27 diciembre 1949
El país fue ocupado por Japón durante la Segunda Guerra Mundial
Holanda se ve forzada a conceder la Independencia de Indonesia presionado por Estados Unidos y la Unión Soviética
Hechos
El 27.12.1949 Holanda concedió la independencia a Indonesia.
Lecturas
El 17 de agosto de 1945 el líder nacionalista Ahmed Sukarno acaba de proclamar la independencia de Indonesia, cuya política interior y exterior se basará en la afirmación nacional, la apertura internacional, la democracia, la justicia social y la fe en Dios. Holanda, que considera indonesia una posesión colonial suya desde 1929 (hasta que les fue arrebatada por Japón durante la Segunda Guerra Mundial) ha rechazado la declaración unilateral de Sukarno y anunciaron entonces su intención recobrar el país por las armas y no reconocer esa independencia.
En octubre de 1956 se producirá un golpe de Estado comunista en Indonesia.
El Análisis
El 27 de diciembre de 1949, los Países Bajos cerraron un capítulo de su historia colonial al conceder la independencia a Indonesia. No lo hicieron por voluntad propia, sino empujados por la presión internacional: Estados Unidos, temeroso de que el nacionalismo indonesio se alineara con el bloque soviético, y la propia URSS, que alentaba todo proceso de descolonización, coincidieron en exigir a Ámsterdam que abandonara sus pretensiones. Durante la Segunda Guerra Mundial, Japón invadió el archipiélago, debilitando el control holandés. Finalizado el conflicto, Holanda intentó recuperar su “perla de Oriente”, pero se encontró con un país que ya no aceptaba volver a ser súbdito.
En el centro de esta nueva etapa está Ahmed Sukarno, líder nacionalista que, durante la ocupación japonesa, optó por colaborar con Tokio en la esperanza de que aquello debilitara el poder colonial holandés. La apuesta era arriesgada, y muchos no olvidan que ese colaboracionismo le dio medios y visibilidad para cimentar su liderazgo. Ahora, como presidente, hereda un país de vastos recursos pero fragmentado por etnias, religiones e intereses geopolíticos. Sukarno es un orador magnético, hábil en el equilibrio entre facciones, pero también muestra un marcado personalismo que hace temer que la independencia pueda derivar en una dictadura con sello propio.
Washington mira a Yakarta con recelo: no ve en Sukarno un aliado fiable. El Partido Comunista Indonesio crece en influencia, y el nuevo gobierno se inclina por un “tercerismo” que, en plena Guerra Fría, suele acabar más cerca de Moscú que de la Casa Blanca. Indonesia se suma así a la lista de países descolonizados cuya independencia no solo reconfigura el mapa político, sino también el tablero estratégico global. Para Holanda es el fin de un imperio ultramarino; para Indonesia, el inicio de una travesía en la que su mayor desafío será no cambiar una tutela extranjera por la autocracia de sus propios dirigentes.
J. F. lamata