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Los 'balbases' que habían apoyado a los 'felipistas' en el congreso regional de 1997, les retiraron su apoyo en aquellas primarias después de ser plantados por ellos en una reunión

Primarias PSOE para alcaldía de Madrid 1998 – Morán derrota al felipista Leguina gracias al apoyo de José Luis Balbás

HECHOS

Las primarias celebradas en junio de 1998 por el PSOE madrileño para designar al candidato de ese partido a la alcaldía de Madrid en las municipales de 1999 dieron el triunfo a D. Fernando Morán.

El triunfo de D. Fernando Morán en las elecciones primarias madrileñas significaba una derrota total para el felipismo en Madrid, que pretendía que el candidato a la alcaldía fuera el ex presidente autonómico D. Joaquín Leguina, miembro de la dirección nacional del PSOE y diputado en el Congreso. El Sr. Leguina contaba con el apoyo de la dirección nacional y también de la dirección autonómica encabezada por D. Jaime Lissavetzky.

Los ‘guerristas’ derrotados en el congreso regional del PSOE madrileño en 1997 y también en la designación de Doña Cristina Almeida como candidata a la presidencia de Madrid por el PSOE, vieron en las primarias de junio de 1998 su momento para tomar venganza contra los felipistas y secundaron la candidatura de D. Fernando Morán.

La corriente marxista ‘Izquierda Socialista’ anunció desde el principio su apoyo al Sr. Morán, que siempre había sido un hombre cercano a su corriente. Quedaba en duda la decisión que tomarían los ‘borrellistas’, liderados en Madrid por D. Pedro Sabando y los ‘Renovadores de la Base’ la corriente liderada por D. José Luis Balbás. Los ‘borrellistas’ terminieron decidiéndose por el Sr. Morán después de que Miquel Iceta (del PSC) les convenciera para ello.

Aún así las fuerzas estaban empatadas si los ‘Renovadores de la Base’ parecían contar con suficiente respaldo para decidir si uno u otro sería el ganador. A pesar de haber habido declaraciones a favor del Sr. Leguina, en el último momento el líder de esta corriente, D. José Luis Balbás, anunció el apoyo al Sr. Morán que ganó aquella votación.

RESULTADO DE LA VOTACIÓN:

FernandoMoran D. Fernando Morán- 2.451 votos

Joaquin_Leguina D. Joaquín Leguina- 2.271 votos

(los militantes del PSOE adscritos a ‘Renovadores de la Base’ son 300)

EL ABRAZO ENTRE MORÁN Y BALBÁS, SÍMBOLO DE LA JORNADA

balbas_moran

La foto que puso fin a aquella jornada fue la del abrazo entre D. Fernando Morán y el líder de los ‘Renovadores de la Base’, don José Luis Balbás, a pesar de lo original que suponía que la familia, teóricamente más moderada del PSOE madrileño hubiera respaldado al candidato del sector más radical. Desde los sectores felipistas más cercanos al Sr. Leguina se hablaba directamente de ‘traición’.

LA DENUNCIA DE LEGUINA DE ‘JUEGO SUCIO’ 

D. Joaquín Leguina realizó una protesta formal e incluso por escrito, que pasó a algunos medios con el titular ‘Así perdí las primarias’. En el que denunciaba como el ‘gurú’ (forma en la que se refiere al líder del sector ‘Renovadores de la Base’ tras haber avalado su candidatura se había cambiado de bando tras reunirse con el diputado del PSC D. Miguel Iceta, de la oficina de D. Josep Borrell. Como argumento para demostrar ese cambio, el Sr. Leguina destaca la votación en las Agrupaciones de Buenavista, cuyo secretario general era D. José Luis Balbás y en las Agrupaciones de Mediodía Sur, cuyo secretaria general era Dña. María Teresa Sáez Laguna, ambos destacados dirigentes de ‘Renovadores de la Base’, que habían votado masivamente a favor del Sr. Leguina.

También protestó firmemente la diputada madrileña Dña. Dolores García Hierro, denunciando como le constaba que el ‘cambio’ por parte del grupo ‘Renovadores de la Base’ se había hecho a cambio de que el Sr. Morán les concediera el 25% de puestos en la lista del ayuntamiento de Madrid.

30 Junio 1998

ASÍ PERDÍ LAS PRIMARIAS

Joaquín Leguina

Antes de que se reuniera ayer la Comisión Permanente de la Ejecutiva del PSOE, Leguina escribió su intervención y la distribuyó a algunos periodistas. Es esta:

La campaña electoral mostró desde el principio dos estilos y, sobre todo, dos objetivos: mientras yo me centré desde el primer momento en mostrar las partes oscuras de la Administración municipal del PP, especialmente en su parte urbanística, atacando al alcalde, denunciando su incapacidad y sus pésimas actuaciones, Fernando Morán no ha cejado en toda la campaña de criticarme a base de desagradables «pellizcos de monja» y descalificaciones: «Miembro del aparato», «conflictivo», «abandonista»… y «felipista». Esto último no deja de tener maldita la gracia, viniendo de un hombre que fue nombrado ministro, al parecer, por el Espíritu Santo o su hada madrina y no por Felipe González Márquez. No es de extrañar que un periodista haya escrito que «Morán se perfila como el mejor candidato para derrotar a Leguina, aunque Leguina sea el mejor candidato para derrotar a Alvarez del Manzano».

El summum de los despropósitos llegó cuando José María de la Riva, concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid encargado del Urbanismo y uno de los apoyos de Morán, convocó una rueda de prensa en el propio Grupo Socialista para criticarme y denunciar que muchos de los «marroncillos» (convenios y preconvenios urbanísticos) que yo estaba mostrando contra Alvarez del Manzano habían sido posibles porque la Comunidad de Madrid, siendo yo presidente, lo había autorizado. A este propósito citó una recalificación de suelo en Aravaca (distrito de Moncloa).

UNA MENTIRA POR MALA FE.- No sólo estamos ante un dislate político, estamos ante una mentira, producto exclusivo de la mala fe. Una comunidad autónoma sólo puede oponerse a una iniciativa urbanística municipal alegando dos causas: a) Ilegalidad; y b) Perjuicio para los objetivos urbanísticos supramunicipales. Pero, además, resulta que en el caso citado de Aravaca esa autorización se dictó a instancias no sólo del Ayuntamiento, también fue pedida por el Ministerio de Obras Públicas que dirigía entonces José Borrell. En efecto, una vez definido el trazado de la M-40, el principal problema fue la obtención de los suelos tanto en el Nudo del Barrial como de los colindantes con el Monte del Pardo. La responsabilidad de la expropiación era del Ayuntamiento; y de la ejecución de la obra, del Ministerio. A principios de 1995 las obras estaban paralizadas. Ante la falta de presupuesto para expropiar, el Ayuntamiento de Madrid firmó convenios urbanísticos con los propietarios colindantes con la futura M-40, para, de esta manera, obtener gratuitamente los suelos para realizar esta obra de vital importancia para Madrid. Este tipo de cuestiones se trataban en la Comisión de Seguimiento del Convenio, donde participaban Ministerio, Comunidad y Ayuntamiento. Tras una reunión del máximo nivel de los responsables de las administraciones actuantes, el secretario de Estado de Planificación del Ministerio se puso en contacto con el consejero de Política Territorial de la Comunidad, para instarle a una aprobación definitiva de la modificación del Plan General de Madrid para posibilitar los convenios urbanísticos de los que se obtendría el suelo necesario para el cierre de la M-40. Y así se hizo.

Las normas que rigen las elecciones «primarias» exigen un comportamiento para con los competidores y la organización del partido que, evidentemente, la campaña de Morán no ha respetado. Se premia así a quien es capaz de saltarse la norma y se perjudica a quien, por prudencia, no saca a relucir una verdad como la expuesta a propósito de la mentada recalificación.

Un somero análisis de los resultados muestra dos evidencias: 1) Los aparatos de las agrupaciones locales siguen controlando en clave exclusivamente interna una buena parte de los votos. 2) Un grupo con unas escasas centenas de «votos sindicados» es capaz, él solo, de dar la vuelta a una votación y otorgar el triunfo a un candidato.

Ambas evidencias reducen el objetivo de las primarias hasta hacerlo, prácticamente, desaparecer en beneficio de equilibrios internos de poder que nada tienen que ver ni con la ideología ni con planteamientos políticos ni, lo que es más grave, con el posicionamiento de los futuros electores.

La primera evidencia queda meridianamente clara cuando se comprueba que, habiendo sido el resultado global relativamente parejo (51,36% frente a 47,59%), en agrupaciones sociológica y territorialmente próximas las diferencias hayan sido altísimas.

De la segunda evidencia se deducen conclusiones bastante más graves. Morán triunfa porque en el último minuto, inopinadamente, un grupo decide cambiar el sentido del voto y basta la sola llamada telefónica de su gurú para que dos o 300 personas que tenían decidido el voto, que habían avalado con su firma al candidato Leguina, votan a Morán (la comparación entre los avales y los resultados de la Agrupación de Mediodía Sur o de Buenavista no dejan lugar para la duda). Una operación aritmética muestra que el cambio de 300 votos lleva de ganar por más de 400 a perder por casi 200 como ha ocurrido.

EL PARTIDO NO REACCIONA.- Resulta terrible comprobar que personas pertenecientes a un partido democrático conviertan su voto de un ejercicio de libertad en un instrumento de cambio; y que lo hagan sin que el partido pueda reaccionar, en defensa no sólo de la libertad, también de la decencia.

Empero, la cosa se complica políticamente al comprobar la sucesión de contactos del gurú en los días inmediatamente anteriores al de la elección. Hay una comida en el restaurante Casa Sixto a la cual asistieron, de un lado, el gurú acompañado, como le gusta decir, de sus «coroneles» y, de otro, Miguel Iceta, diputado por Barcelona y destacado miembro de la oficina del candidato José Borrell, acompañado por Guillermo Adams y José Antonio Alonso, ambos miembros activos del equipo de Borrell en las primarias. Es a partir de ese contacto cuando el gurú comienza, dentro de su habitual verborrea, a enviar señales de disgusto con las que intentar justificar el golpe de mano que prepara. Tras entrevistarse con Morán, lo consuma la víspera de la elección.

La conclusión es de aquéllas obvias, que los castizos califican como de «blanco y en botella».

Un interrogante queda encima de la mesa. ¿Por qué, tras haber proclamado su neutralidad Borrell, su entorno interviene de esta forma tan torticera contra un miembro de la Ejecutiva a la que él pertenece? Cualquiera que sea la respuesta o respuestas plausibles, una sensación se impone: algo huele a podrido, y no precisamente en Dinamarca.

Joaquín Leguina

29 Junio 1998

Segundas primarias

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

Las elecciones primarias celebradas el sábado por el PSOE para elegir candidatos a las principales alcaldías del país y a la presidencia de comunidades autónomas han puesto de manifiesto los puntos flacos de esta fórmula de apelación directa a las bases. El hecho de que en la mayoría de los casos hayan ganado los candidatos oficialistas o más próximos a la dirección del partido, sea a nivel regional o municipal, indica probablemente que la capacidad crítica de los militantes se expresa más abiertamente en condiciones excepcionales, como ocurrió cuando tuvieron que optar entre José Borrell y el secretario general, Joaquín Almunia, para encabezar la lista de las generales. La victoria de Fernando Morán en las primarias para la alcaldía de Madrid, frente a la opción que apoyaba la dirección regional, no hace sino subrayar como excepción el triunfo de quienes contaban con el visto bueno de los dirigentes del partido. En algunos casos -en Valencia y Zaragoza, por ejemplo- los vencedores aparecen adscritos a las filas de lo que ya empieza a llamarse borrellismo, pero se trata de personas que ocupan la dirección del PSOE en esos territorios.Hay otros factores que explican este dominio de las candidaturas oficialistas. En las grandes ciudades, los candidatos han acudido a las urnas con fuertes compromisos de votación adquiridos por las tendencias y agrupaciones del partido; hasta el punto de que los seguidores de Joaquín Leguina explican su derrota en Madrid en clave de una defección de última ahora de alguno de los grupos apalabrados para votarle. En las ciudades más pequeñas, los militantes se conocen entre sí, hasta el punto de que resulta a veces difícil romper psicológicamente con la presencia del partido.

Con todo, han sido unas elecciones generalmente incontestadas y limpias. Uno de sus principales méritos es que con su celebración han afianzado un poco más el sistema de elecciones primarias como un dinamizador de la vida política del PSOE, y tal vez del resto del país. Cada día parece más claro que otros partidos tendrán también que refrendar a sus candidatos con el voto de sus afiliados.

Ni este problema del peso quizá excesivo del partido, que probablemente se corregirá con el tiempo, ni el de más alcance de la doble legitimidad oscurecen la importancia política de las primarias. Por el contrario, los siete candidatos a la presidencia de las comunidades autónomas y los 43 aspirantes a alcaldes elegidos el viernes cuentan con una cuota de valor añadido que los ciudadanos, sin duda, tendrán en cuenta cuando acudan a las urnas el año próximo. El llamado efecto Borrell tendrá seguramente su continuidad en las elecciones locales y autonómicas. Y como receta para corregir el peso excesivo del aparato del partido, probablemente sea éste un buen momento para articular un sistema mediante el cual puedan votar también los simpatizantes. Éste será, sin duda, el paso decisivo para consolidar el sistema de primarias.

19 Noviembre 1998

¡Más democracia!

Pedro Sabando Suárez

Según el autor, es imprescindible que el PSOE dé un paso más y permita a sus afiliados participar no sólo en la elección del cabeza de candidatura, sino también en la de todos los integrantes de las listas

El proceso de elecciones primarias que el PSOE llevó a cabo hace unos meses constituyó, sin duda, un revulsivo no sólo para los militantes socialistas, entre los cuales provocó una extraordinaria reacción de entusiasmo, sino para toda la sociedad española, cuya atención sobre este asunto fue inusualmente elevada.Este notable incremento del interés frente a un hecho político es algo sobre lo que resulta imprescindible detenerse y reflexionar: ¿cuáles pueden ser las causas de que un proceso como el desarrollado entonces sea seguido con tanta atención y genere tales expectativas dentro y fuera del partido socialista? Desde mi punto de vista, tanto los ciudadanos como los militantes socialistas -y seguramente los de otras formaciones políticas- han llegado a tener la sensación de que los partidos, para seleccionar a los representantes en las instituciones democráticas, toman más en consideración las fidelidades personales a los dirigentes y los intereses de los grupos de poder existentes en cada partido que la representatividad, tanto interna como social, la coherencia política e ideológica o la capacidad personal.

Lo grave es que esta negativa sensación no es del todo ajena a la realidad. Porque si bien es cierto, y es preciso reafirmarlo, que la democracia se articula a través de los partidos políticos y que éstos han sido y siguen siendo instrumentos útiles e indispensables para representar intereses y valores colectivamente compartidos, es preciso reconocer, precisamente para mejorar la democracia, que las formas de actuación de los partidos políticos tienen bastante que ver con el alejamiento y el escepticismo ciudadanos frente a la política y con el bajo nivel asociativo y de participación política activa en relación con otros países de nuestro entorno.

El partido socialista no es ajeno a esta situación. Y no puede servir de consuelo que los ciudadanos contemplen con el mismo descreimiento a la derecha que a la izquierda. Precisamente porque la derecha, que procedió inmediatamente a restar importancia al proceso de primarias, no necesita, al contrario, intenta evitar, toda posible dinámica de profundización democrática y de participación social, pretendiendo que la democracia es sólo delegación y representación. Y por ello concibe las organizaciones políticas como estructuras piramidales, jerarquizadas y separadas de la sociedad, en las que los afiliados son sólo figurantes en escenografías electorales de diseño.

La izquierda, en cambio, convoca al ciudadano a la participación en la definición y solución de los problemas, a la vinculación activa y solidaria en los procesos de mejora de la sociedad y de construcción cotidiana de la justicia y la igualdad. El PSOE forma parte de esa tradición de la izquierda. Por ello, para los socialistas debe ser fundamental la participación también en el interior del partido. Estoy convencido de que el enorme interés y expectación de los ciudadanos y la respuesta entusiasta de los afiliados socialistas ante el proceso de primarias se debió al incremento de la democracia que aquéllas representaban. Ello demuestra que la ampliación de los procedimientos participativos y la extensión de las prácticas democráticas son una demanda real cuya satisfacción fue entonces positivamente apreciada, puesto que permitía a los afiliados jugar un papel más activo en la designación de quienes no sólo tienen que conocer la propuesta política y programática del PSOE, sino también saber representarla y llevarla a la práctica con rigor y coherencia.

Pero, al tiempo, ese incremento en la participación democrática de los afiliados se revela como un buen antídoto, aunque sea sólo parcial, ante la desconfianza existente entre los ciudadanos acerca del funcionamiento interno y el comportamiento clientelar de los partidos: cuanto mayor sea el incremento en la capacidad de decisión de los afiliados, más fácil será superar esa desconfianza, estimulando no sólo el voto para desplazar a la derecha gobernante, sino también la integración en el partido de personas identificadas con las ideas y propuestas socialistas y que, sin embargo, son reticentes a incorporarse al PSOE por temor a que sus opiniones no tengan un marco de expresión e influencia adecuados.

Por ello considero imprescindible dar un paso más en el camino emprendido. ¿Por qué elegir sólo al cabeza de candidatura mediante el voto de los afiliados y reservar la selección del resto de los candidatos a un órgano restringido, elegido en segundo grado? Estoy seguro de que el nivel de información, de formación y de conocimiento de los posibles candidatos que tienen los afiliados es más que suficiente como para que resulte de todo punto innecesaria cualquier estructura «superior» que sustituya la directa voluntad del afiliado a la hora de llevar a cabo dicha selección.

Nadie puede discutir, también yo así lo creo, que es necesaria una cierta estructura de delegación que garantice la ejecución cotidiana de las políticas compartidas por el conjunto del partido, cuyos afiliados no pueden intervenir diariamente de manera directa en la toma de decisiones en un marco de realidad política rápidamente cambiante. Pero tampoco puede ignorarse la exigencia, más o menos velada, de los afiliados de participar directamente, siempre que ello sea posible, en las grandes decisiones. La designación de los candidatos del PSOE a las instituciones democráticas puede y debe llevarse a cabo de este modo, mediante el voto libre, directo y secreto de todos los afiliados, evitando que sea en ámbitos restringidos y necesariamente menos transparentes donde se lleve a cabo esa selección.

Los dirigentes socialistas no pueden creer que su posición de dirigentes se debe a su superior información y formación -hoy ya, afortunadamente, muy socializadas-, ni tampoco que esa posición se pueda mantener reservándose espacios para la realización de consensos internos de escasa transparencia. La estima y el reconocimiento de su importante función se han de ganar con el prestigio que da saber desarrollar las armas de la izquierda del futuro, la comunicación y la cooperación. Y eso sólo tiene un camino: más democracia.

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