17 septiembre 2025
Desde la izquierda acusan a la administración Trump de perseguir la libertad de expresión
Jimmy Kimmel suspendido por seis días de la cadena ABC (Disney) tras un comentario sobre el asesinato de Charlie Kirk que enfureció a la derecha
Hechos
- 17 de septiembre de 2025 (miércoles): ABC/Disney anuncia la suspensión indefinida de «Jimmy Kimmel Live!»
- 22 de septiembre de 2025 (lunes): Disney/ABC anuncia el fin de la suspensión y confirma el regreso del show.
- 23 de septiembre de 2025 (martes): vuelve a emitirse «Jimmy Kimmel Live!».
Lecturas
CRONOLOGÍA DEL CONFLICTO
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17 de septiembre de 2025:
- Brendan Carr (Chairman de la FCC, nombrado por Trump) critica públicamente los comentarios de Kimmel como “sick” y “misleading”, amenazando con acciones regulatorias contra ABC y sus afiliados (posible revisión o revocación de licencias por “news distortion” o misinformation).
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Grupos de estaciones afiliadas a ABC (especialmente Nexstar y Sinclair) anuncian que no emitirían el show.
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Horas después, ABC/Disney anuncia que suspende Jimmy Kimmel Live! “indefinidamente”. La decisión involucra a Bob Iger y ejecutivos de Disney.
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19 Septiembre 2025
Trump acelera su plan para intimidar a los medios de EEUU
La libertad de expresión vive estos días uno de sus peores momentos en Estados Unidos. Charlie Kirk fue asesinado mientras debatía en una universidad. La fiscal general del país quiere perseguir delitos de odio, algo a lo que Kirk se oponía brutalmente. Y el Ejecutivo usa todo su poder para castigar a sus rivales. La cadena ABC anunció el miércoles por la noche la «suspensión indefinida» del programa nocturno de Jimmy Kimmel, que lleva en antena desde 2002, entre enormes presiones y amenazas de la Administración Trump. Y aunque el presidente lo ha celebrado, insultando al cómico, no lo considera suficiente, y este jueves, desde el avión presidencial mientras volvía desde Reino Unido, ha insinuado en repetidas ocasiones que las televisiones podrían perder sus licencias por las críticas constantes a su persona y a su Gobierno.
El pretexto fue un monólogo del cómico el pasado lunes, pero las razones van mucho más allá, y hay que encuadrarlas dentro de la campaña liderada por la Casa Blanca no sólo para silenciar a los medios o los humoristas más críticos y hostiles, sino para reconfigurar todo el panorama mediático del país, incluyendo periódicos, televisiones y redes sociales.
«Leí en alguna parte que las cadenas estaban en un 97% en mi contra y aun así gané fácilmente las elecciones (…) Uno pensaría que tal vez deberían quitarles la licencia (…) Recuerdo los viejos tiempos en los que cada cuatro o cinco años las cadenas volvían a solicitar su licencia, y la licencia era gratuita. Ellas obtienen esta cosa valiosa gratis y vuelven a solicitar la licencia, y si hicieron algo mal… bueno, si hicieron algo mal», ha insistido mencionado siempre la posibilidad de que «les sea retirada».
A mediados de julio, la cadena CBS canceló por sorpresa The Late Show With Stephen Colbert, el programa más visto por las noches, poniendo fin a un show que llevaba más de tres décadas emitiéndose. Las razones esgrimidas eran «puramente financieras», pero dentro del sector quedó claro que eliminarlo era el precio a pagar para llegar a un acuerdo con el presidente Donald Trump, cuya Administración tenía derecho, a través del regulador audiovisual, de veto sobre una operación de fusión de su matriz Paramount valorada en miles de millones.
Trump puso entonces un mensaje en su red social celebrando la noticia y se atribuyó en otro la decisión: «Me encanta que despidan a Colbert. Su talento era incluso menor que su audiencia. He oído que Jimmy Kimmel es el siguiente». Tres días después, insistió: «Se dice, y se dice con fuerza, que Jimmy Kimmel será el PRÓXIMO en irse. Y poco después, [Jimmy] Fallon se irá también», anticipó. Menos de dos meses después, la cadena ABC ha suspendido el Jimmy Kimmel Live!, sin aclarar si la decisión es irrevocable o si está buscando alguna fórmula, con disculpas y quizás incluso donaciones, para salvar el show.
«Buenas noticias para Estados Unidos: el programa de Jimmy Kimmel, con sus bajos índices de audiencia, ha sido cancelado. Felicitaciones a ABC por finalmente tener el coraje de hacer lo que se debía hacer. Kimmel no tiene ni un ápice de talento y tiene peores índices de audiencia que incluso Colbert, si cabe. Eso deja a Jimmy y Seth, dos completos perdedores, en Fake News NBC. ¡Háganlo, NBC!», festejó desde Londres el líder republicano, señalando claramente quiénes deberían ser despedidos.
Hay veces en las que los gobiernos son sutiles en sus maniobras mediáticas. Esta vez no es una de ellas. La presión a la ABC desde los medios rivales, desde el regulador y usando el poder de veto sobre operaciones empresariales se ha hecho en público. En tuits, entrevistas y declaraciones. El presidente señaló y sus operativos amenazaron con sanciones y con retirar la licencia de emisión.
Todo ello después de haber demandado a The New York Times por difamación pidiendo a la empresa 15.000 millones de dólares. Tras haber demandado a The Wall Street Journal pidiendo 10.000 millones. Tras decirle hace tan solo unos días a un reportero de la propia ABC que iban «a ir a por gente como tú», acusándole de tener «odio en el corazón». O de haber reprendido a un periodista australiano en directo por preguntarle por conflictos de intereses en sus negocios, asegurando que estaba comprometiendo las relaciones de su país con EEUU y que hablaría con las autoridades australianas para quejarse.
Muchos ciudadanos, pero también políticos e incluso periodistas, relativizan lo ocurrido diciendo por ejemplo que es una decisión de la compañía por la audiencia, o que Kimmel se burló de Tucker Carlson cuando salió de la cadena Fox, después de que ésta tuviera que pagar más de 750 millones de dólares por difamación en su programa a una empresa de máquinas de votación. O cuando ironizó sobre el despido de Roseanne Barr por comparar a Barack Obama con un chimpancé. Esto es diferente, es el aparato del Estado moviendo todos sus engranajes en una dirección.
En su monólogo del lunes, Kimmel criticó al movimiento Make America Great Again diciendo que durante el fin de semana «la banda MAGA ha estado intentando desesperadamente caracterizar a este chico que asesinó a Charlie Kirk como algo distinto a uno de ellos y haciendo todo lo posible para ganar puntos políticos con ello». Posteriormente, se mofó del presidente Trump, amigo personal del activista conservador: «Está en la cuarta etapa del duelo: la construcción», afirmó entre risas del público con un vídeo del presidente hablando de las obras de su jardín. «Así no es como un adulto llora la muerte de alguien a quien consideraba amigo. Así es como un niño de cuatro años llora la muerte de su pez dorado», añadió.
Sus palabras sobre Tyler Robinson, el presunto asesino de Kirk, han sido replicadas una y otra vez en los medios más afines al presidente. Aunque en ellas el cómico no aborda el atentado en sí, no hablaba en ningún momento de Kirk, ni frivolizaba sobre el crimen, desataron una tormenta. Y la decisión de la cadena se produjo tras dos hechos vinculados.
El primero, las amenazas directas del responsable de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), el regulador. En una entrevista en un podcast de un comentarista de derechas muy conocido, el presidente de la FCC, Brendan Carr, amenazó con tomar medidas inmediatas contra Kimmel, ABC y Disney «por engañar deliberadamente al público al afirmar que el asesino de Charlie Kirk era un conservador MAGA», lo que no ocurrió. Carr habló de «mentiras maliciosas» y «verdaderamente enfermizas». El regulador, un hombre de total confianza de Trump, insistió en que era «un problema muy grave para Disney» y avisó: «Podemos hacerlo por las buenas o por las malas», apuntando a la licencia de emisión que concede la propia FCC.
El segundo acto de la jornada llegó de la mano de Nextar, el grupo mediático que tiene más licencias televisivas en Estados Unidos, con casi 200 emisoras locales. Y que ahora necesita el permiso precisamente de Carr y de la FCC para una operación de fusión de más de 6.000 millones de dólares con una rival.
Todo se enmarca además en medio de una batalla mayor. En EEUU hay cinco cadenas nacionales de televisión, y sólo una es abiertamente conservadora y pro Trump, la Fox. Si la macro operación que respalda la Casa Blanca sale adelante, Larry Ellision, el hombre más rico del mundo ahora mismo y amigo del presidente, y su hijo David, tendrán la propiedad de Paramount (dueña de CBS) Warner Bros Discovery y la parte estadounidense de TikTok US.
20 Septiembre 2025
Libertad de expresión amenazada
DONALD TRUMP está aprovechando el trágico asesinato de su activista y amigo Charlie Kirk para emprender una campaña de corte autoritario contra la libertad de expresión desde el Despacho Oval. Las presiones indisimuladas del Gobierno de EEUU a la cadena ABC (propiedad de Disney) han logrado la suspensión del programa Jimmy Kimmel Live! después de que su célebre conductor, un cómico, se burlara del movimiento MAGA y de la reacción del presidente ante el asesinato de Kirk. Más tarde, el propio Trump ha amenazado con retirar las licencias de retransmisión a las televisiones críticas con su gestión. Se trata de una intolerable estrategia de intimidación a los contrapoderes que no es nueva ni patrimonio de la derecha política, pero que se exhibe ahora ante el mundo sin ningún filtro ni matiz.
Los medios de comunicación han estado siempre en el punto de mira de Trump. Ya en su primer mandato cuestionó la fiabilidad de la prensa y ridiculizó e intentó amedrentar a los periodistas no afines. En su regreso a la Casa Blanca, y mientras se presenta como restaurador de la libertad de expresión que la izquierda restringió, el presidente ha desvirtuado completamente el principio que decía defender. Desde su administración se suceden las demandas millonarias y las amenazas contra cabeceras ya no solo cercanas al Partido Demócrata, como The New York Times, sino también al Republicano, como es el caso de The Wall Street Journal. El objetivo final es desacreditar a la prensa para evitar su fiscalización.
El asesinato de Kirk a manos de un joven radicalizado puede convertirse en un punto de inflexión para la polarizada sociedad estadounidense. Trump acusa a la izquierda de promover el asesinato y ha anunciado planes para perseguir a organizaciones vinculadas a ese espacio ideológico, al que señala como el enemigo del pueblo.
Las distintas familias de la derecha que lo auparon, y que con razón denunciaron la «cultura de la cancelación» que el Partido Demócrata y sus satélites habían impuesto -en las universidades, en los medios, en las empresas-, deberían saber mejor que nadie que señalar e intentar silenciar a quien sostiene una opinión distinta quiebra las libertades individuales y la convivencia de cualquier sociedad. La contradicción es insalvable. En febrero, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, el vicepresidente JD Vance arremetió con dureza contra Europa porque, según dijo, sus élites y sus burócratas estaban destruyendo la libertad de expresión: «Podemos discrepar de sus opiniones, pero lucharemos para defender su derecho a expresarlas públicamente, estemos de acuerdo o no con ellas». Hoy los actos del Gabinete Trump son el exacto reverso de aquella incendiaria denuncia.
La libertad de expresión está amenazada hoy en Estados Unidos, y no solo allí. Por eso son más importantes que nunca la labor de la Justicia y el compromiso de la sociedad civil: ciudadanos, empresas y medios de comunicación fuertes e independientes que sigan sosteniendo los valores de la democracia liberal. Lo cual incluye la defensa insobornable de aquello que Evelyn Beatrice Hall puso en boca de Voltaire: «Desapruebo lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo».
Una sociedad civil fuerte y una prensa independiente son claves para hacer frente al autoritarismo de Donald Trump
20 Septiembre 2025
Primero Kimmel, luego Colbert... ¿El siguiente?
¿Quién será el siguiente? ¿Jimmy Fallon? ¿Jon Stewart? ¿Seth Meyers? Esa es la pregunta que se hacían muchos ayer en EEUU tras la suspensión de forma indefinida del programa del comediante Jimmy Kimmel por unos comentarios sobre el asesinato del activista de ultraderecha Charlie Kirk, en un episodio de injerencia política en los medios sin precedentes. El hombre designado por Donald Trump para dirigir la Comisión Federal de Comunicaciones, Brendan Carr, ya había amenazado con silenciar a Kimmel, pero la insólita decisión de Disney de suspender el programa sine die ha generado una enorme onda expansiva en todo el país ante lo que muchos perciben como un ataque directo a la libertad de expresión en la democracia más antigua del mundo.
En Hollywood, un centenar de personas se concentraron a las puertas del estudio donde se graba el programa de Jimmy Kimmel para protestar contra Trump y los aires autoritarios que soplan desde Washington. En la televisión del jueves por la noche en EEUU no se habló de otra cosa. Todos los compañeros de parrilla televisiva de Kimmel se volcaron con el asunto, hablando de «censura flagrante», «autoritarismo criminal» e incluso insultos a Carr, el jefe de la FCC.
«¿Sabes cuáles son mis valores, amigo?», le preguntó Stephen Colbert directamente a Carr. «La libertad de expresión. La gente de todo el país está sorprendida por esta censura descarada de la libertad de expresión». Lo dijo en solidaridad con su compañero y como afectado personalmente por el clima reinante. A mediados de julio, el comediante comunicó que CBS había decidido cancelar su programa tras una década de emisión, en otra decisión que levantado ampollas en Hollywood.
Colbert optó por arremeter contra Paramount Global, la empresa matriz de CBS, por pagar 16 millones de dólares para resolver una demanda interpuesta por el entonces candidato presidencial Donald Trump, a quien Colbert suele criticar en sus monólogos. Trump afirmó que la cadena interfirió en las elecciones de 2024 al editar una entrevista de 60 Minutes con su oponente, Kamala Harris. La osadía le costó el puesto a Colbert.
Jon Stewart tampoco desaprovechó la ocasión para opinar sobre el final del programa de Kimmel. Para empezar, alteró el curso normal del espacio y lo presentó un jueves cuando sólo lo hace los lunes. Le dedicó, además, unos 20 minutos a un «manual sobre la libertad de expresión en la gloriosa era Trump», elevando la sátira al siguiente nivel. Se burló del presidente americano a sus anchas. «Mírenlo. Con un paso aún más majestuoso que el de los caballos reales que brincan ante él», dijo en referencia la reciente visita de Trump al Reino Unido.
Invitó también a una premio Nobel de Paz, la filipina Maria Ressa, que habló sobre su libro Cómo luchar contra un dictador. Ressa explicó cómo hicieron ella y sus colegas en el portal de noticias Rappler para seguir adelante frente a la represión del régimen dictatorial del ex presidente filipino, Rodrigo Duterte. «Seguimos haciendo nuestro trabajo. Seguimos avanzando», afirmó la periodista.
Jimmy Fallon, por su parte, inició el monólogo en su Tonight Show abordando la suspensión de Kimmel. «Para ser honesto, no sé qué está pasando. Y nadie lo sabe. Pero conozco a Jimmy Kimmel, y es un tipo decente, divertido y cariñoso, y espero que regrese». Todo a raíz de las palabras de Kimmel sobre Kirk, asegurando que el movimiento MAGA (Make America Great Again) estaba trabajando arduamente para sacar provecho del asesinato del activista en una universidad la semana pasada.
ABC optó por suspender el programa de Kimmel después de que un grupo de estaciones afiliadas anunciara que no lo emitirían. Fue entonces cuando Carr afirmó que su agencia tenía sólidos argumentos para responsabilizar a Kimmel, ABC y la empresa matriz de la cadena, Walt Disney, por difundir desinformación.
La decisión no sólo es un mazazo para los seguidores de Kimmel. También supone un duro golpe para la reputación de Disney y de su CEO, Bob Iger, un hombre admirado y venerado dentro y fuera de la industria del entretenimiento y que ahora podría estar poniendo en riesgo la imagen del imperio del ratón Mickey.
21 Septiembre 2025
Jimmy Kimmel, otra víctima del laboratorio ultra de censuras
LA CARICATURA y la risa son el punto culminante del contrapoder. Una mañana de calor, en un patio con naranjos de Córdoba, el dramaturgo italiano Dario Fo (le habían entregado poco antes el Nobel) pidió a quienes le rodeábamos, cuatro o cinco jóvenes excitados por escuchar las enseñanzas del admirable bufón, que formásemos un círculo como hacen algunos deportistas antes de las competiciones. Cuando estábamos en formación perfecta de rueda, nos propuso inclinarnos levemente hacia adelante como para la confidencia. Extendió los dos brazos y descansó cada uno sobre el cogote de las dos personas que lo flanqueaban en aquel grupo improvisado, subrayando la camaradería, y cuando ya parecíamos un equipo de rugby recibiendo instrucciones de ataque dijo en voz baja: «Ora che ci avete ascoltato tutti: se c’è una cosa che fa impazzire il potere, e che non sopporta, è la risata. Dobbiamo disarmare i cattivi con la risata» [Más o menos, esto: «Ahora que estamos todos escuchad: si hay algo que vuelve loco al poder, que no puede soportar, es la risa. Debemos desarmar a los malos con la risa»].
En EEUU existe una ancha tradición de cómicos feroces capaces de hacer astillas a sus políticos en los late night de televisión. Hasta ahora los excesos no habían tenido más consecuencia que alguna amonestación, artículos en prensa y cosas así. Hubo y hay cómicos despiadados, capaces de segregar el veneno más denso. Y, sin embargo, por encima de sus derrapes estaba hasta ahora la libertad de expresión, la libertad de prensa (más allá de las infinitas presiones políticas y empresariales contra la prensa y las cadenas) y la certeza de que en EEUU todo se puede decir, nada es sagrado. Eso ocurrió así durante un par de siglos y hasta el miércoles pasado, el día en que la cadena ABC, uno de los muchos negocios de Disney, se plegó a las órdenes de Donald Trump y expulsó a su cómico estrella, Jimmy Kimmel, que además no es ni de la raza de los más bravos. La excusa para aplicarle guillotina fue una broma de pitiminí que Kimmel soltó en su programa sobre el pedigrí republicano del asesino de Charlie Kirk, el activista de Make America Great Again (MAGA) propenso a soltar burradas y principal expendedor entre la muchachada del merchandising visceral de Donald Trump y su big band de reaccionarios redomados. Eso es todo. Un chiste, ni siquiera un chiste incómodo.
Donald Trump odia a los periodistas. Más aún si dispensan informaciones que no le gustan, como sabe todo el mundo. Cuando habla de este oficio su figura coge un aire encendido. (Aquí en España hay algunos discípulos y discípulas sugiriendo cortar algunas cabelleras de esta tribu nuestra). La Bestia es un puro censor de morrillo denso que va por ahí asestando amenazas a destajo. Lo que podríamos llamar, sin ánimo de ofender a nadie, un fascista de base. El fascismo y el comunismo son dos alegres escuelas de prohibición y crimen. Exigir el despido de Jimmy Kimmel es un pasito corto. Apenas un minué en la ambición de la Casa Blanca. A ver qué pasa. La solución final es arrasar a los cómicos desafectos, sin dejar uno ni de muestra en el zoo. La escalada continuará después por los espacios de la prensa tradicional y la otra y la de más allá. Hay para todos, queridos niños. Esto creo que propone Trump.
No está de más sentir un cierto pánico ante el desenfreno de un hortera violentísimo que sueña con restaurar el imperialismo siglo XX (a la manera de Putin con el XIX) y va por el planeta regalando sustos, amenazas, borderías, castigos y demás repostería atroz de su política de impulsos nerviosos, tan ionizada que te tienes que reír a pesar del peligro inminente.
Como una parte considerable del negocio del mundo se apoya en una farsa gigante, la empresa Disney no ha tenido el coraje elemental para ir a lo suyo y ha aceptado despedir a Jimmy Kimmel para satisfacer a La Bestia. La maravillosa industria de la servidumbre voluntaria en su esplendor. Empresarios de la comunicación y el entretenimiento ofreciendo en sacrificio a sus empleados para gozo del emperador. Esto ha ocurrido desde que existe el periodismo o la sátira o el teatro o la burla o las coplas de ciego, pero en democracia (más o menos) se intenta disimular. Menos Trump, que va de cara más allá del bien y del mal. Porque el bien y el mal lo diseña él según le caiga esa tarde la hamburguesa en la panza. Trump no es aquel tipo de la primera vez que ironizaba sobre los progresistas y ellos (bobos) secretamente lo admiraban. Hoy es un peligro absoluto y vive loco por derribar cualquier medida de avance y de estabilidad democrática con el fin de voltear el orden democrático en favor de una autocracia boñiguera inundado de apasionada violencia. Un desaprensivo mentalmente desclasado y relleno de neurosis. Un desaprensivo sobrado de maldad económica y política. Normal que los otros malos del mundo se mofen de él.
La ambiciosa aventura de demolición de La Bestia tiene también por meta la prensa (la prensa de verdad), por eso ha empezado con lo fácil: fumigar a un cómico popular. Sabe que cuantas más cosas sucedan en un mismo momento estimula la confusión. Está bien dotado para desenvolverse en el caos que genera. Con mil frentes abiertos, a quién le va a importar un humorista de más, un periodista de menos. Y todo por un tipo de modales desquiciados, sin convicciones sensatas. Y todo por un mundo que parece impulsarse con gente a los mandos como para que nadie espere nada de él.
25 Septiembre 2025
Kimmel: "Lo que han hecho es antiamericano"
Una ovación de todo el público, en pie durante varios minutos. Un monólogo de casi 20 minutos con agradecimientos, chistes, disculpas, un homenaje a la viuda de un hombre asesinado, varios momentos con la voz quebrada, lágrimas y mucha emoción. Casi una semana después, el humorista y presentador Jimmy Kimmel volvió a ponerse enfrente de las cámaras, después de la «suspensión indefinida» anunciada por Disney, la propietaria de la cadena ABC, tras la brutal campaña auspiciada por el Gobierno y el mundo conservador. Y el espectáculo estuvo a la altura de las expectativas.
El país entero estaba pendiente. La cadena dio marcha atrás, después de recibir críticas feroces por plegarse ante el Ejecutivo y las presiones políticas, y después de que un número importante de abonados dieran de baja sus suscripciones de Disney como respuesta. Y Kimmel volvió tal y como se esperaba. Con ironía, mordacidad, con un montón de chistes y la colaboración de Robert de Niro para parodiar a Brendan Carr, el responsable de la Comisión Federal de Comunicaciones que amenazó a la cadena ABC con quitarle la licencia si no echaba al cómico.
Ha sido el monólogo más esperado de la televisión en años, quizás décadas. Emitido, pero sólo en parte del país por el boicot de las distribuidoras de canales locales, minutos después de que el presidente Trump diera rienda suelta a su furia en su red social y amenazara con un disparatado pleito contra la cadena, acusándola de ser un brazo de su oposición política y de violar la ley de financiación de campañas. «No puedo creer que ABC Fake News le haya devuelto el trabajo a Jimmy Kimmel. ¡ABC le dijo a la Casa Blanca que su programa había sido cancelado! Algo pasó entre entonces y ahora porque su audiencia se ha ido, y su ‘talento’ nunca estuvo allí. ¿Por qué querrían de vuelta a alguien que lo hace tan mal, que no es gracioso y que pone en peligro a la cadena interpretando basura demócrata 99% positiva? Es otro brazo de los demócratas y, que yo sepa, esto sería una importante contribución ilegal a una campaña. Creo que vamos a poner a prueba a ABC con esto. A ver qué tal. La última vez que fui tras ellos, me dieron 16 millones de dólares. Este suena aún más lucrativo. ¡Una panda de perdedores! Que Jimmy Kimmel se pudra en sus malos índices de audiencia», escribió el presidente.
La respuesta del humorista y su equipo, encabezado por su esposa en los guiones, fue una intervención larga, trabajada, negociada y supervisada por los directivos, y tan cañera y directa como la audiencia reclamaba. Lo arrancó un toque unamuniano, con un «como iba diciendo antes de que me interrumpieran», y bromeando sobre si no estaba claro quién había tenido peor semana, si él o el consejero delegado de Tylenol, después de que Trump dijera el martes, para sorpresa e indignación de la comunidad médica, que los ciudadanos y sobre todo las mujeres embarazadas debían dejar de tomar el medicamento.
Después llegaron los agradecimientos, declarándose sobrepasado por el apoyo recibido y las muestras de cariño, pero también por los insultos y las amenazas de muerte a él, su familia y su equipo. Kimmel reconoció el respaldo de una docena de presentadores y competidores, pero también de quienes desde las filas republicanas, e incluso del mundo MAGA, habían clamado contra la suspensión del programa y la injerencia de la Casa Blanca. Dijo que habían sido tantos mensajes que hasta le escribió un tal Larry, su primer jefe en una radio, que lo despidió a finales de los 80… por negarse a decir lo que le había ordenado.
El tercer acto fueron las advertencias sobre el peligro de tener un Gobierno decidiendo qué se puede decir y qué no, y dónde, y presionando a los medios. «No podemos permitir que tengan el control, y tenemos que plantarnos», dijo entre otra enorme ovación. Y ahí se ensañó con Carr y el presidente. Pero sin duda, lo que todo el mundo esperaba era ver si había una disculpa, o una explicación sobre sus palabras hace una semana. Entonces no abordó el asesinato de Charlie Kirk, ni lo justificó, minimizó o frivolizó. Hizo una crítica del movimiento MAGA y lo que consideraba intentos de sacar rédito político en las postrimerías. Nada sobre Kirk en sí, pero en cuestión de horas se generó una tormenta perfecta. Por eso, en su regreso, Kimmel quiso, a punto de romper a llorar, decir algo más. «He escuchado mucho sobre lo que tendría que decir y hacer esta noche, y la verdad es que no creo que lo que diga vaya a marcar una gran diferencia. Si les gusto, les gusto; si no, no les gusto. No me hago ilusiones de cambiar la opinión de nadie, pero quiero dejar algo claro, porque es importante para mí como ser humano, y es que nunca fue mi intención restarle importancia al asesinato de un hombre. Publiqué un mensaje en Instagram el día de su asesinato, enviando cariño a su familia y pidiendo compasión, y lo digo en serio, y no fue mi intención culpar a ningún grupo específico por las acciones de quien, obviamente, era una persona profundamente perturbada, que era en realidad lo contrario de lo que intentaba transmitir. Pero entiendo que para algunos fue inoportuno o poco claro, o quizás ambas cosas, y para quienes piensan que sí, entiendo por qué están molestos. Si la situación fuera al revés, es muy probable que me hubiera sentido igual», añadió haciendo autocrítica y homenajeando a Erika Kirk, la viuda del activista conservador, por su «gracia» y «ejemplo» perdonando al asesino.
La parte final recuperó la crítica más seria. Calificando las acciones de Trump y su Gobierno de «antiamericanas» y diciendo que Carr es la cosa más embarazosa, al recibir el apoyo de los republicanos. «La jugada le ha salido tan mala que quizás tengan que publicar todos los archivos de Epstein para distraernos», espetó con una sonrisa.
En realidad, y aunque será el tema de conversación esta semana, el talk show de Kimmel ha vuelto a emitirse en Estados Unidos con serias limitaciones. Tanto Nexstar como Sinclair, las dos empresas con más cadenas de televisión locales asociadas a la ABC, han anunciado que seguirán reemplazando el programa del comediante tras la polémica sin precedentes.
LOS TUIS DE TRUMP CONTRA KIMMEL
Donald Trump: “Congratulations to ABC for finally having the courage to do what had to be done. That leaves Jimmy (Fallon) and Seth, two total losers, on Fake News NBC. Their ratings are also horrible. Do it NBC!!!”
Donald Trump: “I can’t believe ABC Fake News gave Jimmy Kimmel his job back. The White House was told by ABC that his Show was cancelled! […] Kimmel puts the Network in jeopardy by playing 99% positive Democrat GARBAGE. He is yet another arm of the DNC […] I think we’re going to test ABC out on this. Let’s see how we do. Last time I went after them, they gave me $16 Million Dollars. This one sounds even more lucrative.”