15 octubre 1994
La presentadora es una destacada colaboradora de Emilio Aragón
Éxito de TELEMADRID importando a España los ‘talk-show’ con ‘El Programa de Ana’ de Globomedia con Ana García Lozano
Hechos
El 24.10.1994 se estrenó en TELEMADRID el espacio ‘El Programa de Ana’ producido por Globomedia y presentado por Dña. Ana García Lozano.
Lecturas
El 24 de octubre de 1994, la cadena autonómica Telemadrid estrenó El programa de Ana, un espacio vespertino producido por Globomedia, la compañía vinculada a Emilio Aragón Álvarez, y presentado por Ana García Lozano, que debutaba como conductora de un programa televisivo después de haber desarrollado buena parte de su carrera detrás de las cámaras. El formato, que también se emitiría en la televisión autonómica vasca ETB, suponía una novedad importante en la programación española: trasladaba a nuestro país el modelo norteamericano del talk show de testimonios, basado en reunir ante las cámaras a personas anónimas dispuestas a contar sus experiencias personales, problemas familiares, conflictos sentimentales o situaciones insólitas. Emitido de lunes a viernes, a partir de las 17.30 horas, el programa dedicaba cada entrega a un asunto concreto, sobre el que intervenían habitualmente cinco o seis invitados, con la participación del público presente en el plató y, cuando el tema lo requería, de especialistas que aportaban su punto de vista. La directora del espacio era Inés Rodríguez Frade, mientras que García Lozano ejercía como moderadora de los testimonios, procurando mantener un tono cercano y espontáneo, alternando asuntos dramáticos con otros más ligeros o humorísticos. Así, podían abordarse desde las relaciones entre padres e hijos hasta los celos, las infidelidades, las dificultades de convivencia o las experiencias más extravagantes de personas corrientes. La principal innovación consistía en que los protagonistas ya no eran políticos, artistas ni personajes famosos, sino ciudadanos desconocidos que acudían voluntariamente a contar su propia historia. La fórmula permitía producir un espacio diario con una estructura relativamente sencilla, pero dependiente de una intensa labor previa de búsqueda y selección de testimonios.
La apuesta se convirtió en uno de los éxitos más destacados de la programación de tarde de Telemadrid, demostrando que una cadena autonómica podía introducir en España un género de entretenimiento hasta entonces identificado principalmente con la televisión estadounidense. El programa consiguió consolidar una audiencia fiel, especialmente entre el público femenino, y terminó alcanzando cuotas de pantalla del 24 % de media en su última temporada, con registros de hasta el 27 %, cifras especialmente significativas para una televisión de ámbito regional que competía con las grandes cadenas nacionales. El éxito confirmó el acierto de Telemadrid al confiar en una productora independiente y en una presentadora prácticamente desconocida para el gran público, aunque con amplia experiencia profesional. García Lozano había trabajado anteriormente en la radio y, tras incorporarse a Telecinco en 1990, había ejercido como coordinadora de espacios de Emilio Aragón, entre ellos VIP Noche y VIP Guay. Posteriormente había continuado junto al presentador en Antena 3, participando en la coordinación de Noche, noche y El gran juego de la oca, antes de dar el salto a la presentación con Globomedia. Su transformación en rostro televisivo constituyó uno de los grandes hallazgos del nuevo formato. La acogida del espacio también reforzó la posición de la productora de Aragón, que demostraba su capacidad para desarrollar programas de éxito al margen de los grandes espectáculos y concursos asociados a su principal figura.
La repercusión del talk show no tardaría en despertar el interés de otras cadenas: en julio de 1996, Telecinco adquirió el formato y contrató a García Lozano
LOS RIESGOS DEL FORMATO TALK-SHOW
El éxito de los talk shows en Estados Unidos también encierra una advertencia sobre los peligros de llevar el espectáculo demasiado lejos. En 1988, Geraldo Rivera sufrió una fractura de nariz durante una pelea entre invitados neonazis y activistas antirracistas en su propio plató. Más recientemente, Jerry Springer, cuyo programa comenzó en 1991, ha ido orientando desde 1994 sus contenidos hacia las infidelidades, las disputas familiares y las confrontaciones cada vez más escandalosas, hasta convertir la provocación en uno de sus principales reclamos. Frente a esos antecedentes, Ana García Lozano parece haber optado por un modelo más contenido, en el que las confesiones íntimas y los conflictos personales no desembocan habitualmente en enfrentamientos violentos. No está claro si se trata de una apuesta deliberada de Globomedia por preservar un tono respetuoso o simplemente de una etapa inicial de un género todavía novedoso en España. Lo cierto es que, por ahora, El programa de Ana demuestra que se puede atraer a la audiencia sin necesidad de convertir el plató en un campo de batalla. La incógnita es si esa contención sobrevivirá cuando aumente la competencia por las audiencias.
El Análisis
mas capaces de funcionar por sí mismos.
La apuesta de Telemadrid también merece reconocimiento. Una cadena autonómica, con recursos más limitados que las grandes televisiones nacionales, ha conseguido adelantarse a sus competidoras introduciendo en España un género que lleva años cosechando éxitos en Estados Unidos. El talk show de testimonios convierte los conflictos cotidianos de ciudadanos anónimos en materia de entretenimiento, una fórmula que plantea interrogantes sobre los límites de la intimidad y la exposición pública de los problemas personales, pero cuya eficacia para captar espectadores parece indiscutible. Su consolidación puede abrir una nueva etapa en la televisión española, en la que las personas corrientes adquieran un protagonismo hasta ahora reservado a las celebridades. Y si el programa continúa obteniendo estos resultados, sería sorprendente que Antena 3 y Telecinco no terminaran interesándose por contratar a Ana García Lozano o por incorporar un formato semejante a sus propias parrillas. La televisión comercial rara vez permanece indiferente ante un género que demuestra su rentabilidad. Telemadrid ha tenido el mérito de descubrirlo y Globomedia el de hacerlo funcionar; la cuestión será cuánto tiempo podrá una cadena autonómica conservar en exclusiva uno de los productos más prometedores de su programación.
JF