello que ocho años de democracia todavía no han proporcionado a buena parte de los hondureños: prosperidad, estabilidad y un Estado menos dependiente tanto de sus militares como de Washington.
JF