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Fracasa el intento del Fiscal General del Estado de procesar a Arnaldo Otegi por gritar en público «¡Gora Euskadi Ta Askatasuna! (ETA)»

HECHOS

El 28 de mayo de 2002 la causa contra Arnaldo Otegi por gritar ‘Gora Euskadi Ta Askatasuna’ quedó archivada.

El Fiscal General del Estado, D. Jesús Cardenal, fue quien promovió el pleito contra el líder pro-etarra.

29 Mayo 2002

Archivo para Otegi

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

El Supremo ha archivado la querella de la Fiscalía General del Estado contra el dirigente de Batasuna Arnaldo Otegi, que dio vivas a ETA (bien que con una fórmula sinuosa) en un mitin celebrado en Francia. La resolución no discute que la expresión empleada (Gora Euskadi Ta Askatasuna, denominación de la organización ETA) pueda incurrir en un delito de apología del terrorismo, pero entiende que no es propiamente un acto de terrorismo, por lo que no entraría entre los delitos sobre los que tiene jurisdicción la justicia española cuando se cometan en otro Estado. La argumentación tiene lógica jurídica, aunque implica aplicar un criterio discutible.

Para que el argumento cuadre es necesario salvar la objeción de que el delito de apología, reformado en diciembre de 2000, figura en una sección del Código Penal titulada ‘De los delitos de terrorismo’. Es defendible el criterio que considera delitos de terrorismo a todos los hechos incluidos en esa sección del Código Penal. Pero no puede rechazarse con carácter absoluto el principio que conduce a la Sala de lo Penal a diferenciar entre actos de terrorismo y el ‘enaltecimiento o justificación’ de los mismos (el código dice: ‘De los delitos comprendidos entre los artículos 571 y 577’). El Supremo se ha atenido a esta segunda interpretación para deducir que la expresión empleada por Otegi en un mitin de San Juan de Luz (Francia) no constituye un delito de terrorismo estricto, por lo que resuelve que no puede considerársele comprendido entre los supuestos excepcionales de jurisdicción sobre delitos cometidos fuera de España.

El archivo se justifica, por tanto, por esa circunstancia geográfica y no porque la Sala cuestione el carácter delictivo de la expresión. Es evidente que no es lo mismo gritar ‘viva Euskadi independiente’, por ejemplo, que ‘viva ETA’. Porque ETA se dedica a matar y extorsionar, luego enaltecer a esa organización equivale a justificar el asesinato y supone una ofensa adicional a las víctimas: no hay diferencia entre gritar ‘viva ETA’ y ‘ETA, mátalos’. Y en ambos casos se trata de un delito, según el Código Penal vigente.

Dilucidar si se trata de un delito estricto de terrorismo, perseguible de oficio al margen del lugar en el que se haya cometido, o de apología del terrorismo es algo que corresponde a los jueces. Carece de sentido, por ello, que el presidente del Gobierno y su ministro de Justicia se escandalicen por la resolución y pongan en duda la determinación de algunos jueces en la lucha contra el terrorismo. No se trata de una exculpación, aunque el tribunal haya resuelto que el delito no reviste la gravedad exigible para asumir la competencia de juzgarlo al haberse cometido en otro país.

29 Mayo 2002

Apología del pensamiento libre

Eduardo Haro Tecglen

Una vez más, el Supremo contradice al Estado, vendrán malos tiempos para el Supremo. La apología del terrorismo no es terrorismo: quien sin duda (para mí) lo exaltó, Arnaldo Otegi, no cometió delito; puede que el recurso del fiscal general haga cambiar las cosas. Siempre me manifesté contra esa culpa porque era un delito de opinión, contrario a las libertades de expresión y a la máxima de que ‘el pensamiento no delinque’, generalmente aceptada por cualquiera cuando gobiernan los suyos. Aznar tiene una lógica admirable, pero deshace pequeños progresos ganados a lo largo de los siglos en defensa de unas ideas nunca conseguidas del todo, o sustituida la realidad por el vocablo: libertad, democracia, derechos individuales; y en contra del autoritarismo. Aquí, en España, hay que certificar que uno está lejos de participar en lo que cita. Certifico: que no participo del ‘viva ETA’ que, al parecer, dijo Otegi; que yo querría que se extinguiese ETA, el nacionalismo vasco y que estoy en contra de cualquier independencia que no sea la del barrio de Chamberí, en Madrid. Certifico que de todos los crímenes, el que más detesto es el político. Como el de Sharon o el de Bush, por ejemplo; y el de los palestinos suicidas entre adolescentes israelíes, que tiene la agravante del impulso religioso.

Hecha esta declaración obligatoria, no sólo por imperativos legales ni por miedo a los pasionales del antiterrorismo -que me están haciendo mucho daño-, sino por convicción propia, insisto en la aclaración de que el regreso de los antepasados a la ouija del consejo de ministros para anular ideas de la Enciclopedia, de la declaración de independencia de Estados Unidos, de la Constitución republicana de 1931, y algunas cosas más, que hay libertad de expresión, aunque sea disparatada; que los códigos defienden a las personas que son injuriadas o calumniadas públicamente (algunos nos aguantamos porque tenemos la idea de que no merece la pena), y que si quisiera defender alguna lucha armada, tendría derecho a hacerlo.

Pero no quiero: soy pacifista, soy más bien hombre de otra mejilla (prefiero salir corriendo), quiero ‘una federación libre de pensamientos libres’, que decían los anarquistas.

07 Junio 2002

Otegui, traducciones y vítores

Mikel Azurmendi (Ex miembro de ETA)

Profesor de Antropología Social y Cultural

EL magistrado Perfecto Andrés Ibáñez ha demostrado en las páginas de un diario (ABC, 5 de mayo) que no sabía lo que se traía entre manos cuando juzgaba y absolvía a Otegui de la apología de la violencia terrorista que efectuó al terminar su mitin eusquérico en Francia con el grito de «Viva ETA» (Gora Euskadi Ta Askatasuna). ¿Recabó traductor el Sr. Magistrado o no lo necesitó? Si no lo necesitó demostró ser un ignorante, porque el grito de Otegui no significaba lo que el magistrado ha supuesto, «Viva Euskadi libre», sino simplemente «Viva ETA». Y si se fió de su traductor, ya puede ir demandándole daños y perjuicios porque de la consulta ha salido trasquilado como un estúpido. Supongo que ese error es parte de la tibieza con que se han tomado la defensa de la justicia la mayor parte de los Sres. Magistrados y jueces; en cualquier caso ello forma parte del desinterés por penetrar en la sinuosa y sutil trama semántica del infundio, la amenaza y la intimidación del lenguaje cotidiano de los de Batasuna. Hasta el propio alcalde de Bilbao ha denunciado esta pasada semana ante las cámaras que seguían el Pleno Municipal la conexión elocucionaria entre decir y amenazar por parte de aquel concejal de Batasuna que tenía enfrente.

En Euskadi, la frase «Gora Euskadi ta askatasuna» siempre ha significado lo mismo, lo dijéramos nosotros al oponernos a la dictadura franquista o lo digan ahora Otegui y sus conmilitones, cuando la dictadura etarra ha excluido al vasco no abertzale, atemorizado al personal que no le es simpático y fijado el canon de la corrección política. Para decir «Viva Euskadi y la libertad» siempre habíamos dicho «Gora Euskadi askatuta»; lo que sucede es que ahora no hace falta decirlo porque quienes luchamos por la libertad ya vemos que existe Euskadi (aunque sin libertad para los no nacionalistas) y los que dominan las instituciones de Euskadi ya no necesitan decirlo ni utilizar ese nombre, porque ahora necesitan más territorio, más supeditación y también otro nombre: Euskal Herria.

Las frases sólo tienen el significado que se les dé en la interacción locucional, precisamente porque la función del lenguaje es perseguir objetivos humanos de muy distinto calado. No es lo mismo decir algo para describir un hecho, para ordenar que se haga algo, para suplicar un favor o para agradecer otro. Los contextos de uso son, en consecuencia, decisivos a la hora de averiguar el significado de las locuciones, sean frases o, simplemente, palabras sueltas. Por ejemplo, la palabra «fuego» significa algo muy distinto según la diga el jefe de bomberos que acaba de recibir una llamada y, en diciendo «fuego» por un micrófono, sabe que su retén de guardia va a salir de estampía a los camiones. Cuando dices «fuego» a tu compañero de «poteo» con un cigarrillo en la boca, sabes que te va a encender el cigarro; en realidad, le pides fuego. Suponte que eres el piloto de aquel avión que lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima y que, después de comunicar tu posición al mando del Cuartel General, debías esperar cualquiera de estas dos palabras: o «fuego» o «abandono». Y recibiste la primera, cuyo significado era «lance usted la bomba». Pues bien, cuando Arnaldo otegui lanzó su Gora Euskadi ta askatasuna, solamente dijo lo que quiso decir: «viva ETA». ¿Por qué lo sabemos? Porque el señor otegui es coherente cuando habla y porque conocemos qué mensaje estaba pasando en «iparralde». Fíjense en la imperiosa necesidad de contextualizar este último vocablo de «iparralde» puesto que, quien no sepa de política abertzale, no sabrá cuál es su significado; por ejemplo, ni los eusquera-hablantes Ignacio de Loyola, Axular o el cura carlista Santa Cruz jamás supieron nada de ese significado del término «iparralde».

El señor otegui no ha pronunciado nunca «Euskadi» más que en contextos irónicos y despreciativos, jamás como un vítor final de un mitin con carga conativa, es decir, de impulso a la acción. «Euskadi» gritábamos nosotros en la época franquista, cuando no había libertad ni existía Euskadi más que como proyecto de futuro político, ciertamente muy distinto según quien pronunciase ese término. Y Euskadi decimos hoy únicamente los ciudadanos que defendemos la Constitución, el Estatuto de Autonomía y nos oponemos al nacionalismo étnico. También lo usa el Gobierno Vasco, pero sólo en contextos oficiales, pues ya ni Ibarretxe, ni los del PNV ni su radio y televisión vascas ni ningún nacionalista ni madracista dicen «Euskadi». Ahora todos ellos dicen «Euskal Herria», incluso cuando hablan en castellano; precisamente porque utilizan este término no descriptivamente, sino conativamente, como impulso al proyecto político de «construcción nacional», reservando el término «Euskadi» a la descripción de un proyecto ya políticamente periclitado y sobrepasado. Fíjense que ese mismo par de términos, «construcción nacional», no significa lo mismo para otegui que para Ibarretxe, pero se parecen mucho, cada vez más, en sus contextos de uso, bastante diferente de cuando lo utiliza Joseba Arregi, por ejemplo. Pero este par de términos sólo significa muerte y extorsión, limpieza étnica, exclusión política y amedrentamiento para los que no somos abertzales. Entérense, señores obispos vascos, del uso que hacen ustedes de los términos «paz», «casa común», «imperio de la ley»con uso peyorativo por cierto) y decenas de otros más. Por eso, el señor Otegui solamente gritó «viva ETA» y no significó nada parecido a como cuando «cualquier leonés… grita viva León y la libertad» según acaba de escribir un amigo mío recientemente (El País, edic. País Vasco, 31 de mayo).

Además de ese último error semiótico, mi amigo que lleva escribiendo musculosa y portentosamente a favor de las víctimas y contra el terrorismo, cometía en su artículo «Ascotasuna» (de asco, claro) un error semántico categorial, al suponer que el significado de la frase de otegui dependía de que fuese dicho en euskara de manera que, en el supuesto de que no conllevara intención pro-ETA, condenar el uso de tal frase implicaría cargar el delito sobre la lengua vasca a la que, en adelante, se le prohibiría decir «viva Euskadi y la libertad». Si ha quedado claro que el significado de otegui era «viva ETA», más claro es aún el hecho de que expresarlo sólo se puede expresar significando en euskara lo que es el único acrónimo ETA (Euskadi Ta Askatasuna) y ello no tiene nada que ver ni con la libertad ni ya tampoco con Euskadi sino sólo con lo que significa la cosa ETA. Porque las cosas son lo que son y ETA es un mero acrónimo de una frase en euskara. Tomemos, si no, aquellos célebres versos de Verlaine que sirvieron como contraseña para la operación del desembarco de Normandía y el ataque al unísono de todos los resistentes franceses. Cuando el locutor de radio pronunciaba desde Londres «les sanglots longs/ comme des violons/ de l´automne/ blessent mon coeur/ d´une langueur monotone», su significado no tenía nada que ver con la lengua francesa, su soporte o significante. Es decir, «todos al ataque en todos los frentes». Los versos de Verlaine seguramente fueron escritos para significar la pérdida de un amante importante en su vida, tal vez Rimbaud, pero ni este significado ni su significante mismo, unos versos en lengua francesa, pintaron nada en aquella circunstancia histórica de la guerra contra el nazismo. Es un error categorial confundir también ahora el nombre y la cosa, tan grande como creer que el campo semántico de la última frase de Otegui es lingüístico cuando es puramente conceptual.

Pero mi amigo Izpizua me temo que incurre aún en otro error, sociológico esta vez, que malinterpreta los logros de ETA. Porque mal que nos pese, es su terrorismo lo que ha conseguido determinados e importantes cambios tanto en el ordenamiento jurídico como en las reivindicaciones y en la práctica cotidiana de la ciudadanía vasca. Que son los tres campos a los que se refiere él, pidiendo que consideremos que ETA únicamente es crimen y terror. Pues no; para nuestra desgracia, en su inmoral y totalitaria conducta existen también importantes logros que afectan a ese triple terreno: el hecho del eusquera como hecho simbólico y ya no meramente lingüístico (al haber transformado la identidad tradicional racista de los nacionalistas vascos haciéndola girar en torno a la diferencia lingüística) como hecho étnico (sin eusquera no hay nación vasca ni construcción nacional y quien disienta es nuestro enemigo) y como hecho aceptación social (aplicación de una política de discriminación cultural). Cuando Ibarretxe dijo el domingo pasado que sin eusquera no había posibilidad de ciudadanía vasca se alineaba en la conformidad de ETA y se plegaba a su terror. Y eso pese a que él mismo no sabía eusquera cuando fue nombrado lendakari ni, por cierto, sabe gran cosa todavía. Pero al afirmarse en ello, el lendakari dice a ETA que está de acuerdo con sus postulados.  Los jueces deberían saber estas cosas, al menos si lo que pretenden es hacer justicia y entender a los vascos cuando hablamos de proyectos que causan injusticias y también terror y muerte.

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