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Sorprende que el PSOE pusiera el foco en los trajes de Camps cuando hay una decena de diputados del PP valenciano investigado por tramas mucho más corruptas que simples regalos

Francisco Camps y Ricardo Costa no tendrán que pagar ninguna multa al ser absueltos del ‘caso de los trajes’

HECHOS

El 25.01.2012 se hizo pública la sentencia del Jurado popular absolviendo a D. Francisco Camps y D. Ricardo Costa del delito de aceptar presentes materiales en función de su cargo público.

PROTAGONISTAS DEL PROCESO

jose_tomas_Sastre El jurado optó por no creer a D. José Tomás ‘el sastre’. Que aseguraba que a D. Francisco Camps se le había regalado un traje por ser político, lo que hubiera supuesto el incumplimiento del Código Penal. El Sr. Camps aseguró que no se los habían regalado, porque él se los había comprado.

Bigotes ‘El Bigotes’ intervino para asegurar que no había regalado nada al Sr. Camps.

Correa_Gurtel D. Francisco Correa, señalado como supuesto cerebro de la ‘trama Gürtel’ no quiso decir nada en su declaración en aquel juicio.

jose_luis_penas D. José Luis Peñas, ex militante del PP, intervino para explicar los motivos por los que había denunciado la vinculación entre dirigentes del PP y las empresas de D. Francisco Correa (‘Gürtel’).

NADA MÁS SER ABSUELTO, FRANCISCO CAMPS ENTRA EN DIRECTO EN ‘ANTENA 3 NOTICIAS’ Y ‘EL GATO AL AGUA’

26 Enero 2012

Absolución para Camps

EL PAÍS (Director: Javier Moreno)

Si la justicia que reclamó Francisco Camps en su alegato final en el juicio por los trajes de la trama Gürtel fue la absolución, al menos cinco de los nueve miembros del jurado popular han atendido su ruego dictando a su favor un veredicto de inocencia. El guiño de complicidad que el expresidente de la Generalitat valenciana hizo en ese momento al jurado no pudo ser más explícito. «Vengo a buscar la justicia que imparten mis conciudadanos», señaló volviendo su mirada hacia sus nueve miembros. Si el veredicto de no culpabilidad es fruto de un análisis fundado y coherente de las pruebas presentadas a lo largo del juicio, o más bien de esa proximidad de paisanaje -¿ideológica también?- que invocó Camps es algo que no se sabrá hasta analizar con detalle las respuestas dadas por el jurado a las cuestiones planteadas por el juez.

En el juicio, Camps no dudó en presentar de nuevo el aval en las urnas que le había otorgado una mayoría de valencianos como prueba de su inocencia. La representante del ministerio fiscal debió recordar al jurado que tal estrategia constituía un intento de meter la política en la sala de audiencia. De ahí que en su alegato final también se dirigiera a los miembros del jurado para recordarles que no estaban ante un juicio político.

Lo que se deduce del veredicto de no culpabilidad es que al menos cinco miembros del jurado no han considerado probado que la trama Gürtel haya pagado a Camps y a Ricardo Costa los trajes que adquirieron en las tiendas Milano y Forever Young en Madrid. Y ello a pesar de que Víctor Campos y Rafael Betoret -los otros dos altos cargos imputados en la misma causa- reconocieron ante la justicia que a ellos sí se los pagó la trama que mantenía estrechas relaciones de negocio con el Gobierno de Camps. De nuevo, solo la sentencia que redacte el presidente del tribunal desvelará cómo los miembros del jurado que han optado por la absolución han valorado las pruebas y cuáles son sus razones para desecharlas. Solo entonces se conocerá el fundamento del veredicto y se sabrá si estamos ante un mayúsculo error judicial a enmendar mediante recurso por un tribunal profesional.

La absolución de Camps y Costa por un jurado popular podría ser interpretada como un gesto más de complacencia ciudadana con los políticos corruptos; como el voto en las urnas a favor de ellos. A quienes menos ha debido complacer, aunque manifiesten lo contrario, es a sus herederos en la Comunidad Valenciana, obligados a gestionar una herencia ruinosa. Su absolución por la justicia, como antes el voto en las urnas, podría servirle a Camps y sus fieles para sacar pecho y causar engorros. Rajoy, que apoyó a Camps cuando era su aliado en su lucha por el poder en el PP y que le dejó caer cuando se convirtió en un obstáculo en su camino hacia La Moncloa, puede sentirse feliz, pero no en demasía. Camps podría pedirle una reparación.

26 Enero 2012

Y ahora, ¿quién repara el honor de Camps?

ABC (Director: Bieito Rubido)

Después de una larga deliberación sobre el «caso de los trajes», el jurado absolvió a Francisco Camps y a Ricardo Costa de la acusación por un delito continuado de cohecho impropio. De los 21 puntos que conformaban el objeto del veredicto, el jurado considera probados ocho favorables a los acusados y señala como no probados diez contrarios a los imputados. Sobre los tres restantes no se pronuncia porque no cree culpables a los acusados, según el tribunal popular. El jurado concluye, por tanto, que «no hay acreditación de que no pagaran las prendas». Sin embargo, Camps ha pagado el precio más alto para un político: su retirada de la presidencia de la Generalidad valenciana, mucho más que si hubiera sido condenado, pues en ese supuesto la pena no llevaba aparejada la inhabilitación para desempeñar un cargo público. El Estado de Derecho ha funcionado con todas las garantías, dejando en evidencia a quienes habían anticipado una condena implacable. Lo lamentable es que nadie podrá reparar en su plenitud el daño causado, no solo en lo que se refiere al honor de las personas, sino también a las secuelas políticas del caso. El PSOE y su entorno mediático han utilizado un proceso para buscar los votos que les niegan en las urnas. Seguramente, ahora se aproveche la no unanimidad del veredicto para sembrar de dudas el fallo o para embarullar con el horizonte penal de Garzón, primer instructor del caso. Quienes tramaron y amplificaron una repugnante operación de acoso y derribo deberían ahora responder de su conducta. Rehabilitados con todos los pronunciamientos favorables, el daño, sin embargo, ya está hecho.

25 Enero 2012

Camps sobrevive

LAS PROVINCIAS (Director: Julián Quirós)

El expresident de la Generalitat Francisco Camps ha logrado sobrevivir a las malas amistades que granjeó con algún responsable de la trama Gürtel y queda en disposición, veredicto absolutorio en mano, de reivindicar su papel en el PP y en el Gobierno valenciano. Han sido tres años de un proceso judicial que ha erosionado progresivamente su elevado estatus político hasta reducirlo a la mínima expresión, y ahora tiene la oportunidad de sanar su imagen y recuperar la confianza de su partido.
Hasta febrero de 2009, momento en el que el caso «Gürtel» entró por la puerta de la Generalitat, Camps mantuvo una trayectoria ascendente que llegó a situarle como uno de los «barones» más destacados de su partido, una figura potencialmente ministrable en un Gobierno del PP.
Francisco Enrique Camps Ortiz (Valencia, 1962) llegó en 2003 al Palau de la Generalitat ungido por Eduardo Zaplana y después de haberse curtido en todas las Administraciones como concejal, diputado nacional, conseller y delegado del Gobierno.
Sus comienzos no fueron fáciles, porque tuvo que lidiar con una división del partido auspiciada por Zaplana, que mantenía la presidencia del PPCV. Pero todo se allanó paulatinamente. Fue nombrado presidente regional de su partido, formó su propio equipo, sofocó los reductos «zaplanistas» -a excepción del de Alicante- y consiguió en 2007 su segunda mayoría absoluta, con una oposición cada vez más alejada de la realidad política.
La Comunitat Valenciana atravesaba un momento de esplendor -tal vez ficticio-, y Camps se convirtió en un modelo a seguir entre los líderes autonómicos de su partido y en un pilar fundamental para Rajoy.
Todo esto mutó en febrero de 2009. La confianza de las altas esferas populares comenzó a quebrarse según afloraba su relación con la trama y el vínculo especial que mantenían su familia y él con uno de sus cabecillas, Álvaro Pérez «el Bigotes», a quien Camps llamó «amiguito del alma» en una de las conversaciones grabadas y escuchadas en el juicio.
El presidente valenciano, maltrecho durante los años siguientes, mantuvo su posición después de que el Tribunal Supremo reabriera la causa archivada por el Tribunal Superior de Justicia valenciano , pero se vio obligado a dimitir en julio del pasado año, cuando el juez ordenó su enjuiciamiento. Abandonó el cargo asediado por todos los estamentos sociales y políticos, incluido su propio partido, pero siempre mantuvo su inocencia tildando su procesamiento de «injusticia» histórica.
El jurado considera que no existen pruebas de que la trama Gürtel le regalara unas prendas de vestir que compró en las tiendas de Milano y Forever Young y por ello le ha declarado inocente.
Esta decisión, que llega tras un calvario de mes y medio de juicio con interminables sesiones en el estrado, donde se han expuesto públicamente sus intimidades profesionales y familiares, le rehabilita política y socialmente, al menos hasta que se vuelva a pronunciar, en caso de recurso, el Tribunal Supremo.
26 Enero 2012

La absolución no redime a Camps como político

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

EL VEREDICTO de no culpabilidad de Camps restablece su inocencia tras haber sido acusado de cohecho impropio y le exime de pagar una multa de 41.000 euros. Habrá quien objete que la sentencia es polémica, y siempre existirá el debate de si un caso de estas características -en el que el principal procesado es el personaje más notorio de la región, alguien que ha obtenido varias mayorías absolutas y cuyo partido gobierna la autonomía desde hace 17 años- es el más adecuado para ser juzgado con jurado popular. Pero ni siquiera lo apretado del veredicto -cinco votos a favor de su no culpabilidad contra cuatro- o que se haya dado más credibilidad a la declaración del escolta de Camps que a otros testimonios, resta legitimidad a la decisión del jurado. La vista se ha celebrado con las reglas que establece la Ley y los miembros del jurado han considerado que no está «totalmente probado» que Camps y Ricardo Costa recibieran regalos en condición de su cargo. Por eso han aplicado la máxima que en Derecho establece que, en caso de duda, hay que fallar a favor del acusado.

Es cierto también que esta sentencia implica el hecho insólito en nuestro país de que de los cuatro imputados inicialmente por los mismos delitos, dos hayan sido declarados inocentes y los otros dos condenados como culpables. Como es sabido, Campos y Betoret, colaboradores del ex presidente, reconocieron los hechos y pagaron la sanción correspondiente. El propio Camps estuvo a punto de hacer lo propio.

Camps puede decir ahora que no mintió sobre los trajes y que ha sido restablecida su credibilidad, pero eso es algo subjetivo que queda al criterio de cada ciudadano. Incluso podría alegar que, dado que presentó su dimisión un mes después de la investidura como un «sacrificio» para allanar el camino de Rajoy a La Moncloa, ahora queda en condiciones de recuperar su posición. Sin embargo, lo que no altera la sentencia es su responsabilidad política. Estamos en dos planos diferentes.

Camps, inocente de haber recibido prendas de vestir con la intención de corromperlo, es sin embargo responsable de haber intimado con una trama que tenía como objetivo llenarse los bolsillos con dinero público y a cuyo cabecilla se dirigía con expresiones como «amiguito del alma». De eso no puede redimirle el veredicto. Es más, lo que hemos conocido en la vista oral nos reafirma en lo que siempre sostuvimos: que Camps no era la persona adecuada para gobernar una comunidad autónoma. Y no hay más que mirar la herencia que deja para convencerse de ello. Hace sólo tres semanas, el Gobierno tuvo que salir al rescate de la Comunidad Valenciana, que de otra forma hubiera entrado en quiebra.

Al margen del posible recurso de la Fiscalía, Camps aún puede tener que superar otros escollos, como el caso Urdangarin, el asunto de la financiación irregular del PP valenciano por empresas que trabajan para la Generalitat o el de los encargos a la trama Gürtel con motivo de la visita del Papa. Por eso sorprende que la secretaria general del PP reaccionara preguntándose ante los medios cómo se restablece «la honorabilidad» de Camps. Si Cospedal se refiere a la penal, ésta ya ha quedado clara: ahí está la sentencia que le rehabilita. Si se refiere a la política, entonces la respuesta la tiene que dar su partido. ¿Está dispuesto el PP a reponerle en la presidencia del partido o de la Generalitat? No parece lo más aconsejable.

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