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El juez de la Audiencia Nacional, Carlos Bueren, abre una investigación a abogados e intermediarios en el cobro del dinero

Un comando de ETA liderado por Urrusolo Sistiaga secuestra al industrial Emiliano Revilla y lo libera tras cobrar un rescate

HECHOS

El 30.10.1988 fue liberado el industrial D. Emiliano Revilla tras haber sido secuestrado por la organización terrorista ETA.

Hechos: El 23 de febrero de 1988 era secuestrado el industrial D. Emiliano Revilla por los terroristas que pedían dinero para su liberación y amenazaban con su muerte. Era el secuestro más sonado desde la tragedia de Martín Barrios, finalmente, tras 249 días de secuestro, los terroristas soltaron a Revilla después de que su familia pagara alrededor de 1.000 millones de pesetas.

 Titulares polémicos.

El periódico ABC tras conocerse su secuestro informó de la elevada fortuna del secuestrado fomentado que los miembros de ETA incrementar la cantidad de dinero que pedían como rescate.

PROTAGONISTAS DEL CASO:

urrusolo_sistiaga El comando responsable del secuestro estaba formado por José Luis Urrusolo Sistiaga (en la imagen), Antonio Gabiola y  Gregorio Vicario Setién. Todos ellos fueron condenados a  14 años de prisión.

juez_bueren El juez de Instrucción Nº1 D. Carlos Bueren fuel que investigó tanto el secuestro de D. Emiliano Revilla como el pago del rescate.

olga_sanchez La fiscal Dña. Olga Sánchez acusó al abogado Gonzalo Boye de haber colaborado en el cobró del rescate por el secuestro al Sr. Revilla.

gonzalo_boye El abogado Gonzalo Boye fue condenado a 14 años de cárcel por complicidad en el secuestro de D. Emiliano Revilla, aunque él siempre defendió su inocencia.

14 Agosto 1988

La tortura en un secuestro insoportable

Margarita Revilla

Estas líneas no están escritas desde la libertad. Nadie puede escribir lo que piensa cuando su propio padre lleva casi seis meses secuestrado. A pesar de no poder decir todo cuanto quisiera, sí me he comprometido conmigo misma a no decir nada que no quiera decir. Ése es mi pacto antes de redactar estas líneas. Callar todo lo que un chantaje de esta naturaleza impide manifestar, pero no decir una sola palabra que no responda a la verdad.He tomado la determinación de escribir estas líneas después de una meditada reflexión. Ya no aguantamos más. No se puede pedir a nadie que, más allá de lo humano, siga día a día, noche a noche, esperando la llegada de quien sufre privación de libertad y de quien no se tiene noticia alguna sobre su estado de salud y sobre su situación personal. Es una tortura para todos difícilmente superable. Casi medio año sin saber nada. Casi medio año con la mirada pendiente de la puerta y el oído atento al teléfono, sin que ningún amanecer, hasta ahora, haya puesto final a esta pesadilla.

Sería vano el intento de ocultar quién es el responsable directo de esta situación. Poco puedo decir por ahora de quienes tienen en su poder a mi padre. En nombre de unas ideas que no entro a calificar se practica un atentado contra los derechos humanos difícilmente superable. Hemos hecho todo cuanto se nos ha exigido. ¿Puede alguien entender a quién beneficia el prolongar más esta inhumana situación? ¿Puede ser bandera de enganche de alguna causa la dominación sobre un ser indefenso? ¿Ennoblece algún ideal un récord de humillación que ya ha conquistado su sitio en la lista de los Guinness?

Cada día que pasa, la herida se hace mayor. Cada día que pasa se destruye algo más de esta familia. Cada minuto que discurre sin que mi padre vuelva a casa se hace más firme la marca irreparable en esta historia sin sentido. Sólo un ruego: ¡basta ya! Hagan el favor de devolver a mi padre su condición de ciudadano.

Cambio de Gobierno

A Emiliano Revilla le privaron de su libertad cuando Madrid estaba poseído por el frío del invierno, en pleno corazón del mes de febrero. Nos ahogamos en los calores de agosto y seguimos sin tener ninguna noticia directa de su estado de salud, de su equilibrio emocional.¡Medio año! en una prisión cuyas reglas no se conocen. Sin permisos de visita. Sin siquiera paseos por el patio de la cárcel… Para él, sin duda, la peor parte. Pero no es el único. Mi madre ha dejado en este medio año mucho de sí misma, que difícilmente podrá recuperar. Todos nosotros hemos sustituido nuestra existencia por una espera que comienza a ser interminable. Nuestras vidas se han parado esperando el regreso de alguien que no sabemos dónde está.

Aquí ha habido un cambio de Gobierno. No dijeron adiós quienes se fueron y han tardado en decir hola, mucho tiempo, los que acaban de llegar. El presidente del Gobierno ha interrumpido sus merecidas vacaciones en tierras andaluzas para despacharse con una frase amable en la que, por toda información, afirma no saber si mi padre está vivo. El ministro del Interior que conoció mi padre en libertad ya no se dedica a ese negociado y planifica la televisión privada para el próximo curso. El nuevo, José Luis Corcuera, ha anunciado su disposición al diálogo con ETA. Pero a nosotros nadie nos cuenta nada.

Hemos sabido que algunos policías franceses han sido condecorados por las autoridades españolas por intervenir a ETA el dinero que pagaron los Revilla por la libertad de su padre. No está mal. Brillantes servicios, sin duda. Pero han apretado el nudo por donde más corre. Y, encima, da la sensación de que nos acusan de algo innoble. ¿Algún hijo haría otra cosa si su padre estuviera secuestrado? ¿Cómo actuarían los hijos del presidente del Gobierno si su padre perdiera, como el mío, su libertad?

Las razones y los intereses de Estado son causas que siempre se esgrimen como nobles. A veces, hasta lo son. Pero, ¡qué fácil es aplicar la doctrina noble en carne ajena!

Da la sensación de que la sociedad española se está acostumbrando a la «normalidad» de que un hombre esté secuestrado en el corazón de España durante seis meses sin que nadie tenga que dar otra solución que la de tratar de impedir el pago del rescate. Y esto sucede en la España del crecimiento económico, de la OTAN y de la incorporación a Europa.

Que nadie se piense que nos referimos a un suceso lejano de las calles de Beirut o de un país al margen de las vías de desarrollo. Pero que nadie pretenda tampoco que las responsabilidades del Gobierno se agotan con perseguir a los Revilla cada vez que intentan pagar por la libertad de su padre. Si ése es el planteamiento que se intenta vender, no hay actitud de un cinismo más irresponsable. La primera y más importante responsabilidad del Gobierno es devolver a mi padre su libertad, al margen de no haber sido capaces de evitar su secuestro.

No abandonamos

Es difícil condensar lo que se siente en una situación como ésta. Cuesta trabajo medir lo que se quiere decir y se puede decir. Seguimos esperando cada noche el amanecer, pensando que ése puede ser el día que mi padre cruce de nuevo el umbral de su casa.No perdemos la esperanza de que sea hoy mismo cuando se acabe la locura de esta tortura. Hemos hecho todo lo que estaba en nuestras manos, siguiendo las instrucciones de los secuestradores. Cada día que pasa sin una solución, a nuestra pena hay que añadir un esfuerzo sobrehumano por contener una ira que empieza a desbordarse. Pero hay que ser prudente cuando no se es libre, y que nadie tenga la ingenuidad y la debilidad de confundir la prudencia con la cobardía.

Aunque pueda parecer un ridículo y obligado añadido en esta triste e insoportable historia, los medios de comunicación, unos con mejor fortuna o intención que otros, están ayudando, sin duda, a que los ciudadanos superen la amnesia de nuestros gobernantes y recuerden que un hombre bueno, que ha trabajado mucho y que siempre, incluso este año que no ha podido firmar personalmente su declaración, ha pagado sus impuestos, sigue sufriendo una terrible privación de libertad.

Entre todos no podemos permitir que esto se olvide, y algo tenemos que hacer para poner fin a esta horrible pesadilla.

31 Octubre 1988

La lógica del secuestro

Lucíano Rincón

Con el secuestro de Revilla, menos los terroristas, hemos perdido todos.

El panorama cambia tan lentamente, y con tantos regresos a situaciones supuestamente superadas, que se advierte el desánimo de quienes no ven el final de la pesadilla vasca. El largo secuestro de Revilla, con más de 60 días de tortura, sin asistencia letrada -cuando los presos etarras la tienen incluso después de haber sido condenados-, encarcelado en algún lugar inhóspito, en condiciones que jamás la democracia impone a quienes atentan contra ella, y temiendo quizá su exterminio, éste sí, parece devolvernos a los tiempos más duros de la violencia. La reaparición del impuesto revolucionario con la desfachatez de sus proclamas ayuda a esa impresión. Pero las cosas siguen su camino, ETA necesita dinero para continuar pidiendo una negociación desde posiciones de fuerza, aupada en cadáveres, y el escenario político de Euskadi sufre la distorsión impuesta por el radicalismo abertzale para justificar otras intervenciones.El hallazgo del dinero del secuestro y la inquietud sobre la suerte del secuestrado se ha hecho en el marco de una Euskadi políticamente difícil y socialmente encrespada. Anecdóticamente, ha tenido lugar, además, cuando se llevaban a cabo las conmemoraciones del 51º aniversario del bombardeo de Gernika, organizadas desde dos comisiones: la oficial, que quiere que Gernika se convierta en un símbolo de paz, que sabe que la historia no puede recordarse siempre como un arma a esgrimir, lo que haría imposible la convivencia en una Europa históricamente cruzada de agravios, guerras perdidas y ganadas por casi todos, con docenas de nombres de batallas que recordar y de razones, por tanto, para odiar; y la comisión radical, empeñada en hacernos creer que Gernika sigue siendo bombardeada todos los días, que el ochenta y tantos por ciento de los vascos somos pilotos alemanes y que lo que en realidad sucedió fue que un día de abril de 1937 Franco bombardeó a Herri Batasuna.

En ese clima de continuidad en las desgracias, incitación a los odios, tendencia a la autoconmiseración y afán de victimismo, toda acción tiene que encajar de manera que la liberación siga siendo una necesidad, y una necesidad urgente. El clima de guerra, ficticio pero en el que los radicales tratan de plantear la vida política vasca, es quizá la explicación -por buscar alguna- de la actitud asumida por dirigentes de Herri Batasuna ante el anuncio de la recuperación por la policía francesa del dinero del rescate. Afirmaciones como que familiares y gobernantes se atengan ahora a las consecuencias o que han intentado jugar con ETA, y, claro… y otras parecidas han producido el pasmo de los ciudadanos, que no pueden creer que alguien considere lógica esa transacción: si hay dinero hay entrega del secuestrado; si no hay dinero, si el dinero no llega aunque haya sido pagado, sí alguna operación, incluso bancaria, falla por medio, lo normal es liquidar al rehén. Es mucho más terrible la asunción de esas posiciones que se justifique que una operación comercial pueda terminar con la muerte del secuestrado si no llega el dinero a su tiempo y lugar, que el secuestro mismo y la ejecución. O esas declaraciones están producidas por el miedo de los civiles a los milítares, que existe, en el seno de las organizaciones abertzales, o aceptar esa lógica es uno de los índices más significativos de la penuria moral en que está inmersa una parte importante del país. No es ya el apoyo a unas acciones armadas que liberen a un pueblo sometido a fantásticas ocupaciones y colonizaciones misteriosas, sino, más allá, aceptar y justificar la lógica del secuestro, el secuestro de un ser humano, por cierto, algo que parece olvidado ya entre tanta charla, que exige el dinero o el cadáver.

En esa situación, ante hechos tan graves, ante la amenaza de nuevos asesinatos para proveer la tesorería de ETA, esa tesorería de la que cobran tantos, Herrí Batasuna anuncia como lema para el Primero de Mayo: Por la negociación. La negociación entre el Gobierno y ETA parece ser el paso necesario para la resolución de todos los demás problemas. Ni la crisis económica ni el paro interesan más que como elementos de adorno del escaparate político. Cuando el paro crece; el sector naval se ha desmoronado, dejando en la calle a unos trabajadores con un futuro preocupante, incluso por la edad media de las plantillas; cuando se plantean políticas económicas y contraofertas sindicales, lo único que interesa a Herri Batasuna es la negociación entre el Gobierno español y los mandos etarras. Y eso es así porque la negociación es la única preocupación de los mandos etarras, precisamente. Hace unos años, una socióloga abertzale aseguraba que la negociación tendría que ser entre ETA y el Pentágono; después, alguien de la misma formación política habló de la mesa Alsasua-Argel. Ahora se quiere negociar donde sea, pero negociar, porque la batalla es larga, muchos se cansan, de momento escasean los fondos, y la situación de tensión va a ser difícilmente mantenida durante muchos años. Aunque todavía, como ha vuelto a demostrar el secuestro de Revilla, gran parte de la sociedad vasca se limita a lamentar sin intervenir y a callar sin exigir.

Las revoluciones se nos están quedando en nada. La mayor fuerza revolucionaria del Estado propone en su alternativa KAS, como es sabido, la mejora de las condiciones de los trabajadores como única aportación a la «liberación nacional y de clase» de Euskadi. Y el Primero de Mayo se ofrece a los parados, a los reconvertidos y a los miles de trabajadores en conflicto que exijan la negociación con ETA. En el fondo de sus sueños debe estar la imagen de Felipe González y Etxebeste, por ejemplo, sentados a la misma mesa para reconocerse y hablarse de tú a tú. Y en ese momento el mundo habrá comenzado a cambiar en todas sus manifestaciones.

Mientras tanto, sobre el silencío de la mayoría se oyen las voces de quienes inscriben a los secuestrados y el botín, a los cadáveres y los pagos, en sus libros de contabilidad.

01 Mayo 1988

El 'Síndrome de Revilla'

Federico Jiménez Losantos

De los muchos estragos que el terrorismo causa en las sociedades democráticas, acaso el mayor sea el de perturbar de forma gravísima sus mecanismos esenciales de comunicación. La suelta, más que liberación, del industrial don Emiliano Revilla, secuestrado durante ocho meses por la banda terrorista ETA ejemplifica hasta la náusea este extremo.

He aquí un hombre que después de un larguísimo cautiverio, en el que ha tenido que entregar buena parte de la fortuna ganada honradamente a lo largo de su vida, so pena de recibir un tiro en la nuca, llega a su casa diciendo que sus secuestradores lo han tratado muy bien. He aquí a una familia alborozada. He aquí a una sociedad contenta. Viendo los telediarios, uno podía pensar que en esta historia han salido ganando todos: el Estado, los terroristas, la sociedad española y la familia Revilla.

Y lo cierto es que, menos los terroristas, hemos perdido todos. Convendría que el Gobierno tuviese en su televisión privada personas con el criterio suficiente para que esta información llegase nítidamente a todos los españoles. Convendría, pero no es probable. Se empieza fabricando un mecanismo de propaganda que, por su propia condición, exige servidores mediocres , y al final, cuando se pide una respuesta inteligente y rápida en una situación delicada, el mecanismo de propaganda no funciona. Sólo con mucha inteligencia y convicción pueden limitarse, que no eliminarse, los efectos de desinformación del terrorismo. En el ‘caso Revilla’ éstos pueden sr tan graves que, por afectar no sólo a una persona, sino a toda una sociedad, podremos lamentablente hablar del ‘síndrome de Revilla’ versión corregida y aumentada del célebre ‘síndrome de Estocolmo’ (…)

Pero no caigamos en otra manifestación del síndrome de Revilla que consistiría en culparnos unos a otros de no saber comportarnos ante el terrorismo. Compadezcamos a don Emiliano y los suyos por lo que han sufrido, animemos al Gobierno y a las Fuerzas de Seguridad a mejorar su actuación y mejoraremos también los mecanismos de defensa de la sociedad ante el terrorismo, reconociendo, para empezar que sale muy fortalecido en este caso.

Federico Jiménez Losantos

31 Octubre 1988

Cristóbal Díaz y Emiliano Revilla

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

Con diferencia de unas pocas horas, ETA mató ayer a un hombre y liberó a otro. Durante los 249 días transcurridos desde que Emiliano Revilla fuera secuestrado, ETA ha seguido matando policías, guardias civiles y ciudadanos particulares, y miles de manifestantes han salido a la -calle para pedir la puesta en libertad del industrial. A estas peticiones los terroristas han hecho oídos sordos, pero han aceptado negociar con los intermediarios de la familia de Revilla el pago de un rescate. Ultimado un acuerdo considerado satisfactorio por los jefes de esa empresa mafiosa en que se ha convertido ETA, fue dada la orden de liberar al detenido. Pero antes mataron, de un disparo efectuado con un fusil equipado con mira telescópica, a un hombre a quienes sus asesinos ni vieron la cara. Ese muerto anónimo se llamaba Cristóbal Díaz García, era natural de Montellano (Sevilla), contaba 36 años de edad, estaba casado y tenía un hijo. Fue cazado como un conejo, aunque con la ventaja para los cazadores de que se trataba de un blanco estático. Así, en un mismo día, ETA ha ilustrado con hechos cuál es la lógica que preside sus actuaciones: la expresada en la fórmula según la cual todo el que no se pliegue a sus exigencias está condenado a muerte, pero se respetará la vida de quien pueda comprarla.Tras estos ocho meses de suplicio de un hombre, toda persona con un mínimo de sensibilidad humana se alegrará de que Emiliano Revilla haya sido devuelto con vida a sus familiares y amigos. Pero no puede hablarse, no sería decente con el cuerpo de Cristóbal Díaz todavía caliente, de un «final feliz» del secuestro, de un «desenlace satisfactorio». Es feliz para los secuestradores y satisfactorio para aquellos que de una u otra forma se beneficiarán del dinero, muchos cientos de millones de pesetas, obtenido por los pistoleros. No lo es para quienes seguirán pagando con su vida su falta de recursos para negociar su derecho a no morir. Porque esos millones serán empleados para financiar nuevos secuestros y nuevos asesinatos y para pagar a los encargados de blanquear el rostro de los pistoleros con el apelativo de patriotas.

No hace tanto que sujetos que tal vez se consideren a sí mismos ejemplo de cordura y coherencia personal declaraban que la prolongación del secuestro de Revilla era la consecuencia de la «intransigencia del Gobierno». Para tales pensadores, intransigencia es no ceder a las exigencias de quienes pretenden algo por la fuerza. Los familiares de Revilla tenían derecho a intentar salvar al secuestrado por los medios a su alcance, y nadie podrá reprocharles de buena fe su negativa a colaborar con las autoridades si de esa colaboración resultaba un riesgo añadido para la integridad del industrial. Pero el Gobierno tenía no ya el derecho sino la obligación de intentar que esa ingente cantidad de dinero destinada a organizar nuevos crímenes no llegase a manos de los terroristas. Dificultar la libertad de movimientos de los secuestradores y sus cómplices, hacerles ver que, por seguro que fuera el zulo en que retenían al secuestrado, obtener centenares de millones de pesetas no era tarea fácil, constituía un deber de las autoridades y un derecho de todas las víctimas potenciales de las extorsiones de ETA.

Dicho esto, es urgente insistir (como implícitamente lo hizo ayer el ministro del Interior al expresar su consternación porqué la liberación no haya sido «fruto de un mayor acierto de las fuerzas de seguridad») en que el largo cautiverio de Emiliano Revilla ha puesto de manifiesto las increíbles debilidades del sistema de información e investigación de la policía. Ciertamente, la localización de un escondrijo de cuatro metros cuadrados en una zona urbana de cuatro millones de habitantes no es tarea fácil, pero los ciudadanos se sentirían más confiados en sus fuerzas de seguridad si a esas dificultades no se hubieran añadido torpezas e incompetencias como las puestas de manifiesto en episodios como el asalto a dos viviendas de Leganés y otros sobresaltos. Conocedores de esa debilidad y tentados por la antigua afición de lospoli-milis de practicar un terrorismo de fantasía, los secuestradores que depositaron ayer a Revilla a escasos metros de su domicilio portando una tarta trataban, sin duda, de ridiculizar a los responsables de Interior, que habían advertido que se intensificarían los controles ante la inminencia probable de la liberación.

Por lo demás, si alguien conservaba alguna duda sobre la voluntad de los terroristas, ellos mismos se han encargado de disolverla al hacer coincidir la liberación de Revilla, considerada un día como señal de que la vía de la negociación no se había cerrado definitivamente, con el asesinato de un modesto policía cuyo nombre pasará a engrosar la lista de víctimas anónimas del delirio sanguinario de unos pistoleros mafiosos que siguen emboscándose tras unas siglas que en otro tiempo significaron Euskadi y libertad.

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