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Será sustituido por su viuda María Estela Martínez de Perón, más conocida como Isabel Perón

Muere el presidente de Argentina, el General Juan Domingo Perón, mitificado por sus seguidores

HECHOS

  • El 1.07.1974 se conoció la muere del Presidente de Argentina, General Juan Domingo Perón, que fue reemplazado por su viuda, la vicepresidenta Dña. María Estela Martínez (‘Isabel Perón’) se convirtió en la Presidenta de Argentina reemplazando a su difunto marido D. Juan Domingo Perón.

isabelperon_001 «Ruego a amigos y adversarios que depongan las pasiones personales en bien de una patria libre, justa y soberana», dice en su primer discurso la primera mujer que ocupa la jefatura del Estado en Argentina.

   La noticia fue portada en la prensa argentina y en todo el mundo.

02 Julio 1974

Perón

Emilio Romero

Conocí a Perón intensamente en su largo exilio de Madrid. Una ‘portugalización política ‘ – Ejército, socialistas y comunistas le habían provocado la salida del país, y el destierro. La imagen política de Perón es que había nacionalizado a los pobres. Llegó un día a España con Isabel Martínez y Américo Barrios. Durante mucho tiempo, mientras se sucedían los Gobiernos de circunstancias en Argentina. Perón era solamente un recuerdo sin esperanza en Madrid. Pero resultaba imposible gobernar o conciliar o avenir, sin Perón: resultaba imposible alcanzar la estabilidad política y se agotaba el crédito de la llamada ‘Revolución libertadora’, que derrocara a Perón en 1953.

El exiliado de Puerta de Hierro acentuaba el desgaste de la clase gobernante con textos y grabaciones. Perón abría silenciosamente, tenazmente la tumba de sus adversarios. Al final Puerta de Hierro era un jubileo para la gran conspiración del regreso. Me recordaba un día aquello de Martin Fierro: “El zorro que ya es corrido desde lejos la olfatea: no se apure quien desea hacer lo que le aproveche, la vaca que mas rumea, es la que da mejor leche”. Sabía el proceso de los pueblos jóvenes hacia la justicia y la libertad: y atizaba esta hoguera. Guiñaba un ojo frecuentemente y se reía con malicia insuperablemente y se reía con malicia insuperable. De las lealtades políticas tenía una opción lúcida y sobrecogedora. Me confesó que la mejor manera de guardar la lealtad de un hombre leal era ponerle otro cerca que le vigilara. Era fabulosamente ingrato, encantadora amable, soberbiamente escéptico, jovialmente cínico. Amaba a sus perros y era amado por una gran parte del país. ME escribía desde Caracas, un año después de su derrocamiento, y me decía: “El epílogo será que los imperialistas de mi país tienen un derecho de elección que nadie puede negarles, o les colgamos los justicialistas, o les colgarán los comunistas”. Cuando regresó, muchos años después, a Argentina, no colgó a nadie: el peronismo era ya un patrimonio nacional. De Puerta Hierro había salido Perón no ya para hacer una revolución, sino para contenerla. Perón estaba ya más cerca de la filosofía que de la política. Y le satisfacía hacer ‘Libros Rojos’ desde la ribera del Manzanares. Lo primero que tenía que hacer era el proceso constituyente de un Estado moderno, y ya no había plazo. Sabía que no tenía ilusión, ni salud, ni gente de quien fiarse. Se dejó llevar. “El zorro que ya es corrido desde lejos la olfatea…”.

El peronismo, sin Perón, es solamente un sentimiento con variados y contradictorios acordes. No es una armonía. Perón tiene su historia más humana, más literaria, más triste, y más histórica, en Puerta de Hierro. Algo se podría contar de esto. No ahora. Los que lo saben plenamente, ahora tienen pleno derecho a tener miedo. Fuera Perón de la escena, la Historia de Argentina tiene otro caminos. No habrá sucesores, sino que la vida sigue.

Emilio Romero

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