11 enero 1996
Durante los últimos cinco años de mandato de Mendoza al frente del Real Madrid tanto el periodista como directivo deportivo han mantenido una guerra que ha incluido demandas de uno contra el otro
José María García (COPE) condenado por airear en antena el estado de salud de la novia de Ramón Mendoza, Jeannine Girod
Hechos
- El 10.01.1996 D. José María García, director del programa Supergarcía de la Cadena COPE, y fue condenado por el Juzgado de Primera Instancia número 41 de Madrid al pago de cinco millones de pesetas a Jeannine Girod por difundir en tres ocasiones, las características de la enfermedad, de la intervención quirúrgica y de la biopsia que sufrió Jeannine Girod.
Lecturas
El enfrentamiento entre José María García Pérez y Ramón Mendoza Fontela terminó teniendo una víctima colateral inesperada: Jeannine Girod, durante muchos años compañera sentimental del presidente del Real Madrid. En uno de los períodos de distanciamiento entre Mendoza y Girod, ésta atravesó además un delicado momento personal al someterse a una intervención quirúrgica y a una biopsia. García decidió utilizar aquella situación en Supergarcía para atacar al presidente madridista: relató públicamente el problema de salud de Girod, llegó a dar lectura en antena a información procedente de la propia biopsia y reprochó a Mendoza que hubiera dejado desatendida a quien había sido su compañera cuando ésta atravesaba semejante situación. La paradoja era evidente: para denunciar públicamente la supuesta insensibilidad privada de Mendoza, el periodista estaba haciendo pública la información médica privada de Girod.
García mantendría que su intención había sido defender a Jeannine Girod y solidarizarse con ella frente al comportamiento de Mendoza. Girod no lo interpretó de la misma manera. El estado de su relación sentimental podía ser conocido; su historial médico era otra cosa. Y quien tenía derecho a decidir si una biopsia debía convertirse en asunto de conocimiento público era precisamente la paciente. Girod llevó por ello a García y a la emisora ante los tribunales alegando vulneración de su intimidad. La reclamación prosperó y terminó imponiéndose una indemnización de varios millones de pesetas a consecuencia de aquella divulgación.
El caso tenía además una característica que lo diferenciaba de los numerosos pleitos cruzados entre García y Mendoza. Cuando Mendoza demandaba a García por llamarle «mentiroso», «cobarde» o «cantamañanas», y García demandaba a Mendoza por llamarle «canalla» o «matón», ambos eran protagonistas voluntarios de una batalla pública que ellos mismos alimentaban. Jeannine Girod no estaba participando en aquella guerra. Era una tercera persona cuya información médica había sido introducida en el combate porque permitía presentar a Mendoza bajo una luz particularmente negativa.
La Justicia estableció así un límite especialmente significativo a Supergarcía. La vida pública de Ramón Mendoza, su gestión del Real Madrid y hasta sus propias declaraciones podían ser objeto de una crítica feroz. Pero la documentación médica de Jeannine Girod no se convertía en materia periodística simplemente porque pudiera utilizarse para desacreditar a Ramón Mendoza. La guerra entre ambos hombres podía ser prácticamente ilimitada para ellos; no por eso tenía derecho a extenderse a la intimidad de quienes los rodeaban.
El Análisis
José María García asegura que reveló el delicado estado de salud de Jeannine Girod para solidarizarse con ella. Puede incluso que lo crea. Pero resulta difícil imaginar una forma más peculiar de solidaridad que leer ante cientos de miles de oyentes información procedente de la biopsia de la persona con la que uno pretende solidarizarse sin que ésta desee hacerla pública. Si Girod hubiera pedido ayuda al periodista, si hubiese querido denunciar públicamente el comportamiento de Ramón Mendoza o si hubiera autorizado la difusión de sus datos médicos, la situación sería completamente diferente. No ocurrió así. García necesitaba demostrar que Mendoza era capaz de abandonar a su compañera cuando ésta atravesaba una situación delicada y encontró en la enfermedad de Girod un argumento extraordinariamente eficaz. El problema es que para utilizarlo necesitaba revelar precisamente aquello que sólo Girod tenía derecho a decidir si quería revelar.
El episodio dice bastante sobre el punto al que había llegado la guerra García–Mendoza. Cuando un enfrentamiento se prolonga durante años, existe el riesgo de que el adversario deje de ser alguien cuyas actuaciones se critican y se convierta en alguien contra quien cualquier información parece utilizable. Probablemente García quería perjudicar a Mendoza mucho más de lo que quería perjudicar a Girod; ésa puede ser incluso la explicación más favorable para él. Pero tampoco es una justificación. Más bien demuestra que la obsesión por golpear a su enemigo había empezado a borrar algunos límites elementales. Para demostrar que Mendoza no había cuidado suficientemente de Jeannine Girod, García terminó haciendo algo que tampoco cuidaba demasiado de ella: convertir su enfermedad en munición radiofónica.
J. F.
