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José Manuel Lara Hernández anuncia que ni el político ni el escritor Tusell volverán a formar parte de un jurado de Planeta

Escándalo en los ‘Premios Espejo’ de Planeta: Enrique Múgica y Tusell piden el veto a Ricardo de la Cierva por ‘fascista’

HECHOS

El 16.02.1989 se hizo pública la concesión del Premio Espejo de España a la obra ‘1939 Agonía y Victoria’ de D. Ricardo de la Cierva.

Dado que había un corrillo de periodistas para informar de la decisión que tomara el Jurado de los Premios Espejo del Grupo Planeta, el momento de la marcha de los Sres. D. Javier Tusell (historiador democristiano y progresista) y D. Enrique Múgica (ministro de justicia y dirigente del PSOE) del jurado fue seguido por todos ellos.

   D. Javier Tusell y D. Enrique Múgica abandonaron el jurado del ‘Premio Espejo’ para no avalar el premio al Sr. De la Cierva.

  El Sr. Vizcaino Casas les acusó de no ser democrátas por no aceptar la voluntad de la mayoría del jurado.

 El Presidente del Grupo Planeta, D. José Manuel Lara Hernández anunció que no volvería a contar en su jurado ni con el Sr. Tusell ni con el Sr. Múgica por haber pretendido ‘vetar’ uno de sus libros, en este caso el del Sr. De la Cierva.

  • Javier Tusell: «La situación es desagradable, pero me des-solidarizo de un libro que tergiversa la Guerra Civil, y, sobre todo, de un libro rematadamente malo».
  • Enrique Múgica: «Es mi segundo año como jurado de este premio. La anterior experiencia fue buena. En esta, que coincide con el cincuenta aniversario del final de la Guerra Civil, todo lleva a predecir que ganaría una obra acerca de ese tema. ¡Pero no un libro revanchista, que considera la guerra como un mero jalón en la historia y el franquismo como un largo periodo de paz profunda!
  • Javier Tusell: «Entre esta visión y la de Julián Besterio o la autobiografía recién publicada de Julián María, yo me quedo con la de los julianes…
  • Fernando Vizcaino Casas: (irónico) «¡Viva la democracia!»
  • Javier Tusell: «¡Hombre, me alegro oírselo decir a usted!»
  • Fernando Vizcaino Casas: «Si tan demócrata es, debe aceptar el criterio de la mayoría del jurado».
  • Javier Tusell: «La acepto, pero no estoy dispuesto a refrendarla con mi voto».
  • Fernando VIzcaino Casas: «Lo suyo es un berrinche».
  • Enrique Múgica: «Mi renuncia supone un acto democrático frente a un acto neofascista».
  • José Manuel Lara: «¡Quería vetar la obra!»
  • Javier Tusell: «¡Pero qué dice ese insensato!
  • José Manuel Lara: «Yo actúo como un enterrador de fútbol: si funcionan mis jugadores no puedo dejar que se vayan. Y menos suplicar a dos señores que quieren vetar una obra.
  • Ricardo de la Cierva: «Agradezco a Tusell y a Múgica que me hayan hecho el lanzamiento publicitario más grande de mi vida. Mi libro se basa en 7000 documentos inéditos del protocolo 277.
  • José Manuel Lara: «Ahora dirán que lo he organizado yo para vender más libros. ¡Que se sepa que el cacao me lo han montado a mí!»

17 Febrero 1989

Espejo de España

Jaime Campmany

Lo que seguramente le pasa a este chico Javier Tusell, que ni termina de ser político ni arranca de historiador, es que le gusta armar ruido y meter patas de banco para llamar la atención del respetable. Le da lo mismo aporrear el bombo y tocar los platillos en un sanatorio que tirar petardos en un aula magna. «¿Qué es ese estruendo?», pregunta el personal. «Es el niño de Tusell, que quiere que le hagan caso». «Ah, bueno», y el personal mira hacia otro lado.

La última perra que cogió Javier Tusell fue para fundamentar y aplaudir el abandono de la Coalición Popular por parte de la Democracia Cristiana. ¡Válgame Dios, don Javier Tusell, y flor que toca, se deshoja, y todos los tiros le salen al pobre por la culata! Apenas terminó de hablar y de aplaudir, ya estaban los democristianos integrándose en Alianza Popular, hoy Partido Popular. O sea, que en su propia orquesta, cuando Tusell toca el pito, triunfan las flautas, y si sopla la flauta, dominan pitos. Vamos, que hay que regalarle un paraguas para que no llueva, y si queremos que se acabe la sequía, hay que sacarle por el campo con camisa almidonada y gabardina, en vez de sacar a San Roque en rogativa. Este muchcacho es, realmente, un personaje para una legrilla de Quevedo.

Ahora le ha dado un patatús porque Ricardo de la Cierva iba a obtener el premio Espejo de España, y ya se sabe que la vocación de Tusell por la Historia consiste sobre todo en organizarle pataletas a Ricardo de la Cierva. Cuando a don Ricardo le da por la Historia, a don Javier le da por la histeria. A veces amplía el campo de sus atenciones y se dedica a conceder carnés de demócrata y a colgar sambenitos de fascista. Se le conoce que, a falta de conocer bien la Historia se dedica a inventar la crónica.

Lo que ha hecho Tusell en la fiesta del premio de Editorial Planeta es, más o menos, el berrenchín de su costumbre. Pero en esta ocasión ha arrastrado a don Enrique Múgica que es persona sosegada, hombre más bien sereno, tranquilo y poco irritable. Tanto el señor Tusell como el señor Múgica podían haber votado contra el ganador del premio y explicar después las razones de su preferencia por cualquier otro candidato. Y, concretamente, el señor Tusell podía – es un suponer – documentar su juicio negativo sobre la obra premiada, descubrir sus falsedades y redargüir sus argumentos y opiniones. Pero, claro, eso hubiese sido un análisis y no una rabieta, y no es razonable pedir peras al olmo ni magnolias al alcornoque. ¡Válgame don Benedetto Croce, que aquí, los que más presumen de demócratas, a la hora de votar, pegan el portazo! Aquí, estos dispensadores de carnés de demócratas cuando no ganan en la votación rompen la urna, rompen la baraja o rompen la urbanidad.

Lo que dice este chico, Javier Tusell son manías de grandeza democrática, porque dice ¡toma nisperos! que estaría dispuesto a morir porque se publicara este libro, pero que no firma el acta del premio para desolidarizarse, y agárreme usted el verbo por el rabo, maestro Lázaro. Pues, hombre, tampoco es eso. En este mundo de hoy, el único que parece que va a morir por publicar un libro es ese tío, Salman Rushdie, porque Jomeini ha ofrecido el paraiso a quien se lo carge por haber escrito los ‘Versos satánicos’. Bueno, el paraiso y tres millones de dólares, o sea, la felicidad en esta vida y en la otra. A lo mejor, lo que hace ahora don Javier Tusell es garantizar la bienaventuranza democristiana a quien se cargue a don Ricardo de la Cierva por haber escrito el 1939. Agonía y victoria, en vez de morir él, que ha vivido tan ricamente durante muchos años en los que no se publicaban todos los libros que lo merecían. Menos mal, por otra parte, que hemos renovado la piedra de escándalo. Pasamos del reclamo de Marta Chávarri al portazo de Javier Tusell. Dejamos la entrepierna y nos metemos en la cultura.

Jaime Campmany

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