1 diciembre 1994
Elecciones Ururguay 1994 – Triunfo de Julio María Sanguinetti
Hechos
Fue noticia el 1 de diciembre de 1994.
Lecturas
27 de noviembre de 1994. Uruguay ha celebrado unas de las elecciones más ajustadas de su historia reciente y ha devuelto la Presidencia de la República a Julio María Sanguinetti Coirolo, del Partido Colorado, presidente ya entre 1985 y 1990 y uno de los protagonistas de la recuperación democrática posterior a la dictadura militar. Pero el resultado dista mucho de constituir una victoria arrolladora: colorados, blancos y Frente Amplio han quedado separados por menos de dos puntos, dibujando por primera vez un país electoralmente dividido casi exactamente en tres partes.
El peculiar sistema uruguayo de la Ley de Lemas permitía que cada partido presentase varios candidatos presidenciales. Se sumaban todos los votos obtenidos por los candidatos pertenecientes al mismo partido y la Presidencia correspondía al candidato más votado dentro del partido que consiguiera mayor número total de sufragios. Así, aunque Tabaré Ramón Vázquez Rosas obtuvo individualmente más votos que cualquier otro candidato —621.226—, el Partido Colorado reunió 656.428 frente a los 633.384 del Partido Nacional y los 621.226 del Frente Amplio-Encuentro Progresista. Sanguinetti, con unos 500.000 votos propios, resultó elegido presidente gracias a la suma de los sufragios colorados obtenidos también por Jorge Batlle y Jorge Pacheco Areco.
LOS CANDIDATOS
Julio María Sanguinetti Coirolo, abogado, periodista y dirigente histórico del Partido Colorado, llegaba a las elecciones con una ventaja incomparable respecto a sus rivales: ya había ocupado la Presidencia entre 1985 y 1990 y estaba identificado con la restauración de las instituciones democráticas después de la dictadura. Lideraba el Foro Batllista, el sector predominante del Partido Colorado, y concurría acompañado por Hugo Batalla Parentini, antiguo dirigente de izquierda y fundador del Nuevo Espacio que se había aproximado al coloradismo. Su candidatura ofrecía experiencia, moderación y una línea batllista de centro reformista. Sanguinetti obtuvo alrededor de 500.000 votos personales, a los que se añadieron los más de 100.000 de Jorge Luis Batlle Ibáñez y los aproximadamente 52.000 del expresidente Jorge Pacheco Areco, permitiendo al Partido Colorado alcanzar el primer puesto.
El Partido Nacional llegaba a las elecciones después de cinco años de Gobierno de Luis Alberto Lacalle de Herrera. Su candidatura más votada fue la de Alberto César Volonté Berro, abogado y dirigente de Manos a la Obra, acompañado por Álvaro Ramos Trigo. Volonté obtuvo algo más de 301.000 votos, pero dentro del Partido Nacional tuvo un rival formidable en Juan Andrés Ramírez Turell, ministro del Interior de Lacalle y representante del herrerismo, que consiguió unos 264.000. El veterano Carlos Julio Pereyra Pereyra, del Movimiento Nacional de Rocha, aportó otros 65.000. La suma dejó a los blancos extraordinariamente cerca del Partido Colorado: 633.384 votos frente a 656.428.
La gran novedad fue Tabaré Ramón Vázquez Rosas. Médico oncólogo y expresidente de la Intendencia de Montevideo, había demostrado desde su victoria municipal de 1989 que la izquierda podía gobernar una institución de primera magnitud. Encabezó ahora la alianza Encuentro Progresista-Frente Amplio, acompañado por Rodolfo Nin Novoa, antiguo dirigente blanco incorporado al espacio progresista. Vázquez consiguió 621.226 votos, alrededor del 30,6 % de los votos válidos a los partidos, convirtiéndose en el candidato presidencial individual más votado del país. El Frente Amplio pasaba así de ser la tercera fuerza tradicionalmente distante de colorados y blancos a competir prácticamente en igualdad de condiciones con ambos.
Finalmente, Rafael Michelini Delle Piane, hijo del senador Zelmar Michelini asesinado en Buenos Aires durante la dictadura, encabezó el Nuevo Espacio, formación de centroizquierda separada del Frente Amplio. Obtuvo 104.773 votos, algo más del 5 %, suficiente para mantener un espacio político propio aunque muy distante de los tres grandes bloques.
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RESULTADOS PRESIDENCIALES
| Partido / candidato | Votos | % aprox. sobre votos a partidos |
|---|---|---|
| PARTIDO COLORADO | 656.428 | 32,35 % |
| Julio María Sanguinetti | 500.760/767 | 24,7 % |
| Jorge Batlle | 102.551 | 5,1 % |
| Jorge Pacheco Areco | 51.935/936 | 2,6 % |
| PARTIDO NACIONAL | 633.384 | 31,21 % |
| Alberto Volonté | 301.655/698 | 14,9 % |
| Juan Andrés Ramírez | 264.255/258 | 13,0 % |
| Carlos Julio Pereyra | 65.650/666 | 3,2 % |
| FRENTE AMPLIO–ENCUENTRO PROGRESISTA | 621.226 | 30,61 % |
| Tabaré Vázquez | 621.226 | 30,61 % |
| NUEVO ESPACIO | 104.773 | 5,16 % |
| Rafael Michelini | 104.773 | 5,16 % |
| Partido Verde y otras candidaturas | ≈13.470 | ≈0,7 % |
29 Noviembre 1994
Un presidente 'liberal socialdemócrata'.
Abogado, escritor y periodista, Julio María Sanguinetti, 58 años, es el presidente del fin de siglo. Confeso agnóstico, autodefinido como un liberal socialdemócrata, ha acentuado ese perfil al aliarse con el Partido por el Gobierno del Pueblo, sector de centroizquierda escindido de la coalición del Frente Amplio.
Sanguinetti gobernó Uruguay entre 1985 y 1989 e impulsó la restauración de la democracia amnistiando a presos políticos y militares, pero obligado a gobernar en una casi permanente negociación con el ejército y los reclamos de los sectores populares.
Casado con Marta Conessa y padre de dos hijos, Sanguinetti ha defendido las prioridades de Uruguay como netamente económicas y tiene puesta su esperanza en el Mercosur, el Mercado Común del Sur que Uruguay compartirá desde enero con Brasil, Argentina y Paraguay.
01 Diciembre 1994
Sanguinetti, presidente
LAS ELECCIONES del domingo pasado en Uruguay han dado la victoria a Julio María Sanguinetti, el candidato del partido Colorado, que ya ocupó la presidencia en 1985, tras la caída de un Gobierno militar que había durado 12 años. Sin embargo, la presente elección presenta una diferencia esencial en relación con las anteriores de la historia uruguaya: en vez del bipartidismo tradicional, entre un partido Blanco más bien conservador y un Colorado inclinado a la socialdemocracia, Uruguay ha entrado en un sistema tripartito, con la presencia de una nueva fuerza política, el Encuentro Progresista, en el que se agrupan, al lado de los comunistas, diversas fuerzas de izquierda de inspiración católica o laica. Este tripartidismo se refleja claramente en los porcentajes. Sanguinetti gana con el 32,3% de los sufragios. Le sigue el candidato del Partido Nacional (Blanco) con el 30,1 %, y a muy corta distancia, el Encuentro Pogresista, con el 29,8%. El peso de este último partido se potencia, además, por el hecho de que ha ganado la alcaldía de Montevideo con un 45% de los votos.Para el nuevo presidente, este tripartidismo será fuente de serias dificultades. La gobernabilidad del país se complica, ya que todo el sistema político y electoral está basado hasta ahora en el bipartidismo. Por ello, una de las primeras preocupaciones de Sanguinetti tendrá que ser preparar -algunos hablan incluso de la conveniencia de convocar una Asamblea Contitucional- unos cambios en el sistema político.
Por otra parte, Sanguinetti tendrá que abordar en su presidencia, que oficialmente se inaugura el próximo mes de marzo, otro problema muy complejo en el terreno económico: la entrada de Uruguay en Mercosur, el acuerdo de libre comercio que engloba a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.
Sólo con que se tengan en cuenta las diferencias territoriales que separan a Uruguay de vecinos gigantescos como Argentina y Brasil, es obvio que, por muchas que sean las ventajas de entrar en un mercado mucho más amplio, deberá afrontar la amenaza de verse invadido por mercancías de los grandes. La insistencia de Sanguinetti sobre la necesidad de que Uruguay, se esfuerce por concentrarse en las ramas que le son más favorables y por elevar la calidad de su producción, está plenamente justificada.
Al mismo tiempo, Uruguay es un país con una tradición de Estado de bienestar, de la que el partido Colorado ha sido abanderado. No es casual que el triunfo de Sanguinetti coincida con el éxito de un referéndum que prohibe a los Gobiernos reducir las pensiones actualmente vigentes. La aprobación de ese referéndum ha sido por mayoría aplastante. Por otra parte, hay que prever que el peso adquirido por el Encuentro Progresista con sus resultados electorales le permitirá presionar para que la política social no se debilite; más bien que se fortalezca.
Sanguinetti tendrá, pues, que abordar las duras exigencias económicas de la integración en un mercado común con Brasil y Argentina, conservando una política social que no reduzca las ventajas -como las pensiones- a las que los uruguayos están acostumbrados.
El Análisis
Julio María Sanguinetti ha ganado y sería absurdo regatearle la victoria: conocía las reglas, construyó la candidatura dominante dentro del Partido Colorado y su partido ha obtenido más votos que cualquier otro. Además, regresa a la Presidencia con una credencial política particularmente valiosa: fue el hombre que recibió el poder de los militares en 1985 y nueve años después vuelve al Palacio Estévez mediante unas elecciones competitivas y pacíficas. Pero sería igualmente difícil presentar el resultado como un mandato rotundo. El futuro presidente ha obtenido personalmente alrededor de una cuarta parte de los votos, su partido apenas supera el 32 % y sólo 23.044 votos separan al Partido Colorado del Partido Nacional, mientras apenas 35.202 separan a los colorados del Frente Amplio. Sanguinetti recibe nuevamente la Presidencia, pero no recibe un cheque en blanco. Necesitará acuerdos parlamentarios y probablemente entendimientos con los blancos para afrontar las reformas de una legislatura en la que ninguno de los tres grandes bloques puede imponerse por sí solo.
Si existe una fuerza que puede sentirse fortalecida aun sin conquistar el Gobierno es la encabezada por Tabaré Vázquez. El Frente Amplio ha dejado de ser simplemente «la izquierda» situada detrás de colorados y blancos para convertirse en uno de los tres vértices del sistema político uruguayo. Vázquez ha sido además el candidato individual más votado y demuestra que su conquista de Montevideo en 1989 no fue un fenómeno exclusivamente capitalino. El resultado más doloroso corresponde al Partido Nacional: después de cinco años de presidencia de Lacalle pierde el Gobierno por apenas 23.000 votos frente al lema colorado, aunque conserva prácticamente un tercio del país. Tampoco puede considerarse irrelevante el 5 % de Rafael Michelini, pero el crecimiento del Frente Amplio plantea al Nuevo Espacio la incómoda cuestión de cuánto espacio independiente queda realmente entre la izquierda frentista y los partidos tradicionales.
Comienza así una segunda presidencia de Sanguinetti muy distinta de la primera. En 1985 su misión esencial era consolidar una democracia recién recuperada; en 1995 deberá gobernar una democracia consolidada pero políticamente fragmentada, continuar la modernización económica sin romper el tradicional tejido social uruguayo y construir mayorías en un Parlamento dividido casi matemáticamente en tercios. La alternancia entre blancos y colorados continúa, pero estas elecciones contienen una advertencia para ambos: ya no compiten solamente entre ellos. Por primera vez desde la restauración democrática, resulta perfectamente imaginable que la próxima alternancia no consista en sustituir a un colorado por un blanco o a un blanco por un colorado, sino en llevar a la izquierda al Gobierno nacional. Las urnas han devuelto a Sanguinetti al poder; al mismo tiempo, han colocado a Tabaré Vázquez a las puertas de él.
JF